REFLEXIONES SOBRE LA DESCOLONIZACIN - SOBRE...Bolivia la irrupcin de un pensamiento descolonizador es abierto por Fausto Reinaga, quien deconstruye la historia desde la perspectiva de la revolucin india.

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REFLEXIONES SOBRE LA DESCOLONIZACIN Ral Prada Alcoreza 21.07.2013 04:01 ndice: Umbrales y horizontes de la descolonizacin Horizontes del Estado plurinacional Una nota necesaria sobre descolonizacin De etnocentrismo y particularismos Crtica a la dominacin colonial y a la condicin poscolonial Umbrales y horizontes de la descolonizacin Estado y sociedad Un punto de partida debera ser desde dnde pensamos, hablamos y nos referimos al mundo, a los hechos, a los acontecimiento, a los procesos, a la relaciones, a la estructuras y a las instituciones del mundo? Concretamente, desde dnde pensamos cuando nos referimos al Estado y a la sociedad? Nombramos el mundo desde algn lugar, aqu no hablamos necesariamente de un lugar fsico, sino desde un lugar en el horizonte histrico cultural, un lugar en el horizonte epistemolgico, un lugar desde donde configuramos las representaciones, las significaciones, los valores, los smbolos, los conceptos? Podemos decir incluso un lugar desde donde desarrollamos las prcticas discursivas. Nombramos el mundo no desde un afuera sino desde adentro del mundo, nombramos el mundo desde el lenguaje, lo que nombramos est cargado de este lenguaje, si bien no forma parte del lenguaje, es el conjunto de referentes del lenguaje. Hablar del Estado y sociedad es hablar desde estos sititos, desde esta geografa imaginaria, si se puede hablar as, pero tambin desde la historia que crea estos escenarios, estos espacios, estos mapas conceptuales. El mundo es mundo porque est habitado de significados, de sentido, de valores, de smbolos, de conceptos, de representaciones. Si, pero no hay que confundir el mundo con estos lenguajes, estos mbitos de sentido, estos cdigos culturales, estas alegoras simblicas, estos mapas conceptuales, aunque est constituido tambin por ellos, si bien no necesariamente de una manera prioritaria, pues la multiplicidad de los campos y conjuntos de referentes denotan la autonoma y la independencia de los mismos, ofrecen su resistencia y muestran su propia complejidad. Por eso, hablar de Estado y sociedad es hacerlo desde determinadas estructuras de categoras, desde determinadas corrientes tericas, desde determinados lugares del campo filosfico y del campo de las ciencias sociales. No se trata de lugares bien definidos y claros, sino de lugares problemticos, de lugares de saturada discusin. Las corrientes tericas que las ponen como unidades de anlisis se disputan su conocimiento y comprensin, podemos recorrer toda una historia en el desarrollo y desplazamientos conceptuales en lo que respecta a la dilucidacin de estas entidades referenciales. Por eso, lo que importa ahora es saber desde donde nombramos el Estado y la sociedad para de este modo reconocer los recortes de realidad y las estrategias tericas desplegadas en este acto de hablar, en esta accin conceptual. Pero, sobre todo, saber cmo concebimos esos mbitos de relaciones que llamamos Estado y sociedad, para reconocer ese mbito de relaciones, de prcticas, de normas, de leyes, de procedimientos, de instituciones que llamamos Estado, para comprender ese mbito de relaciones, de prcticas, de estructuras, de organizaciones, de movimientos, de movilizaciones, de luchas que llamamos sociedad. Cul es la relacin entre Estado y sociedad? Para responder a esta pregunta debemos situarnos en el contexto histrico de la modernidad, cuando hablamos de Estado lo hacemos desde la perspectiva del Estado-nacin, y cuando hablamos de sociedad lo hacemos refirindonos a formaciones histricas atravesadas por relaciones de produccin, comercializacin y consumo capitalistas. Se trata de formaciones histricas involucradas con el mercado, con el mercado capitalista, apreciado tanto en su forma interna como externa, mercado interno y mercado externo. Sociedades involucradas, insertas en el mercado internacional, afectadas entonces por sus contingencias, sociedades organizadas en respuesta y adecuacin a la expansin del capitalismo, de las lgicas del capitalismo, pero tambin y obviamente a la lgica de valorizacin del capital. No podramos entender estas sociedades sin comprender a su vez el desarrollo mundial, regional y local del capitalismo, aunque este haya tenido resistencias y las tenga todava, aunque podamos entrever posibilidades de alternativas al capitalismo. Lo que decimos es que el capitalismo se ha expandido por todo el mundo y ha conformado el mundo mismo, formando una economa-mundo capitalista y conformando un sistema-mundo capitalista[1]. Desde esta perspectiva, no nos negamos evaluar y dilucidar las singularidades, los particularismos locales, las formaciones abigarradas, sino que lo hacemos y entendemos esta tarea posible a partir de la inteligibilidad de la acumulacin originaria y ampliada del capitalismo, de sus ciclos, de sus crisis y de su ineludible cobertura mundial. No se puede soslayar este acontecimiento de escala mundial, eludirlo sera no entender los mismos particularismos, localismos, regionalismos y abigarramientos, quedndonos tan solo con la expresin exacerbada de las heterogeneidades perdidas en su propio laberinto. Hay que colocarse evidentemente en la perspectiva del pluralismo histrico, de la diversidad y diferencia de los procesos socioeconmicos y socioculturales, pero hay que hacerlo teniendo en cuenta la transversal histrica de la economa-mundo capitalista. Esto nos permite situarnos en el lugar, el espacio-tiempo histricos, desde el cul nombramos, pero tambin en el cual nos encontramos, para entender lo que hemos llegado a ser en el momento presente (Michel Foucault). Estado y sociedad en Bolivia Las naciones no son otra cosa que mitos en el sentido que son creaciones sociales, y los estados desempean una funcin central en su construccin. El proceso de creacin de una nacin incluye el establecimiento (en gran medida, una invencin) de una historia, una larga cronologa y un presunto grupo de caractersticas definitorias (incluso cuando grandes segmentos de la poblacin incluida no comparten dichas caractersticas)[2]. Immanuel Wallerstein http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn1http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn2La Repblica de Bolvar nace de una conjuncin y combinacin de factores hasta compulsivos y contradictorios. Por una parte podemos hablar de la genealoga de sus propias guerras, es decir las guerras que atraviesan, afectan, adecuan, se instalan en los territorios que van a circunscribirse sucesivamente en lo que va a ser el Qullasuyu, la Audiencia de Charcas y la Repblica de Bolivia. Estas guerras son acontecimientos que suscitan, se producen y pasan para desaparecer, no del todo, empero quedando en la memoria de las generaciones venideras. Podemos hablar de la guerra de conquista a mediados del siglo XVI y de su consecuente guerra anticolonial durante los ltimos aos del siglo XVIII, de la guerra en Potos entre vicuas y vascongados durante 1626, la guerra de guerrilla durante el siglo XIX, acompaada de la llegada de la guerra de independencia al Alto Per, las incursiones de los ejrcitos independentistas argentinos, las asonadas y levantamientos durante la colonia, pero tambin los amotinamientos y cambios de bando. Marie-Danielle Demlas reconoce una cultura guerrera en Amrica, dice que existan tres formas de combate: La utilizacin de los mtodos de la guerra en pequea escala, la cultura miliciana y la experiencia de las guerras indias[3]. Despus podemos hablar del desarrollo de la economa minera[4], preponderantemente durante la colonia, particularmente en lo que tiene que ver con la irradiacin del entorno potosino durante los siglos XVII y XVIII. Este desarrollo y esta irradiacin pueden asociarse con el ciclo de la economa de la plata, directamente vinculada a los ciclos del capitalismo genovs (siglos XV-XVII), del capitalismo holands (siglos XVI-XVIII) y del capitalismo britnico (siglos XVIII-XX)[5]. Este recorte si bien privilegia la preponderancia de la economa minera, no obvia las otras formas de organizacin econmicas, particularmente las agrcolas, destinadas a comercializar con alimentos para las poblaciones de las ciudades y los centros mineros. En este caso, sobresale la economa de las haciendas de los valles, fuertemente vinculada al comercio con los centros mineros, empero el mercado de alimentos y otros bienes tambin se extiende al Oriente, esta es la situacin que podemos apreciar en lo que respecta la vinculacin contingente de la economa de las haciendas de los llanos, de la Amazonia y el Chaco con la economa minera. No podemos dejar de mencionar la persistente economa de las comunidades indgenas, que forma parte de alternativas formas de reproduccin, enlazada a otros circuitos simblicos, de reciprocidad y complementariedad. En todo este espaciamiento rudimentario del mercado interno, la produccin artesanal y la incipiente produccin manufacturera encuentra su sitio. Todo este panorama mercantil no termina de dibujarse si es que no mencionamos un eje paralelo a la economa minera que tiene que ver con los recorridos de la coca[6]. As mismo podemos hablar de la jurisdiccin de la Audiencia de Charcas y de una cierta continuidad administrativa, tanto poltica como religiosa, que dur desde su pertenencia al Virreinato del Per hasta su pertenencia al Virreinato de La Plata, incluso prcticamente permaneci en la geografa poltica de la flamante Repblica. El diagrama de poder colonial Cmo retomar la historia, sobre todo la historia de la modernidad, desde otra perspectiva, que no sea la de la supuesta universalidad eurocntrica? Buscamos otra perspectiva, la de las sociedades que fueron colonizadas. Este es un problema que ha sido retomado por los intelectuales que se colocan en una perspectiva descolonizadora. Habra que hacer una historia al respecto. En este decurso tenemos las investigaciones de Anbal Quijano, quien trabaja sobre la colonialidad del poder. Podemos citar los http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn3http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn4http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn5http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn6trabajos de Enrique Dussel, quien plantea la construccin de una mirada integral desde las vctimas, es decir, los colonizados. En esta perspectiva tambin se encuentran los trabajos de Boaventura de Sousa Santos, quien se plantea pensar desde el sur, en contraposicin con el norte hegemnico y dominante. No lejos de ellos se hallan las formulaciones de un pensamiento propio por parte de Hugo Zemelman Merino. En Bolivia la irrupcin de un pensamiento descolonizador es abierto por Fausto Reinaga, quien deconstruye la historia desde la perspectiva de la revolucin india. Esta problemtica es retomada por Silvia Rivera Cusicanqui con sus estudios sobre los movimientos indgenas a partir de la recuperacin de la memoria larga. La lista evidentemente puede ser ms amplia, identificando corrientes, si podemos hablar as, la corriente de los subalternos, en la que sobresalen las investigaciones de Partha Chatterjee y de Gayatri Chakravorty Spivak, de los estudios postcoloniales, de la filosofa de la transmodernidad, de la epistemologa crtica o crtica de la epistemologa, de la socio-historia indgena. Incluso podemos abrirnos hacia atrs y hacia adelante, podemos rastrear las huellas de un marxismo propio cuando Carlos Maritegui se plantea sus tesis sobre la realidad peruana, buscando hacer inteligible la formacin econmico social peruana. Del mismo modo podemos encontrar en la crtica de la economa poltica perifrica, en la crtica de las relaciones de poder y en los anlisis de los movimientos sociales desplegados por comuna el desarrollo de una perspectiva descolonizadora[7]. Debemos hacer entonces una arqueologa de los discursos sobre descolonizacin, sobre las narrativas de la colonizacin y colonialidad, encontrar los sedimentos y estratificaciones de estos discursos, sus formas de actualizacin, su haz de relaciones, la configuracin de sus enunciados. Esta es una tarea que hemos de emprender, empero por de pronto, vamos a situar la problemtica de la colonialidad dibujada histricamente por los ciclos del colonialismo. Los ciclos del colonialismo Hablamos de los ciclos del colonialismo porque consideramos que estos ciclos, de alguna manera han seguido los ciclos del capitalismo. No son exactamente lo mismo, empero el colonialismo ha acompaado a la expansin y a la acumulacin del capitalismo. Concretamente la irrupcin del colonialismo a escala mundial tiene inmediatamente que ver con la acumulacin originaria del capital a escala mundial y con el nacimiento de la modernidad. Si se quiere con el nacimiento de la economa-mundo capitalista, sugerida por Immanuel Wallerstein. El colonialismo es la forma mundial de dominacin desatada por las formas hegemnicas del capitalismo, formas desplegadas sucesivamente durante los distintos ciclos del capitalismo. Empero las estructuras de dominacin colonial no son los mismo que las estructuras de la acumulacin capitalista, las relaciones de poder no son lo mismo que las relaciones de produccin capitalista, ambos mbitos se imbrican y se complementan de una manera morbosa. Anbal Quijano dice: La colonialidad es uno de los elementos constitutivos y especficos del patrn mundial de poder capitalista. Se funda en la imposicin de una clasificacin racial/tnica de la poblacin del mundo como piedra angular de dicho patrn de poder y opera en cada uno de los planos, mbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal[8]. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn7http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn8Anbal Quijano asocia culturalmente e intersubjetivamente la colonialidad con la modernidad, se trata de un patrn de dominacin que se corresponde con los modelos de acumulacin. La diferenciacin entre centro y periferia establece la diferencia racial de la explotacin de la fuerza de trabajo a escala mundial, distinguiendo formas de explotacin, combinando y complementando subsuncin formal y subsuncin real del trabajo al capital[9]. El colonialismo y, por lo tanto, la colonizacin constituyen una realidad mundial, la colonialidad, que es la forma de hegemona cultural de la modernidad y la forma de dominacin capitalista. Anbal Quijano dice que: En el curso del despliegue de esas caractersticas del poder actual, se fueron configurando las nuevas identidades societales de la colonialidad, indios, negros, aceitunados, amarillos, blancos, mestizos y las geo-culturales del colonialismo, como Amrica, frica, Lejano Oriente, Cercano Oriente(ambas ltimas Asia, ms tarde), Occidente o Europa(Europa Occidental despus). Y las relaciones intersubjetivas correspondientes, en las cuales se fueron fundiendo las experiencias del colonialismo y de la colonialidad con las necesidades del capitalismo, se fueron configurando como un nuevo universo de relaciones intersubjetivas de dominacin bajo hegemona euro-centrada. Ese especfico universo es el que ser despus denominado como la modernidad[10]. Comprendamos entonces la experiencia del colonialismo y colonialidad, entendiendo por colonialismo la prctica imperial de ocupacin de tierras, sometimiento de las poblaciones, decodificacin cultural, fragmentacin de las sociedades, ocultamiento y desaparicin de las instituciones propias, diseminacin de las lenguas autctonas, inscripcin de la historia poltica de la dominacin en la superficie de los cuerpos, induciendo conductas y comportamientos de sometimiento, de domesticacin, de disciplinamiento, de control y de seguridad, sucesivamente. Comprendiendo por colonialidad la configuracin de las identidades societales y la plasmacin de la clasificacin racial, conformndose entonces una realidad histrico-cultural diferencial a escala planetaria y al interior de los pases. Las identidades societales y las clasificaciones raciales van adquirir distintas tonalidades y matices, dependiendo del lugar y el contexto de referencia, pero lo importante de esta distincin y clasificacin estriba en las polticas de etnicidad[11] y formas de gubernamentalidad[12] que se van a implementar en las sociedades poscoloniales, en los Estado-nacin de la periferia de la economa-mundo capitalista. La colonialidad tambin puede interpretarse como el lado oscuro de la modernidad, as tambin como el lado heterogneo de la modernidad, que se pretende universal y basada en principios universalistas. La declaracin de los derechos humanos, pero tambin la experiencia vertiginosa cuando todo lo solido se desvanece en el aire[13], cuando se disuelven las formas de comunidad pre-capitalistas, cuando se diseminan los valores y las instituciones pre-modernas, producindose en este caosmosis el tomo del individuo, que entra de lleno al tiempo de la perpetua transformacin constante. La modernidad como cultura planetaria del capitalismo mundial. Pero ocurre que esta modernidad se expande y desarrolla acompaada por formas violentas de dominacin, formas que despojan de sus tierras a poblaciones enteras, de sus recursos, de sus formas de vida, de su energa vital y de sus saberes, ocupando sus territorios, yuxtaponiendo formas de sociabilidad a las redes de relaciones comunitarias ya existentes, cartografiando territorios y marcando cuerpos, de tal forma que se da lugar la colonizacin de los mismos, usndolos como recursos explotables, diferenciando centro de poder y de acumulacin de periferia sometida y de extraccin, http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn9http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn10http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn11http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn12http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn13racializando a las poblaciones, convirtindolas en objetos del ejercicio de la biopoltica. Ahora bien, estos territorios, estos cuerpos, con sus formas comunitarias de relacionarse, con sus formas intersubjetivas propias de comunicarse, con sus maneras de politizar sus demandas, se convierten con el tiempo en resistencias a la modernidad y al capitalismo, ofrecindose como ofrenda y sacrificio, diseando alternativas. Podramos denominar a la modernidad como una forma aparente y a la colonialidad como su forma efectiva, forma aparente cultural, poltica y jurdica, por un lado, y forma efectiva subordinaciones culturales, de dominaciones polimorfas que obstruyen las democratizaciones, de ejercicios jurdicos discriminadores. Empero esta contradiccin entre la forma aparente y la forma efectiva da lugar a culturas proliferantes, actualizadas y emergentes, a politizaciones de campos no institucionalizados, a replanteos de derechos colectivos que atraviesan los formalismos jurdicos, a la circulacin de saberes que se oponen a la ciencia universal y a la filosofa absoluta. Etnicidad, nacin y clase Las sociedades poscoloniales plantean varios problemas en lo que respecta a su comprensin y elucidacin, uno de estos es el que tiene que ver con la relacin entre etnia, clase y nacin. Podemos complicar un poco ms an esta situacin si introducimos tambin el tema del Estado. La distincin entre Estado y nacin es importante, as como lo es la diferencia entre etnia y clase. Aunque la formacin de los Estado-nacin absorbe la nacin al Estado, esto no quiere decir que la nacin es lo mismo que el Estado. La formacin del Estado, si podemos hablar as, tiene que ver con las mltiples gubernamentalidades que son articuladas en forma de agenciamientos, engranajes, mquinas polticas que se distribuyen en forma de mapas institucionales[14]. La estatalizacin de las territorialidades, de los agenciamientos concretos y relaciones de poder locales, es decir, su apropiacin, desarticulacin y transformacin a gran escala forma parte del proceso de conformacin del Estado. La institucin del Estado pasa por la unificacin de las formas de gobierno y los mecanismos de poder, termina ejerciendo su jurisdiccin a la escala de lo que va ser la nacin, incorpora de modo transversal la legislacin y normativa jurdica que permite la reglamentacin del ejercicio de las prcticas institucionalizadas. Podemos hablar desde esta perspectiva de la triangulacin concomitante entre Estado, derecho y nacin. Ahora bien, podemos considerar a la nacin como lo sugiere Immanuel Wallerstein, como que las naciones no son otra cosa que mitos, en el sentido que son creaciones sociales, y los estados desempean una funcin central en su construccin[15]. Desde esta perspectiva, los estados habran creado las naciones, las naciones formaran parte de los procesos de estatalizacin, pero en este caso se tratara de la estatalizacin de los imaginarios. Sin embargo, esta comprensin de Immanuel Wallerstein supone la construccin, la supeditacin y la articulacin plena de la nacin al Estado. No hay nacin antes del Estado? Podemos ampliar los horizontes histricos de la problemtica introduciendo un campo de posibilidades mayor, logrando as una comprensin ms abierta de las formas de identidades colectivas, por ejemplo podemos introducir el tpico de la luchas de liberacin nacional, as mismo podemos introducir en el anlisis a las concepciones de nacin emergentes, por ejemplo, las relativas a los imaginarios colectivos de pueblos indgenas. Es indispensable considerar los imaginarios colectivos de las resistencias a la colonialidad y a la modernidad, entendidos como actos de descolonizacin. Desde esta perspectiva, no se tiene en cuenta la arqueologa del trmino nacin, que en principio alude a una relacin de sangre, la nacin concebida en el sentido de consanguineidad. Desde esta otra faceta habra una construccin de http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn14http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn15imaginarios nacionales antes del Estado, a partir de otras condiciones de posibilidad histricas, de otros espacios de intersubjetividad. Aunque podemos circunscribir el anlisis de Immanuel Wallerstein a la crtica de la nacin en los lmites del espacio abierto por el Estado-nacin, requerimos de una mirada ms inclusiva de las otras formas de nacin, para esto solicitamos separar la concepcin de nacin de la concepcin de Estado, esto nos puede llevar a pensar una forma poltica ms all del Estado, pensar, por ejemplo, las posibilidades alterativas del Estado plurinacional, pensar una forma poltica que no necesariamente tenga que llamarse Estado, empero comprenda la condicin plurinacional. Entre estas variantes, incluso pensar el Estado plurinacional desde una perspectiva no moderna del Estado, como una forma poltica que sea instrumento de la sociedad, una forma poltica que se corresponda con las sociedades autogestionarias y autodeterminantes. En este sentido, estamos sugiriendo la hiptesis de pensar la nacin como imaginario social, pero tambin como mbito de reconocimiento, como forma de difusa institucin cultural que adquiere caractersticas de contrapoder, de contracultura hegemnica y tambin como espacio dinmico intersubjetivo descolonizador. Bajo esta consideracin es aleccionador lo que establecen el primer y el segundo artculo de la Constitucin Poltica del Estado de Bolivia. El primer artculo define el modelo de Estado como unitario social de derecho plurinacional comunitario con descentralizacin administrativa poltica y autonomas[16], en tanto que el segundo artculo plantea el reconocimiento de la preexistencia colonial de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos, por lo tanto el reconocimiento de su derecho al autogobierno, a la libre determinacin, a sus instituciones propias, lengua, normas y procedimientos caractersticos, cosmovisin y gestin propias, reconocimiento de la autonoma y de la consolidacin de sus entidades territoriales[17]. En este caso hablamos de nacin ms en el sentido cultural, incluso en el sentido territorial, como es el caso de los suyus, naciones-territorios de las sociedades andinas, conformaciones complejas, basadas en los ayllus, comunidades duales, asentadas en distintos pisos ecolgicos y markas, pueblos que comprenden a conjuntos de ayllus. El sentido de naciones y pueblos indgenas originarios se abre a una pluralidad de configuraciones de nacin, a distintas acepciones colectivas histricas culturales. De acuerdo a Immanuel Wallerstein las categoras de raza, nacin y clase se corresponden con cada uno de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo capitalista: El concepto de raza est relacionado con la divisin axial del trabajo en la economa-mundo; es decir, la antinomia centro-periferia. El concepto nacin est relacionado con la superestructura poltica de este sistema histrico, con los Estados soberanos que constituyen el sistema interestatal y se deriva en l. El concepto de grupo tnico est relacionado con la creacin de las estructuras familiares que permiten que buena parte de la fuerza de trabajo se mantenga al margen de la estructura salarial en la acumulacin de capital. Ninguno de los tres trminos est relacionado directamente con el concepto de clase y por ello porque clase y pueblo se definen ortogonalmente, lo cual constituye una de las contradicciones de este sistema histrico[18]. Se puede deducir de esta cita que no slo las categoras de raza, nacin y clase forman parte de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo capitalista, sino tambin la categora de etnia, as como el mismo concepto de Estado, como vimos ms arriba. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn16http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn17http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn18Toda la composicin social y poltica es leda a partir de subsuncin formal y real del trabajo al capital, como dispositivos histrico sociales de los procesos de subsuncin del trabajo al capital. En otras palabras, el capitalismo hace inteligible a las sociedades, a los estados, a las formaciones econmicas sociales y a toda la compleja composicin histrica cultural de los sistemas-mundo. Todo esto parece contrastarse positivamente con la expansin global, dominio y hegemona contempornea del capitalismo. Pero, fue siempre as, durante los largos ciclos del capitalismo? Qu pasaba en los lugares donde no haba llegado todava el capitalismo en su proceso de expansin, sobre todo al principio, durante los primeros ciclos del capitalismo? Qu pasaba antes del capitalismo? Estas otras formaciones sociales son incognoscibles? Siguiendo esta lgica, volviendo al presente, cmo explicar e interpretar los saberes, las prcticas, las formas, los movimientos de resistencia al capitalismo, a la modernidad y a la herencia colonial, sus modos de nombrarse, de construir sus imaginarios, de nombrarse y representarse? No dejan de ser disfuncionales al capitalismo? Y por lo tanto, no pueden entenderse como formas desbordantes al modo de produccin capitalista. Estas preguntas nos plantean una duda, la teora de la economa-mundo capitalista, el anlisis de los sistemas-mundo, abarcan la totalidad del mundo o hay una parte del mundo que escapa a su mirada? En primer lugar, qu estamos entendiendo por mundo. Desde una perspectiva filosfica Eugenio Tras habla de mundos: Mundo teortico referido al orden de los sucesos (el cerco), mundo moral explcito en la proposicin tico-metafsico (el acceso), mundo esttico referido al modo simblico de exposicin de la obra de arte y mundo histrico moderno explicitado en el juicio o proposicin que determina finalsticamente la propia modernidad (el despliegue)[19]. Desde una perspectiva positivista y lgica Ludwig Wittgenstein se refiere al mundo como totalidad de todos los hechos. Hablamos de un horizonte de visibilidad? Hablamos de un horizonte de sentidos? George Bataille habla de mundo como un horizonte de sentido. Tambin se puede hablar de un horizonte de visibilidad, por eso se dice que el mundo es mundo desde el descubrimiento de Amrico. Con esta expresin nos referimos al horizonte abierto por la modernidad. Volviendo al alcance de la economa-mundo capitalista y del sistema-mundo, Immanuel Wallerstein se refiere a la totalidad de las sociedades, Estados, naciones, es decir, formaciones-econmico sociales concretas atravesadas por las relaciones de produccin capitalistas, articuladas por las lgicas de acumulacin del capital, en los distintos ciclos del capitalismo, es decir, se trata de una dimensin temporal y espacial. Temporalmente hablamos de la historia del capitalismo, historia que comprende las transformaciones habidas en la economa-mundo capitalista, espacialmente hablamos del planeta tierra. Aparentemente este mundo abarca todo, esto quiere decir que todo estara comprometido en el proceso de acumulacin de capital. Nada escapara a esta lgica de valorizacin dineraria, a sus redes de relaciones, a sus estructuraciones sociales, a sus composiciones econmicas, a sus formaciones polticas, a sus decodificaciones culturales, a su produccin de necesidades, a su compulsivo consumismo, a sus prcticas competitivas y obviamente al universo complejo y mltiple del mercado, con sus contradictorias formaciones monoplicas. Hay algo que dentro de este mundo no sea tomado en cuenta? Podramos preguntar de manera paradjica: Hay una afuera de este adentro? Que siendo coherentes, tendra que ser llamado hueco. Habra huecos en este mundo que escaparan al control del capital, a la hegemona en el ciclo del capitalismo en cuestin, al dominio mundial de la forma poltica imperial? Esto significara la presencia oculta, velada u opaca de formas o proyectos alternativos civilizatorios y culturales? Podemos encontrar esta posibilidad en las resistencias al http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn19despliegue, la circulacin y acumulacin del capital, en los movimientos antisistmicos? Esta cuestin va a ser tambin tema del presente anlisis. Estado, sociedad y comunidad El Estado no se desprende de la sociedad como en un acuerdo, pacto o contrato social, el Estado se constituye en esa diferenciacin entre Estado y sociedad civil, sobre la base de una sociedad atomizada en individuos, reconocindoles sus derechos individuales y su ciudadana, aunque paradjicamente esta ciudadana no cubra a todos. Se hace una abstraccin en la formacin de los estados y sociedades liberales, se hace como si el resto no existiera, mujeres y comunidades. Las comunidades son como la matriz anterior, el preludio de la sociedad y el Estado. La comunidad comprende formas de sociabilidad anteriores a las sociedades mismas. Las comunidades se conformaron sobre la base de las redes de relaciones de parentesco, las alianzas familiares, territorialidades, intersubjetividades afectivas, identidades colectivas, configuraciones culturales. Las comunidades ancestrales se constituyen imaginariamente en el acto mismo del sacrificio, esta vinculacin con la muerte los arrastra fuera de los lmites mismos de la vida, al ms all, a elucubrar su relacin con lo sagrado y a descubrir lo sagrado en las fuerzas inmanentes de la vida[20]. Esta es una constitucin cultural, simblica, ceremonial, con la elocuencia de los ritos, de la comunidad ancestral. Para no hablar de los orgenes de la comunidad sino del nacimiento de la comunidad. Se trata de una discusin con la historia, por lo tanto mito, acerca de los orgenes de la comunidad; se puede hablar de nacimientos plurales, diferenciales, localizados de las comunidades. Desde esta perspectiva, de las historias efectivas de las comunidades, se trata de hacer genealogas de las comunidades. Estos nacimientos tienen que ver primordialmente, probablemente, con la caza y recoleccin, hablamos de las comunidades itinerantes, que se confunden, de manera inmediata, con sus propias estructuras de parentesco. La arqueologa puede ensearnos mucho de estos nacimientos proliferantes. Tiempos despus, cuando las comunidades domestican las plantas y aprenden a manejar sus genomas, cuando desarrollan la agricultura, la llamada revolucin verde, las comunidades establecen alianzas familiares y territoriales, conformando grandes comunidades o formas expansivas de sociedades territoralizadas. Es probable que las comunidades mismas se hayan reestructurado y transformado, recodificando y revalorando sus relaciones y prcticas, sobrecodificando sus propiossmbolos, ampliando los alcances de las jerarquas y el prestigio, estratificando el campo comunitario. Esta ampliacin y reestructuracin de las comunidades no las hace desaparecer, ms bien las consolida como formas perenes que sostienen el decurso de las sociedades mismas, pero tambin de las formas de poder que se conforman y despliegan. Las comunidades han sostenido a grandes formaciones sociales y complejas conformaciones de poder, han sostenido a seoros, a Tiwanaku, alianza entre pueblos, y al Tawantinsuyu, alianza territorial, incluso fueron el sostn en los primeros aos de la Repblica, a travs del tributo indgena. Podemos discutir si hoy siguen sindolo, a pesar de la injerencia e irradiacin del capitalismo, a travs de los enclaves de explotacin minera, la economa de la plata y la economa del estao, y a travs tambin de las extensiones, transfiguraciones y simbiosis del mercado, incluyendo prioritariamente el mercado de la coca. Esta discusin podemos extenderla a lo que hoy llamaramos economa de los hidrocarburos, en vinculacin con el ciclo del capitalismo norteamericano, su hegemona, dominacin y declive. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn20En muchos escritos he sostenido que las formas de comunidad siguen siendo la matriz y el sostn del Estado-nacin, del Estado y la sociedad, de la formacin econmica social boliviana articulada al mercado mundial y la economa-mundo capitalista. La explicacin de los salarios bajos se da por el entorno de las comunidades campesinas, por el vnculo con estas comunidades por parte de los mineros, que supuestamente habran perdido sus medios de produccin, instrumentos de trabajo y tierra, por su vinculacin con los entornos familiares, que son como pequeas comunidades en relacin con otras formas comunitarias subsistentes y actualizadas. La explotacin de los recursos naturales por parte de las empresas trasnacionales en la periferia del mundo capitalista, se lo hace no solo ocasionando la proletarizacin de la poblacin autctona, sino a travs de la redituacin perversa de las formas comunitarias, que donan fuerza de trabajo de manera permanente o intermitente y sostienen multifomemente la reproduccin social. En estas condiciones se combinan formas de subsuncin formal, de subsuncin real y, si se puede hablar as, de subsuncin virtual, del trabajo al capital. La comunidad entonces retorna, se actualiza, transfigurndose, durante los ciclos ms avanzados del capitalismo. El Estado-nacin habra nacido as, sobre la base de la diferenciacin entre Estado y sociedad civil en Bolivia, diferenciacin efectuada a travs de la conformacin de la representacin, que vincula a la sociedad civil con el Estado, mediante el ejercicio del voto, que a su vez se basa en el reconocimiento de la ciudadana a criollos y mestizos, hombres ilustrados, propietarios privados, hacendados, y un entono de sectores medios de artesanos. Estaban excluidos de la ciudadana, por lo tanto de los derechos civiles y polticos, indgenas y mujeres. Una repblica de minoras sobre los hombros de la mayora indgena. Como se puede ver el Estado-nacin era una comunidad imaginada[21] en el imaginario de los criollos, por eso mismo una ficcin no compartida por los otros imaginarios, los imaginarios indgenas y los imaginarios femeninos. Una legitimidad circunscrita a los criollos y mestizos no es una legitimidad adecuada y requerida por el conjunto de la poblacin que habita la extensin geogrfica de la Repblica. Se trata de una legitimidad restringida, del ejercicio del voto restringido, por lo tanto de un mbito de representacin estrecho, as mismo podemos pensar en un mapa institucional liberal angosto. Cmo pudo haberse erigido una Repblica en estas condiciones tan circunscritas, de una modernidad tan incipiente, con la mayora de la poblacin en la sombra? La respuesta no se encuentra en el alcance poco propenso de la modernidad, en el tamao exiguo de la prctica poltica, sino en los mbitos de las relaciones de poder de carcter colonial. En realidad estos hombres polticos no eran individuos modernos sino patrones, hacendados, gamonales, que adems de monopolizar tierras y propiedades mineras, controlaban a las poblaciones indgenas, dentro de sus haciendas y bajo la cobertura de las relaciones de servidumbre y subordinacin. Las verdaderas relaciones de poder que sostenan la forma aparente del Estado-nacin corresponden a los mbitos de despliegue del diagrama de fuerzas colonial. Entindase que este no es un reclamo de modernidad, sino una apreciacin de las formas efectivas de modernidad en la periferia de mundo capitalista. Cunto de estas paradojas y formas aparentes se dan en el centro del mundo capitalista? Es posible que esto tambin ocurra, aunque con otras caractersticas, sin embargo, debemos entender que en este centro hegemnico y de dominacin se han desarrollado de manera extensa y ejercido de manera ms minuciosa las estrategias de disciplinamiento, diagramas de poder disciplinarios que constituyen al hombre moderno, a partir de procedimientos de domesticacin y manipulacin fragmentaria y detalladla del cuerpo. Qu clase de internalizaciones, de perfil, de conjuncin de fuerzas, de subjetividad se http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn21form en estas tierras atravesadas por estrategias de colonizacin y simultneamente ocupadas por resistencias comunitarias? Hombres semi-modernos perversamente deformados? Hombres intermediarios, fronterizos? Semi-burgueses intermediarios entre los dos espacios de la economa-mundo capitalista, centro y periferia, ricos y mediadores en el proceso de acumulacin, por lo tanto patrones como burgueses? La modernidad se habra dado de la nica manera que poda darse, como mezcla, entrelazamiento, abigarramiento dramtico, en un perfil subjetivo atormentado y desdichado. Las formaciones aparentes, el Estado-nacin aparente, deriva en una Repblica ilusoria, en contraste con formaciones histricas complejas, que develan que las cosas, las relaciones sociales, las instituciones se dan en tiempo heterogneo[22]. La nacin en tiempo heterogneo Qu es la nacin? Un sentimiento compartido? La patria liberada? La comunidad imaginada? Si es as, que nacin se imaginaban los guerrilleros de la independencia? La guerrilla de los valles slo espordicamente controlaba la geografa de los escenarios de una guerra intermitente por la independencia de la patria, trmino usado en el diario de Jos Santos Vargas. Dependan de las incursiones del ejrcito de Buenos Aires, as como tambin de su ausencia, pues cobraban autonoma de accin en prologados lapsos de tiempo. Los guerrilleros acosaron al ejrcito realista, pero tambin eran acosados por ellos y perseguidos, hacan los que podan para sobrevivir, movilizaban pequeos contingentes de tropas y tenan mandos dispersos en los caudillos, quienes no terminaban ponerse de acurdo por la conduccin de la guerra de guerrillas. Contaban a veces con el apoyo de comunidades, por lo tanto, a veces crecan sus fuerzas con el apoyo indgena, pero la mayor parte del tiempo sus desplazamientos de maniobra corta y con pequeos contingentes. Los nombres de los guerrilleros se volvieron famosos en las listas del ejrcito realista, el mismo que buscaba acabar con ellos fulminantemente y quebrar sus redes de comunicacin. No lo pudo hacer, tampoco venci la guerra de guerrillas. Sin embargo la huella de esta guerra quedo marcada en estos territorios de los valles de la Audiencia de Charcas. Tuvieron alguna relacin espordica con el gaucho Gemes, lder guerrillero del norte argentino, encargado por Buenos Aires de cuidar la frontera, pero al final de cuentas dependieron de sus propias fuerzas y de su convocatoria. Cul era la nacin por la que peleaban los guerrilleros, pero no pudo ser? Porque la nacin que se impuso fue la que dej el ejrcito independentista en negociacin con la oligarqua charquea y los doctorcitos de Sucre. Una repblica acordada despus de las hostilidades, pues el proyecto de Bolvar, de una Patria grande, no pudo materializarse, debido a la oposicin de las oligarquas regionales, que prefirieron garantizar sus privilegios de hacendados y propietarios mineros. El proyecto de Bolvar era demasiado grande para ellos, donde podan perderse y perder. Hay analistas que dicen que las condiciones no estaban dadas. Valga a saber si esto es cierto, lo que importa es saber que el ejrcito independentista no poda cumplir por si solo con la tarea encomendada, requera de la voluntad de los lugareos, que por lo que sabemos iba por otros lados. Las comunidades indgenas no estaban comprometidas con la hazaa, como lo estuvieron en los levantamientos del siglo XVIII. No se tejieron relaciones de confianza entre comunidades y rebeldes criollos. Si hubo participacin fue circunstancial, no comprometida, como ocurri con los levantamientos de Tupac Amparu, Tupac Katari, Bartolina Sisa, Tomas Katari, que buscaban, se puede interpretar as, la reconstitucin. No se equivocaron las comunidades, porque lo que ocurri durante la Repblica fue en contra de ellas, perdieron tierras y autonoma. Pero, volviendo a la pregunta de qu nacin se imaginaban los guerrilleros, tendramos que http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn22responder que, probablemente, no era algo distinto a la misma Audiencia de Charcas, pero sin espaoles, sin chapetones. En el mejor de los casos, la imagen de la independencia poda extenderse a todo el Virreinato de la Plata, debido a las vinculaciones con el ejrcito argentino. De todas maneras, esto de la imagen de nacin de los guerrilleros de la independencia no es algo fcil de resolver, pero de lo que podemos estar seguros es que no haba un proyecto poltico, tampoco social, menos cultural, de reconstitucin. Hay que entender esta insurgencia en el contexto de la crisis del sistema colonia, como parte de sus contradicciones inherentes, del declive y decadencia del imperio espaol. Desde lejos se puede decir que el imperio espaol, es Estado territorial y extraterritorial, comprendiendo a las colonias, ya no era funcional al nuevo ciclo del capitalismo, qued obsoleto ante los requerimientos de las formas de acumulacin de capital, con sus consecuentes expansiones y transformaciones. Concretamente, qued obsoleto despus de la revolucin industrial que se produjo en Gran Bretaa. El nuevo capitalismo corra a la velocidad de las mquinas de vapor y el ferrocarril, la maquinaria industrial transform las temporalidades de la produccin y la circulacin. Aunque parezca paradjico, los nuevos movimientos independentistas, con sus proyectos de liberacin nacional, de conformacin de repblicas, con pretensiones de modernizacin y sueos de modernidad, terminaron siendo funcionales al ciclo del capitalismo britnico. Esta quizs fue la razn y la condicin histrica por la que los movimientos independentistas del siglo XIX prosperaron y terminaron materializando sus proyectos nacionales. En cambio, los levantamientos indgenas del siglo XVIII fracasaron, no lograron viabilizar sus proyectos de liberacin y reconstitucin. Sin embargo, esta frustracin, viendo el largo tiempo, la larga duracin, viendo desde las perspectivas de las estructuras de larga duracin, fue convertida en memoria e irradiacin histrica, con las recurrentes actualizaciones de la guerra anticolonial inconclusa. Para dar algunos ejemplos, de este modo podemos leer e interpretar la guerra aymara en la guerra federal de 1899, en los recurrentes levantamientos que aparecen insistentemente despus de la derrota de Tupac Amaru y Tupac Katari, atraviesan lo que quedaba del siglo XVIII y recorren el siglo XIX, para continuar localmente con los levantamientos durante el siglo XX. Por este lapso se encuentra los levantamiento de las comunidades de Jess de Machaca, durante los primeros aos de la dcada del veinte. Podemos situar resistencias hasta la guerra del Chaco y despus de esta guerra, hasta la revolucin de 1952 y despus de esta revolucin. Un levantamiento campesino, que se hizo famoso, es el relativo a la movilizacin de los campesinos del valle en 1974, que termino en la conocida masacre del valle, pero tambin deriv en la ruptura del pacto militar campesino y el nacimiento del movimiento katarista, que, retomando la memoria larga, desarrollo un proyecto poltico cultural de reconstitucin del Qullasuyu. Sin embargo, lo ms sintomtico, de estas actualizaciones de antiguas luchas, concurre durante las movilizaciones sociales del 2000 al 2005, donde reaparece con fuerza la forma y las estructuras de la rebelin indgena, la alianza guerrera de los ayllus y comunidades, la reterritorializacin de facto de los espacios ancestrales, ahora emergentes y sostn de la subversin indgena. A modo de hiptesis, podemos hablar de dos estructuras de larga duracin que atraviesan los periodos coloniales y republicanos. La primera y fundamental, la estructura de la rebelin indgena, constituida, en los levantamiento anticoloniales del siglo XVIII, ligada a un proyecto de reconstitucin civilizatorio-cultural y anti-moderno; la segunda, la estructura de la insubordinacin criollo-mestiza, conformada durante los movimientos independentistas, de la guerra de guerrillas y la guerra de la independencia, ligada a un proyecto nacional y moderno. Ambas estructuraciones han tenido una trayectoria casi paralela a lo largo de la historia, hasta encontrarse en los acontecimientos de la guerra del gas, de octubre del 2003. Ambas estructuras y estructuraciones, actualizadas en distintos contextos, con sus correspondientes transformaciones, condicionan los procesos histrico-polticos, sus periodos y sus coyunturas, acaecidos en las temporalidades de la formacin econmica social, condicionan las formas efectivas del Estado sociedad concretas, sus complejas relaciones, sus mbitos pblicos, tambin sus mbitos civiles, y consecuentemente, sobrepasando los lmites de la sociedad civil, la configuracin de la sociedad poltica, como propuesta relacional, alternativa, de politizacin de la demanda y de la elaboracin de proyectos alternativos de los subalternos[23]. El Estado-nacin en el contexto de la globalizacin Los Estado-nacin habra iniciado su genealoga con la conformacin de los estados entre el siglo XVII y XVIII en Europa sobre la base de las Monarquas absolutas. A fines del siglo XVIII se conforma la repblica, como resultado de la revolucin poltica en Norteamrica, con la unificacin de los Estados de la Unin, en su forma Federal. Poco despus la revolucin francesa instaura la repblica, como resultado de la revolucin social, en su forma ms bien unitaria, llevando adelante la declaracin universal de los derechos del hombre, inscribiendo en el imaginario popular las consignas de libertad, igualdad y fraternidad[24]. Como siguiendo estas declaraciones democrticas Toussaint LOuverture dirigi la inaugural contienda triunfante por la emancipacin de los esclavos modernos en la colonia francesa de Santo Domingo (Hait). Durante el siglo XIX se constituyen las repblicas en las llamadas Indias occidentales, como resultado de las guerras de independencia. En el lapso del siglo XX, despus de la segunda guerra mundial, las colonias europeas en Asia y frica consiguen su independencia. Esta es una brevsima historia de la conformacin de los Estado-nacin, pero no podramos tener todo el panorama sino recorremos la historia hasta el presente, cuando los Estado-nacin se encuentran cercados y atravesados por una nueva soberana, la del imperio[25], en el periodo delirante de los discursos apologetas de la globalizacin, en el ciclo y el declive de la hegemona estadounidense. Un concepto indispensable para entender la conformacin de los estados es soberana, que significa primordialmente legitimidad del poder. Esta soberana es transferida del cuerpo del rey al pueblo por medio de la revolucin y las guerras de independencia. En segundo lugar soberana significa independencia, quiere decir que el Estado-nacin acta en igualdad de condiciones con otros Estado-nacin. En tercer lugar significa potestad absoluta sobre sus recursos. En cuarto lugar significa autonoma en cuanto a la capacidad de definir y disear sus propias polticas. Todos estos tres ltimos significados estn ntimamente ligados al primero, que es fundamental, pues en este significado de soberana como legitimidad radica el secreto de las formas de dominacin modernas. Aunque se haya transferido al pueblo la soberana como referente de la legitimidad, sta justifica la mediacin en las relaciones de poder. La soberana faculta la transferencia del poder por delegacin a travs de la representacin, la soberana justifica el ejercicio del poder a nombre del pueblo. La soberana es una palabra recurrente en los discursos democrticos, pero tambin en los discursos revolucionarios, se lo hace de una manera acrtica, espontnea, como por http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn23http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn24http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn25costumbre, sin tomar en cuenta la polisemia de sus significados, sobre todo uno, el original, en el cual soberana tiene que ver con la legitimidad del poder. Por eso es importante hacer una especie rpida de arqueologa de la soberana para develar las formas como los discursos encumbren los mecanismos de dominacin. Teora de la soberana Los discursos de soberana pueden agruparse en aqullos que suponen la teora jurdica poltica, que es precisamente la teora de la legitimidad del poder. A propsito de esta teora, Michel Foucault dice que la teora poltica de la soberana se remonta a la edad media; procede de la regeneracin del derecho romano; se conform en torno a la cuestin de la monarqua y del monarca. En este sentido, la teora de la soberana ejerci cuatro papeles: En primer lugar tiene que ver con un dispositivo de poder efectivo que era el de la monarqua feudal. Segundo, sirvi de herramienta y tambin de apologa para la constitucin de las grandes monarquas administrativas. En esta secuencia, a partir del siglo XVI y sobre todo del siglo XVII, ya en las circunstancias de las guerras de religin, la teora de la soberana fue un aparato que transit tanto en un campo como en otro, que se esgrimi en un sentido u otro, ya fuera para circunscribir o, al contrario, para robustecer el poder real[26]. En sntesis, la teora de la soberana fue la gran arma de la querella poltica y terica entorno de las modalidades de poder de los siglos XVI y XVII. En el siguiente siglo (XVIII) volvemos a encontrarla, como versin decimonnica del derecho romano, en Rousseau y sus contemporneos, esta vez con un cuarto papel: en ese perodo se trata de edificar, contra las monarquas administrativas, autoritarias y absolutas, un prototipo alternativo, de las democracias parlamentarias[27]. Como se puede ver se puede decir que la teora de la soberana transita, durante este tiempo, de la cuestin de las monarquas, de los problemas de legitimidad planteados por el poder absoluto, por el poder real, a la cuestin de la legitimidad del poder en las repblicas. Ya no se trata de la soberana del soberano sino de la soberana del pueblo. En otras palabras, el pueblo es el nuevo soberano. Pero, entonces la figura del pueblo se construye sobre el arquetipo de la unicidad del poder, como un solo cuerpo ungido por la legitimidad popular. Bajo esta figura el pueblo transfiere el poder a sus representantes. Este es el acto supremo de construccin de la representacin como mediacin del poder. Se podra decir, con cierta aproximacin no exenta de equvocos, que, de esta forma, el poder ya no la ejerce el pueblo sino sus representantes. Esto es relativamente cierto, pues, en verdad, nadie deja de ejercer el poder, porque el poder atraviesa a todos, gobernantes y gobernados, como tambin a dominantes y dominados, todos lo usan, slo que unos de una determinada manera y otros de otra. Los representantes usan el poder de una manera unificada, como monopolio, en tanto que el pueblo usa el poder de una manera dispersa, fragmentada, en el contexto del tejido de relaciones que componen la sociedad. Se puede decir que los representantes ejercen el poder de forma institucional, de una manera molar, y que el pueblo ejerce el poder de forma espontnea, de manera molecular. Se produce un trastrocamiento, una desmesura, cuando se da lugar la revolucin, poniendo en suspenso el mapa institucional y los mecanismos de dominacin. Desarrollando los tpicos de la teora jurdica poltica, se puede decir que la teora de la soberana est enlazada a una forma de poder que se practica sobre la tierra y sus http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn26http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn27productos, no tanto sobre los cuerpos y lo que hacen, como ocurre con otras formas de poder, como en el caso del diagrama de poder disciplinario. La teora de la soberana atae al traslado y usurpacin, no del tiempo y del trabajo sino de los bienes y la riqueza por parte del poder. La teora de la soberana accede transcribir en expresiones jurdicas unos compromisos intermitentes y habituales de preceptos, sin llegar a reglamentar una vigilancia perpetua; es una teora que faculta fundar el poder alrededor y desde la presencia fsica del soberano y no de los procedimientos incesantes y durables de vigilancia. La teora de la soberana es lo que permite fundar el dominio absoluto del poder; por lo tanto se est lejos del clculo del poder que establece el balance del mnimo de gastos y el mximo de eficacia[28]. Se puede decir que el diagrama del poder soberano comprende la administracin de las cosas y los recursos, en tanto que el diagrama de poder disciplinario trabaja sobre el tiempo de los cuerpos y el detalle de su anatoma, sus movimientos y su dinmica de una manera minuciosa. Se produce entonces una yuxtaposicin entre el diagrama de poder soberano y el diagrama de poder disciplinario, el discurso de la soberana es usado para encubrir los mecanismos de dominacin disciplinarios, en tanto que el discurso relativo al diagrama disciplinario de desarrolla como discurso de las ciencias humanas. Cuando la teora jurdica poltica abandona la cuestin de la monarqua para ocuparse de las democracias parlamentarias, la teora de la soberana fue, en el siglo XVIII y an en el XIX, un dispositivo discursivo crtico consistente contra la monarqua y todas las dificultades que podan oponerse al desenvolvimiento de la sociedad disciplinaria. Pero, tambin, de modo superpuesto, esta teora y la disposicin de un cdigo jurdico ajustado a ella permitieron entrecruzar a los mecanismos de disciplina un sistema de derecho que encubra sus procedimientos, que desvaneca lo que poda haber de dominacin y tcnicas de dominacin en la disciplina. En este contexto, la teora de la soberana reconoca a cada uno el ejercicio, a travs de la soberana del Estado, de sus propios derechos soberanos[29]. La soberana del Estado se convierte en un garante de los derechos individuales, de los derechos civiles y polticos, de los derechos humanos. El Estado, en otras palabras, la constitucin, es el marco jurdico de estos derechos. Dicho de otra manera, hay una concomitancia entre el Estado y los ciudadanos. Es importante entender que la teora de la soberana se plantea ineludiblemente fundar un ciclo, el ciclo del sujeto al sujeto (sbdito), exponer cmo un sujeto entendido como individuo dotado, naturalmente, de derechos, capacidades, facultades, atributos y potencialidades puede y debe trocarse en sujeto, pero entendido esta vez como unidad sometida en una relacin de poder. La soberana es la teora que va del sujeto al sujeto, que instaura la relacin poltica del sujeto con el sujeto. En este sentido, la teora de la soberana determina, en el comienzo, una multiplicidad de poderes que no lo son en sentido poltico del trmino, sino capacidades, posibilidades, potencias, y slo puede componerlos como tales, en el sentido poltico, con el requisito de haber conformado en el nterin, entre las posibilidades y los poderes, una situacin de unidad primordial y productora, que es la unidad del poder[30]. El Estado se yergue como monopolio poltico, pero tambin como dador poltico, como asignador poltico, no slo como garante sino tambin como distribuidor, pero tambin como promotor poltico. Como se puede ver, hay una relacin constitutiva entre Estado y sociedad, pero tambin una relacin de transferencia entre legitimidad y legalidad. La teora de la soberana expone cmo puede erigirse un poder no exactamente segn la ley sino segn una cierta legitimidad fundamental, ms fundamental que todas las leyes; se trata de una especie http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn28http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn29http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn30general de todas las leyes y que puede permitir a stas funcionar como tales. En otras palabras, la teora de la soberana es el ciclo de la legitimidad y la ley. Digamos que, de una u otra manera, la teora de la soberana conjetura al sujeto; seala a fundar la unidad esencial del poder y se despliega siempre en el elemento previo de la ley. Triple condicionalidad, por lo tanto: la del sujeto a someter, la de la unidad del poder a fundar y la de la legitimidad a respetar. Tringulo instituyente: sujeto, unidad de poder y ley[31]. La soberana del Estado-nacin Se dice que el Estado creo la nacin y no la nacin al Estado, como se ha querido proponer de un modo retroactivo, en el despliegue del discurso de legitimacin del poder del Estado. Antonio Negri y Michel Hardt dicen que la concepcin de nacin se despleg en Europa sobre el suelo del Estado patrimonial y absolutista. El Estado patrimonial se defina como la propiedad del monarca[32]. Otra es la historia de los otros continentes, se puede decir que all lleg el Estado en su forma colonial, como expansin imperial, como administracin extraterritorial europea. Despus, la constitucin de los Estado-nacin en las excolonias intenta oponerse al colonialismo y salir del mismo, empero lo hace en el contexto mundial dibujado por la colonizacin, en cierta manera, en las jurisdicciones de las administraciones coloniales se instauran los Estado-nacin subalternos. Volviendo a la historia europea, los autores del Imperio[33] dicen que el cambio del modelo absolutista y patrimonial gravit en un desarrollo gradual que substituyo el cimiento teolgico del patrimonio territorial por un nuevo cimiento, igualmente trascendente. En el sitio dejado por el cuerpo divino del rey, ahora se colocaba la afinidad subjetiva de la nacin, la que formaba del territorio y la poblacin un pueblo ideal. Para exponerlo de un modo ms riguroso, el territorio fsico y la poblacin se imaginaron como la prolongacin de la substancia trascendente de la nacin. El concepto moderno de nacin heredaba as el cuerpo patrimonial del Estado monrquico y le inventaba una nueva forma[34]. El imaginario de la nacin se configura as sobre la base del arquetipo del cuerpo del Estado absolutista, la reconstruccin imaginaria invierte los trminos, la nacin se convierte en el origen del Estado, esta invencin histrica, esta reconstruccin actualizada del tiempo histrico, tiene que ver con los discursos de legitimidad, con la recomposicin del concepto de soberana. La nacin se convierte en la substancia trascendente que atraviesa los tiempos, en el espritu que se realiza en el Estado. En esta dialctica de objetivacin, la nacin se materializa en el territorio y la poblacin. Algo parecido, en un contexto distinto, es lo que sucede en las sociedades que fueron colonizadas, la nacin es un imaginario trascendente que fundamenta la independencia y la constitucin de los Estado-nacin, slo que en este caso se recurre a la re-significacin y reinterpretacin de las propias tradiciones. Visto de esta forma, habra que decir, que en ambos casos, la dialctica de la historia concibe la substancia trascendente de la nacin se cmo acontecimiento inmanente, como pasin, como sensibilidad social. El despliegue imaginario de la filosofa de la historia, sobre todo ante la evidencia de la crisis de la modernidad, que todo lo disuelve, la manera de solicitar soporte para el poder efmero de la soberana, como arreglo a la crisis de la modernidad, fue imputrselo inicialmente a la nacin y luego, cuando la nacin tambin se descubri como un recurso perecedero, arrogrselo al pueblo. Dicho de otra manera, as como el http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn31http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn32http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn33http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn34concepto de nacin consuma la nocin de soberana procurando que es preliminar a ella, el concepto de pueblo tambin perfecciona el de nacin en integridad de otra imagen simulada de retraccin racional. Cada paso metdico hacia a la zaga tiende a coagular el poder de la soberana ensombreciendo su plataforma, esto es, establecindose en la realidad del concepto. La afinidad de la nacin y ms an la homogeneidad del pueblo deben exhibirse como algo congnito y vernculo[35]. Otro tringulo constitutivo: Estado, nacin y pueblo. Teniendo en cuenta el tringulo constitutivo e instituyente de Estado, nacin y pueblo, haciendo una crtica al concepto de pueblo, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que, aunque el pueblo se plantea como fundamento primigenio, la concepcin moderna del pueblo es en realidad producto del Estado-nacin y slo subsiste dentro de las condiciones ideolgicas concretas[36]. Ampliando, aproximando y articulando categoras, comprendiendo el contexto de la colonizacin, la mundializacin de la economa-mundo capitalista, la expansin integral de la dominacin de los Estado-nacin centrales, de los imperialismos sucesivos y del Imperio contemporneo, las categoras de nacin, pueblo y raza de ningn modo estn muy aisladas entre s. La arquitectura de una desigualdad racial categrica es el apoyo primordial para forjar una identidad nacional uniforme[37]. Los europeos se van a distinguir del resto del mundo mediante este procedimiento geopoltico de racializacin, que es otra manera de establecer la diferencia entre dominantes y dominados, colonizadores y colonizados, burgueses y proletarios. Por lo tanto se trata de homogeneizar y domesticar la diversidad y la diferencia de la multitud en la concepcin de pueblo. La similitud del pueblo se erigi sobre un mapa imaginario que escondi y excluy las diversidades y, en el nivel prctico, esto se troc en la sumisin racial y el saneamiento social[38]. Se trata de distinguir a escala mundial el pueblo blanco de las poblaciones morenas colonizadas, dominadas, explotadas y subordinadas a dominio imperialista, primero, y del imperio despus. En esta perspectiva, se puede decir que la otra maniobra substancial en la arquitectura del pueblo, facilitada por la primera, consisti en superar las diferencias internas ocasionando que un grupo, una clase o una raza hegemnica representaran a la poblacin en su conjunto. El racimo representativo es el apoderado diligente que est a la zaga de la vigencia del concepto de nacin[39]. En este sentido, representacin es no slo repeticin sino tambin represin, inhibicin, pero tambin expropiacin, usurpacin, de la expresin autentica de las poblaciones y las multitudes. Los Estado-nacin subalternos El hecho de que se instauren Estado-nacin en la periferia del sistema-mundo, como acto de liberacin, como accin anticolonial y acto descolonizador, muestra que la modernidad ha llegado a todas partes, nos ha comprometido a todos, al centro y a la periferia de la economa-mundo capitalista, a los pases imperialistas y a los pases colonizados. Sin embargo, el significado poltico del Estado-nacin no es el mismo en uno y otro lugar. En tanto que bajo la influencia de los dominadores el concepto de nacin suscita la estasis y la restauracin, bajo la influencia de los dominados es un instrumento empleado para provocar el cambio y la revolucin[40]. Podemos decir, de cierta manera, haciendo un balance histrico que si bien la construccin imaginaria de la nacin precede a la formacin del Estado en Europa, como hemos visto, en cambio en los territorios colonizados va a ser una nocin que antecede a la construccin del Estado. Esta historia no se da de la misma manera aqu y all, hay que considerar las diferencias contextuales histrico-polticas, empero lo que importa, para contrastar, es http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn35http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn36http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn37http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn38http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn39http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn40constatar la diferencia, la forma invertida en la que se da la conformacin del Estado-nacin en la periferia. En este mbito del mundo, si se puede hablar as, de alguna manera, la nacin construye al Estado, la comunidad imaginada, a decir de Benedic Anderson, construye la materialidad institucional, jurdico-poltica, del Estado. Se puede decir que el nacionalismo de los pases dominados se comporta de una manera antiimperialista y anticolonial. La complexin progresista del nacionalismo subalterno resulta determinada por dos aplicaciones bsicas, ambas en alto grado inciertas. Ante todo la nacin se ostenta como progresista en consonancia con la lnea de defensa contra la dominacin de naciones ms poderosas y de fuerzas exteriores econmicas, polticas e ideolgicas[41]. De esta forma, el nacionalismo subalterno ingresa a la modernidad, pero buscando en ella condiciones de igualdad entre los Estado-nacin. Desde esta perspectiva, la modernidad no es solamente la cultura donde todo lo solido se desvanece en el aire, la experiencia de la vertiginosidad y el suspenso, la volatilidad y la velocidad, del trastrocamiento y de la transformacin, sino tambin la cultura de la equivalencia y del intercambio, de la analoga y la similaridad, aunque tambin de la mimesis y la simulacin, as mismo de la comunicacin y de la virtualidad. Aunque en este contexto se logra la liberacin nacional, el concierto de las naciones, el mundo conformado por Estado-nacin, no logra resolver el problema de la reiteracin de las desigualdades en otras condiciones. No solamente hablamos de las desiguales condiciones de intercambio en el mercado internacional sino tambin sino de la reproduccin de nuevas formas de dominacin, que se ha venido en llamar neocolonialismo. No hablamos del colonialismo interno que suscitan las nuevas repblicas, sino de las condiciones de subalternidad en las que se encuentran los Estado-nacin de la periferia respecto al centro del sistema-mundo. De todas maneras, ambas formas, el neocolonialismo a escala mundial y el colonialismo interno parecen complementarse. Por eso, se puede decir que, en cada uno de estos casos, la nacin es progresista estrictamente como una lnea fortificada de defensa contra fuerzas exteriores ms poderosas. Sin embargo, as como se presentan progresistas en su puesto protector contra la dominacin extranjera, esas mismas murallas pueden pasar cmodamente a ejercer un papel inverso en correlacin con el interior que protegen[42]. La dialctica de la soberana colonial Hablamos de la crisis de la modernidad, o mas bien, entendemos la modernidad como crisis, y lo hemos hecho entendiendo esta crisis como crisis de legitimidad, crisis de la soberana, crisis del poder, de la reproduccin del poder, por lo tanto, crisis de representacin, crisis de las instituciones, crisis del discurso jurdico-poltico frente a la elocuencia de los acontecimientos que se mueven en el mbito histrico-poltico. Tambin podemos hablar de crisis de las sociedades modernas, en el sentido ms material del trmino, como crisis orgnica y estructural del capitalismo, por eso mismo crisis del orden social, de la estructura de clases, comprendiendo a esta crisis como lucha de clases, por eso concibiendo esta crisis como revolucin, como devenir de la potencia social, como desplazamiento del poder constituyente, por lo tanto como democracia. En este sentido entendiendo la democracia como suspensin de los mecanismos de dominacin[43]. En la medida que el mundo es mundo desde el descubrimiento de Amrica, a medida que el mundo se hace mundo con las conquistas y las colonizaciones, con la expansin del sistema-mundo capitalista, convirtindose en economa-mundo, la crisis de la modernidad adquiere otras connotaciones, la crisis de la modernidad es tambin crisis de la colonialidad. La crisis de la modernidad sostuvo http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn41http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn42http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn43desde el comienzo una relacin intrnseca con la subordinacin racial y la colonizacin[44]. El decurso de la modernidad es contradictorio, por una parte expande la utopa de la universalidad, pero por otra parte recrea en otras condiciones las cartografas del poder, la geografa de las dominaciones, la geopoltica imperialista. Este decurso de la modernidad es contradictorio y parece no poder resolverse sino en tanto no se configure una alternativa a la modernidad. De todas maneras, el componente utpico, el componente quimrico de la globalizacin es lo que imposibilita caer llanamente en el particularismo y el recogimiento como resistencia a las fuerzas totalizadoras del imperialismo y la dominacin racista, y lo que, en cambio, nos inspira a concebir un propsito contra la globalizacin, un proyecto contra el imperio[45]. Viendo retrospectivamente, el capitalismo habra surgido en Europa gracias a la sangre, el sudor y las lgrimas de los pueblos no europeos conquistados y colonizados[46]. Visto de esta forma, el capitalismo no puede comprenderse slo a partir de la lucha de clases en Europa, entre obreros y burgueses, a partir de la teora del modo de produccin capitalista, sino que debe necesariamente incorporarse para su comprensin la lucha de los pueblos colonizados. Esto requiere unas teoras plurales de las formaciones econmicas sociales, esto conduce a pensar en el devenir, conformacin, consolidacin y crisis de la economa-mundo capitalista. Bajo estas consideraciones, con todo, la produccin de los esclavos de Amrica y el comercio de Esclavos africanos, la indemnizacin, la homogenizacin clasificada de los pueblos nativos, no fueron slo, o predominantemente, una transicin al capitalismo. Compusieron un cimiento realmente estable, una plataforma de sobreexplotacin sobre la cual se edific el capitalismo europeo. Y aqu no hay ninguna contradiccin: la mano de obra esclava de las colonias, la mano de obra servil de los nativos, hizo posible el capitalismo europeo y el capitalismo europeo no tena ningn inters en renunciar a ella[47]. Qu papel jugaron las burguesas, tanto centrales como perifricas, en esta expansin arrasadora del capitalismo y la modernidad? En este sentido, ms que delatar la irracionalidad de la burguesa, lo imprescindible aqu es entender hasta qu punto la esclavitud y la servidumbre puede ser ntegramente compatible con la produccin capitalista, como engranajes que restringen la movilidad de la fuerza laboral y entorpece sus movimientos. La esclavitud, la servidumbre y todas las dems formas de disposicin restrictiva de la mano de obra desde los culies del Pacfico hasta los peones rurales de Amrica Latina, el apartheid de Sudfrica son todos componentes inherentes a los procesos del desarrollo capitalista[48]. Podemos hacer una lectura dialctica de la colonizacin, el colonialismo homogeniza las diferencias sociales reales instituyendo una anttesis perentoria que lleva las diferencias a un extremo absoluto y luego subsume la tesis y la anttesis en la construccin de la civilizacin europea. Empero, la realidad no es dialctica; el colonialismo lo es[49]. Michel Foucault deca que la burguesa era dialctica pues haba hecho la sntesis del modelo monrquico, el modelo jurdico poltico, con la guerra de razas, la guerra de naciones, entre conquistados y conquistadores, con la lucha de clases, el modelo histrico-poltico. Ahora, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que la dominacin colonial es dialctica, pues habra hecho la sntesis entre el modelo colonial de dominacin excluyente y racial, con la violencia revolucionaria y antiimperialista de los pueblos colonizados, en la conformacin de un orden mundial multinacional, que se basa en la supuesta igualdad de los Estado-nacin, de acuerdo al derecho internacional, y sin embargo vuelve a restaurar la diferencial condicin de dominacin y http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn44http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn45http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn46http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn47http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn48http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn49subordinacin. El colonialismo es una mquina abstracta que produce alteridad e identidad. El primer resultado de la lectura dialctica es pues el falseamiento de la diferencia racial y cultural. Esto no significa que, una vez exploradas como construcciones postizas, las identidades coloniales se precipiten en el aire; son figuras reales y continan desempendose como si fueran fundamentales. Esta comprobacin no es una poltica en s misma, sino que estrictamente seala la posibilidad de una poltica anticolonial. En segundo lugar, el razonamiento dialctico deja claro que el colonialismo y las representaciones coloniales se fundan en una violenta lucha que debe renovarse permanentemente. El s mismo europeo necesita ejercer la violencia y necesita afrontar a su Otro para sentir y mantener su poder, para de este modo rehacerse continuamente[50]. Como respuesta a la dialctica positiva de la dominacin colonial, los pueblos colonizados, en lucha por su emancipacin, desarrollan una dialctica negativa. La mayora de las veces, la dialctica negativa fue concebida en trminos culturales, por ejemplo, como proyecto de la negritud, el intento de descubrir la esencia negra o revelar el alma negra. De acuerdo con esta lgica, la respuesta a las representaciones colonialistas debe implicar la creacin de representaciones recprocas y simtricas[51]. Esta inversin del mundo de las representaciones pretende invertir el mundo de las relaciones de poder y de los sujetos involucrados en ellas. Sin embargo, la inversin de la estructura colonial no hace otra cosa que conservar la estructura misma, cuando de lo que se trata es de ir ms all de esta estructura. De este modo, puede continuarse por otros caminos el colonialismo y la colonialidad, aunque hayan sido cuestionados, aunque hayan sido rechazados violentamente, en la medida que quede la huella de su memoria, pueden repetirse en otras condiciones. A pesar de la congruente lgica dialctica de esta poltica cultural sartreana, la estrategia que propone nos parece consumadamente ficticia. La pujanza de la dialctica, que en manos del poder colonial desfigura la realidad del mundo colonial, se patrocina nuevamente como parte de un proyecto anticolonial como si la dialctica fuese en s misma la forma real del movimiento de la historia. Sin embargo, ni la realidad ni la historia son dialcticas y ninguna gimnasia retrica idealista puede hacerlas entrar en un orden dialctico[52]. La violencia inicial de dominacin se inscribe en el cuerpo, esta violencia acumulada en el espesor del cuerpo se revierte contra los opresores, esta violencia parece liberarnos, sin embargo, en la medida que no trascienda la estructura colonial, en la medida que no trastroqu el modelo colonial, no termina emancipando a los sojuzgados. La coyuntura original de la violencia es el del colonialismo: la dominacin y la explotacin de los colonizados por parte de los colonizadores. La segunda coyuntura, es decir, la revelacin de los colonizados a la violencia original, puede adquirir en el contexto colonial todo tipo de formas desmedidas. El hombre colonizado manifestar primero la agresividad que le fue depositada en sus huesos contra su propia gente[53]. La violencia depositada en los huesos se revierte contra los colonizadores, pero en la medida que no logra abolir la geopoltica y la anatoma de la dominacin, no termina de liberarnos de la superacin dialctica del colonialismo. En esta perspectiva, el concepto mismo de soberana nacional liberadora es vacilante, si no ya completamente contradictorio. Mientras este nacionalismo pretende liberar a la multitud de la dominacin extranjera, erige estructuras internas de dominacin que son igualmente implacables[54]. El Estado-nacin postcolonial funciona como un aparato primordial y dependiente de la distribucin global del mercado capitalista. Como sostiene Partha Chatterjee, la liberacin nacional y la soberana nacional no slo son http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn50http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn51http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn52http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn53http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn54impotentes contra esta jerarqua capitalista global, sino que adems contribuyen espontneamente a preservar su organizacin y funcionamiento[55]. Todo el proceso lgico de representacin podra resumirse del modo siguiente: el pueblo representa a la multitud, la nacin representa al pueblo y el Estado representa a la nacin[56]. Neo-nacionalismo y neo-colonialidad La problemtica indgena es mltiple, est ligada al problema colonial, a la colonialidad y, por lo tanto tambin a la descolonizacin. Ciertamente, por eso mismo, a la emancipacin y liberacin, as como a la profundizacin de la democracia, al despliegue y realizacin de la democracia participativa, del ejercicio plural de la democracia, en tanto democracia directa, democracia representativa y democracia comunitaria. Pero, la pregunta que debemos hacernos es para quin es un problema el indio? Quines consideran que es un problema? Esta pregunta, este problema, este quines, est vinculado a los conquistadores, a los colonialistas, a los espaoles, a los criollos y mestizos. Es decir, a las clases dominantes. Todos ellos consideran que es un problema el indio, todos ellos se hacen la pregunta qu hacer con los indios? Esta pregunta es reiterativa en las castas criollas. Una constante. Esta pregunta puesta a propsito, pero tambin recogiendo la preocupacin de los gobernantes desde los inicios mismos de la repblica, saltando la etapa de los caudillos letrados, pasando por los periodos liberales y republicanos, recogiendo las imgenes dramticas o ilusorias dejadas por los escritores, ingresando a las polticas y procedimientos nacionalistas de homogeneizacin. Hasta ah la pregunta, ese es el momento donde se pierde pues se considera que el indio ha sido incorporado como campesino al Estado boliviano desde la reforma agraria. Se puede decir que es la pregunta que se hacan las oligarquas criollas y mestizas, los gobernantes, que eran como sus representantes. El problema desde la reforma agraria va a ser planteado de otra manera tanto por los nacionalistas como por los izquierdistas, as tambin, ms tarde, por los neoliberales. El problema va ser planteado desde la perspectiva desarrollista, pero tambin clientelar, teniendo en cuenta el caudal masivo de votacin que significaban las poblaciones nativas. El nacionalismo incorpora al indio en un fallido proyecto desarrollista va farmer, incipiente y sin recurso; en todo caso, acompaada esta incorporacin, tambin este proyecto desarrollista, con mucho show publicitario en inauguraciones pomposas de inauditas instalaciones prricas. Si hacemos una evaluacin de la reforma agraria, del tamao de los desafos de la reforma agraria y la magnitud exigida por los requerimientos del desarrollo agrario, veremos que el nacionalismo se inclin por el teatro poltico y no por la materializacin completa, integral y consecuente de la reforma agraria. El imaginario de la izquierda va incorporar al campesino en una proyectada alianza de clases obrero-campesina, en la perspectiva de la revolucin socialista. Ms tarde, los neoliberales despliegan polticas de descentralizacin administrativa contando con recursos de la coparticipacin, adems de intentar una reforma educativa intercultural, en los cdigos del multiculturalismo liberal. Como se puede ver la pregunta oligrquica y racial prcticamente desaparece en otro contexto de sometimiento y dominacin, el de la modernidad perifrica del Estado-nacin, desplegada en sus distintas versiones, la nacionalista, la izquierdista y la neoliberal. Lo que viene desde el los levantamientos semi-insurreccionales y los movimientos sociales del 2000 al 2005 es otra cosa, son otras preguntas, que tienen que ver ms bien con qu hacemos con el Estado? Cmo iniciamos la descolonizacin? Estas preguntas ahora no http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn55http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn56se hacen las oligarquas criollas sino las propias mayoras nativas, prioritariamente indgenas, en sus distintas formas de manifestacin cultural, articulaciones e identidades colectivas. Entonces la pregunta qu hacer con los indios? es tambin una pregunta desactualizada, corresponde a otra poca, anterior a la reforma agraria de 1953. Esta es una de las razones por las que tratamiento de esta pregunta no logra comprender el contexto actual, tampoco ubicarse en el presente intenso abierto por los movimientos sociales. No logra interpretar las problemticas inherentes a los desafos y a las contradicciones de un proceso en curso. Esta es tambin una de las razones por las que la ilusin desarrollista cae en la defensa de un nacionalismo trasnochado y sin perspectivas en la coyuntura y en la transicin, en los dilemas y vicisitudes de un proceso descolonizador que se plantea como tarea la fundacin de un Estado plurinacional comunitario y autonmico. El discurso neo-desarrollista, correspondiente al neo-populismo, a la restauracin nacionalista y sobre todo a la ilusin desarrollista, pretende relativizar o hacer esfumar esta problemtica colonial. Su descubrimiento a travs de investigaciones acadmicas de diferenciales y tpicos distintos del entramado de las identidades en mundos heterogneos y de heterogneas modernidades le lleva a suponer que el tema indgena es utpico, romntico, ancestral y esencialista. Como si fuese un invento de fundamentalistas. Olvida que las estructuras coloniales no desaparecen por gracia de la filigrana de los detalles, de la elocuencia de las diferencias y las riquezas de las vidas culturales. Al contrario, es como las estructuras coloniales se restauran al modernizarse y complejizarse. Lo que se hace es revalorar una especie de reinvencin del nacionalismo, en oposicin a los proyectos descolonizadores e interculturales emancipadores. Cuando se vuelve a hacer la pregunta qu hacer con los indios? Se lo hace ahora de una manera ms trabajada y quizs ms elaborada, de alguna manera mejor informada; en todo caso, esta apologa, termina haciendo como un resumen descriptivo de la historia de los discursos sobre el indio, de las imgenes del indio de los escritores e intelectuales, liberales, indigenistas, nacionalistas, tambin izquierdistas. Esta apologa es como un estado del arte, da cuenta de los sedimentos acumulados en una formacin discursiva criolla y mestiza. Hasta ah podemos considerarla como un aporte en tanto descripcin de una discursividad, de un estilo discursivo. El problema aparece cuando se intentan sacar conclusiones apresuradas, despus del balance; lo primero que se observa es que se trata de conclusiones, no slo apresuradas, sino que terminan formando parte de estas sedimentacin prejuiciosa, de esta geologa de prejuicios, estratificada en la formacin discursiva acumulada. Las conclusiones se acoplan a esta sedimentacin ideolgica como otros prejuicios ms. Este bagaje ideolgico no logra entrever los proyectos emancipatorios de los movimientos indgenas presentes y reales, no imaginarios, no logra ubicarse en el presente del proceso constituyente y del proceso descolonizador, tampoco en el horizontes del desafo del Estado plurinacional comunitario y autonmico. En este sentido, en la diseminacin del espacio semntico, en el despliegue bullente de significaciones, atingentes a las elucidaciones, se trata de un discurso anacrnico, desactualizado. Empero retomemos en el anacronismo, en la extemporaneidad, analogas y reminiscencias, conexiones y permanencias, pervivencias que pueden estar presentes en el presente, en el momento de transicin descolonizadora iniciada por los movimientos sociales y las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos. Sobre todo interesan estas pervivencias para interpretar las contradicciones inherentes al proceso en curso. Algo que es indispensable, comparar lo que llamaremos la irrupcin de la plebe, con toda su composicin heterognea, trabajadores, gremiales artesanos, en vinculacin con los intelectuales y oficiales de los estratos urbanos medios, en franco conflicto con la descomposicin del llamado Estado oligrquico. Despus de la Guerra del Chaco (1932-1935) los oficiales retornan con el proyecto del socialismo militar, marco en el cul se dan varios acontecimientos sucesivos, la Convencin Constituyente que escribe la Constitucin del trabajo de 1938, la nacionalizacin de la Standard Ol de 1939, el Congreso Indigenal de 1945 y la Revolucin Nacional de 1952. Lo que es importante retener de todo esta periodizacin emergente del nacionalismo revolucionario es el conjunto de articulaciones de la construccin de su hegemona, que perdura hasta la cada de las gestiones dramticamente contradictorias de la Revolucin Nacional en 1964. Estas articulaciones plebeyas e institucionales, que incluyen a los sindicatos campesinos y en una primera etapa a los sindicatos obreros, parecen reaparecer en el proceso abierto por los movimientos sociales, naciones y pueblos indgenas originarios campesinos durante el ciclo de luchas sociales de 2000 al 2005. Esto hace pensar a algunos analistas que nuevamente se trata de un proyecto nacionalista retomado y reforzado con el ingrediente indianista; se tratara de la indianizacin del nacionalismo. Empero no nos dejemos llevar por estas analogas pues no son suficientes para calificar y definir el proceso que vivimos. Las diferencia son importantes y fundamentales, no hay partido ni vanguardia, no es ninguna oficialidad del ejrcito, no se da el enfrentamiento contra el Estado oligrquico, forma al fin o nombre popular del Estado liberal criollo, sino contra el Estado mismo boliviano, el Estado-nacin, llamado Estado colonial en su devenir histrico. Se trata de movimientos, de multitudes movilizadas y autoconvocadas, se trata de proyectos autogestinarios y anticoloniales, aunque tambin de fabulosos movimientos urbanos que exigen la autogestin del agua as como la nacionalizacin de los hidrocarburos. Se trata de un proceso constituyente que apunta a la fundacin del Estado plurinacional comunitario y autonmico. Estas diferencias muestran un horizonte distinto al vivido desde la postguerra del Chaco hasta el golpe militar de 1964. Las diferencias valen ms que las propias analogas para entender la magnitud de la crisis mltiple del Estado y el proceso en curso. Ahora bien, las analogas hay que tomarlas como parte de las contradicciones inherentes al proceso, la herencia de la memoria del nacionalismo revolucionario todava diseminado en las formas de articulacin entre el Estado-nacin y las demandas de la composicin abigarrada de la plebe, en la reiteracin del clientelismo poltico y la prebenda poltica. Sin embargo, este es el peso que ancla a la transicin al pasado; en tanto que lo que ha aparecido como nuevo apunta a un porvenir distinto, la construccin de la interpelacin poltica desde la movilizacin social y la construccin de la interpelacin descolonizadora desde las estructuras de las organizaciones indgenas. Lo que muestra que no ocurre como creen los analistas mencionados, la presencia de un fantasma, la aparicin de la imagen mtica del indio. Hablamos de organizaciones reales, de demandas concretas de reconstitucin y reterritorializacin. En relacin a los desplazamientos demogrficos, es cierto que las mayoras indgenas se encuentran en las ciudades, esto da lugar a identidades colectivas diferenciales, complejas y en permanente transformacin. Pero esta situacin no descarta el proyecto descolonizador de los movimientos sociales, al contrario, lo revive en sus mltiples formas y niveles. En octubre del 2003 se evidencio la manifestacin pblica de una consciencia aymara, una identidad aymara, que dio lugar a gigantescas marchas de campesinos, vecinos, gremialistas, sastres, carniceros, que salieron a defender a los hermanos masacrados en Ilabaya y Warisata. La frase elocuente y repetida por los contingentes de los bloqueos y las marchas fue: nos estn masacrando, nos estn matando, unos decan como ovejas, otros decan como perros. Esta identidad propia construida a partir de la multiplicidad de diferencias muestra la fuerza poltica del proyecto descolonizador. Esto es lo que excede a las distinciones, lo que excede a las especificidades y localismo, es el sentido histrico y poltico construido, es lo que marca la gran diferencia con el nacionalismo revolucionario. La identidad aymara define esta configuracin en los comportamientos colectivos; en cambio la identidad quischwa es ms complicada en su construccin, pues se halla distribuida en distintos sujetos y lugares de enunciacin, los ayllus del sur, las minas de Oruro y Potos, los sindicatos campesinos quischwas, las federaciones cocaleras del chapare, los migrantes, interculturales y asentamientos urbanos. Los unifica, adems de la lengua, cierta cohesin flexible de esquemas de comportamiento e imaginarios mixtos. La enunciacin descolonizadora tambin atraviesa los distintos niveles, territorios, localidades, identidades colectivas, diferenciadas. La construccin de las identidades indgenas en tierra bajas es ms exigente por la condicin de minoras tnicas, sin embargo, una voluntad frrea ha logrado no solamente conformar y consolidar una organizacin nica, la CIDOB, sino plasmar sus reivindicaciones en la Constitucin. Est claro que los sujetos indgenas no son ya los sujetos convocados, como en el caso del nacionalismo revolucionario y los discursos de izquierda obrerista, sino que se trata ahora del sujeto articulador de lo plural en un proyecto abiertamente plurinacional y comunitario. Ciertamente las dificultades y contradicciones de la transicin se han transferido al aparato estatal y al gobierno; esto se expresa como crisis de disyuncin. Pero estas dificultades no quieren decir que no haya un proceso de descolonizacin ni haya un horizonte plurinacional; no se puede sostener que estas dificultades muestran el eterno retorno del nacionalismo. Esta es una conclusin fcil, empero extempornea. La dificultades y contradicciones contemporneas slo se pueden interpretar a partir del horizonte abierto, descolonizador, plurinacional y comunitario. En lo que respecta a la historia de lo nacional-popular, se puede decir que el balance que va hasta 1964 logra una adecuacin histrica, basada en buena fuentes y en la literatura conocida, empero el balance que prosigue de 1964 adelante exige actualizacin y sensibilidad ante las variaciones y los desplazamientos del devenir poltico, si no se tiene en cuenta las transformaciones en horizonte histrico, puede adolecer de falencias y debilidades, quizs porque las fuentes no sean las adecuadas o porque no se llega a tener la informacin requerida, tampoco se puede llegar a contar con la experiencia vivida, adems que, en la medida que se toma posiciones, estas pueden soslayar un anlisis y una discusin adecuada a los contextos y coyunturas polticas. Por ejemplo, la apresurada caracterizacin de general populista a Ren Barrientos Ortuo obvia temas importantes, como el contexto de la guerra fra y la poltica norteamericana de imponer dictaduras militares en Amrica Latina. Por otra parte, es problemtico e insostenible que lo que deviene de 1964 adelante se muestre como una continuidad del proceso de la Revolucin Nacional de 1952 a 1964, cuando es mas bien una ruptura militar, un golpe de Estado, con respecto a esta revolucin lo que se produce. La conspiracin e intervencin norteamericana es evidente, sobre todo de la CIA, no slo de la embajada, en el derrocamiento del ltimo gobierno del periodo de la Revolucin Nacional. La poltica de desnacionalizacin y de desmantelamiento de COMIBOL tambin es evidente cuando el gobierno de Ren Barrientos Ortuo levanta las reservas fiscales de COMIBOL favoreciendo el crecimiento de la empresa minera mediana, de donde va emerger precisamente Gonzalo Snchez de Lozada. El General Patio, alto funcionario de gobierno, que preside COMIBOL y define las polticas mineras, va desplegar una poltica puntillosa de desnacionalizacin, atentando contra la gran corporacin estatal. Estas ausencias en la descripcin, estas imprecisiones flagrantes en el anlisis, son en realidad grandes errores histricos de percepcin. Otro tema importante es el que tiene que ver con la historia de los sindicatos campesinos, su crisis, cuando se da la masacre del valle (1974), y la reemergencia organizativa sindical acompaada de una fluyente influencia de las corrientes kataristas e indianistas, que haban venido viviendo un proceso acumulando desde la dcada de los sesenta. En este contexto, vinculado a la historia del sindicalismo, se produce el despliegue del proyecto de reconstitucin de los ayllus. Al respecto, en lo relativo a la percepcin nacionalista, se desprende que sta es frgil y rpida, remonta los hechos de pasada, superficialmente, sin detenerse en la interpretacin; deja inerme la discusin, arrojando apresuradamente apreciaciones que pretende apoyar la estrategia organizativa de los sindicatos y criticando la supuesta utopa del proyecto de reconstitucin de los ayllus. La cosa no es tan sencilla como se la presenta, la conformacin de los sindicatos en las ex-haciendas no se da de una manera tan simple, sobre todo por el sustrato de las relaciones comunitarias y la relacin con la tierra y las aynocas. Por otra parte la relacin de los sindicatos con los ayllus es realmente compleja por las sedimentaciones en la memoria de los comportamientos y los mandos. El retorno al proyecto de los ayllus y de reconstitucin de los suyus est conectado con estructuras de larga duracin, no slo con la memoria larga, que la perspectiva nacionalista pone en entredicho o sencillamente la desconoce olmpicamente. Esta facilidad como se resuelven problema histricos, de organizacin e institucionales-culturales sorprende. Se nota que se desconoce toda la discusin y todas las investigaciones etnohistricas, etnolgicas y etnogrficas que se han hecho al respecto. La forma con la que se acude a una lectura rpida de las investigaciones de Xavier Alb para describir el faccionalismo indgena nos traslada a una descripcin puntillosa de las divisiones y defecciones del katarismo y del indianismo, empero no logra hacer el balance interpretativo del recorrido del discurso katarista y de su proyecto histrico poltico y cultural. Se entiende que estos apresuramientos tienen que ver con las conclusiones osadas a las que se quiere llegar. La evaluacin del periodo neoliberal (1985-2005) requiere de la consideracin del contexto internacional en el despliegue de las fases de aplicacin del proyecto neoliberal, se debe profundizar en las razones intrnsecas del proyecto neoliberal; cuando no se hace esto, el neoliberalismo queda como ancdota boliviana, circunscrita a una historia local de alianzas del MNR y el katarismo de Vctor Hugo Crdenas. Se obvia lo importante; ante la crisis de sobreproduccin del capitalismo, arrastrada desde los aos de la dcada de los setenta, extendida en la dcada de los ochenta y con consecuencias en los noventa del siglo XX, el proyecto neoliberal responde con una estrategia de financiarizacin de la crisis, mediante la conformacin de burbujas financieras y procedimientos especulativos, acompaados por lo que se llama el retorno al procedimiento de desposesin violento de recursos naturales, empresas pblicas y ahorro de los trabajadores, es decir, la retoma de la acumulacin originaria de capital ante la crisis de la acumulacin ampliada de capital[57]. El sentido destructivo del proyecto neoliberal se encuentra en esta estrategia imperial, soslayada por la perspectiva nacionalista, que la toma como una combinacin sugerente de muerte del capitalismo de Estado, achicamiento estatal, incentivos al capital internacional combinadas con medidas derivadas del multiculturalismo liberal. Esto es digno de un reportaje anecdtico que no toma en cuenta las condicionantes y determinantes primordiales. No http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn57de otra forma podramos explicar el alcance destructivo de la economa y el espacio productivo nacional de la implementacin dogmtica del neoliberalismo. Tampoco podramos explicar el alcance del costo social y la reaccin resuelta de los movimientos sociales. Se deja, como en otros casos, muchos cabos sueltos. Lo mismo pasa cuando se describe la experiencia poltica de CONDEPA; se muestra el itinerario alucinante del compadre Carlos Palenque y la comadre Mnica Medina desde la Tribuna del Pueblo en RTP hasta su gravitante participacin poltica en la regin andina, bsicamente del departamento de La Paz. Se hace esto no tanto para poner en escena un fenmeno poltico contemporneo de las nuevas formas del populismo como para tratar de demostrar otras estrategias mestizas de empoderamiento, irrupcin poltica y modernizacin. Descartando sueltamente la atmsfera ideolgica y de imaginarios culturales configurada por el discurso poltico y cultural katarista, por formas actualizadas de memorias que remontan su larga duracin. Se critica con una desfachatez conmovedora la hiptesis interpretativa de Silvia Rivera Cusicanqui de la manipulacin de smbolos culturales andinos. Se lo hace sin discutir a fondo estos problemas, slo para rebatir someramente lo que se considera que es una construccin romntica de las resistencias ancladas en la recuperacin de las instituciones ancestrales. Esta es una discusin imaginada por la perspectiva nacionalista, como su esquematismo simpln del debate entre los pachamamicos y modernicos. No hay tal cosa, tampoco una construccin romntica de retorno a los ancestros. Lo que se ha interpelado en las investigaciones de Silvia Rivera Cusicanqui son las estructuras y relaciones de dominacin pervivientes en la colonialidad y en el colonialismo interno de las formaciones sociales configuradas por la herencia colonial. Lo que se interpela es la violencia simblica, adems de las violencias descarnadas, las subjetividades subordinadas y los imaginarios y representaciones sociales que los acompaan. La descolonizacin implica quebrar estas relaciones de dominacin y sustituirlas por relaciones emancipatorias que irrumpan en los mltiples escenarios sociales, polticos, econmicos y culturales inventando modernidades heterogneas y alternativas. Se puede decir, que desde esta perspectiva nacionalista, no se ha entendido la discusin desplegada por lo menos dos dcadas atrs; los analistas nacionalistas estn peleando contra sus propios fantasmas, utopistas, romnticos fundamentalistas; no ingresan en el debate sobre la descolonizacin. Por eso se cree decir algo ingenioso cuando se recupera las identidades cholas y mestizas. Estas identidades fueron estudiadas en sus manifestaciones diferenciales, conductas y vestimentas, como parte de la proliferacin de resistencias e invenciones de las identidades colectivas emergentes. No est en discusin si hay o no cholos o mestizos, cholas y mestizas; lo que est en discusin es la genealoga e historicidad de su propia matriz histrica, las resistencias, rebeliones, levantamientos, estrategias y tcticas de los y las colonizadas. La pregunta con la que hay que empezar es: Hay un proyecto descolonizador? La revisin histrica nos muestra que s, que este proyecto ha atravesado distintos escenarios, distintos contextos, distintas coyunturas, diferentes periodos, por lo tanto ha plasmado formas y estrategias cambiantes retomando una lucha mltiple contra las dominaciones polimorfas. Uno esperara que la parte ms fuerte de la perspectiva nacionalista sea la que est dedicada a la evaluacin del MAS; sin embargo, adems de toparse con cosas ya dichas en investigaciones descriptivas del MAS-IPSP, sorprende el estancamiento en interpretaciones consabidas; se dice que se trata de una nueva versin del nacionalismo; lo que pasa es que ahora el nacionalismo se ha indianizado. Qu quiere decir esto? Qu los nacionalistas ahora llevan poncho y que tienen la piel cobriza, a diferencia de los nacionalistas blanco-mestizos? Qu cambios se supone que hay en todo esto? No se ha tomado en serio la hiptesis de las estrategias emergentes de lo nacional-popular, no se ha estudiado detenidamente la obra de Ren Zavaleta Mercado, aunque sea demorndose en el libro pstumo Lo nacional popular en Bolivia[58]; tampoco se ha tomado en serio el gran ensayo de Luis H. Antezana sobre el discurso del nacionalismo revolucionario[59], donde lanza la hiptesis de la figura de la herradura del cincuenta y dos, que muestra la gama y las variantes mltiples del nacionalismo revolucionario, que articulan, en una dilatada alianza y conflicto de clases, desde a la clase obrera hasta las clases medias altas, pasando por las clases campesinas. El anlisis semiolgico de Luis H. Antezana nos muestra una formacin enunciativa convocativa e interpeladora, flexible y articuladora de distintos imaginarios, que sufren transformaciones por isomorfismos, capaz de enlazar al discurso radical minero con los discursos propios del Estado-nacin, que hacen referencia a la formacin de la consciencia nacional en las trincheras del Chaco. Por este camino y contando con una mirada ms terica y epistemolgica del tema, se hubiera abordado el anlisis de Luis Tapia Mealla, desarrollado en su libro La produccin del conocimiento local[60], donde trabaja la obra de Ren Zavaleta Mercado. En este trabajo terico se abordan temas como los momentos del nacionalismo, que toca tpicos que trabaja lo que llamara la arqueologa del nacionalismo revolucionario, la constitucin del ser nacional, la concomitancia entre la cuestin nacional y la cuestin estatal, la estructura explicativa de lo nacional-popular en Bolivia. El manejo de estos trabajos conceptuales hubieran servido de mucho para elucidar los problemas que se describe, pero que no se los llega asumir consecuentemente, pues se los deja como notas anecdticas, recurriendo a frases provocativas. Al final no se sabe qu se entiende por nacionalismo. Lo que queda es una figura ambigua parecida a las descripciones folclricas del Typical Country. Es posible una discusin profunda sobre una genealoga y arqueologa del ideologema del nacionalismo revolucionario y sobre la figura hegemnica de lo nacional-popular. Pero esta no se da en la perspectiva en cuestin. En todo caso quedara una pregunta: Cmo se puede dar una actualizacin y emergencia de lo nacional-popular en pleno proceso descolonizador y en el horizonte del Estado plurinacional comunitario? Luis Tapia avanza en estos problemas y plantea la necesidad de pensar la articulacin de lo plural en tanto se d la configuracin del ncleo comn de lo plural y la diferencia. Esta discusin hubiera sido interesante, empero est ausente. Se nota que lo que interesa en estos anlisis es la diatriba contra unos fantasmas que se nombra como pachamamicos, descartando sus supuestas teoras e interpretaciones. Estos pachamamicos no existen salvo en la cabeza de los nacionalistas, tampoco esas teoras e interpretaciones fundamentalistas. Qu es lo que se tiene? Qu es lo que se presenta despus del discurso del nacionalismo revolucionario? Lo que se tiene, lo que se presenta, es lo que llamara la otra formacin discursiva descentrada del discurso del nacionalismo revolucionario. Cuando Silvia Rivera Cusicanqui se desplaza hacia otra formacin discursiva, ms all del discurso del nacionalismo revolucionario, contemplando las estructuras de larga duracin y la memoria larga indgena, se sale de la rbita del discurso del nacionalismo revolucionario, plantea otro problema, sobre todo a partir de otro orden simblico e imaginario. El problema ya no es resolver las reivindicaciones, las demandas histricas, a travs de una respuesta patriarcal del Estado-nacin, sino el de la pervivencia, emergencia y actualizacin de instituciones culturales de larga data, que si bien terminan adaptndose a los contextos histricos de los tiempos, alteran las relaciones http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn58http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn59http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn60con el Estado y las sociedad, irrumpiendo con otras formas de cohesin, de convocatoria y legitimidades. Esto no se resume a la geografa de lo rural y lo urbano, mas bien atraviesa estos territorios; territorializa, desterritorializa y reterritorializa otros espesores culturales y espaciales. Esto no tiene que ver con una lectura utpica de lo ancestral sino con las redes y estrategias colectivas y sociales que articulan otras hermenuticas y complementariedades. Las mismas que no pueden reducirse a las supuestas nuevas estrategias de posicionamiento nacional-populares, compuestas de ocupaciones, reinvenciones, negociaciones entre lo pblico y lo privado, entre lo familiar y lo individual, entre lo propio y lo ajeno, entre la identidad recuperada y la modernidad. Esto sera un reduccionismo, que se da en el anlisis en cuestin, al pensar que estas estrategias no son otra cosa que formas abiertas y desembozadas del proliferante clientelismo. Lo sugerente de la tesis de la descolonizacin es que se abre a otros horizontes de visibilidad, a otros horizontes de decibilidad, a otros mundos de sentido alternativos, aunque se encuentren encubiertos por la hegemona de la modernidad universalista y el sistema-mundo capitalista. Al respecto hay que aclarar, que cuando se critica la modernidad se critica su forma dominante homogeneizante y universalista, pero no se descartan las invenciones colectivas de modernidades heterogneas, hibridas y complejas. La discusin a la que quiere llevar esta perspectiva nacionalista se encuentra encerrada en una esquematismo simpln, pachamamicos o modernicos, indianistas fundamentalistas o desarrollismo flexibles. Esta no es la discusin, el debate tiene que ver con las posibilidades de romper el diagrama de las dominaciones polimorfas de la colonialidad, del capitalismo dependiente y de los monopolios instituidos por el imperio y sus engranajes, instituciones y burguesas intermediarias. Esta posibilidad no tiene nada que ver con el capitalismo de Estado ni el nacionalismo, figuras histricas e ideolgicas que se mantienen en el campo geopoltico configurado por el sistema-mundo capitalista. En esta perspectiva, extraa la apologa que se hace de la tesis dbil del capitalismo andino-amaznico. No se trata de identificar los lugares, los localismos y las regiones donde funciona la economa-mundo capitalista; si se tratara de esto podramos tambin hablar de un capitalismo de la pampa, de un capitalismo costero, de un capitalismo caribeo, ad ifinitum. El capitalismo que funciona es el relativo al ciclo del capitalismo norteamericano, hegemnico, dominante, empero en crisis; este es el capitalismo que enfrentamos. Al que no podemos oponer un capitalismo andino-amaznico, pues este es uno de los lugares o regiones de realizacin del ciclo financiero y de acumulacin de capital. Al capitalismo se le opone la lucha contra el despojamiento y la desposesin de los recursos naturales y de la explotacin del trabajo, la lucha contra la valorizacin abstracta y cuantitativa del valor, al capitalismo se le opone la asociacin de los productores, la internacional de pueblos, la internacional de los trabajadores, que apuntan a la destruccin de las relaciones y estructuras capitalistas, a la destruccin de las instituciones de dominacin, entre ellas primordialmente el Estado. Ahora bien, esta lucha es un proceso y una transicin, empero transformadora; el pueblo boliviano ha definido una forma de transicin transformadora, esta es la construccin del Estado plurinacional comunitario y autonmico, que la perspectiva nacionalista campantemente desestima y descarta de su elucubraciones. No lo considera. Segn el susodicho anlisis parecera que habramos perdido el tiempo en el proceso constituyente y en la pelea por el Estado plurinacional desde los movimientos sociales desatados en el 2000. Hay pues una pedantera imberbe en todo esto. Lo peligroso de todo esto se encuentra en el diletantismo, cuando el turismo acadmico pretende convertirse en una leccin, quiere ensearnos las grandes verdades desconocidas por nosotros, aprendidas en entrevistas y reportajes, en revisiones bibliogrficas aleatoriamente seleccionadas. Claro que el MAS-IPSP es un desafo al anlisis poltico, por su historia, por su composicin, por su crecimiento desorbitado, por los problemas que plantea en su relacin con el poder, el Estado, los gobiernos y las instituciones. Pero la explicacin de este fenmeno poltico no puede reducirse a la descripcin historiogrfica y sociolgica de su formacin, tampoco a la denuncia e identificacin del carcter prebendal de las preocupaciones de muchos de sus militantes. Estos problemas al final de cuenta se dan en todas partes y es la historia cotidiana de todos los pases, con distintas tonalidades y ambivalencias. Tampoco se puede reducir su utilizacin a la necesidad del ascenso y movilidad social. Con esto no decimos nada nuevo, sino ms bien son lugares trillados en todas partes. Las preguntas que hay que responder son otras: Cules son las condicionantes histricas en las que el sujeto indgena, en todas sus formas, tonalidades e identidades colectivas, sustituye al sujeto obrero, fundamentalmente a la centralidad minera? Qu tiene que ver con esto una sobredeterminacin compleja de distintos acontecimientos y singularidades concurrentes, como ser la relocalizacin minera, la migracin al trpico, la reiteracin de discursos izquierdistas y antiimperialistas adaptados a la defensa de la hoja coca? Cmo afecta la experiencia vivida de una guerra de baja intensidad impuesta por la DEA y la CIA en el Chapare? En qu momento se da el salto al contexto nacional? Es cuando las federaciones cocaleras y el instrumento poltico apoyan a la Coordinadora del Agua y de la Vida en defensa del agua, extendindose despus a una defensa de los recursos naturales? Es slo un fenmeno electoral? No es ms bien un acontecimiento poltico que despus se expresa en las urnas? Cmo explicar la actual crisis del MAS-IPSP? Qu ha develado la crisis del gasolinazo? Acaso podemos seguir hablando cmodamente de la hegemona de lo nacional-popular, de la vigencia del proyectado capitalismo de Estado, de la combinacin pacfica de lo multicultural con la irrupcin indgena en los escenarios de las modernidades? No, no se puede, la crisis del gasolinazo ha puesto en evidencia la descomunal fragilidad de estos proyectos restauradores, de estas interpretaciones nacionalistas, de estas propuestas realistas y pragmticas de combinar capitalismo con reivindicaciones culturales. Lo que se ha demostrado es que por este camino terminamos en el bolsillo de las empresas trasnacionales de los hidrocarburos, que terminan imponindose a travs de sus monopolios de capital, financiero, tecnolgico, comercial y de mercado, orientando nuestras polticas hidrocarburferas y obligando al gobierno a decretar la descongelacin de precios para obtener superbeneficios. En este contexto y coyuntura, el anlisis nacionalista se ha convertido en un apologa del camino al fracaso. Este no es el camino de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos. El objetivo ahora es reconducir el proceso por el cauce abierto en las luchas sociales de 2000 al 2005 y por el proceso constituyente. Construir un Estado plurinacional comunitario y autonmico, ms all de horizonte colonial de una modernidad y capitalismo dominantes, ms all del Estado-nacin. Una vez ms, el horizonte de la pregunta no es qu hacemos con los indios, pregunta que supuestamente se haca la casta criolla gamonal dominante, sentido de la pregunta que se mantiene hasta la Revolucin Nacional de 1952 y la reforma agraria; despus de este acontecimiento poltico, las preguntas y los sentidos de las preguntas son otros, por ejemplo, cmo salir de la dependencia, cmo lograr el desarrollo, cmo consolidar las nacionalizaciones; ahora que las naciones y pueblos indgenas, los indgenas originarios campesinos, como define la constitucin, en todas sus tonalidades, identidades colectivas, posicionamientos, se han empoderado del campo poltico, el sentido de la pregunta tiene que ver con la siguiente cuestin: Qu hacemos con el Estado? Los bolivianos hemos decidido la respuesta, construir un Estado plurinacional comunitario y autonmico como proceso descolonizador. Dejemos al nacionalismo con sus devaneos y nostalgias, otro tiempo es el nuestro. Horizontes del Estado plurinacional Fin del Estado-nacin El paso del Estado-nacin al Estado plurinacional, comunitario y autonmico es todo un desafo. Se trata de dejar la modernidad, la historia de la soberana en la modernidad, la historia del Estado en la modernidad, la historia de una relacin entre Estado y sociedad, una historia que define la separacin entre gobernantes y gobernados, entre sociedad poltica y sociedad civil, en un contexto matricial donde se demarc la relacin entre dominantes y dominados, a partir de mecanismos de dominacin y diagramas de poder que atraviesan los cuerpos y los territorios, incidiendo en las conductas y comportamientos, en la administracin de la tierra y los territorios, en la explotacin de la fuerza de trabajo. Dejamos atrs una historia de colonizacin y dominaciones polimorfas desplegadas en el mundo, donde la geopoltica de la economa-mundo y del sistema-mundo capitalista divide el planeta entre centro y periferia, racializando la explotacin de la fuerza de trabajo y controlando las reservas y recursos naturales, estableciendo una divisin del trabajo planetaria, convirtiendo a los pases perifricos en exportadores de materias primas y reservas de mano de obra barata, transfirindoles ms tarde, a algunos de estos pases que ingresan tardamente a la revolucin industrial, tecnologa obsoleta, desplazando la industria pesada, considerada de alta y masiva inversin de capital, pero con bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo optar por eso por la circulacin y la inversin del capital financiero, que rinde grandes beneficios a corto plazo. Dejamos atrs entonces la ilusin que provocaron los Estado-nacin subalternos, una vez concluidas las guerras de independencia y las luchas de liberacin nacional, la ilusin de nuestra independencia e igualdad en el concierto de las naciones, en el marco jerrquico de las Naciones Unidas. Descubrimos dramticamente que no se logr la descolonizacin, tampoco la independencia y menos haber logrado establecer condiciones de igualdad entre los estados. Los Estado-nacin centrales, sobre todo los que estn en la franja de seguridad de Naciones Unidas, siguen imponiendo sus condiciones al resto del mundo, sin importarles el derecho internacional y el derecho de las naciones a la autodeterminacin. Despus de la cada de los pases socialistas de la Europa oriental, Estados Unidos, Europa y Japn, quizs China tambin, impone su diseo de orden mundial al resto de los Estado-nacin, bajo la conduccin norteamericana. En lo que corresponde al ciclo del capitalismo estadounidense, la hiperpotencia mundial norteamericana condujo la expansin, la acumulacin y la transformacin del capitalismo, sobre todo despus de la segunda guerra mundial, despus de la conflagracin su gravitante presencia fue innegable. Se convirti en el garante de la economa-mundo capitalista, construy su expansiva hegemona desde la finalizacin de la guerra mundial hasta la derrota sufrida en la guerra de Vietnam; despus de este acontecimiento su hegemona entra en crisis y opta por la descarnada dominacin; particularmente esto es patente despus de la cada de la Unin Sovitica, cuando se convierte en la nica superpotencia mundial. Podemos decir que, en el contexto del declive de la hegemona norteamericana, en pleno desplazamiento de la crisis del ciclo del capitalismo estadounidense, en el atiborrado momento crtico caracterizado por la hipertrofia financiera, que opta diferir la crisis por medio de la financierizacin, ocasionando no otra cosa que la agudizacin y profundizacin de la crisis misma, la forma del Estado-nacin entra tambin en crisis o, mas bien, revive su crisis de modo manifiesto. Esto por una razn entre muchas otras, adems de la historia crtica de las formas de soberana, la razn es que los Estado-nacin no pueden resolver la crisis, no pueden oponerse a su irradiacin, les resulta difcil construir una alternativa, a no ser la repeticin tarda de proyectos desarrollistas y de las metas de la industrializacin, proyectos que no hacen otra cosa que recrear escenarios donde se replantean las relaciones entre centro y periferia, reacondicionando y trasladando la dinmica de la crisis a otros espacios, que ya no son slo los correspondientes a las economas basadas en la exportacin de materias primas sino tambin a las nuevas economas basadas en la industrializacin. Las economas de los Estado-nacin, basados en el desarrollo y la industrializacin, son obligadas a competir en el mercado internacional con los altamente productivos pases asiticos. Se puede decir que los Estado-nacin se mueven en un intervalo de opciones que se circunscriben a administrar la crisis. La salida a la crisis estructural del capitalismo slo se puede dar a escala mundial, esta superacin de la crisis del capitalismo solo se puede dar ingresando a un nuevo horizonte histrico y cultural, un horizonte que se sita en otro espacio-tiempo, que se encuentra ms all del mundo capitalista, ms all del mundo moderno. Mientras tanto, en este encaminarse, en la transicin a un pos-capitalismo, se hace necesario preparar el terreno, crear las condiciones para la superacin del capitalismo. Para el transcurso de esta transicin transformadora es menester la imaginacin y lo imaginario radicales, su potencia creativa, adems de la fuerza instituyente. A propsito, en relacin a la estructura institucional - algo que se dijo durante la Asamblea Constituyente vale la pena recordar - se requiere un nuevo mapa institucional, pero tambin se requiere un nuevo imaginario social. Ambos mbitos, lo imaginario y lo institucional, requieren de una conexin simblica. En resumen, estos tres mbitos, lo imaginario, lo simblico y lo institucional hacen al horizonte histrico cultural; en ese sentido, un nuevo horizonte histrico y cultural se abre cuando se dan transformaciones imaginarias, transformaciones simblicas y transformaciones institucionales[61]. Qu papel juega en todo esto la economa? Si llamamos economa al espacio de la produccin, distribucin y el consumo, fuera de denominarse as la disciplina o ciencia, como se quiera llamar, que estudia este espacio, estos procesos, estos fenmenos. La ciencia econmica cuenta adems con un rea llamada economa poltica. Se puede ver que el espacio econmico est constituido por relaciones sociales. En este espacio histrico se formaron instituciones, llamadas empresas, en el nivel ms propio de la economa, organizaciones organismos, dispositivos jurdicos, disposiciones polticas, a escala nacional y a escala mundial. Estas instituciones no podran funcionar sin recurrir al leguaje, a nuevas cadenas simblicas, sobre todo no podran constituirse si no se instauran tambin en la dimensin imaginaria de la sociedad, en ese sentido la economa es tambin una institucin imaginaria. La racionalizacin que conlleva su conformacin y organizacin corresponde a los nuevos sistemas simblicos y formas imaginarias construidos durante la modernidad. El fenmeno de la autonomizacin econmica es moderno, corresponde al desarrollo del capitalismo, que ha convertido al espacio econmico no slo en autnomo sino en predominante respecto a otros espacios de la vida social. La economa se ha expandido, ha irradiado todas las reas, mercantilizando sus relaciones y sus actividades. Hay un dominio casi absoluto de la economa, aunque esto se da en el sentido del fetichismo de la mercanca, es decir, como alienacin, como http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn61cosificacin; se concibe las relaciones entre humanos como si fuesen relaciones entre cosas. No se trata de reducir este problema a la tesis dialctica de la conciencia enajenada, conciencia atrapada en la relacin con el objeto, sin poder constituirse en autoconciencia que se reconoce en la relacin con otra autoconciencia. El problema es ms complejo, aunque, en todo caso tendramos que hablar de una conciencia histrica, por lo tanto social, colectiva. El problema no se reduce a lo que le pasa a la conciencia o a lo que le pasa al sujeto, sea esta conciencia o este sujeto individual o colectivo; el problema responde a sus condicionamientos histricos. Por un lado, el desarrollo del capitalismo transforma las sociedades trastrocando sus relaciones, sus instituciones, sus mbitos de funcionamiento, sus cadenas simblicas, sus circuitos significantes, creando alternativamente mbitos nuevos y sus respectivas autonomizaciones, la autonomizacin de la economa, la autonomizacin de la poltica, la separacin entre sociedad civil y sociedad poltica; por otro lado, la emergencia de nuevas experiencias, de nuevas sensaciones y de nuevas percepciones, hacen emerger empiricidades como el lenguaje, el trabajo y la vida, dando lugar a nuevos saberes y ciencias, como la filologa, el economa y la biologa, iniciando lo que se viene en llamar la analtica de la finitud[62]. La economa viene a ser tanto el referente descubierto por la nueva experiencia del trabajo, as como la formacin discursiva que habla de ello. Lo que quiere decir que se trata de una formacin enunciativa, de una formacin conceptual, que hace el anlisis del mbito del trabajo, la produccin, distribucin y consumo. La economa tambin es un espacio de instituciones que hacen de agenciamientos concretos de poder. Referente emprico, formacin discursiva e instituciones es el tringulo en que nos inscribimos para hablar de economa, de economa capitalista. El Estado-nacin deviene, por as decirlo, de otra genealoga, arranca con la conformacin de los estados patrimoniales, se constituye en Estado-moderno, en el contexto de esa componente articulacin entre Estado territorial y capitalismo, convirtindose en una macro-institucin o, mas bien, en un mapa concntrico institucional, que abarca un conjunto de instituciones articuladas a un eje de funcionamiento y a una direccin poltica, aunque esta se exprese en una distribucin de poderes, supuestamente equilibrados. La llamada ciencia poltica se cruza en el camino, viene de la teora jurdico-poltica, de la teora de la soberana, se plantea el problema del Estado ms que del poder, se propone estudiarlo y analizarlo, empero termina desarrollando tesis sobre la legitimidad del Estado. Esta ciencia poltica es una teora que corresponde a la analtica de la finitud? Se plantea algn problema sobre el dilema de la emergencia de las empiricidades y los a priori trascendentales? No, se trata ms bien de una disciplina que restaura los dilemas de la soberana y la legitimidad en el contexto de la modernidad. Una formacin discursiva que se plantea los problemas de legitimidad en la labor de la restauracin de la vieja maquinaria estatal. Se desentiende de los campos de relaciones de poder, tambin de visualizar los mecanismos de dominacin. Se trata de un saber que estudia las formalidades del campo poltico. Se puede decir, de manera concreta, que la ciencia poltica estudia el Estado. De modo distinto a lo que ocurre con otras ciencias y saberes modernos, la ciencia poltica pretende mantener una relacin de continuidad con la filosofa poltica; esta suposicin es en s problemtica, no solamente debido a la idea ingenua de una historia lineal de las ciencias, sino tambin por lo que connotan la filosofa poltica y la ciencia poltica, por su relacin problemtica con la poltica. Jacques Rancire dice que la poltica funciona sobre el principio de igualdad, principio que ocasiona el litigio entre los que no tienen parte ni ttulo, los pobres, y los que si lo tienen, los oligarcas y los aristcratas. Este litigio viene acompaado por una distorsin, un desacuerdo, causado por el ejercicio de http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn62la libertad; al ser todos libres se tiene derecho a la palabra, los pobres se asumen como pueblo, se constituyen como totalidad, conforman la democracia. La poltica entonces contiene una desmesura, sobre el principio de la libertad se constituye un todo que es ms que las partes, se pasa del reclamo de las partes a las exigencias inconmensurables que desata la libertad. Se puede decir en resumen que la poltica es una lucha de clases. Ahora bien, lo que se viene en llamar filosofa poltica trata de hacer desaparecer este problema, trata de resolver el litigio, en el fondo busca poner en suspenso la poltica[63]. Por una parte tenemos a la poltica que es una desmesura, por otra a la filosofa poltica que busca hacer desaparecer a esta desmesura; por ltimo tenemos a la ciencia poltica, como continuidad de la filosofa poltica, que busca sustituir la poltica, la lucha, el litigio, el desacuerdo, por la polica, en el sentido pleno de la palabra, por el establecimiento del orden. Retomando el hilo conductor, Estado-nacin, economa y poltica, todo el anlisis que hemos hecho hasta ahora supone el fin del Estado-nacin, la clausura de la filosofa poltica y la ciencia poltica, adems de la crisis terminante del capitalismo. Las preguntas que se suceden son: Nos abrimos a una nueva episteme, despus de haber abandonado las ciencias generales del orden y las ciencias atravesadas por la historicidad, como la economa, la biologa y la lingstica? Es posible otras ciencias de las condiciones pluralistas y de la condicin plurinacional, de la emergencia de lo comunitario, de la extensin de las formas proliferantes de la descentralizacin administrativa y poltica? Cul es la configuracin de la forma de Estado ante la geografa poltica de las autonomas? Qu es lo que viene ms all del capitalismo? Hay ms preguntas, pero nos vamos a quedar con estas, vamos a detenernos a analizarlas y buscar respuestas. Hablemos de los lmites del mundo de la economa-mundo y del sistema mundo capitalista. Por lo tanto tambin de los lmites del Estado-nacin. Esta macro-institucin, esta forma de soberana, fue la instancia de una forma de organizacin poltica a escala mundial. Los Estado-nacin se situaron como en una pirmide jerrquica distribuyndose el control mundial para los pases centrales y el relativo control local para los pases perifricos. Hay por cierto espacios al medio para pases que lograron cierto control regional, tambin para los pases que se llamaron del segundo mundo, entre los que se encontraban los pases del socialismo real, distinguindolos de los pases llamados del primer mundo y de los pases definidos como del tercer mundo. Aunque estos trminos quedaron obsoletos en la actualidad vertiginosa, mezclada y cruzada, pues el primero, el segundo y el tercer mundo se pueden encontrar en un mismo pas, por ejemplo, en cualquier pas del primer mundo, en un contexto atravesado por las nuevas corrientes migratorias de trabajadores, que se asentaron, dejando generaciones en su nuevo lugar de residencia, en un contexto donde el nuevo capitalismo salvaje, que apuesta a polticas neoliberales y de globalizacin, recrea grandes diferencias, quizs abismales, entre pobres y ricos en todos los pases y en todas las ciudades. De alguna manera la forma Estado-nacin ocult estas diferenciaciones, estas jerarquas, estas dominaciones polimorfas. Ahora los estado-nacin estallan en mil pedazos; el multiculturalismo liberal trata de matizar esta crisis, este desborde, reconociendo derechos culturales; pero lo que no puede detener es la emergencia de nuevas formas polticas, de nuevas formas de relacin entre la forma Estado y la forma sociedad, lo que no puede detener es el desborde y la desmesura de las multitudes, los nuevos imaginarios colectivos, que incluso se llaman en la transitoriedad naciones, oponindose al mono-culturalismo, a la forma mono-nacional. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn63Aunque esta forma multinacional perdur como anacronismos en la modernidad, recorriendo como tejido resistente las formas institucionales homogeneizantes de la modernidad, de la forma Estado-nacin, creando una dinmica de tensiones inherentes a la vida poltica de las sociedades y los Estado-nacin, estas contradicciones inherentes estuvieron encubiertas, escondidas, ocultadas por los aparatos ideolgicos de los Estado-nacin. Su reemergencia presente las actualiza, desatando renovados discursos, y sobre todo transformando su condicin encubierta en una condicin develadamente plural, desbordando el mapa institucional disciplinario y normalizado de la modernidad. En plena crisis estructural del capitalismo la condicin plurinacional, la condicin proliferante de lo plural, adquiere otra connotacin, convirtindose en una alternativa al mundo nico, al pensamiento nico. Hemos llegado a los lmites del mundo, estamos situados en el lugar fronterizo de las transformaciones, tambin de las experiencias, de las sensaciones, as como de las formas de pensar, de significar y simbolizar el mundo. Eugenio Tras habla de lmites del mundo como los relativos a la tautologa y la contradiccin, la tautologa que repite lo que es, lo mismo, de manera obsesiva, que no dice nada, y la contradiccin que quiere decirlo todo, que desborda y desgarra. Quizs el filsofo ms lcido de la modernidad fue Hegel, que consciente de la contradiccin y el universo del sinsentido, quiso domesticar ambas, mediatizndolas con una lgica dialctica, buscando el retorno a lo mismo, a la repeticin, a la tautologa, despus de haber vivido la experiencia del desgarro[64]. Hegel es el filsofo de la restitucin absoluta de la razn, de la filosofa de la historia, de la filosofa del derecho, pero tambin de la filosofa del Estado. Podemos decir que se trata de una filosofa que coincide con el termidor, que busca desesperadamente terminar con la revolucin. Hegel ha muerto y tambin con l la filosofa del fin de la historia. Aunque el Estado-nacin haya sobrevivido a su muerte ha entrado a su tiempo crepuscular, a su clausura, anunciando su propia muerte, repitiendo el crepsculo de los idelogos. Nacimiento del Estado plurinacional Estamos ante un nuevo nacimiento, lo que en aymara se dice pachakuti, que vendra a ser algo as como cambio, trastrocamiento en el espacio-tiempo, de acuerdo a una traduccin pretendidamente terica, filosfica. Sin embargo, en la discrecin, en la disquisicin, de estas cosas no nos vamos a detener, por el momento. Quizs despus volvamos a abordarlas, aunque de alguna manera siempre las tenemos que tener en cuenta. Este nuevo comienzo se dara en la geografa poltica de Bolivia, la anterior Audiencia de Charcas del Virreinato de la Plata, antes Alto Per del Virreinato del Per, y antes del cataclismo de la conquista y su consecuente colonizacin, el Qullasuyu, uno de los territorios, de los cuatro del Tawantinsuyu. Este nacimiento se puede considerar como el resultado de un dramtico parto, gestado por las guerras polticas desatadas por los movimientos sociales, durante el ciclo de luchas que van del 2000 al 2005. Este nacimiento tambin tiene que ver con la gestin de gobierno del presidente Evo Morales Ayma, durante la cual se nacionalizan los hidrocarburos y se convoca a la Asamblea constituyente. Por lo tanto este nuevo comienzo, esta fundacin de la segunda repblica, tiene que ver con el proceso constituyente, concretamente con el texto constitucional desarrollado por la Asamblea Constituyente, en pleno campo de batallas, en el que se convirti la ciudad de Sucre, sede de la Asamblea Constituyente. Una vez que se aprueba la nueva constitucin en Oruro, los dados estaban echados, a pesar de las modificaciones arbitrarias del Congreso, donde se trat de deformar el sentido del http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn64cuerpo de la constitucin, las ciento cuarenta y cuatro modificaciones, no pudieron cambiar el espritu constituyente, recurriendo a un lenguaje constitucional, no pudieron cambiar los principios y las finalidades de la Constitucin, los contenidos descolonizadores, la estructura y los modelos propuesto por la Constitucin, el modelo de Estado, el modelo territorial y el modelo econmico. En el Congreso se pretendi revertir el proceso, unos quisieron abolir las medidas inherentes a las transformaciones institucionales de la Constitucin, como la reforma agraria, otros confundieron la poltica con el pacto; se dedicaron a construir escenarios de pacto con la derecha, creyendo que ese era el camino, olvidando que todo ya haba cambiado por la energa y el poder masivo desplegado por los movimientos sociales durante el lapso que viene del 2000 y llega al 2005. El pueblo boliviano termina aprobando la Constitucin Poltica del estado en un referndum constituyente, referente arrancado por una fabulosa movilizacin de las organizaciones sociales, que terminaron sitiando al Congreso presionando para la aprobacin de la ley que convocaba al referndum. Otra vez mostraban los movimientos sociales su determinacin en empujar el proceso hacia el horizonte abierto por las luchas sociales de la guerra del agua y de la guerra del gas. Este nuevo empiezo tambin tiene que ver con las consecutivas derrotas sufridas por la derecha, las oligarquas regionales, sus partidos, sus medios de comunicacin y todos sus dispositivos conspirativos. Fueron derrotados con la aprobacin de la Constitucin por parte del pueblo boliviano; tambin fueron derrotados cuando primero la Constituyente y despus la Constitucin incorpora las autonomas, demanda regional, al texto constitucional, quedando sin bandera y sin discurso, sin capacidad de convocatoria; vuelven a ser derrotados en el terreno dibujado por la violencia desatada por grupos de choque, en una espiral de la violencia que comienza con la toma de instituciones y deriva en la Masacre del Porvenir, esta derrota ya es poltico y militar. Estas derrotas polticas se van a expresar en la contundente derrota electoral que van a sufrir en las elecciones de diciembre del 2009. El Movimiento al Socialismo (MAS) gana con aproximadamente el sesenta y cuatro por ciento, gana en el departamento de Tarija, uno de los baluartes de la llamada Media Luna, se recupera el departamento de Chuquisaca, se avanza en el departamento de Santa Cruz, de Beni y de Pando; todo esto dibuja un escenario expedito en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde el MAS controla los famosos dos tercios que se requieren para aprobar las leyes. Todo este contexto histrico poltico hace de condicin de posibilidad histrica del nacimiento del Estado Plurinacional. En el ensayo Articulaciones de la complejidad[65] se escribe lo siguiente: 1. Esta dems decirlo, que el Estado plurinacional no es un Estado-nacin y, no est dems decir, que el Estado plurinacional ya no es un Estado, en el pleno sentido de la palabra, pues el acontecimiento plural desbroza el carcter unitario del Estado. El Estado ya no es la sntesis poltica de la sociedad, tampoco es ya comprensible la separacin entre Estado, sociedad poltica, y sociedad civil, pues el mbito de funciones que corresponden al campo estatal es absorbida por las prcticas y formas de organizacin sociales. El Estado plurinacional se abre a las mltiples formas del ejercicio prctico de la poltica, efectuada por parte de las multitudes. Hablamos de un estado plural institucional, que corresponden a la condicin multisocietal. Se trata de mapas institucionales inscritos en mltiples ordenamientos territoriales; por lo menos cuatro: territorialidades indgenas, geografas locales, geografas regionales y cartografas nacionales. La emergencia de lo plural y lo mltiple desgarra el http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn65viejo mapa institucional, no permite la expropiacin institucional, la unificacin de lo diverso, la homogeneidad de la diferencia; se abre mas bien al juego de la combinatoria de distintas formas de organizacin, al juego en red y de entramados flexibles. Hablamos de matrices organizacionales y de estructuracin abiertas a la contingencia. Se vive entonces la poltica como desmesura[66]. Se puede interpretar de la cita que ya no se trata de la forma de Estado moderno sino de una nueva forma poltica, de una nueva forma de relacin entre la sociedad y sus formas de organizacin poltica, como decamos en la Constituyente, se trata de un nuevo mapa institucional. Es cierto que en Europa podemos encontrar estados plurinacionales, pero se trata de Estados modernos, que se limitan al alcance dibujado por el multiculturalismo, recogiendo incluso formas confederadas, como en el caso Suizo. La nueva concepcin de la condicin plurinacional de las formas polticas se tienen que decodificar desde la voluntad colectiva de la descolonizacin, implica, adems, el reconocimiento de la condicin multisocietal, que recoge la concepcin de la mltiple temporalidad, adems de la multiinstitucionalidad. Esta multiplicidad que atraviesa la forma homognea del Estado termina desacoplndolo, inventando una nueva forma de articulacin, una nueva forma de integracin, ms cohesiva, ms dinmica, creativa, flexible, adecuada a la problemtica compleja de la formacin abigarrada, de la composicin barroca de la formacin econmico social boliviana, adecuada, sobre todo a la forma de gobierno propuesta por la Constitucin Poltica del Estado, que es la democracia participativa, que reconoce el ejercicio plural de la democracia, como el relativo a la democracia directa, a la democracia representativa y a la democracia comunitaria. Se puede decir que esta forma poltica de la condicin plurinacional descolonizadora se encuentra ms all del Estado. El Estado-nacin ha muerto, nace el Estado Plurinacional, comunitario y autonmico. Cules son las condiciones, las caractersticas, la estructura, los contenidos y las formas institucionales de este Estado? Uno de los primeros rasgos que hay que anotar es su condicin plurinacional, no en el sentido del multiculturalismo liberal, sino en el sentido de la descolonizacin, en el sentido de la emancipacin de las naciones y pueblos indgenas originarios. Una descolonizacin entendida no slo en el sentido del reconocimiento de las lenguas, de la interculturalidad e intraculturalidad, sino tambin en el sentido de las transformaciones institucionales, de la creacin de un nuevo mapa institucional, encaminadas a la incorporacin de las instituciones indgenas a la forma de Estado. Una descolonizacin entonces que implica el pluralismo institucional, el pluralismo administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y esto significa una descolonizacin de las prcticas, de las conductas y de los comportamientos, conllevando una descolonizacin de los imaginarios. Esto es la revolucin cultural. Una descolonizacin que implica la constitucin de nuevos sujetos, de nuevos campos de relaciones intersubjetivas, la creacin de nuevas subjetividades, de nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una interculturalidad constitutiva e instituyente, enriquecedora y acumulativa de las propias diferencias y diversidad inherentes. Una descolonizacin que implique el desmontaje de la vieja maquinaria estatal, que no puede dejar de ser sino colonial; se trata de la maquinaria que llega con la Conquista, que se consolida en la Colonia, que se restaura y moderniza en los periodos republicanos, que termina viviendo una crisis mltiple, de legitimidad, de representacin, poltica, econmica y cultural. El estado-nacin fracasa en su proyecto consustancial, la revolucin industrial, el desarrollo nacional, el romper con la cadena http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn66perversa de la dependencia. El Estado plurinacional se encuentra ms all de los umbrales del Estado-nacin, definitivamente se ha abierto otro horizonte, otras tareas, otras finalidades, otros objetivos estratgicos, siendo la tarea primordial la descolonizacin. No puede haber nada parecido a las estrategias anteriores, si hay algunos rasgos que sugieren cierta analoga, como las relativas a la transformacin tecnolgica y su incorporacin a la economa social y comunitaria, tienen que leerse en los cdigos no de la revolucin industrial del siglo XIX sino en el contexto de lo que significa la revolucin tecnolgica, irradiarte, expansiva, en red, impulsando saltos, que no pueden leerse desde la linealidad histrica sucesiva de seguir el curso de los pases desarrollados. Esto significara volver a aportar por los nostlgicos proyectos nacionalistas y populistas. La revolucin del Estado plurinacional es una revolucin descolonizadora, aperturante de otro proyecto civilizatorio y cultural. Entonces uno de los rasgos fundamentales del nuevo Estado plurinacional es la descolonizacin. Otro rasgo fundamental del Estado plurinacional es su carcter comunitario. Si bien el artculo uno de la Constitucin establece el carcter plurinacional, comunitario y autonmico como los ejes nuevos estructurales y transversales de la constitucin, pues lo unitario y social de derecho ya estaban contemplados en la Constitucin anterior, el segundo artculo plantea el reconocimiento de la preexistencia a la Colonia de las naciones y pueblos indgenas originarios, por lo tanto su derecho al autogobierno, a la libre determinacin, a sus instituciones propias, normas y procedimientos propios, gestin territorial, beneficio exclusivo sobre los recursos naturales renovables, consulta sobre la explotacin de los recursos naturales no renovables, legua y cosmovisin propias. Esto significa la reconstitucin y la reterritorializacin comunitaria, acompaando profundamente al desplazamiento de la forma de gobierno como democracia participativa, incorporando como uno de los ejes de la democracia participativa a la democracia comunitaria. El sentido comunitario es transversal a la Constitucin, esto implica la actualizacin de las instituciones comunitarias, sus redes, sus tejidos, sus desplazamientos, sus alianzas territoriales, sus estrategias de reconstitucin. Tambin connota la recuperacin, recreacin, enriquecimiento, e irradiacin de sus imaginarios, de sus estructuras simblicas, de sus valores, conllevando la restitucin de la dimensin tica comunitaria, haciendo circular los saberes colectivos, las memorias largas, la informacin y los conocimientos ancestrales. Encaminando la presencia, la inmanencia y trascendencia de la comunidad en la perspectiva de la transformacin institucional del Estado, de la relacin entre Estado y sociedad y de la descolonizacin de las polticas pblicas. Lo ms propio del interior de la periferia, como escrib en Estado perifrico y sociedad interior, en Los lmites del poder y del Estado[67], es la forma comunidad, son las instituciones comunitarias, son los principios y valores comunitarios como solidaridad, reciprocidad, complementariedad y redistribucin, son las innovaciones de las estrategias de resistencia y transfiguracin de las sociedades polticas, como las denomina Partha Chatterjee, de los bricolaje o los abigarramientos, parafraseando a Ren Zavaleta Mercado, o los barrocos modernos, como dira Bolvar Echeverra. Las formas de comunidad han atravesado los periodos de la colonia y los periodos republicanos, han resistido, se han transformado, se han actualizado y atravesado la modernidad misma. Esta institucin imaginaria de la comunidad se convierte en una proyeccin alternativa en plena crisis del capitalismo y replanteo de las relaciones entre centro y periferia de la economa mundo capitalista, del sistema mundo. Que se haya constitucionalizado la forma comunidad, que forme parte de la composicin del nuevo Estado, proyecta una luz en los mbitos de las relaciones sociales, en las transformaciones del campo poltico http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn67y en las recuperaciones sociales del campo econmico. La comunidad disea el nuevo horizonte del Estado plurinacional. Otra caracterstica en la arquitectura del Estado plurinacional es la participacin y el control social. La participacin social establece otra relacin entre Estado y sociedad, convirtiendo al Estado en instrumento de la sociedad, efectiviza la democracia participativa, desarrollando una construccin colectiva de la decisin poltica, de la construccin de las leyes y de la gestin pblica. La participacin social se convierte en la matriz de la nueva forma poltica y el control social hace abiertamente transparente el ejercicio de la ejecucin de las polticas pblicas, expandiendo los alcances del acceso a la informacin y la rendicin de cuentas a la sociedad. La participacin social es el verdadero gobierno del pueblo, la democracia, suspende los mecanismos de dominacin y cuestiona la especializacin weberiana del aparato pblico, avanzando a una nueva concepcin de la gestin pblica, que ahora tiene que ser plurinacional, comunitaria e intercultural. Una cuarta caracterstica del Estado plurinacional es precisamente el pluralismo autonmico, En el contexto de los pluralismos, pluralismo econmico, social, poltico, jurdico y cultural, el pluralismo autonmico es consecuente con esta perspectiva mltiple y proliferante. Se trata del nuevo modelo territorial, que concibe, en igualdad de condiciones, comprendiendo equivalentes jerarquas, distintas formas de autonoma, autonoma departamental, autonoma regional, autonoma regional y autonoma, siendo la ms importante la autonoma indgena por las caractersticas del Estado plurinacional, se trata del lugar, el espacio, el escenario, donde se plasma efectivamente el estado plurinacional. Todas estas autonomas tienen sus competencias exclusivas, adems de las concurrentes y compartidas, gobiernan y legislan en su jurisdiccin, en tanto que la autonoma indgena adiciona su facultad jurdica debido al pluralismo jurdico, a la jurisdiccin indgena originaria campesina. El entramado de las competencias configura el espacio de desenvolvimiento de las gubernamentalidades y la gestin comunitarias desatadas por la expansin de la descentralizacin administrativa poltica. El pluralismo autonmico, el nuevo modelo territorial, definen el otro nivel de complejidad del nuevo Estado. Una quinta caracterstica del Estado plurinacional es la equidad y alternancia de gnero. Esta transversal de la constitucin, esta perspectiva, no slo exige la justicia en lo que respecta al gnero, es decir, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, sino que tambin apunta a abolir la dominacin masculina, demoler el Estado patriarcal. La emancipacin de la mujer forma parte de los proyectos inherentes a los nuevos movimientos sociales, vinculado al desarrollo de los nuevos derechos, abrindose a la hermenutica de los nuevos sujetos, de las nuevas subjetividades, comprendiendo los contextos culturales diversos, respetando las complementariedades inscritas en las formas de relacin masculino femeninas de las culturas indgena originario campesina, empero requiriendo la adecuacin a los derechos fundamentales constitucionalizados. Con la transversal de la equidad de gnero, el Estado plurinacional se abre a la participacin activa de las mujeres en la construccin de la nueva forma de Estado y la nueva forma de hacer poltica. Una sexta caracterstica del estado plurinacional tiene que ver con el modelo econmico, que de acuerdo a una primera definicin que s encuentra en la Constitucin, se trata de una economa plural, pero que en el sentido mismo, en la direccin que toma, el proyecto econmico, la segunda definicin explicita del modelo econmico es la economa social y comunitaria. Este era en realidad el nombre dado por la comisin econmica en la constitucin, se lo cambio por economa plural en mbito de negociaciones con las minoras en ese espacio extra asamblesta que se llam la multipartidaria. En la parte que corresponde a la organizacin econmica del Estado se le atribuye un papel fundamental al Estado como articulador de las distintas formas de organizacin econmica, en la industrializacin de los recursos naturales, en el potenciamiento de la economa comunitaria y de la pequeo y micro empresa, tambin de la forma de organizacin social cooperativa. Empero todo esto hay que contextuar en un modelo econmico ms amplio desarrollado en la organizacin econmica del Estado. El modelo se ampla a la incorporacin de tierra, territorio, la biodiversidad, los recursos naturales, los hidrocarburos, la minera, el agua, la energa, la biodiversidad y el desarrollo sostenible. Se puede decir que se trata tambin de un modelo ecolgico. Este nivel de complejidad del Estado plurinacional rompe con los lmites y las limitaciones del economicismo y de una economa subsumida a la acumulacin capitalista. Como se puede ver los desafos son grandes, exigen claridad en cuanto a la comprensin de los horizontes abiertos por el Estado plurinacional, adems del despliegue de una imaginacin y un imaginario radicales, de una fuerza instituyente creadora de los nuevos mbitos del desenvolvimiento social y poltico emancipados. Estado plurinacional comunitario. La refundacin del Estado en Amrica Latina. Epistemologa del Sur El libro de Boaventura de Sousa Santos La refundacin del Estado en Amrica Latina, comprende dos partes, una terica y otra analtica, entendida como comparada, de los procesos boliviano y ecuatoriano. En la primera parte se trabaja las Dificultades de la imaginacin poltica o el fin de lo que no tiene fin, adems de La distancia en relacin a la tradicin crtica eurocntrica; tambin se vuelve a exponer Una epistemologa del sur. La segunda parte trabaja, en el captulo cuarto, El contexto latinoamericano, en el quinto, La naturaleza de la transicin, en el captulo seis, La refundacin del Estado y los falsos positivos, en el captulo siete, La reconfiguracin del conjunto poltico. Nuevas fracturas, dualidades y oportunidades. Despus vienen las conclusiones. Al principio se hace la pregunta sobre si el capitalismo tiene fin, qu tendramos que hacer para que llegue ese fin, cul es el fin del capitalismo sin fin. La misma pregunta se repite en otro espesor y en otra genealoga, esta vez sobre el fin del colonialismo sin fin. La clave de este fin est en la movilizacin coordinada y politizada de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos der Sur, en el desplazamiento y la ruptura epistemolgica del Sur respecto a la herencia eurocntrica, en el desplazamiento poltico del centro al Sur del sistema-mundo capitalista; as tambin en la conformacin de las condiciones, el desprendimiento y el devenir de un nuevo modelo civilizatorio, que en el caso de Bolivia y Ecuador est vinculado al vivir bien, suma qamaa, suma kausay. Podr convertirse este modelo que nace de la matriz de las culturas y civilizacin indgena, que nace de las cosmovisiones indgenas, en un modelo descolonizador y diferencial planetario? Eso depende por lo menos de dos cosas, de la imaginacin descolonizadora, del alcance de la descolonizacin, y de la correlacin de fuerzas a nivel mundial. Para esto se requiere quebrar los monopolios de los pases imperialistas del centro del sistema mundo capitalista. Entre estos quiebres de los monopolios se encuentra el monopolio del acceso a las riquezas naturales del planeta, tambin el monopolio financiero y el monopolio tecnolgico, adems del monopolio de los medios de informacin y de comunicacin, fuera del monopolio de las armas de destruccin masiva. Esta lucha antimonoplica de parte de los pases del Sur no slo tiene que llevarnos a un mundo multipolar, saliendo del mundo unipolar basado en el dominio y la hegemona norteamericana, sino tambin debe llevarnos a una revolucin cultural a escala mundial, que no slo signifique la ruptura y el desplazamiento epistemolgico, sino tambin una recodificacin y una revalorizacin mltiple de las conductas, los comportamientos, las prcticas, los imaginarios, los cuerpos, en un contexto de procesos y acontecimientos que logren las transformaciones institucionales, econmicas, poltica y culturales. Una transformacin profundas de las relaciones entre formas de Estado y formas de sociedad, creando nuevas formas polticas y de gubernamentalidad, donde las multitudes, las naciones, los pueblos, las sociedades tengan incidencia primordial. Esto significa la profundizacin y transformacin multitudinaria de la democracia, desarrollando la accin directa, las formas colectivas, las formas comunitarias, las consultas permanentes, el respeto absoluto a los derechos de las naciones, los pueblos, las sociedades, los colectivos, las comunidades, los individuos. Boaventura observa que en nuestras temporalidades de transicin se han perdido los sustantivos crticos, entre ellos socialismo, comunismo, dependencia, lucha de clases, alienacin, participacin, frente de masas; que se produce un desplazamiento conceptual, una prdida, una relativizacin, pero tambin la emergencia de nuevas formas de pensar, que no caen en la hegemona del pensamiento nico liberal-neoliberal, que ms bien proponen alternativas emancipadoras. Se da tambin una relacin fantasmal entre teora y prctica. La crtica va dirigida a la tradicin crtica eurocntrica, respecto de la cual debemos realizar un distanciamiento. Las posibilidades emancipadoras se encuentran en los movimientos del Sur, en los movimientos indgenas, en los movimientos sociales, en el conglomerado de movimientos diversos que se enfrentan a las formas polimorfas de dominacin del capitalismo y de sus estados. Una nueva teora crtica debe adecuarse o, mas bien, devenir de la experiencia de las prcticas emancipadoras del Sur. Tomar distancia implica estar simultneamente adentro y afuera de lo que se critica, de tal modo que se desprende de esta actitud la sociologa transgresiva de las ausencias y de las emergencias. En lo que respecta a la sociologa de las ausencias, sta consiste en hacer presente lo ausente, en volver existente lo inexistente, en calificar y valorar lo descalificado por la racionalidad represiva de la mono-cultura vigente. La sociologa de las emergencias consiste en sustituir el tiempo lineal por mltiples temporalidades emergentes, un futuro vaco por un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultneamente utpicas y realistas. Boaventura entiende por epistemologa del Sur el reclamo de nuevos procesos de produccin y de valoracin de conocimientos vlidos, cientficos y no cientficos, la perspectiva mltiple de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir de las prcticas de las clases y de grupos sociales que han sufrido de manera sistemtica las injustas desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo[68]. Qu se entiende por el Sur? El Sur no es un concepto geogrfico, es mas bien una metfora del sufrimiento humano causado por el capitalismo y el colonialismo y de la resistencia para superarlo[69]. Se trata de un Sur anticapitalista, anticolonialista y antiimperialista. Por eso dice Boaventura que la comprensin del mundo es mucho ms amplia que la comprensin occidental del mundo[70]. Se requiere no tanto alternativas como un pensamiento alternativo de alternativas[71]. Las dos ideas centrales de la epistemologa del Sur son la ecologa de los saberes y la traduccin intercultural[72]. El fundamento de la ecologa de los http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn68http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn69http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn70http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn71http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn72saberes es que no hay ignorancia o conocimiento en general; toda ignorancia es ignorante de un cierto conocimiento, y todo conocimiento es el triunfo de una ignorancia en particular[73]. Como dijimos, la segunda idea de la epistemologa del Sur es la traduccin intercultural; sta debe ser entendida como el procedimiento para crear inteligibilidad recproca entre las diversas experiencias del mundo. No atribuye a ningn conjunto de experiencias ni el estatuto de totalidad exclusiva ni el de parte homognea[74]. Las experiencias del mundo son tratadas como como totalidades o partes y como realidades que no se agotan en esas totalidades o partes[75]. El trabajo de traduccin incide tanto sobre los saberes como sobre las prcticas. La traduccin entre saberes asume la forma de una hermenutica diatpica. sta consiste en un trabajo de interpretacin entre dos o ms culturas con el objetivo de identificar preocupaciones isomrficas entre ellas y las diferentes respuestas que proporcionan[76]. La epistemologa de los saberes comprende en su contorno una sociologa de las ausencias y una sociologa de las emergencias, en su interior una ecologa de los saberes y una traduccin intercultural, entendida como una hermenutica diatpica. Se trata de una epistemologa mltiple y diferencial que emerge desde el Sur, una epistemologa deconstructiva, tambin una epistemologa emancipadora, que se encamina a hacer circular los saberes puestos en la sombra por la ciencia y los juegos de poder de los mecanismos de dominacin vigentes. Se trata de una epistemologa descolonizadora, que interpela, cuestiona los saberes dominantes, que abre horizontes de visibilidad y de decibilidad distintos, diferenciales y alternativos al paradigma cultural dominante, el de la modernidad. Una epistemologa descolonizadora por el desmontaje de los dispositivos de poder, por la deconstruccin de las relaciones de poder, incorporadas al cuerpo y cristalizada en los huesos, transferidas al espesor del cuerpo, internalizadas en el sujeto y la subjetividad. Ahora bien una epistemologa de sur no puede ser solamente un enunciado, un conjunto de enunciados, un proyecto alternativo, no puede ser slo una demarcacin, un deslinde, respecto a la epistemologa eurocntrica de la modernidad; tiene que ser algo ms, tiene que ser un despliegue mltiple de prcticas discursivas y de prcticas no discursivas, que efectivamente hagan circular la pluralidad de los otros saberes y los articulen en una hermenutica mltiple e intercultural. Una epistemologa del Sur debe abrirse a una transformacin radical de las formaciones discursivas, a alternativas formas de decodificacin, de significacin, de re-significacin y de traduccin, de figuraciones, de configuraciones y re-figuraciones. Una epistemologa del Sur debe desenvolver nuevas formas, mtodos y tcnicas de construccin de los objetos, nuevas lgicas y teoras de construccin de los conceptos, nuevas hermenuticas del sujeto. La fundacin del Estado plurinacional comunitario y autonmico En el anlisis del contexto latinoamericano Boaventura de Sousa Santos distingue cuatro dimensiones, la de las luchas, la de la acumulacin, la de la hegemona, y la del debate civilizatorio. Diferencia las luchas ofensivas de las luchas defensivas, dice que las luchas ofensivas de los movimientos indgenas han conducido al constitucionalismo transformador en Bolivia y Ecuador; podramos decir tambin a la apertura del horizonte del Estado plurinacional, lo que equivale decir la muerte del Estado-nacin, del Estado moderno, del Estado liberal. Empero estas revoluciones tienen que ser tomadas en cuenta con respecto a la colateralidad de la revolucin bolivariana en Venezuela, caracterizada como nuevo nacionalismo definido en trminos del control de los recursos naturales. Como ejemplo de las luchas defensivas entra el resto de los http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn73http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn74http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn75http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn76pases, cuyos movimientos sociales se abocan a la lucha contra la criminalizacin de la protesta social, contra la contrarrevolucin jurdica que busca desconstitucionalizar las conquistas sociales, contra el paramilitarismo y el asesinato poltico, contra el golpismo, contra el control de los medios de comunicacin por parte de las oligarquas. Las dos formas de luchas no estn separadas pues tambin tienen que combinarse en tanto que la articulacin entre los dos tipos de lucha es compleja. Incluso dice Boaventura - en pases o contextos polticos donde dominan las luchas ofensivas hay que recurrir a luchas defensivas cuando la toma del poder del Estado no es total o cuando el Estado no tiene control eficaz sobre los poderes fcticos y la violencia poltica no-estatal[77]. Habra que decir tambin cuando el Estado no termina de transformarse y resiste al cambio y a las revoluciones institucionales, cuando reproduce mecanismos represivos ante las demandas y emergencias participativas de los movimientos sociales. Estos movimientos buscan radicalizar la democracia, realizando la democracia participativa, comunitaria e intercultural, lograr el acceso efectivo a la tierra, la redistribucin del excedente de los recursos naturales, la promocin de alternativas al desarroll, como es el caso del vivir bien, as como oponerse a la separacin entre sociedad y naturaleza, concibiendo mas bien la integralidad de la madre tierra. Tambin podramos decir que se trata del trastrocamiento de la concepcin liberal que separa Estado de sociedad civil, integrando a la saciedad al Estado, a la forma de Estado y a las formas de gobierno, que deben contemplar la democracia participativa, la democracia comunitaria y la democracia directa, adems de la democracia representativa. La segunda dimensin tratada es la que se refiere a la acumulacin, respecto a la cual es indispensable entender la combinacin articulada de las dos formas de acumulacin analizadas por Marx, la acumulacin ampliada y la acumulacin originaria, la primera relacionada a la transformacin de las condiciones de produccin y por lo tanto a la valorizacin dineraria por medio de la explotacin del trabajo y la modificacin de la composicin orgnica del capital; la segunda forma de acumulacin relacionada al despojamiento violento de los recursos naturales por medio de la ocupacin colonial de tierras y el sometimiento de las poblaciones nativas, la privatizacin descomunal de las empresas pblicas, el saqueo de ahorro de las sociedades y de los trabajadores, la mantencin de formas extractivitas de explotacin orientadas a formar economas rentistas. Ambas formas de acumulacin se articulan retroalimentndose de distintas formas dependiendo los problemas que enfrenta el capitalismo en su proceso de acumulacin y el desplazamiento de la crisis estructural. La tercera dimensin que describe y analiza el autor es la del uso contra-hegemnico de instrumentos hegemnicos, como son la democracia representativa, el derecho, los derechos humanos y el constitucionalismo. Al respecto habra que preguntarse: Se puede decir que la lucha del pueblo boliviano, de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos se resume a un uso contra-hegemnico de instrumentos hegemnicos? A propsito en un ensayo titulado Emancipaciones poscoloniales escribo lo siguiente: Una mirada genealgica de la guerra anticolonial, actualizada en distintos contextos de la historia, nos muestra la recurrencia transversal de la insurgencia indgena y de una guerra popular prolongada. Nos referimos a trayectorias subversivas que terminan inscribiendo las huellas de los recorridos alterativos, nmadas y lneas de fuga. En la perspectiva de un mapa temporal, nos referimos a la guerra india desatada por quischwas y aymaras, acompaada por los levantamientos indgenas del siglo XVIII; siguiendo la secuencia, tenemos la continuidad de estos levantamientos durante el siglo XIX, a pesar de la http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn77participacin dual de los indgenas en los dos bandos, el realista y el criollo, durante las guerras de la independencia, que corresponde a la lucha de los guerrilleros y los combates del ejrcito independentista; luego viene el estallido de nuevos levantamientos en la primera mitad del siglo XX, incluyendo las resistencias y participaciones comunitarias en el reclutamiento para la Guerra del Chaco; en la segunda mitad del mismo siglo tenemos ciertas reminiscencias de los levantamientos indgenas, estrictamente localizados despus de la Revolucin Nacional y la Reforma Agraria; ms tarde, durante el crepsculo del rgimen militar, la reiteracin de levantamientos campesinos, durante la masacre del valle y despus, incluyendo el gran bloqueo de caminos de 1979 de la flamante CSUTCB, dirigida por el dirigente aymara Genaro Flores; cerrando el siglo, como iniciando un nuevo ciclo de levantamientos indgenas emerge desde el fondo amaznico la marcha indgena de tierras bajas por la dignidad y el territorio, en 1990 y 1992; ya al comienzo del nuevo milenio tenemos al magma ardiente del levantamiento indgena contemporneo, emergiendo volcnicamente desde las profundidades de las contradicciones y la memoria larga; este acontecimiento es el bloqueo de caminos indgena-campesino y el sitio de ciudades, en septiembre del 2000; despus viene el tejido de recorridos de-constructores de los movimientos sociales, confluyendo de manera entrelazada entre mltiples movimientos, en bloqueos y marchas, durante el ciclo semi-insurreccional de corrientes sociales e indgenas anticapitalistas y descolonizadoras del 2000 al 2005. Este recorrido profuso nos muestra el uso recurrente de instrumentos de contrapoder y contra-hegemnicos que nada tienen que ver con una analoga respecto los instrumentos institucionales y hegemnicos. Esto es importante anotar, sobre todo retomar cuando tengamos que analizar la experiencia democrtica del 2006 al 2010, que corresponde a la primera gestin del gobierno indgena y popular y una primera parte de la segunda gestin de este gobierno[78]. Podemos decir que es en esta ltima etapa cuando se usan los instrumentos hegemnicos de manera contra-hegemnica; aunque se pueda detectar en la historia periodos de uso de instrumentos hegemnicos, como es el caso del periodo de la Revolucin Nacional (1952-1964), como es el caso de parte del periodo llamado democrtico (1982-2005), que incluye el periodo neoliberal (1985-2005), el lapso que propiamente se hace uso contra-hegemnico de instrumentos hegemnicos es cuando se da la apertura a la democracia plebeya y durante la primera gestin del gobierno indgena popular, incorporando tambin la segunda gestin de este gobierno (2005-2010). Sin embargo, no puede explicarse esta etapa sin la acumulacin histrica de la experiencia del uso de instrumentos contra-hegemnicos en el sentido contra-hegemnico. Esto quiere decir que la profundizacin democrtica en Bolivia se basa primordialmente en los levantamientos, en la guerra anticolonial, en la movilizacin, en las marchas, en los bloqueos, sitios, en los acontecimientos insurreccionales, en las emergencias semi-insurreccionales. El espesor histrico, el fondo y el trasfondo, del uso de los instrumentos hegemnicos en el sentido contra-hegemnico, es pues la desmesura poltica de la revuelta, la revolucin y el proceso de movilizaciones. La cuarta dimensin encontrada en el anlisis del contexto latinoamericano es el debate civilizatorio. Boaventura de Sousa Santos dice: hoy, debido a la renovada eficacia de las luchas de los pueblos indgenas y afro-descendientes, el debate civilizatorio est en la agenda poltica y se manifiesta a travs de dualidades complejas ancladas en universos culturales y polticos muy distintos. No se trata de diferencias culturales siempre presentes en el seno de cualquier universo civilizatorio, sino de diferencias culturales entre universos civilizatorios distintos. A ttulo de ejemplo, algunas de las http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn78dualidades: recursos naturales o Pachamama?, desarrollo o SumakKawsay?, tierra para reforma agraria o territorio como requisito de dignidad, respeto e identidad?, Estado-nacin o Estado plurinacional?, sociedad civil o comunidad?, ciudadana o derechos colectivos?, descentralizacin/desconcentracin o autogobierno indgena originario campesino?[79]Se puede resumir el debate civilizatorio en torno al vivir bien, suma qamaa, suma kausay, que es tomado, desde la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climtico y los Derechos de la Madre Tierra, llevada a cabo el 22 de abril en Tiquipaya-Cochabamba, como modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. La peculiaridad del vivir bien es que arranca de la matriz de cosmovisiones indgenas del continente y se proyecta como proyecto civilizatorio de los movimientos sociales del mundo en lucha contra el capitalismo. Naturaleza de la transicin Cul es la estructura, la composicin, la orientacin y la direccin de la transaccin? Esta es la pregunta que no solamente tiene que ver con la temporalidad sino tambin con el desplazamiento poltico y la transformacin poltica. La pregunta implcita es ms o menos la siguiente: A dnde va la transicin? Tambin podramos preguntarnos: Es transformadora la transicin? Y podemos seguir: Cules son las experiencias de la transicin? Cules son las percepciones de la transicin? Volviendo atrs, sin necesariamente repetir la pregunta: A dnde vamos con la transicin? Dnde nos lleva? Sobre todo esta pregunta se hace inquietante cuando sabemos que se trata de la transicin hacia el Estado plurinacional comunitario y autonmico. Hemos dejado el Estado-nacin? Podemos dejar esta estructura poltica heredada? El Estado plurinacional comunitario es una utopa o mas bien es la potencia y la potencialidad inmanente del poder constituyente e instituyente, de la voluntad de poder de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos y afro-bolivianos? Este proyecto anhelante, esta proyeccin poltica y social, coincide con la sustentacin de las condiciones de posibilidad histricas? Puede la voluntad poltica multitudinaria cambiar las condiciones, transformarlas? Para responder estas preguntas no debemos olvidarnos que nos situamos en campos de correlaciones de fuerzas, en el espacio-tiempo de procesos en curso, plsticos y moldeables. Hay que distinguir la lectura de las fuerzas desde la perspectiva de su cantidad de la lectura cualitativa de las fuerzas, que se basa en la distincin de su diferencia; as tambin distinguir la direccionalidad y el sentido del juego de fuerzas. As, por este camino, es tambin importante distinguir lo anterior de la interpretacin hecha por la voluntad de poder, afirmativa o reactiva. Podemos decir, transformadora o restauradora. De acuerdo a la apreciacin de Boaventura de Sousa Santos se cuenta con una vasta bibliografa sobre transiciones polticas contemporneas. Hablamos de estudios sobre las transiciones de las dictaduras o Estados burocrtico autoritarios de la dcada de los aos 60 y 70 del siglo pasado hacia las democracias liberales de los aos 80. Entre estos estudios sobresale la investigacin de Guillermo ODonnell[80]. La problemtica medular en este conjunto de investigaciones es definir dnde comienza la transicin y hasta dnde va[81]. Al respecto, lo importante es subrayar que, en general, la teora crtica latinoamericana, en especial de los aos 80 del siglo pasado, concentr sus crticas en el carcter superestructural de los anlisis de las transiciones, totalmente centrados en las dinmicas y procesos polticos (casi siempre dominados por las lites y con muy poco espacio para las clases populares), y en el hecho de que las http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn79http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn80http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn81transiciones democrticas ocurrieron al mismo tiempo que la liberalizacin de las economas exigida por la nueva ortodoxia, el neoliberalismo, y por eso coincidieron con el aumento exponencial de las desigualdades sociales, lo que acab por deslegitimar la democracia liberal en la percepcin de las clases populares[82]. En la nueva generacin de transiciones de los procesos de transformacin recientes, el perfil, la forma, el contenido, la estructura, la composicin y la orientacin de los mismos cuestiona las concepciones sobre la transicin conformadas por la academia. Los movimientos sociales, los movimientos indgenas, afro-descendientes y campesinos, los movimientos relativos a las identidades cuestionan las tesis e hiptesis consolidadas sobre la transicin. Estos movimientos subvirtieron los fundamentos de las transiciones cannicas en tres dimensiones distintas: a) el inicio y el trmino de la transicin, b) el concepto de tiempo que gobierna la transicin y c) las totalidades en cuyo seno ocurre la transicin[83]. En lo que respecta al inicio y el trmino de la transicin, estas conmociones han trastornado toda la cuidadosa indagacin sobre las transiciones al mostrar que sus duraciones son demasiado cortas, adems de que las transformaciones canonizadas por ellas, sin ser minimizadas o menospreciadas, resultan como circunscritas a la coyuntura de referencia y no toman en cuenta los contextos histricos expansivos y dilatados de la emancipacin y de la liberacin[84]. En lo que respecta a el concepto de tiempo que gobierna la transicin, no solamente la temporalidad ha sido alterada, sino tambin el concepto de tiempo que le subyace. Dada la concepcin de tiempo lineal que subyace a la modernidad occidental, las transiciones son siempre una trayectoria que va del pasado al futuro[85]. En lo que respecta a las totalidades en cuyo seno ocurre la transicin, el trastrocamiento de las concepciones establecidas tiene que ver con las diferentes cosmovisiones que son llamadas a converger en las transiciones de largo plazo. Las transiciones cannicas de las dcadas pasadas son transiciones en el seno de totalidades homogneas: dictadura y democracia en cuanto dos sub-especies de regmenes polticos modernos. En el caso de los indgenas y afro-descendientes, las transiciones ocurren entre civilizaciones distintas, universos culturales con cosmovisiones propias cuyo dilogo posible, a pesar de tanta violencia y de tanto silenciamiento, solamente es posible a travs de la traduccin intercultural y siempre con el riesgo de que las ideas ms fundamentales, los mitos ms sagrados, las emociones ms vitales se pierdan en el trnsito entre universos lingsticos, semnticos y culturales distintos[86]. La naturaleza de la transicin supone una ruptura y quiebre civilizatorio y cultural, una ruptura y desplazamiento epistemolgico, transformaciones radicales institucionales, econmicas, polticas y culturales. La interpretacin de esta transicin es descolonizadora, entonces el inicio de la transicin se remonta a la emergencia de la guerra anticolonial, a los levantamientos indgenas del siglo XVIII; la construccin de la nueva conceptualizacin de la transicin descolonizadora supone poner en suspenso los mecanismos de dominacin, la violencia corporizada, la discriminacin y la explotacin, la internalizacin de las relaciones de poder, la construccin del concepto apunta a una nueva forma de pensar la estructura de la temporalidad y el ritmo de los procesos; la des-totalizacin de la cultura y la civilizacin hegemnica corresponde al ncleo mismo de la transicin, la misma que se orienta a la emancipacin mltiple se los sujetos y subjetividades emergentes, de los mbitos de relaciones alternativas y actualizadas, de las naciones y pueblos subyugados. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn82http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn83http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn84http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn85http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn86La pregunta de a dnde vamos con la transicin? La vamos a poder responder si visualizamos lo que contiene la transicin, las fuerzas que la componen y la dirigen, la correlacin de fuerzas, las tendencias en juego. Ya habamos dicho que lo que se nota en la inercia del viejo Estado, del Estado-nacin, la resistencia del Estado liberal a morir, la restauracin del Estado colonial, la repeticin del Estado moderno mono-nacional y mono cultural, atrapado en las redes del orden mundial, de la dominacin mundial delos pases dominantes del centro del sistema mundo capitalista, bajo la hegemona y dominacin de la hiperpotencia econmica, tecnolgica, militar y comunicacional de los Estados Unidos de Norte Amrica. Hablamos de la persistencia de las estructuras burocrticas del Estado liberal, de la mantencin obsesiva de sus viejas normas, viejos procedimientos, viejas prcticas, que restituyen la forma de gobierno liberal que separa gobernantes de gobernados, Estado de sociedad civil. Comprendiendo esta restauracin colonial en el marco de un Estado que sigue siendo subalterno, por lo tanto enredado en la textura de la mltiple dependencia. Tambin hablamos de la dramtica situacin en a que se encuentra la Constitucin Poltica del Estado, la aplicacin de la constitucin, pues ante un proceso de restauracin colonial y liberal, lo que se hace es desconstitucionalizar el texto constitucional. La elaboracin de leyes terminan siendo transitorias, no son el resultado de una construccin colectiva y de una ruptura conceptual con las formas coloniales de hacer leyes, reproduciendo mecnicamente el pensamiento represivo del derecho y del pensamiento jurdico, repitiendo mecnicamente la tcnica legislativa, sin abordar para nada la produccin legislativa desde un nuevo paradigma, desde la fuerza creativa de la imaginacin y el imaginario radicales. Las leyes fundacionales fundan el nuevo Estado plurinacional comunitario y autonmico, no restauran el Estado liberal, el Estado-nacin, el Estado moderno, es decir lo que llamamos el Estado colonial. Por lo tanto, podemos encontrar dos tendencias en pugna en el proceso de transicin , una, dominante, que encarna el proyecto de un capitalismo de Estado, atrapado acrticamente en el marco avejentado e intil del paradigma de la revolucin industrial, sin poder articular el cambio del modelo productivo, incluyendo la industrializacin efectiva de las reas estratgicas en el contexto articulado, complementario e integral de una economa plural, orientada a la economa social y comunitaria, la misma que despliega un modelo ecolgico, en la perspectiva del modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo. La otra tendencia se encuentra subsumida, fragmentada y dispersa, tratando de responder desde distintas perspectivas a la aplicacin consecuente de la constitucin. Esta corriente abarca corrientes indianistas, ambientalistas, agraristas, plurinacionales y comunitarias. La fundacin del Estado plurinacional comunitario o ms all del Estado Boaventura de Sousa Santos plantea dos vertientes de transformacin del Estado, la primera es el Estado como comunidad ilusoria, la segunda es el Estado de las venas cerradas. Respecto a la caracterizacin de la primera vertiente dice que: El Estado-comunidad-ilusoria tiene una vocacin poltica nacional-popular y trans-clasista. La comunidad reside en la capacidad del Estado para incorporar algunas demandas populares por va de inversiones financieras y simblicas ideolgicas. La accin represiva del Estado asume, ella misma, una fachada simblico-ideolgica (la seguridad ciudadana). El carcter ilusorio reside en el sentido clasista del trans-clasismo. Las tareas de acumulacin dejan de contraponerse a las tareas de legitimacin para ser su espejo: el Estado convierte intereses privados en polticas pblicas no porque sea el comit de la burguesa, sino porque es autnomo en la defensa del bien comn. Por otro lado, al denunciar las ms arrogantes manifestaciones del poder clasista (demonizando la ostentacin, los bonos y gratificaciones), el Estado hace que los fundamentos de este poder queden todava ms invisibles e intocados[87]. En lo que respecta a la segunda vertiente de la transformacin del Estado dice que: Cuando los movimientos indgenas, en el continente latinoamericano y en el mundo, levantan la bandera de la refundacin del Estado lo hacen por haber sufrido histricamente y por seguir sufriendo hoy en da las consecuencias de todas las caractersticas arriba mencionadas del Estado moderno en muchas de sus metamorfosis[88]. De acuerdo a lo que se escribe en Refundacin del Estado en Amrica latina, el Estado de las venas cerradas es el Estado plurinacional que se construye en Bolivia y Ecuador. Como dijimos varias veces este Estado de las venas cerradas no es un Estado moderno, no es un Estado liberal, por lo tanto no es un Estado colonial; por lo tanto se trata de un Estado que se construye sobre su condicin pluralista, su condicin heterognea no moderna, podramos llamarla postmoderna, su condicin comunitaria, su condicin descolonizadora. Para entender esta transformacin estatal, esta transfiguracin poltica, debemos tener en cuenta dos cosas, las dificultades de la transicin y las condicionantes, los recursos, los medios y experiencias por las que pasa esta transicin de la fundacin del Estado plurinacional. Primero evaluaremos las dificultades de la transicin y despus pasaremos a los medios de la transicin. Teniendo en cuenta estas vertientes de la transformacin del Estado, el proceso de refundacin del Estado, incluso podemos decir mejor, el proceso de fundacin de una nueva forma de Estado, tiene siete dificultades principales: La primera dificultad puede resumirse del modo siguiente: no es fcil transformar radicalmente una institucin que, en su forma moderna, tiene ms de trescientos aos. La segunda dificultad puede describirse de la siguiente forma: la prolongada permanencia del Estado moderno ocasiona que su imaginario est presente en la sociedad mucho ms all de su materialidad institucional; esta es la razn por lo que el proceso de fundacin del nuevo Estado no se restrinja a una lucha poltica en sentido estricto, mas bien se abre a las formas plurales de la lucha social y cultural, transformando los smbolos, viviendo transvaloraciones, cambiando mentalidades, instaurando nuevos habitus y subjetividades. Visto de esta forma se trata del combate por una nueva hegemona[89]. La tercera tiene que ver con la necesidad de contar con alianzas estratgicas. Esta querella no puede ser sobrellevada exclusivamente por las clases ms explotadas, las naciones y pueblos, los grupos ms oprimidos; es ineludible crear alianzas con conglomerados, grupos y clases sociales ms extensos[90]. La cuarta dificultad puede asumirse de la siguiente manera: lo que llamamos fundacin del nuevo Estado es en el fondo una ruptura y un desplazamiento civilizatorio. En este horizonte se requiere de un dilogo intercultural; para que se produzca este dilogo intercultural es imprescindible la concurrencia de voluntades polticas diferenciadas histricamente[91]. La quinta dificultad tiene que ver con la condicin de posibilidad histrica del propio proceso de fundacin del Estado; esta condicin exige transformar el orden de relaciones y el carcter mismo de las relaciones sociales y culturales; particularmente en http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn87http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn88http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn89http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn90http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn91los mbitos de la economa capitalista se requiere transformar las relaciones econmicas, las de produccin y las de reproduccin[92].La sexta dificultad tiene que ver con distintas perspectivas de los movimientos involucrados en la fundacin del Estado. Para los aliados del movimiento indgena la refundacin del Estado significa crear algo nuevo, para el movimiento indgena el Estado plurinacional comunitario tiene sus races en formas que precedieron a la conquista[93]. Por ltimo, la sptima dificultad tiene que ver con representaciones sociales reiterativas de los proyectos revolucionarios del siglo pasado. Otra representacin recurrente es la relativa a la modificacin reformista del Estado moderno; esto es la experiencia de la socialdemocracia y del Estado de Bienestar[94]. Retomando el hilo, segn Boaventura de Sousa Santos hay dos vertientes de la transformacin del Estado, de la fundacin del nuevo Estado, la que tiene que ver con Estado-comunidad-ilusoria y la del Estado-venas-cerradas. La primera vertiente se resume a mantener el mismo Estado, su misma estructura de poder, su misma composicin institucional, operativa y prctica, incorporando reformas en el marco de la comunidad ilusoria, que si bien satisfacen parcialmente demandas populares no cambian las estructuras mismas que generan las desigualdades, las inequidades, los desequilibrios, las dominaciones polimorfas. Mas bien refuerzan estas estructuras alimentando la ilusin de transformaciones ficticias, coyunturales, frgiles. La segunda vertiente, la del Estado-venas-cerradas, busca responder al desafo de las transformaciones estructurales del Estado, de las transformaciones institucionales y de las transformaciones econmicas, polticas, sociales y culturales. Se trata de quebrar las estructuras que generan desigualdades y dominaciones polimorfas, quebrar al Estado estructurado sobre relaciones de poder que reproducen las clases, la discriminacin racial y la acumulacin capitalista. Se trata de fundar un nuevo Estado basado en relaciones de poder que establezcan la equidad social, la descolonizacin y la interculturalidad, la generacin creativa de producciones complementarias e integrales, en armona con la naturaleza, formas de vida mltiples en interaccin equilibrada. Las condicionantes, los recursos, los medios y las experiencias de la transicin pueden describirse del siguiente modo: hablamos del constitucionalismo transformador, de las rutas abiertas en el horizonte del Estado plurinacional, del proyecto de pas, de la nueva institucionalidad, del pluralismo jurdico, de la nueva territorialidad, de la nueva organizacin del Estado y de las nuevas formas de planificacin, de la democracia intercultural, del mestizaje postcolonial emergente, de la participacin de las mujeres en la fundacin del nuevo Estado, de la educacin para la democracia intercultural y la refundacin del Estado a partir de la epistemologa del Sur, y de los recorridos experimentales del Estado plurinacional. Llamemos a las condicionantes, recursos, medios y experiencias instrumentos de la transicin; entonces estos instrumentos de la transicin transformadora en la fundacin del Estado plurinacional comunitario nos muestran los mltiples niveles en los que hay que moverse en el acto fundacional y creativo del nuevo Estado. Importa entender que el nuevo constitucionalismo es participativo, resulta de una construccin colectiva, se proyecta como voluntad poltica transformadora de las multitudes. Es indispensable comprender que las transformaciones institucionales se abren a otra forma de gobierno, que resulta de la participacin activa de los sujetos colectivos, los movimientos sociales, de la ciudadana intercultural. El nuevo mapa institucional corresponde a una circulacin horizontal de fuerzas y de poder que organizan los instrumentos y agenciamientos polticos en una dinmica de profundizacin democrtica. El pluralismo jurdico se abre a distintas http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn92http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn93http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn94esferas ticas, incorporando la tica colectiva y la cosmovisin de las naciones y pueblos indgena originarios. Este pluralismo forma parte del pluralismo institucional, del pluralismo normativo, del pluralismo administrativo, del pluralismo de gestiones del Estado plurinacional comunitario. La condicin plurinacional del Estado y la condicin autonmica, sobre todo la presencia re-constitutiva de las territorialidades indgenas exige un nuevo orden territorial, una nueva territorializacin, entendiendo al territorio como espesor cultural y espesor ecolgico. Estas transformaciones conducen a nuevas formas organizativas del Estado basadas en el ejercicio plural de la democracia participativa, tambin conlleva un nuevo enfoque de planificacin integral, complementaria y participativa, desarrollando una visin territorial de las polticas, los planes y los programas. El Estado plurinacional supone tanto la reconstitucin comunitaria como la articulacin intercultural de la emancipacin. Esto requiere de una educacin intercultural que movilice la crtica y las potencialidades descolonizadoras, hablamos de una educacin descolonizadora e intercultural. Como puede verse la condicin compleja y mltiple del Estado plurinacional exige el uso alternativo de un pensamiento pluralista, que recurre a la circulacin crtica de mltiples paradigmas. Desidertum en la transicin Cmo es lgico, las concesiones se hicieron mayores y ms frecuentes en una dinmica en la que no es posible distinguir la gravedad de cada paso que se da. Todas las concesiones fueron comprometedoras en grados y medidas siempre crecientes. La revolucin no se derrumb de un solo golpe: cay poco a poco, pedazo a pedazo. La contrarrevolucin no pas por el pas como una aplanadora y sus efectos fueron demoledores, necesit varios aos para echar abajo lo que encontraba a su paso. Sergio Almarz Paz: Rquiem para una repblica. El tiempo de las cosas pequeas. El 2006 comienza una nueva etapa, despus de haber vivido y experimentado la intensa y expansiva movilizacin general del 2000 al 2005. Esta nueva etapa se caracteriza por ser la primera gestin del primer gobierno elegido en diciembre de 2005, como consecuencia de la toma de la ciudad de Sucre el 9 de junio por los ayllus en la maana, y por el proletariado minero en la tarde, en una especie de clausura de las movilizaciones de mayo y junio del 2005. Las elecciones eran un instrumento democrtico para viabilizar la agenda de octubre (2003) y el mpetu del poder constituyente de los movimientos sociales. Empero en el 2006, despus de la asuncin de mando por parte del presidente Evo Morales Ayma y el Vicepresidente lvaro Garca Linera, la disyuntiva se presenta al flamante gobierno indgena y popular: Cambiar todo o efectuar cambios paulatinos de una manera diferida y pragmtica. Se escoge lo segundo ante el temor de no poder manejar un gobierno inserto en radicales transformaciones institucionales. Esta decisin cautelosa se toma no sin dudas, sobre todo por parte de las organizaciones sociales. Empero tal era el entusiasmo en el que se hallaban las multitudes que estos primeros pasos titubeantes eran incluso bien venidos, figurando un nio que comenzaba a caminar. Habr sido una buena decisin? Esto slo lo podremos saber haciendo un balance analtico y profundo de la primera gestin de gobierno, a la luz de los acontecimientos desatados durante este periodo inaugural, que incluyen a un dramtico proceso constituyente, pero tambin teniendo en cuenta las tareas que tiene que emprender el segundo gobierno de Evo Morales Ayma, en una etapa que denominaremos de la aplicacin de la Constitucin Poltica del Estado, temporalidad que exige actos, acciones y leyes fundacionales, transformaciones institucionales radicales sobre las que se asiente el Estado plurinacional comunitario y autonmico. Durante la primera gestin de gobierno se toman dos medidas fundamentales que corresponden a la llamada Agenda de Octubre, la nacionalizacin de los hidrocarburos, el primero de mayo de 2006, y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el 6 de marzo del mismo ao. Estas dos medidas cambian el escenario econmico y el escenario poltico del pas. El primer artculo del Decreto Supremo 28.071Hroes del Chaco dicen que el Estado recupera la propiedad, la posesin y el control total y absoluto de estos recursos. En la Leyespecial de convocatoria a la Asamblea Constituyente se dice que El objeto de la presente Ley Especial es convocar a la Asamblea Constituyente y se basa en los Artculos 2, 4 y 232 de la Constitucin Poltica del Estado y Artculo 1 de la Ley Especial 3091 del 6 de julio de 2005, sealando la forma y modalidad que establecen dichos artculos. Con estas medidas se inicia el proceso de nacionalizacin de los recursos naturales y el proceso constituyente. Ambos procesos van a experimentar sus propias contingencias, el primero tcnicas, de implementacin y de creacin de las condiciones para la industrializacin de los hidrocarburos, en un mbito internacional de grandes compras de volmenes de gas, principalmente por parte de Brasil y de Argentina. El segundo proceso resulta mucha ms duro que el primero y cualitativamente diferente, tiene que sortear los problemas y los obstculos que le siembran en el camino una oposicin recalcitrante, las oligarquas regionales y el Comit Interinstitucional de Chuquisaca que levanta a la ciudad de Sucre contra la Asamblea Constituyente. Finalmente, despus de un ao y cuatro meses, el tesn, el esfuerzo, hasta el sacrificio y el acto heroico de los constituyentes salvan a la Asamblea Constituyente, la mayora de los constituyentes aprueba en el Liceo Militar y despus en Oruro la Constitucin Poltica del Estado. El Congreso, declarado constitucional, har despus ciento cuarenta y cuatro modificaciones, revisando ciento vente y dos artculos, empero no podr cambiar el espritu constituyente, la voluntad constituyente, expresada en la estructura misma de la constitucin, en la visin de pas y en el modelo de Estado; manifestando esta voluntad principalmente en la parte declarativa de la Constitucin y derivando consecuencias importantes en la parte orgnica de la misma. La primera gestin de gobierno tuvo que enfrentar la conspiracin de la derecha, conspiracin que se realiza en varias etapas. Primero se comenz con una agenda opuesta a la Agenda de Octubre de 2003, la llamada Agenda Autonmica, despus se dio lugar el referndum autonmico, comenzando el 4 de mayo de 2008 en Santa Cruz, en franca oposicin al Gobierno Nacional y a la Corte Nacional Electoral. Despus del referndum constituyente del 25 de enero de 2009, las oligarquas regionales se lanzan a una ofensiva movilizada y violenta, efectuando toma de instituciones gubernamentales, utilizando el argumento de que persiguen recuperar la parte del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que supuestamente se les quit, transfiriendo este monto al bono dignidad. Esta ofensiva culmina en su espiral de violencia ascendente el 11 de septiembre de 2008 con una cruenta masacre de campesinos. El gobierno declara Estado de Sitio en Pando e interviene la regin con el objeto de restituir el orden, capturar a los responsables de la masacre y juzgarlos. En defensa del decreto que declara Estado de Sitio se dice que se establece una situacin excepcional de "extrema gravedad" para "garantizar la vida" y "los intereses de la colectividad" en el departamento de Pando. La derecha es derrotada por lo menos cuatro veces en este lapso te tiempo poltico; primero con la aprobacin popular de la Constitucin Poltica del Estado en el referndum constitucional, segundo con la ratificacin del presidente Evo Morales Ayma en la revocatoria de mandato, tercero con la derrota poltico y militar en Pando, y cuarto con la derrota electoral de diciembre de 2010. En estas elecciones la derecha se encuentra dispersa, fragmentada, desmoralizada, sin discurso poltico, pues el discurso autonmico es reapropiado por la Constitucin con una propuesta ms integral de pluralismo autonmico. La derecha al oponerse a la aprobacin de la Constitucin queda al margen de la propia nueva agenda autonmica. La segunda gestin de gobierno se inicia con una abrumadora mayora del Movimiento al Socialismo (MAS) en la Asamblea Legislativa Plurinacional, controlando las dos cmaras, lo que habilita al gobierno, en coordinacin con la Asamblea, a la promulgacin de leyes que deberan ser fundacionales. Estos resultados hacen pensar en las condiciones de posibilidad adecuadas para la construccin y conformacin de una hegemona indgena y popular, hegemona indispensable para la realizacin de las tareas de transformaciones institucionales, polticas, econmicas, sociales y culturales que requiere la fundacin del Estado plurinacional comunitario y autonmico. Este ambiente despejado y promisorio no se empaa del todo con los resultados de las elecciones departamentales y municipales del cuatro de abril de 2010, donde si bien gana el MAS en seis de los nueve departamentos, pierde en tres, Santa Cruz, Tarija y Beni. Gana en la mayora de los municipios, ms de 200 de los 337 municipios; sin embargo, perdi en las elecciones municipales en siete de las diez principales ciudades, contndose entre ellas a la ciudad de La Paz, as tambin Oruro, ciudades estas asentadas entierras altas donde se despliega la preponderancia electoral del MAS, ciudades que se consideran baluartes del Instrumento Poltico por la Soberana de los Pueblos (IPSP).Otra cosa que llama la atencin es lo que ocurri en la ciudad de El Alto, donde gan el MAS, pero slo con el cuarenta por ciento de los votos, bajando su votacin a la mitad respecto a las elecciones presidenciales. Haciendo un balance cuantitativo de lo que aconteci en el departamento de la sede de gobierno, el MAS baj su votacin en La Paz de ochenta a cincuenta por ciento. Considerando este rpido recuento, qu significa este desplazamiento electoral? Un reacomodo de las fuerzas polticas? Un desplazamiento hacia el centro? Desacuerdo de las bases en lo que respecta a la seleccin de los candidatos? Un sntoma de las variaciones emocionales de la gente? Desgaste del MAS? O mas bien se trata de un fenmeno pasajero y circunstancial? Estos desplazamientos se explican por la ausencia de Evo Morales como candidato, la diferencia entre elecciones nacionales y elecciones departamentales y municipales? Estas preguntas dibujan un espacio de preguntas, pero tambin de problemas, as como de probables hiptesis, que pueden ayudarnos a analizar y a interpretar las coyunturas que se van a suceder desde las elecciones departamentales y municipales hasta el conflicto de Potos de agosto de 2010. Tres conflictos se suceden en una coyuntura postelectoral; el conflicto de Caranavi por la instalacin de una planta de ctricos, que se prolonga durante las dos primeras semanas de mayo, derivando en un desenlace fatal que se lleva dos muertos y veintinueve heridos; el conflicto con el CIDOB, la central indgena de pueblos del Oriente boliviano, que se prolonga casi todo julio, que tiene que ver con un conjunto de demandas vinculadas a los territorios indgenas, a la implementacin de las autonomas indgenas, al Fondo Indgena, a la anulacin de concesiones forestales, a la realizacin de la consulta, al saneamiento de tierras en los territorios indgenas, as como al problema de la presencia de los terceros en territorios indgenas; y el conflicto de Potos, que se prolonga durante las dos primeras semanas de agosto, conflicto que estalla en principio por un problema limtrofe departamental entre Oruro y Potos, conectado con la instalacin de una planta industrial de cemento y la explotacin de yacimientos en el cerro Pahua, empero el conflicto se amplifica a un conjunto de demandas regionales. Estos tres conflictos dibujan nuevos escenarios en el proceso poltico en marcha; se trata de organizaciones sociales, una indgena y otra sindical campesina, adems del comit cvico de un departamento; no hay que olvidar que el departamento de Potos forma parte de la geografa poltica de apoyo al gobierno, al MAS y al proceso. No se puede equiparar estos conflictos con los anteriores, los llevados a cabo por los comits cvicos de los departamentos de la llamada media luna y el Comit interinstitucional de Chuquisaca; son distintos, son causas diferentes y distintos actores, tambin son problemas desemejantes. Sera un error de anlisis el creer que hay una continuidad entre estos conflictos y los anteriores. La discontinuidad es clara; ahora bien, de lo que se trata es de entender la genealoga de los ltimos conflictos. Para tal efecto, en primer lugar nos haremos la siguiente pregunta: Cul es la materialidad social y poltica de los distintos perfiles de conflictos, el llevado a cabo por los comits cvicos de la media luna y el llevado a cabo por los indgenas de tierras bajas, los vecinos y campesinos de Caranavi, adems del comit cvico de Potos (COMCIPO), donde particip el pueblo de Potos, por lo menos de la ciudad de Potos? Respondamos a esta pregunta. En un ensayo sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomas, que aparece en el libro de Comuna bajo el ttulo Horizontes y lmites del poder y del Estado, publicado por el 2005, se escribe lo siguiente: El campo social del departamento de Santa Cruz no es nada homogneo. Hay una estructura social jerrquica, consolidada de una forma vertical y elitaria. Slo una minora controla el monopolio de la tierra, de las finanzas, de la economa, de los circuitos de influencia, de la prefectura, del gobierno municipal, de los medios de comunicacin. En este espacio social tenemos un monopolio de los dispositivos polticos departamentales de parte de una oligarqua regional, que es al mismo tiempo una burguesa nacional intermediaria. Hablamos entonces de una estructura de poder que tiende a la hegemona regional. Hablamos de una estructura econmica basada en la concentracin abismal de recursos en unas cuantas familias. Tambin hablamos del control casi absoluto del espacio virtual, la caja de resonancia prioritaria en el contexto contemporneo, los medios de comunicacin de masa. Los empresarios controlan casi todos los medios de comunicacin disponibles a nivel nacional, a excepcin de las radios populares, el canal de televisin popular (RTP) y otros medios alternativos. Casi todos los medios de comunicacin, incluyendo particularmente la prensa, estn controlados por esta oligarqua regional. Este monopolio de los medios se manifiesta en su programacin, diseo y contenidos que estn vertiendo. En esta programacin, diseo y contenidos se puede entrever a donde se est apuntando, cules son los objetivos estratgicos. Se trata de una construccin ideolgica, adems del control efectivo de los medios, se trata de un control meditico de la realidad nacional, de un control virtual de la informacin. Por medio de estos procedimientos los medios de comunicacin crean una realidad virtual, se inventan una realidad comunicativa. Esta hiper-realidad termina siendo la nica realidad que tenemos en cuenta; porque la realidad real, efectiva, el acontecimiento de singularidades acaba siendo ocultada. Por ejemplo no se visualizan, no se hacen audibles, las vivencias sociales de las provincias, las formas de existencia de las mayoras de los cambas, mestizos, rancheros. Todo esto ha desaparecido. Ahora solo existe la representacin del camba en los trminos ideolgicos del discurso de la nacin camba. Prctica discursiva incipiente, desplegada por una minora, que se ha credo siempre hispnica, que ha usado el trmino de cambas bien de modo despectivo. Tardamente trata de invertir el trmino usual, otorgndole un valor ideolgico de aglutinamiento, buscando desesperadamente la hegemona parcial al interior de la frontera regional[95]. Obviamente este no es el campo social de los conflictos en tierras bajas con el CIDOB, tampoco en tierras altas con los conflictos suscitados en Caranavi y en Potos. En lo que respecta a la marcha indgena, la composicin social la definen las organizaciones indgenas de tierras bajas, aglutinadas en el CIDOB, incluyendo a las organizaciones que terminan distancindose de la marcha como la Asamblea del Pueblo Guaran (APG). Podemos incluir en esta composicin a las Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) que apoyan a las organizaciones indgenas de tierras bajas. Entre las organizaciones indgenas y las ONGs tenemos una red de tcnicos y asesores de las mismas organizaciones; tambin podemos incluir a medios populares e intelectuales que simpatizan con las causas indgenas. Trasladndonos a la zona subtropical de Caranavi el campo social es dibujado por organizaciones sindicales campesinas de los llamados colonizadores, que desde la aprobacin de la Constitucin se hacen llamar interculturales, juntas de vecinos de la ciudad intermedia, autoridades municipales, instituciones del lugar, medios de comunicacin locales, tambin tenemos que destacar la participacin de los representantes asamblestas de la provincia. En lo que respecta al conflicto regional de Potos, vale la pena acudir al anlisis que realiza Samuel Rosales, militante potosino del MAS; en el documento describe los contenidos y los actores de las reivindicaciones de Potos del siguiente modo: La movilizacin potosina tiene carcter reivindicativo y contenidos desarrollistas con participacin popular De esta movilizacin participan sectores populares como desocupados, amas de casa, organizaciones de pequeos empresarios, transportistas, magisterio entre otros[96]. Entre esos otros podemos incluir a las organizaciones del Comit Cvico de Potos (COMCIPO), tambin a la Gobernacin del departamento y a los representantes asamblestas, a los sindicatos mineros y a los cooperativistas, adems de medios de comunicacin regional e intelectuales potosinos. Empero en el espacio del campo social del conflicto potosino tambin debemos comprender a las organizaciones campesinas aglutinadas en la Federacin Campesina del Departamento de Potos, as mismo al Consejo de Marcas y Ayllus del Qullasuyu (CONAMAQ) que, dependiendo del momento de la temporalidad del conflicto, han actuado en contra de COMCIPO, ventilando una contradiccin entre ciudad y campo. En la extensin de este campo social hay que situar a una red de ONGs que trabajan en la regin, que tienen sus http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn95http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn96oficinas en la ciudad, empero muchas de ellas trabajan en las provincias, con los sindicatos y ayllus; tambin hay ONGs que trabajan con cooperativistas mineros. Como se puede ver los campos sociales son diferentes en la media luna y en tierras altas, en momentos distintos de dicotmicos conflictos. Esta constatacin nos muestra una situacin y un momento diferente del proceso de cambio y de la transicin. Se trata de demandas y reivindicaciones sectoriales, locales y regionales que tienen que ver con la aplicacin de la Constitucin, autonomas indgenas, el modelo econmico, particularmente con su caracterstica de modelo productivo, demandas que tienen que ver con la autonoma departamental. Se puede decir que la gente, las multitudes, las organizaciones, las localidades y las regiones han combatido, han apoyado, han votado varis veces, han resistido al embate de las oligarquas regionales, han marchado y sostenido el proceso constituyente, exigiendo la aprobacin de la Constitucin, han elegido apoyando el proceso; despus de una larga temporalidad de entrega y despliegue de voluntades ahora piden resultados inmediatos de cambio en sus condiciones de vida, respuestas y productos concretos de transformacin social, econmica, poltica y cultural. Todo esto lo hacen desde sus propias perspectivas sectoriales, locales regionales, desde discursos fragmentarios, todava sin concatenar un discurso poltico plurinacional comunitario. Hay que entender esta mutacin en las entraas mismas del proceso, es indispensable la participacin de la gente, los pueblos, las naciones, las sociedades, las poblaciones, los territorios en la conduccin del proceso en los trminos aprobados por la Constitucin como sistema de gobierno: la democracia participativa. Tiempo poltico y decadencia La revolucin boliviana se empequeeci y con ella sus hombres, sus proyectos, sus esperanzas. La poltica se realiza a base de concesiones, y entre estas y la derrota no hay ms que diferencias sutiles. Cundo se tom el desvo que condujo a la capitulacin? Previamente debiera interrogarse: los conductores estaban conscientes de que capitulaban, se dieron cuenta de que llegaron a aquel punto desde el que no hay retorno posible? Sergio Almaraz Paz: Rquiem para una Repblica. El tiempo de las cosas pequeas. Uno de los ms lcidos intelectuales bolivianos es indudablemente Sergio Almaraz Paz, sus libros, Petrleo en Bolivia, El poder y la cada, el estao en la historia de Bolivia, Rquiem para una Repblica, y otros ensayos, constituyen no slo un valioso aporte al anlisis de los grandes tpicos de la problemtica de un pas dependiente y de un Estado subordinado, sino tambin constituyen herramientas que hacen inteligible la realidad econmica y poltica, los procesos inherentes, los campos de fuerza subyacentes y los intereses puestos en juego. Almaraz forma parte de un eje intelectual y crtico de la episteme boliviana, conformada por intelectuales preocupados por la defensa de los recursos naturales, la soberana, la historia efectiva del poder y las manifestaciones concretas de la economa, preocupados por la comprensin especfica y el conocimiento concreto de las formaciones histricos sociales abigarradas, preocupados por entender las especficas estructuras de poder que se despliega la poltica nacional. En esta lnea podemos citar a Carlos Montenegro, Sergio Almaraz Paz, Ren Zavaleta mercado y Marcelo Quiroga Santa Cruz. Sus reflexiones, anlisis e investigaciones corresponden a una poca en que est en juego la soberana del Estado-nacin. Su crtica emerge como fuerza histrica de un pensamiento propio, una fuerza del entendimiento irradiante de las complejas realidades de las periferias de la economa-mundo capitalista. Su pensamiento tiene por objeto la crtica a una formacin discursiva colonial, oligrquica, enajenante y alienante, seducida por los abalorios de la dependencia. El discurso de estos pensadores de la cuestin nacional es denunciativa y militante, comprometida y muchas veces solitaria. Pelean como naves intrpidas que cursan el ocano de las formaciones enunciativas, como nmadas o viajeros en el desierto de la desterritorializacin capitalista, enfrentndose a las fuerzas hegemnicas, aparentemente aplastantes y demoledoras; sin embargo, se trata de decursos intelectuales intrpidos que logran surcar los ocanos, los desiertos y los bosques de las ideologas dominantes, legitimadoras de las estructuras de poder. Lo que ahora interesa del anlisis de Almaraz es la evaluacin que hace de la Revolucin Nacional de 1952, que dur hasta el 4 de noviembre de 1964, cuando un golpe militar interrumpe el problemtico proceso nacionalista revolucionario. En Rquiem para una Repblica escribe sobre la Psicologa de la vieja rosca, poniendo en evidencia los prejuicios de la oligarqua, su racismo enconado, su desprecio por el pas, del que sin embargo viven y se enriquecen; tambin escribe un brillante anlisis del ltimo periodo de la revolucin, su fase que podemos llamar decadente, se trata de un ensayo que intitula sugerentemente El tiempo de las cosas pequeas. El anlisis es minucioso, detallista, persigue seguir los ritmos de los hechos, de los acontecimientos, de las polticas y de las decisiones polticas, trabaja la forma de la degradacin, de la corrosin y el retroceso de la revolucin. sta fue retrocediendo poco a poco, peleando aqu, cediendo all, sin dejar de hacer el clculo puntilloso de dnde se poda resistir y dnde se poda resignarse. Empero este mtodo de guerra de posiciones, un tanto ambiguo e irreversible, tendi una trampa; se trat de defender la minera a costa de entregar el petrleo a los norteamericanos, se defendi al Banco Minero ante la exigencia de reorganizacin impuesta por la institucin financiera, tratando de proteger a los pequeos productores mineros, empero ya se haba entregado la direccin tcnica de COMIBOL a ingenieros norteamericanos, se resisti hasta el ltimo una intervencin militar a las minas, exigida por la embajada estadounidense, sin embarg llego de todas maneras el enfrentamiento de Sora Sora. Mediante este procedimiento del paso a paso, no se dieron cuenta los movimientistas cuando se pasaron al otro lado de la vereda. La confusin fue tal que en la abrumadora mutacin poltica, los nacionalistas se vieron enfrentados al pueblo que hizo la revolucin. Es este proceso sinuoso el que debe ser entendido y analizado; como dice Albert Camus: lo difcil en efecto es asistir a los extravos de una revolucin sin perder la fe en la necesidad de sta. Para sacar de la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias, es preciso sufrir con ellas, no alegrarse de esta decadencia. Cmo se pas de una heroica insurreccin que destruy al ejrcito, llev raudamente a las milicias de obreros y campesinos a imponer la nacionalizacin de las minas y la reforma agraria, a la situacin calamitosa de noviembre de 1964 cuando oficiales de aviacin y del ejrcito acribillaban oficiosamente a los pocos milicianos que quedaron para defender lo que subsista de la revolucin de 1952? Este desenlace catastrfico le llevo a Almaraz a decir que en Laicacota se dispar sobre el cadver de una revolucin. Hay que evaluar las distintas etapas del proceso nacionalista, 1952-53, que corresponde al periodo del Cogobierno; 1953-56, que corresponde a la implementacin de las medidas y al reacomodo de las fuerzas integrantes del nacionalismo revolucionario; 1956-1960, periodo que corresponde al punto de inflexin y al comienzo de la curva descendente, periodo de regresin y de las grandes capitulaciones, como las del plan triangular; 1960-1964; tiempo de las cosas pequeas, periodo de la decadencia de la revolucin. Viendo la curva y la funcin del proceso, lo grave fue haber llegado al punto de inflexin cuando la curva ascendente se convierte en curva descendente. En ese momento se llega a un gobierno pragmtico que busca resolver el problema del desabastecimiento, el problema recursos financieros para COMIBOL, el problema de la estabilidad y de la gobernabilidad, de una manera tcnica. Es cuando se opta por un programa monetarista y por la asistencia tcnica a COMIBOL; prcticamente quedan atrs la figura compartida del Cogobierno, tambin se abandona la vigencia de la cogestin, es decir de la participacin de los obreros en el gobierno y en la gestin. A partir de ese momento la suerte est sellada, se abandonaron los postulados de la insurreccin de abril; se prefiri optar por un realismo poltico sin imaginacin, creyendo que de esta manera podamos atraer la inversin del capital financiero y sortear los obstculos del proceso poltico. Lo que vino despus corresponde a una sorda y minuciosa resistencia, que quera defender, mas bien simblicamente, pequeos detalles, poses de dignidad, en espacios y desenlaces perdidos. Se puede decir que la contrarrevolucin se incub en las propias entraas del proceso, en el propio gobierno, en el mismo partido, fortaleciendo al ejrcito que iba a ser el instrumento de la CIA para dar el golpe de noviembre, desarmando a las masas, a los milicianos, al pueblo de sus propias convicciones logradas durante la formacin de la concierna nacional, que nace en las trincheras de la Guerra del Chaco, de las propias certezas de la formacin de la conciencia social, que nacen de las luchas de los trabajadores y el proletariado minero. Lo que sustituye a estas grandes convicciones, a estas grandes narrativas, es un sentido comn de funcionarios atrapados en la coyuntura y en la vida cotidiana, en las tareas recurrentes, en las mesas de negociaciones, en el trmite molecular de las polticas pblicas y de las azarosas relaciones internacionales dominantes. Las grandes finalidades de la revolucin se perdieron, quedaron atrs, como parte de la memoria y de los actos heroicos. Lo que se tena delante era mas bien metas pequeas, mediocres, algunos pasos para adelante, otros pasos para atrs, decretos para darle forma a una micro-poltica paulatina, de intil resistencia, empero de efectiva capitulacin diferida. Parafraseando nuevamente a Camus, lo importante es asistir a los extravos de una revolucin, sacar de la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias; lo importante es aprender de la dinmica molecular de sus proceso, de la lgica inherente a su decurso, de sus fases sucesivas, de la concatenacin de los hechos y de las decisiones que se toman. Lo importante de estas lecciones es utilizar lo aprendido para evitar que vuelva a suceder lo mismo cuando se da la oportunidad de un nuevo proceso de transformacin. Los entretelones del poder: Teatro poltico, burocracia e industrializacin La puesta en escena se ha convertido en el procedimiento privilegiado por la accin poltica. La escenificacin del poder es el medio indispensable de la reproduccin del poder, de la transmisin de sus smbolos, de sus enunciados, de la figura desmesurada y jerrquica de la representacin del poder. La irradiacin de los medios de comunicacin de masa, su transversalidad y la ocupacin omnipresente de los espacios sociales, terminan deformando el sentido de las cosas, instaurando una realidad comunicacional sobre la propia realidad real, si se puede hablar as. Lo que importa es la escena, la escenificacin, el teatro, la representacin de lo que se suplanta, el referente perdido del mundo y de sus hechos. Lo que importa es la conformacin de lo pblico mediado por la publicidad, la propaganda, las noticias, pero sobre todo la exposicin meditica, el lenguaje de la imagen y la locucin. Las alegoras del poder son esclarecedoras, dignas de tomarse en cuenta; lo que transmite es la jerarqua, el orden, la ceremonia y la pleitesa de los mandos, la obediencia y subordinacin, y sobre todo dejar en claro que hay gobernantes y gobernados, protagonistas y espectadores. Los que hacen la historia y los observadores, quizs hasta vctimas, que se encuentran en el espacio gris de la expectacin y quizs tambin de la expectativa; porque no decir esperanza multitudinaria en encontrar algo en aquellos espectculos, un sentido de vida, una respuesta benevolente, una poltica social que le resuelva sus vidas. Esto pasa, pero lo que no podemos olvidar es que el teatro poltico forma parte de la reproduccin del poder como ceremonialidad del mismo. Su elocuencia y colorido es necesaria para que el pueblo sepa quienes gobiernan, quienes dirigen, quienes deciden por las multitudes que conforman el pueblo. La representacin del poder aparece rutilantemente durante las cortes del rey, reaparece acompaando las formas burocrticas durante las monarquas administrativas, se transforma en una escenificacin apabullante con la revolucin arquitectnica y comunicacional de las repblicas. El teatro poltico adquiere su densidad acondicionadora en la vertiginosidad de una modernidad trastrocadora y cambiante, donde lo que importa es la inflamacin de lo imaginario y la realidad virtual. Lo real ha terminado siendo suplantado. Otro componente condicionante de la reproduccin del poder, de las formas del poder, histricamente constituidas, es el aparato burocrtico, es la burocracia como sistema de funcionamiento administrativo y normativo. Las tareas recurrentes y la aplicacin de los procedimientos hacen a la rutina de una gestin pblica encaminada a mantener y conservar el Estado. La gestin pblica tiene como tarea la realizacin de las polticas pblicas, opera, ejecuta, pone en prctica, pero lo hace de una manera aparatosa, que termina difiriendo las acciones, dilatando los procesos, a travs de tantas mediaciones, convirtiendo al proceso de ejecucin en un crculo vicioso, donde el fin ya no parece ser lograr determinados resultados sino el proceso mismo de cumplimiento interminable de procedimientos. Franz Kafka retrata mejor que Max Weber este fenmeno de la administracin moderna. La burocracia, a pesar de lo que diga el socilogo, que dice que se conforma para lograr una eficiente administracin, se convierte en el aparatoso conjunto de procedimientos, de normas y reglas que logran eficientemente separar Estado de sociedad civil, el dualismo constitutivo del Estado moderno, convirtiendo a la sociedad poltica no slo en representante de la sociedad civil, sino en el espacio de especialistas que toman decisiones a nombre de la sociedad y del pueblo, aunque estas decisiones terminen afectando a la sociedad y al pueblo. Se produce una suerte de doble suplantacin, no slo de los representantes respecto de los representados, que ocurre de manera ms clara con los legisladores, sino de los que manejan la cosa pblica respecto a los pblicos, los pueblos, las sociedades y los usuarios. Estas suplantaciones adquieren formas paradjicas en los procesos revolucionarios cuando la dictadura del proletariado se convierte en la dictadura del partido sobre el proletariado, y la dictadura del partido en la dictadura de la nomenclatura. Tambin se repite en procesos recientes de transformacin cuando los funcionarios terminan suplantando a los movimientos sociales, la voluntad burocrtica termina suplantando la voluntad de los movimientos sociales. Decimos que estas situaciones son paradjicas porque se supone que las revoluciones y los procesos de transformacin deben establecer relaciones horizontales, participativas y colectivas de accin directa y de democracia comunitaria. Pero no ocurre esto sino que se reitera la renovada separacin y suplantacin de los funcionarios respecto a lo que debera ser la auto-organizacin, la autodeterminacin, la autonoma y el autogobierno, la capacidad y potenciamiento multiforme de la sociedad. Se produce un apoderamiento de los funcionarios de los mecanismos de conduccin del proceso de cambio. Por lo tanto podemos ver que la burocracia se convierte en un conjunto de mediaciones, procedimientos y normas de restauracin de las formas de poder liberales y coloniales, ancladas en las instituciones que perduran y no cambian, cristalizadas en los huesos y las mentalidades de los funcionarios, que siguen siendo los mismos. Un tercer componente condicionante de la reproduccin del poder es lo que llamaremos el imaginario de la industrializacin. A comienzos del siglo XX liberales y positivistas soaron con las rutas de ferrocarriles y las plantas industriales, para ellos se trataba de los smbolos del progreso y de las estructuras de la modernizacin. Ms tarde, a mediados del siglo XX, los nacionalistas apostaron por la sustitucin de importaciones a travs del proceso de industrializacin; se trataba de salir de la dependencia de la periferia respecto al centro de la economa-mundo capitalista. No se dieron cuenta que su obsesin industrialista era una manifestacin paradjica de la dependencia, de la dependencia imaginaria del paradigma de la revolucin industrial. Esto no quiere decir que no se tenga que industrializar en absoluto, sino que no puedes embaucarte en un paradigma industrialista. Los ingleses no necesitaron un paradigma industrialista, simplemente lo hicieron, construyeron industrias, transformando las condiciones de produccin y de acumulacin del capital. Lo que llama la atencin es que los industrialistas de la periferia, los nacionalistas de las dcadas de los cincuenta y sesenta, los industrialistas tardos de comienzos del siglo XXI, se mueven y se encuentran atrapados en un imaginario industrialista, se hallan enajenados en el paradigma de la revolucin industrial, convirtindolo en el nico proyecto poltico, obviando que esto no es ms que una manifestacin dramtica de la consciencia dependiente. Las tareas polticas y econmicas de la transformacin pueden asumir seriamente la implementacin de la transformacin productiva en el contexto de la revolucin tecnolgica y cientfica, tomando en cuenta la compleja articulacin entre modelo productivo, soberana econmica, soberana financiera, soberana tecnolgica y soberana alimentaria, adems de comprender el carcter estratgico de lograr los equilibrios de los ecosistemas. En este caso, la apuesta no es industrialista sino la construccin de una economa integral y complementaria con la participacin abierta de los sujetos y actores econmicos. La construccin transformadora de las polticas econmicas ahora debe ser participativa, la Constitucin define una planificacin integral y participativa, un presupuesto participativo, un rgimen econmico financiero autonmico. Esta perspectiva integral, participativa y complementaria no es industrialista, aunque tenga como componente la industrializacin estratgica, no est enajenada en el paradigma de la revolucin industrial sino que comprende el modelo productivo de una manera abierta y producente, es decir, con el objeto de afectar las relaciones de reproduccin, produciendo relaciones sociales alternativas, colectivas y comunitarias. Es aqu donde toma importancia la economa social y comunitaria, definida en la Constitucin. La economa integral, complementaria y participativa tiene como eje gravitante y estructurador a la economa comunitaria y a los emprendimientos sociales. Cuando nos encontramos con este tringulo imaginario e ideolgico de polticas pblicas y polticas econmicos, que se compone con los recursos delirantes del teatro poltico, la burocracia circulante y el imaginario industrialista, vemos que se recae en lo mismo de las liberales y coloniales formas de poder. No se necesita mucha imaginacin para volver a andar por estos caminos recorridos, tampoco se requiere creatividad y menos implican transformaciones institucionales, econmicas, polticas y culturales. Este tringulo de la reproduccin del poder moderno es la poltica, la metodologa y la ideologa de la restauracin. Genealoga del racismo Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar compartieron una serie de ensayos sobre los tpicos del mbito de relaciones entre raza, nacin y clase, ensayos que se agruparon en un libro que lleva el ttulo que hace a la conjuncin de esos conceptos, raza, nacin y clase[97]. En el libro se trabajan ensayos que tratan de responder a preguntas, hiptesis y problemticas sobre el mbito saturado de relaciones cambiantes, de acuerdo a los contextos histricos, entre los conceptos en cuestin. Una pregunta es: Existe el neo-racismo? Otra cuestin es las relaciones entre universalismo, racismo y sexismo, entendidas como tensiones ideolgicas del capitalismo. Otro problema tratado es la relacin entre racismo y nacionalismo. Tambin se trabaja histricamente la construccin de los pueblos, desde la relacin entre racismo, nacionalismo y etnicidad. En la contingencia de la discusin, se analiza la forma nacin, desde la perspectiva de su historia e ideologa. De una manera ms concreta se evala la unidad domstica y la formacin de la fuerza de trabajo en la economa-mundo capitalista. As mismo el conflicto de clases en la economa-mundo capitalista. Retomando la mirada terica, se retoma la discusin de la relacin de Marx y la historia, esta vez trabajada desde la problemtica de la polarizacin. Otro tema terico recuperado de las polmicas es la formacin de la burguesa, su concepto y realidad. Tambin se plantean transformaciones en las mismas condiciones de la controversia, se dan lugar mutaciones en el tiempo social y poltico, como cuando aparece la pregunta de si pasamos de la lucha de clases a la lucha sin clases? Tambin hay trabajos que retoman investigaciones empricas, ms descriptivas, para abordarlas en el anlisis terico; el tema es el conflicto social en frica negra independiente4, analizado desde el nuevo examen de los conceptos de raza y grupos de status. En el conjunto de los ensayos, aparece uno sugerente sobre el racismo de clase, otro sobre la problemtica del racismo y su vinculacin con la crisis. Estos son los ensayos que comparten y conforman un libro rico en la polmica, la actualidad y la reflexin sobre los temas candentes puestos en mesa. Retomando los ensayos, optamos por concentrarnos en una perspectiva del abordaje; cmo de alguna manera trabajamos con las temticas afrontadas por Immanuel Wallerstein[98]. Ahora lo haremos con los ensayos trabajados por Etienne Balibar. Dos son las preguntas que se hace Etienne Balibar: Cul es la especificidad del racismo contemporneo?, y cmo puede relacionarse con la divisin de clases en el capitalismo y con las contradicciones del Estado-nacin? Se trabaja el mbito saturado de relaciones entre raza, nacin y clase, y a la zaga, por abajo o por encima tribus, etnias, pueblos, estados, grupos, comunidades, clanes, castas, capas, segmentos y las gentes. A la pregunta de si existe un neoracismo?, contesta: De hecho, no hay racismo sin teoras. Sera completamente intil preguntarse si las teoras racistas proceden de las lites o de las masas, de las clases dominantes o de las clases dominadas. Por el contrario, es evidente que estn racionalizadas por los intelectuales[99]. Empero, tambin dice que, la propia categora de masa (o de popular) no es neutra, est en comunicacin directa con la lgica de naturalizacin y de racializacin de lo social[100]. La hiptesis es http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn97http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn98http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn99http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn100que, contemporneamente, se avanza hacia un racismo diferencial, que consiste paradjicamente en incorporar en su seno al antirracismo e incluso al humanismo De qu se trata? Etienne Balibar dice que se produce una desestabilizacin de las defensas del antirracismo tradicional, en la medida en que su argumentacin viene a contrapelo e incluso se vuelve contra l (lo que Taguieff llama oportunamente el efecto de retorsin del racismo diferencialista). Se acepta inmediatamente que las razas no constituyen unidades biolgicas delimitables; que, de hecho, no hay razas humanas. Tambin se puede aceptar que el comportamiento de los individuos y sus aptitudes no se explican a travs de la sangre o incluso de los genes, sino por su pertenencia a culturas histricas[101]. Qu es lo que ocurre en el paso del racismo tradicional al racismo diferencial contemporneo? De hecho asistimos a un desplazamiento general de la problemtica. De la teora de razas o de la lucha de razas en la historia humana, tanto si se asienta sobre bases biolgicas como psicolgicas, pasamos a una teora de las relaciones tnicas (o de racerelations) en la sociedad, que naturaliza, no la pertenencia racial, sino el comportamiento racista. El racismo diferencialista es desde el punto de vistas lgico, un meta-racismo o lo que podramos llamar un racismo de segunda categora, que se presenta como si hubiera aprendido del conflicto entre racismo y antirracismo, como una teora polticamente operativa, de las causas de la agresividad social[102]. Por lo tanto, se puede concluir que la idea de un racismo sin raza no es tan revolucionario como se pudiera imaginar, el racismo se solapa, se mimetiza en el desplazamiento de una clasificacin diferencial, esmerada en el detalle de la diferencia cultural. Se trata de un paso de la teora de razas a un racismo diferenciador, que no es otra cosa que el paso de un racismo, centrado en la distincin biolgica, a un racismo, centrado en la distincin cultural. Etienne Balibar tambin trabaja la relacin entre racismo y nacionalismo. Dice que parte de los historiadores argumentan que el racismo se desprende y desarrollo en el campo del nacionalismo, campo omnipresente en la modernidad. De este modo, el nacionalismo sera, si no lo nica causa del racismo, en cualquier caso la condicin determinante para su aparicin[103]. Dicho de otro modo, las explicaciones econmicas o psicolgicas slo seran pertinentes en la medida que iluminaran presupuestos o efectos provocados por el nacionalismo[104]. Esta interpretacin confirma que el racismo no tiene nada que ver con la existencia de razas biolgicamente objetivas, dejando de lado el equvoco de las explicaciones culturalistas, que, de una y otra manera, tienden a convertir el racismo en una especie de elemento invariable de la naturaleza humana[105]. Sin embargo, no hay que creer que se establece una relacin causal entre nacionalismo y racismo; la interpretacin no implica que el racismo sea una consecuencia inevitable del nacionalismo, tampoco que el nacionalismo sea histricamente imposible sin la existencia del racismo abierto o latente. En este contexto de la discusin hay que distinguir el racismo como discurso terico y el racismo como fenmeno de masa, aunque ambos fenmenos se hallen conectados y se retroalimenten. Segn el autor tenemos tres modelos de racismo heredados del pasado: el antisemitismo nazi, la segregacin de los afroamericanos en Estados Unidos, percibida como una larga secuela de esclavitud, y el racismo imperialista de las conquistas y dominaciones coloniales. La reflexin terica sobre estos modelos heredados ha producido una serie de diferenciaciones analticas, ligadas a la defensa de la democracia, de los derechos humanos y de los derechos civiles; tambin la liberacin nacional ha producido una serie de diferenciaciones, vinculada a la bsqueda de las causas de los efectos de la racializacin imperialista y colonial. La primera diferenciacin tiene que ver con la http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn101http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn102http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn103http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn104http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn105distincin entre racismo terico, doctrinal, y racismo espontneo, lo que tiene que ver propiamente con el prejuicio. Tambin nos encontramos con la diferenciacin entre un racismo interior, contra la poblacin considerada minoritaria, y un racismo exterior, que es una forma extrema de xenofobia. Tambin podemos caracterizar a determinadas posiciones como autorreferenciales, que tienen que ver con los portadores de los prejuicios, quienes ejercen la violencia fsica o simblica, en contra posicin de un racismo heterorreferencial, en el que se asimila a las vctimas del racismo. El anlisis poltico diferencia tambin entre un racismo institucional y un racismo sociolgico. De alguna manera esta distincin se yuxtapone a la diferencia entre un racismo terico y un racismo espontneo. Esto podemos explicar del siguiente modo: de todas maneras siempre hay recurrencia a alguna doctrina para justificar el ejercicio del racismo, esto pasa efectivamente cuando median instituciones que segregan; la situacin mencionada se distingue de lo que llamamos racismo sociolgico, que supone una dimensin dinmica que va ms all de los prejuicios propiamente dichos, enfocndose en los problemas que plantean los movimientos colectivos de carcter racista. Sin embargo no podemos olvidar que todo racismo histrico es al mismo tiempo institucional y sociolgico[106]. Tambin se puede dar una combinacin de modelos de racismo que terminan desarrollando otras formas de racismo; desde esta perspectiva podemos distinguir entre un racismo de exterminio, excluyente, de un racismo de opresin, incluyente[107]. Contemplando este mapa conceptual de diferenciaciones relativas a las formas de racismo, Etienne Balibar concluye que: Estas distinciones no sirven tanto para clasificar tipos de comportamiento o de estructuras idealmente puros como para identificar trayectorias histricas. Su pertinencia relativa nos conduce a la sensata conclusin de que no existe un racismo invariable, sino unos racismos que forman un espectro abierto de situaciones[108]. Al mismo tiempo el autor advierte que: una configuracin racista determinada no tiene fronteras fijas, es un momento de evolucin que sus potencialidades latentes y tambin las circunstancias histricas, las relaciones de fuerza en la formacin social, se desplazaran a lo largo del espectro de los racismos posibles[109]. Lo anterior nos sirve como para tener una mirada dinmica y en desplazamiento, que pueda seguir la mutacin, la transformacin y la transvaloracin de las formas diferenciales de racismo. Hay que tener en cuenta, como dice Balibar, que el racismo es en s mismo una historia singular, con sus puntos de retroceso, sus fases subterrneas, y sus explosiones[110]. La genealoga del racismo en Bolivia ciertamente no se ha detenido en el modelo imperialista y colonial; se ha desplegado desprendindose y convirtindose en un colonialismo interno, convirtiendo a las mayoras poblacionales en minoras polticas y a estas minoras en materia de un racismo interno, que puede ser tomado tambin como opresivo. A lo largo de la historia republicana se ha desplegado tambin un racismo institucional, que se diferencia de las propias dinmicas de las prcticas racistas de la gente. La historia del racismo en Bolivia no se ha detenido en los aspectos y caractersticas de un racismo biolgico, centrado en las caractersticas y clasificaciones somticas; ciertamente se ha avanzado a las formas del racismo cultural, con todas las distinciones y diferenciaciones relativas a los comportamientos, conductas y aptitudes ledas por estas formas de racismo. Las formas del racismo no slo son diversas, sino que han mutado, en la medida que se han vivido distintos proyectos de modernizacin, conducidas por las distintas reformas estatales, borbnicas, liberales, nacionalistas y neoliberales. Un racismo demarcador, que estableci el dualismo entre dos sociedades histricamente distintas, la hispnica y la indgena, queda como modelo, como matriz, de las otras formas de racismo que han de venir sedimentndose; racismo http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn106http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn107http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn108http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn109http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn110incluyente y domesticador, que busca normalizar a la poblacin, arraigada a sus costumbres, persiguiendo a travs de la reforma educativa condicionar e incorporar otros comportamientos, adecuados a la sociedad que pretende ser moderna. El nacionalismo, en cambio, ha de buscar a travs del proyecto de mestizacin, subsumir la herencia nativa a una sntesis biolgica y cultural. Es otro proyecto de modernizacin, mas bien incluyente. Podemos considerar al nacionalismo como movimiento que despliega mecanismos institucionales, polticos y legislativos, de inclusin nacional, mediante procedimientos democrticos, de construccin de la individuacin a travs de la reforma agraria y la reforma educativa. La ideologa del nacionalismo revolucionario se puede considerar, desde la evaluacin de la genealoga del racismo en Bolivia, como una dialctica racista, que sintetiza las razas en el proyecto poltico, social y cultural del nacionalismo, es decir el mestizaje. En este proyecto desaparece del discurso la clasificacin racial, como ocurra y ocurre en el discurso de la oligarqua minero-latifundista, empero, como dijimos ms arriba no abandona el campo del racismo, sino que desarrolla un racismo sin razas, un racismo de clasificacin culturalista y sociolgica, encaminada a la incorporacin, a la inclusin, de lo indgena al proyecto nacional de capitalismo de Estado. Los discursos socialistas no dejan el campo extenso y dilatado del racismo; en la medida que exigen un proyecto de modernizacin, por la va del modelo occidental obrerista, descalifican los proyectos alternativos propios de las sociedades, pueblos y naciones indgenas. La discusin actual entre comunitaristas y socialistas ilustra fehacientemente sobre esta situacin. El discurso neoliberal va tratar de implementar polticas pblicas bilinges y multiculturales, en la perspectiva tambin de la incorporacin a un proceso que raya en el multiculturalismo liberal, sin lograr desplazarse del todo a este nuevo terreno. De lo que se trataba es de subordinar la pluralidad cultural y lingstica a las leyes del mercado. La tercera reforma educativa y la ley de participacin popular se encaminaron en esta direccin. Ahora bien, recorriendo estos decursos y temporalidades heterogneas de la genealoga del racismo en Bolivia, analizando el presente a travs de una mirada retrospectiva del pasado, debemos preguntarnos si bajo las condiciones del Estado plurinacional comunitario y autonmico se termina saliendo del campo extenso y dilatado del racimo. Esta pregunta es crucial sobre todo para evaluar los alcances del proceso de descolonizacin. Volviendo al libro de Raza, nacin y clase, de Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar, vemos que se dan yuxtaposiciones, intersecciones, cruces y entrelazamientos complejos entre nacionalismos y racismos, en un contexto altamente diferenciado de condicionamientos e isomorfismos mutuos. La comunidad imaginada de la nacin ha buscado borrar la condicin plurinacional de una formacin histrico social abigarrada y barroca, conformada sobre la matriz de los pueblos indgenas. El pasar a la condicin plurinacional del Estado, de otra forma de Estado, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del colonialismo interno y de la colonialidad; el pasar a la condicin comunitaria del Estado, parece apuntar a salir de los espacios de atraccin de los racismos sociolgicos; el pasar a la condicin de un pluralismo autonmico, que contiene a la autonoma indgena, con su autogobierno, libre determinacin, gestiones propias y normas y procedimientos propias, parece apuntar a escapar del campo gravitacional del racismo institucional. Ser posible? Esto depende de la profundidad y de los alcances de las transformaciones estructurales, institucionales, econmicas, sociales, polticas y culturales que se den en la transicin del proceso de cambio, depende de los actos fundacionales del nuevo Estado. En la medida que el Estado plurinacional quede atrapado en una retrica discursiva que no es acompaada por transformaciones institucionales y la revolucin cultural, que reitere la forma del Estado-nacin, seguramente el proceso se ha de mantenerse en el campo gravitacional reciclado del colonialismo y del campo gravitacional del racismo diferencial. Lo mismo pasa con la condicin comunitaria del Estado y la condicin autonmica del Estado. Si no se da una construccin efectiva del nuevo mapa institucional, en el sentido del pluralismo institucional, administrativo, normativo, econmicos, social, cultural y lingstico, seguramente nos mantendremos en las formas de un racismo inclusivo, de un racismo cultural y de un racismo sociolgico. En la medida que no demos cabida a la participacin abierta de las distintas formas autonmicas, seguramente nos mantendremos en un racismo perdurable institucional y centralista. Algo parecido y dramtico pasa con el nuevo modelo econmico; en la medida que no se abran espacios de realizacin efectivos a los emprendimientos sociales alternativos y a la economa comunitaria, no saldremos de lo que llamaremos un racismo diferencial econmico. Las tareas de la descolonizacin tienen que concentrarse en estos aspectos complejos y diferenciales de las formas econmicas subsumidas y articuladas a la econmica-mundo capitalista. La descolonizacin no puede ser solamente un discurso retrico y de catarsis, pues este estallido emocional no resuelve los problemas materiales de la descolonizacin, tampoco los problemas subjetivos de la descolonizacin, menos los problemas epistemolgicos de la descolonizacin. Una nota necesaria sobre descolonizacin Ciertamente la problemtica de este ensayo trata de la poltica, en sentido moderno, tiene como tarea responder a la pregunta qu es la poltica despus de la experiencia de los movimientos sociales antisistmicos contemporneos y los movimientos indgenas, sobre todo teniendo las experiencias de Sudamrica, la boliviana, la ecuatoriana y a venezolana, respondiendo tambin a la pregunta implcita de qu es el poder en estas latitudes, cmo funciona, cul es la lgica y la forma de las estructuras y relaciones de poder, adems de qu es el Estado, por qu no puede desmantelarse y por qu se traga a los gobiernos progresistas, contrastando con los alcances y los horizontes que abren los movimientos sociales antisistmicos, con vocacin autogestionaria, con capacidad de autoconvocatoria y autogobierno. La tesis de este ensayo supone que la poltica, en sentido moderno, en la periferia del sistema-mundo capitalista nace con las luchas anticoloniales. Se constituyen sujetos polticos en la experiencia de las resistencias a la dominacin colonial, durante las crisis coloniales, abriendo el espacio histrico de las emancipaciones de las estructuras coloniales y diagramas de poder colonial. Estas luchas se hacen evidentes a lo largo del siglo XVIII, en cuanto guerra indgena anticolonial en la regin pan-andina; esta guerra anticolonial es retomada por los criollos y los mestizos del continente en guerra por la independencia con un contenido liberal y en los cdigos republicanos. En el intervalo la revolucin francesa hace emerger el contenido social de la revolucin poltica, planteando de manera universal los derechos del hombre. El iluminismo y la ilustracin asociados a las ideologas que acompaan a la convulsin poltica y discursiva de la revolucin se irradian y es retomado tanto por los insurrectos afros, esclavizados por el descomunal capitalismo en expansin, como por los criollos y mestizos americanos. La poltica adquiere las dimensiones de las transformaciones sociales, incluyendo la conquista de los derechos civiles y polticos, sin dejar su matriz anticolonial. Esto condiciona la experiencia y el ejercicio poltico en las periferias pero tambin abre la posibilidad de la conexin de las luchas emancipatorias entre el centro y en las periferias, entre el norte y el sur, del sistema-mundo capitalista. Ante la crisis estructural del capitalismo, ante la crisis civilizatoria de la modernidad, ante la crisis ecolgica, no se puede sino pensar en una articulacin integral y global de las luchas anticapitalistas. Tambin es importante comprender que en las periferias se cuentan con densos contingentes demogrficos urbanos, directamente afectados por las condicionantes de la modernidad, aunque esta sea una modernidad barroca o abigarrada. Esta situacin exige construir alternativas de transicin integrales, diferenciales y complementarias. Esta es la razn por la que se requiere una discusin integral entre descolonizacin, crisis del capitalismo y crtica de la modernidad. Este el contexto histrico del presente en el que se mueve nuestro debate sobre las experiencias polticas. Estas condiciones histricas van a ser retomadas en la reflexin y anlisis de la poltica a partir de las experiencias mencionadas, los discursos polticos emancipatorios y de lucha, adems de considerar las reflexiones tericas sobre la poltica. Antes de comenzar queremos dejar en claro nuestra posicin sobre la tarea primordial de la descolonizacin. En tanto el mundo contemporneo ha sido construido por la expansin capitalista, a partir del procedimiento violento de la colonizacin, las emancipaciones de las dominaciones polimorfas capitalistas y modernas pasan necesariamente por la descolonizacin. No cabe duda que esta es la tarea fundamental de la poltica contempornea. Entendemos por descolonizacin la deconstruccin y la destruccin de los mecanismos de dominacin heredados de la colonia, basados en la geopoltica de la racializacin, de la subordinacin, el sometimiento y el despojamiento de territorios y recursos natrales. La colonizacin y la colonialidad implican colonialismos internos, modulacin de los cuerpos, internalizacin del poder en los sujetos, fragmentacin de los imaginarios y subordinacin a la comunicacin meditica. La descolonizacin exige una subversin mltiple contra modernidad y el capitalismo, para eso se requiere una deconstruccin y destruccin de la modernidad, de sus mitos, relaciones y estructuras. Esto exige una crtica demoledora de la modernidad, por eso mismo un conocimiento de sus lgicas, de sus funcionamientos, de sus irradiaciones, sobre todo de sus formas de totalizacin y universalizacin. Estas tareas deconstructivas no se pueden efectuar adecuadamente si se da una actitud de reclusin local, buscando un refugio en la exaltacin propia de lo local, tampoco si se persigue una desconexin absoluta con el debate sobre la crisis de la modernidad. Decimos esto porque en el presente emergen movimientos populares de descolonizacin, entonces la crtica deja de ser meramente terica y adquiere caractersticas polticas, es decir de accin multitudinaria. Se da entonces un escenario de luchas descolonizadoras contemporneas. El desemboque de la accin exige la revisin de los discursos de la descolonizacin, sobre todo de los discursos tericos. Al respecto podemos identificar tres tendencias sugerentes, en todo un panorama de variaciones discursivas ms o menos locales; estas tendencias han aportado al debate de-colonial y postcolonial, sin embargo, a la luz de las experiencias de la movilizacin, incluso de gobiernos que cuentan con constituciones que se reclaman descolonizadoras, estas tendencias descolonizadoras tericas puede convertirse en posicionamientos limitativos de la lucha descolonizadora. Una de estas tendencias tiene que ver la invencin de un localismo puro, no contaminado, como si la modernidad no la hubiera atravesado. La otra tiene que ver con el retiro del debate sobre la modernidad, en algunos casos, tambin el retiro de las discusiones sobre la crisis del capitalismo, pretendiendo la fundacin de otro saber y otra epistemologa sobre las bases del olvido del presente. A lo mucho que ha llegado esta tendencia es a ofrecernos una versin racionalista de la teologa de la liberacin. Una tercera tendencia tiene que ver con el desplazamiento de la reflexin crtica hacia los proyectos diseados en encuentros alternativos regionales. Hay una riqueza propositiva y una apertura epistemolgica a pensar desde el sur en este trabajo descolonizador; sin embargo, su irradiacin y repercusin no ha trascendido de las organizaciones, academias y dirigencias vinculada a los foros sociales; no se ha logrado afectar el mbito de las costumbres y los habitus, de las prcticas y de las relaciones. Una cuarta tendencia tiene que ver con el mbito acadmico, en el cual se ha logrado abrir un espacio sobre los estudios poscoloniales; estas investigaciones han permitido recuperar las problemticas identitarias de las sociedades poscoloniales y la pervivencia de relaciones coloniales; tambin su bsqueda de saberes testimoniales han ayudado a hacer otras lecturas de la realidad social, incorporando la voz y el comportamiento de sujetos afectados y en lucha por sus derechos. Lo complicado de estos estudios es que se quiere construir un conocimiento de la colonialidad desentendindose de la modernidad y el capitalismo, lo que contrae limitaciones en el develamiento de la problemtica. Sin desmerecer los aportes que pueden haberse dado en estas expresiones crticas descolonizadoras, creemos que son todava incompletas y limitativas para la accin poltica, pues conducen a una suerte de desarme frente a la conflagracin con la herencia colonial y de las formas de colonialidad, frente a las propias condicionantes, mutaciones y transformaciones de la modernidad. Resulta difcil admitir que las interpretaciones de un localismo puro, de la teologa de la liberacin, de los desplazamientos investigativos y conceptuales regionales hacia una perspectiva desde el sur, as como los aportes hacia una epistemologa propia, adems de la investigaciones acadmicas que se concentran el fenmeno de la colonialidad como si fuese un fenmeno nico, independiente de la modernidad y el capitalismo, sean la ultima palabra ni abarquen toda la complejidad concomitante entre colonialidad, modernidad y capitalismo. La apertura a un horizonte epistemolgico emancipado de la modernidad, de la colonialidad y del capitalismo, va ser un producto colectivo y de mltiples acontecimientos liberadores. Los aportes intelectuales son eso, aportes a una discusin necesaria. Lo que importa en todo caso es retomar el debate abierto por estas tendencias descolonizadoras en el contexto del debate abierto contra la modernidad y el capitalismo. Es importante no perder de vista no solo la perspectiva anticapitalista y de crtica de la modernidad, sino tambin abordar la crtica desde las experiencias de la interculturalidad y de las modernidades heterogneas. Al respecto la corriente de la subalternidad hind ensean un abordaje de consecuencias polticas, aportando con saberes de contraculturas y contra-hegemonas de las resistencias heterogneas de sujetos sociales atravesados por la modernidad mltiple, resistiendo a las formas de dominacin. Esto se lo hace tocando los nudos problemticos de la subalternidad, las dominaciones polimorfas y las modernidades abigarradas. Por otra parte es urgente actualizar la discusin comprendiendo el aporte y los desplazamientos que producen los movimientos sociales antisistmicos y los movimientos indgenas recientes. En Bolivia, el gran tema transversal a la Constitucin es la voluntad y la tarea de descolonizacin. Qu se entiende por descolonizacin? Literalmente significa desandar el camino de la colonizacin y de la colonialidad, des-construir lo que ha conformado el colonialismo y la colonialidad, por lo tanto emanciparse de las relaciones y estructuras de dominacin colonial. El camino de la descolonizacin parece ser largo, pasa por varias etapas; adems la colonialidad sobrevive y continua incluso despus de la independencia. La interpelacin indgena a los Estado-nacin y a las sociedades nacionales devela la subsistencia de complejas relaciones coloniales, cristalizadas en las mismas instituciones nacionales. Las repblicas desconoceran los derechos de las naciones y pueblos indgenas. Estos derechos han sido logrados despus de una larga lucha en los organismos internacionales y en el espacio nacional, como el dado en los procesos constituyentes. Ahora se trata de institucionalizar estos derechos, de convertirlos en ley, en prctica, en hbitos y en habitus. Esto requiere transformaciones institucionales, construir el pluralismo institucional que sostenga la propia construccin del Estado plurinacional comunitario y autonmico, que es el camino de transicin optado por la Constitucin y el recorrido descolonizador diseado por este instrumento matriz de las normas, las leyes y las instituciones del nuevo Estado. La descolonizacin tambin significa una lucha anticapitalista, pues la colonizacin se explica como procedimiento violento de la expansin capitalista. Colonizacin y capitalismo forman parte del mismo proceso de conformacin del sistema-mundo capitalista y de la geopoltica de dominacin mundial. Una lucha anticolonial tiene que ser consecuentemente anticapitalista y una lucha anticapitalista tiene que ser consecuentemente anticolonial. No se pueden separar estas luchas ni estos conceptos, forman parte de lo que se conoce mundialmente como modernidad. Por lo tanto la descolonizacin significa tambin una crtica de la modernidad y una orientacin civilizatoria que atraviese la modernidad y abra un horizonte ms all de la modernidad misma. De etnocentrismo y particularismos Ninguna cultura es pluralista, todas son etno-cntricas. Salvo si se considera la pretensin universal de lo que podemos llamar la cultura moderna, que mas bien es una ideologa universal; empero, no lo es por el lado plural, sino negando, mas bien la pluralidad, pretendiendo neutralidad cientfica, generalizable. A no ser que se considere el multiculturalismo liberal, que es un desplazamiento reciente de la modernidad. Puede haber una cultura que sea pluralista? Dependiendo de lo que se entienda por pluralismo; si se entiende pensamiento pluralista, entonces puede que la perspectiva de algunas formas de pensamiento se haya organizado a partir del reconocimiento de la pluralidad del acontecimiento, en contraste de otras formas de pensamiento que han privilegiado la unidad, la totalidad, la analoga, de la realidad. Entonces, en este caso podramos hablar de un pensamiento pluralista. Empero como cultura, en tanto sistema de smbolos, lengua, identidad, costumbres, la cultura de referencia no es pluralista. El pensamiento pluralista se ha opuesto al pensamiento universalista, moderno y colonial, develando la insostenibilidad de su pretensiosa universalidad. Ahora bien, por ser emitido este pensamiento pluralista desde una lengua, sobre todo desde el lenguaje terico, es colonialista? No se puede decir que la teora es per se colonialista; toda teora tendra que serlo, incluso la teora que critica y se opone al colonialismo. Este tipo de posiciones se coloca en el lugar de la in-decibilidad; no se puede decir nada. No se puede hablar de la alteridad, de la diferencia; slo se tiene que hablar de uno mismo y de la propia cultura, en la propia lengua. Esta posicin olvida que la teora es mirada, percepcin; entonces, interpretacin descriptiva y explicativa. La teora crtica desmonta el referente de la crtica a partir de sus condiciones de posibilidad histrica; tambin devela las relaciones de dominacin inherentes. Quin efecta la crtica? Hay un sujeto privilegiado para emitir la crtica? l, la, que sufre? Esta crtica la tienen que hacer slo los y las vctimas? Quines son materia de poder? El proletariado, en el caso del capitalismo, los y las colonizadas, en el caso del colonialismo y la colonialidad. Bueno esto se puede entender de varias maneras, quin no es proletario, fuera de la burguesa, o quin no est destinado a serlo desde la perspectiva de la acumulacin del capital, la tendencia al monopolio y la concentracin? Quin no es colonizado, fuera de la minoritaria casta que controla y dirige la dominacin colonial? Quin puede decir soy el nico colonizado, soy el centro de la descarga de la violencia colonial, los dems no tienen derecho a hablar de la colonizacin ni de la colonialidad? El colonialismo ha afectado a las tres cuartas partes de la geografa terrestre, a ms de las tres cuartas partes de la poblacin, arrastrando a territorios y poblaciones enteras al torbellino del capitalismo. Obviamente que estamos ante una inmensa mayora de afectados por las historias coloniales. Una mayora de mltiples lenguas y culturas, trastrocadas por la modernidad, el capitalismo y la colonialidad. Ninguna singularidad de los afectados por el colonialismo y la colonialidad podra reclamar la condicin privilegiada de ser la nica vctima o, si se quiere, la ms sufriente de las vctimas, pues se comparte esta condicin con muchos y muchas, de distintas lenguas y culturas. No hay pues una nica lengua desde la que se podra hablar mejor contra el colonialismo y la colonialidad. Desde todas las lenguas y culturas se podra hacerlo. Para efectuar esta crtica y denuncia se requiere estar en contra de las dominaciones polimorfas del capitalismo y la colonialidad. As como se puede hacer esto, tambin desde cualquier lengua y cultura se puede pretender justificar y legitimar las dominaciones, el capitalismo y la colonialidad; para que ocurra esto basta estar de acuerdo con las estructuras de dominacin. Esto puede pasar incluso con los y las ms miserables, con los ms dolorosamente afectados por la violencia colonial y la explotacin capitalista. El poder se cristaliza en los huesos, se inscribe en los cuerpos, induce comportamientos de sumisin y subalternidad, formas de consciencia esclava. No es sostenible el discurso del buen salvaje, tampoco del puro, del no contaminado, indgena. Este es el supuesto de la excepcionalidad, supuesto complementario, de la excepcionalidad blanca. Este tipo de posiciones inmoviliza, debilita, la lucha poltica. Un pretendido fundamentalismo lleva al ms desolado localismo, al ms desamparado particularismo, inexistentes efectivamente, pues son productos de la imaginacin. Ahora bien, si el planteamiento es otro; si se dice que nadie puede ocupar el lugar del otro, nadie puede hablar por el otro, entonces el asunto es distinto. La usurpacin del otro, de la otra, es una relacin de dominacin. Pero, dnde y cundo pasa esto? Cuando se representa, precisamente en los lugares y espacios donde se efecta la representacin. Entre esos lugares, es el Estado la institucin de mayor usurpacin. La teora crtica puede caer en esta sustitucin? La teora crtica emite un discurso que pretende ser el discurso del otro, de la otra? No, por lo menos en lo que respecta a la funcin terica. Puede ocurrir, debido al uso que se haga de la teora, buscando precisamente sustituir la expresin del otro, de la otra, de la alteridad. El papel de la teora es hacer teora, valga la redundancia. Figurar, configurar, refigurar, interpretar, analizar, explicar. La teora no sustituye a la materia de interpretacin, sino que busca explicar su condicin de posibilidad histrica, su devenir, su aleatoriedad y causalidad. Esta explicacin puede equivocarse o no; pero, no sustituye a la materia o subjetividad explicada. La alteridad, el otro, la otra, tienen sus propias formas de expresin, su propio lenguaje, para hablar por s mismo. Tiene su propio saber. Tambin puede rebelarse y subvertir el orden de dominacin. Empero, esta atribucin no deniega la teora, no la excluye al lugar de la inutilidad o del olvido. En relacin a los lenguajes propios de los y las colonizadas nos hallamos ante una multiplicidad y diversidad de formas de expresin. Todas estas formas y contenidos de expresin son ricas en experiencias y memorias; empero, ninguna, en singular, puede reclamar ser la mejor para hacerlo. Cundo se plantea la lucha anticolonial y descolonizadora de envergadura mundial, todas las lenguas y culturas involucradas tienen la posibilidad de denunciar, criticar y de-construir. Ahora bien, en estas condiciones no es sostenible decir que hay un lugar privilegiado, una lengua privilegiada, una cultura privilegiada, para hacerlo. Ahora bien, en relacin a una lengua dominante, que se ha impuesto colonialmente, que se utilice la misma lengua para criticar las estructuras de poder y dominacin colonial, invalida la crtica, la inutiliza, por ser precisamente la lengua colonial? Cuando los y las colonizadas utilizan la lengua dominante para entenderse en su disgregacin, pluralismo, diversidad y disporas, reproducen el colonialismo? Cmo tendran que hacerlo, en qu lengua, en cul de las lenguas excluidas por el colonialismo? La lengua dominante es completamente, absolutamente colonial? No tiene ms bien una historia, una historia de luchas, que se han sedimentado en la lengua? No contiene otras posibilidades que no sean de dominacin; al contrario, que permitan la crtica y el desmontaje de la dominacin? Las propias lenguas colonizadas no han sido afectadas por la lengua colonial, a tal punto que es difcil distinguir lo que era la lengua propia antes de la colonizacin? Estos son algunos de tantos problemas que hay que responder. Sin embargo, estos problemas no niegan, de ninguna manera, la necesidad imprescindible de recuperar las lenguas nativas, darles su lugar, en el mejor caso, de igualdad de condiciones culturales. De esto se trata. Pero, tampoco se trata de negar la lengua que se ha impuesto, que hace de mediadora entre las distintas lenguas nativas. De lo que se trata es llevar adelante la descolonizacin en todas las lenguas. Sin embargo, lo que no se puede es pedir que es mejor callarse si no se habla desde alguna lengua nativa. Lo mejor es que todas las lenguas hablen, empero, las lenguas estn para comunicarse con otras lenguas, no para ensimismarse. La interpretacin y traduccin de las lenguas se va a dar de todas maneras. Lo que no se puede es pedir que no se interpreten sin se traduzcan, que no se comuniquen; de todas maneras, esto va acontecer. Lo que se tiene que exigir es el dilogo intercultural y una hermenutica integral y complementaria. Todas estas son tareas pendientes. Episteme La palabra episteme, episteme, viene del griego antiguo, quiere decir conocimiento, saber, ciencia. Esta palabra se ha trasferido al latn y despus a las lenguas derivadas del latn, como el castellano. Ms o menos se ha mantenido su significado, salvo las actualizaciones y transformaciones habidas por los usos, principalmente filosficos y los dados en las ciencias. En otras lenguas hay trminos que se refieren al conocimiento y al saber. Es entonces adecuado usar otros trminos en otras lenguas, sobre todo nativas, para referirse al significado implcito, teniendo en cuenta las connotaciones y el contexto lingstico, adems del debate en cuestin. Por ejemplo, en aymara se usa yatia para referirse a aprender, tambin al saber. Ciertamente hay que tener cuidado con las connotaciones en el uso de la lengua; siguiendo con el ejemplo, usando la raz yati, que significa aprender, por eso se llama al aprendiz yatequeri; yatiaa quiere decir hacer saber, avisar, informar; yatichaa ensear; yatichata, enseado; yatichawi, el lugar, el espacio donde se ensea; yatichiri, el que ensea, el profesor; en cambio, yatichkiri, que instruye; yatikipaa, repasar, seguir aprendiendo; de otra forma, yatinoqaa, acostumbrarse poco a poco en una casa; en cambio, yatintaa, tiene un amplitud mayor, acostumbrarse en un lugar, en un pueblo, yatinoqota, ya acostumbrado; as, yatiasa, lo que debemos saber; se llama yatiri, al brujo, al que sabe, otros lo llaman psiclogo. Usando otra raz, cuando se habla de conocer o reconocer, se dice utaa; as mismo, cuando se refiere a lo conocido, se dice utata. Siguiendo el desplazamiento lingstico, se usa utasia cuando se habla de expectar; as como utasiyaa, cuando se quiere que otro vea, observe, contemple; se usa utasita, cuando se compara y se observa que es smil, parecido, idntico, equivalente. En cambio, se dice utatani, cuando se tiene un concubino o, en su caso, una concubina. Parece que la raz u tiene que ver con mirar; uachayaa, quiere decir mostrar, indicar, con precisin; uakipaa, significa examinar detenidamente algn objeto; uantaa, quiere decir ver, mirar hacia el interior. Esta raz y sus composiciones son sugerentes, pues, en comparacin con la palabra teoria, teora, que viene tambin del griego, que quiere decir mirar, conocer o reconocer se acercara a esta apreciacin. Cuando se habla entonces de episteme, qu raz conviene usar, yati o u. Es preferible dejar a los lingistas estos temas. Nosotros queramos tan solo mostrar las connotaciones que tiene un significado en la traduccin, teniendo en cuenta su contexto cultural. Todo esto recogiendo las observaciones y crtica que nos hace Vctor Hugo Quintanilla. Estamos entonces de acuerdo con la crtica que se refiere a la connotacin cultural, es decir, el ncleo y el campo de los sentidos connotados. Se puede traducir episteme? Se trata definitivamente de otra experiencia cultural, por lo tanto no se puede? Con estas observaciones completamente de acuerdo; empero, lo que no se puede decir que las experiencias del conocimiento, del saber, de las ciencias, que todas las sociedades la tienen y la viven, a su manera, no puede ser interpretada. No sera posible la comunicacin, la interculturalidad, por lo tanto, la interpretacin entre culturas. Que esto se tenga que efectuar en condiciones de igualdad, sin reducciones coloniales y colonizadoras, esa es nuestra posicin. Sin embargo, no estamos de ninguna de acuerdo con la clausura, el cierre, el aislamiento y el hermetismo. No se puede apostar, como forma de resistencia, a la intraducibilidad, cuando de lo que se trata es de defender y transmitir los valores propios, los significados propios, las experiencias propias, la cosmovisin propia. Gayatri Spivak dice que es indispensable asumir nuestra historia colonial para poder combatir con el colonialismo y la colonialidad; no ignorar esta historia, y pretender una pureza que no existe. Asumir la historia colonial es asumir no slo las historias de la colonizacin, de las colonialidades, sino tambin de las modernidades heterogneas. La colonialidad, la modernidad, el imperialismo, la globalizacin, nos ha incorporado a las experiencias de las transvaloracin, de la suspensin de valores, de la pretendida universalizacin. En estas condiciones la cultura nativa se encuentra arrinconada, puesta en la sombra o, ms bien, fragmentada, dispersada, admitida como parte de la multiculturalidad liberal. Tambin puede haber sido reducida a objeto de estudio por las ciencias sociales y humanas. Cules son las perspectivas de la revalorizacin cultural en esta situacin de subalternizacin? Hay varios niveles. El primero, y quizs el ms viable, es el que la reconstitucin cultural es no solamente necesaria, debido a la indispensable tarea de constitucin de identidad colectiva, sino tambin por el aporte a la hermenutica cultural. Una parte imprescindible de la descolonizacin comienza con la subversin de la cultura nativa. Empero, el problema es que al enfrentar a una cultural global, a la modernidad vertiginosa y mutable, la cultura nativa requiere convertirse en una alternativa a la modernidad; esto quiere decir, tambin en una cultura global. No es slo una cultura particular nativa la que puede enfrentar esta tarea; son todas las culturas subalternizadas las que pueden cumplir esta tarea descolonizadora de envergadura mundial. En este terreno cobra importancia la crtica de la modernidad, la crtica de la economa poltica de la modernidad, la crtica de la economa poltica generalizada. No se puede despreciar esta tarea descolonizadora, tampoco se la puede reducir a lo que pueda hacer una cultura en particular, pues la modernidad, la colonialidad que conlleva, nos ha empujado a todos a la vertiginosidad de la mundializacin y al diagrama de poder colonial mundial. En estas condiciones, la emancipacin, la liberacin y la descolonizacin son tareas compartidas. Hiptesis La descolonizacin requiere de una anti-modernidad, que no puede ser sino una experiencia mundial, aunque se efecte de mltiples formas singulares, con contenidos propios locales. La gran diferencia es que la anti-modernidad no tiene la pretensin de universalidad, sino ms bien sustituye a esta pretensin imposible por la pluriversidad. Hay dos espacio-tiempo que distinguir; uno es el relativo a la reconstitucin, revalorizacin, cultural, de la lengua, de la identidad, de los territorios; otro es el espacio-tiempo de la lucha contra la colonialidad, la modernidad, el capitalismo el orden de la dominacin mundial. Ciertamente estas luchas se las efecta tambin localmente; pero, no nicamente, pues, como hemos dicho, esta es una lucha de todos, de todas las lenguas y culturas subalternizadas. Resulta un tanto problemtico que esta lucha se la tenga que efectuar desde la comunidad de la subalternidad, de los dominados y colonizados. Resulta tambin problemtico que el lenguaje critico de la modernidad se realice en un lenguaje que entiende la modernidad, pues es el lenguaje que la ataca y busca su deconstruccin, empero, no siempre es comprensible por las poblaciones ms afectadas por la dominacin colonial, moderna y capitalista. Obviamente que es imprescindible compartir lenguajes, experiencias, perspectivas y miradas de-coloniales, en los distintos planos. Las movilizaciones locales conforman las dinmicas moleculares de la lucha de los pueblos a nivel mundial; la irradiacin de estas luchas depende de la coordinacin de las mismas, as como de la perspectiva compartida plural, crtica, en el contexto mundial. La lucha poltica descolonizadora requiere entonces asumir las condiciones de posibilidad histrica de la lucha. No se puede eludirla en su mltiple dimensionalidad, a no ser que se quiera apostar a la resistencia aislada y local, prcticamente destinada, en el mejor de los casos, a una victoria coyuntural y provisional, en el peor de los casos, a una derrota aplastante por parte de las fuerzas imperiales o de sus cipayos. Los y las compaeras, hermanas, de lucha, que todava consideran que slo tenemos a mano nuestras lenguas, nuestras culturas, nuestras identidades, retenidas en la memoria, tienen que comprender que hemos sido empujados a la situacin de las colonialidades mundializadas, de la modernidad, pretendidamente universal, de la globalizacin del capitalismo, por siglos de colonialismo, colonialidad, de despojamiento y desposesin capitalista. Que el espacio-tiempo en el que se lucha contra las dominaciones polimorfas no lo escogimos. Que debemos asumir esta condicionalidad si queremos en serio plantearnos las emancipaciones, las liberaciones y las descolonizaciones mltiples. La crtica de la epistemologa, la recurrencia a la crtica de la modernidad, del capitalismo, de la colonialidad, de las polimorfas formas de poder, es necesaria para lograr perspectivas compartidas y mancomunadas. Aferrarse a lo local, a la particularidad, es apostar a localidades y particularidades imaginadas puras, cuando estas ya son imposibles. Lo local debe ser asumido como lo que es ahora, como singularidad propia e irreductible de la multifactica mundializacin. Saberes nativos y pensamiento pluralista Es menester diferenciar saber nativo de pensamiento pluralista, aunque el saber nativo puede, a diferencia del saber colonial, del saber moderno, estructurarse como pensamiento pluralista. As ocurre con el pensamiento animista, inmanente y politesta. Empero, el saber nativo responde a su propia historia, a su propia memoria, por lo tanto, a su propia experiencia, sus narrativas, sistemas de smbolos, alegoras, mitos y formas de expresin. Cuando hablamos de pensamiento pluralista nos referimos principalmente a la crtica del pensamiento universalista y moderno, critica efectuada desde la perspectiva de la pluralidad y de la multiplicidad de singularidades. El pensamiento pluralista comprende al acontecimiento como diferencia absoluta. Se trata entonces de posicionamientos tericos, llmense stos filosficos o contra-filosficos. El enfrentamiento con el pensamiento universal y moderno se efecta en los mismos espacios donde concurre la modernidad; aparecen como resistencia, como alteridad, como contraste evidente a las pretensiones de universalidad. Mal se puede decir que el pensamiento pluralista pretende sustituir el saber nativo, hablar por l. Esto es imposible, tampoco fue nunca ninguna intencin. El saber nativo habla por s mismo; es insustituible. Puede comprenderse, puede interpretarse, empero su experiencia y conocimiento son propios; pueden aprenderse, pero no sustituirse. La crtica del pensamiento pluralista valora los saberes nativos, los saca de la sombra a la que fueron condenados por el pensamiento moderno; conforman la herencia de los saberes ancestrales y antiguos. Sin embargo, no hay que olvidar, que ningn saber es esttico; al contrario, es dinmico. Se actualiza, se adeca a los problemas. En todo caso, todo saber es reproducido por los sujetos sociales, que lo aprenden, lo transforman y lo transmiten. Un saber no tiene vida propia por s mismo; esto sera caer en el fetichismo del saber. La vida se encuentra en la vida de los sujetos, quienes dan forma, contenido, expresin y tcnica a los saberes. Es de esperar que los saberes nativos se hayan transformado con el tiempo, resistiendo y respondiendo a los desafos y problemas de cada presente. Esta es precisamente la riqueza del saber propio; cmo todo saber, adquiere informacin, retiene la informacin, constituye memoria, y se anticipa, se proyecta, se aplica. Lo interesante es que efecta estas operaciones a partir de su matriz cultural, sus estructuras de cdigos, sus sistemas simblicos, sus imaginarios sociales. La fuerza del pensar radica en esta confluencia de experiencia y condiciones de posibilidad histrica; condiciones de posibilidad que son estructurales, pero, no necesariamente a priori, sino sociales, como el lenguaje, la cultura, la tcnica. Confluencia que se vive como devenires; devenires que no dejan de ser afectivos y atravesados por la imaginacin. El saber de un pueblo, de una cultura, de una civilizacin, de una lengua, es patrimonio de la humanidad, no como totalidad, sino como pluralidad, como pluriversidad, como apertura a potenciamiento. Tambin es patrimonio de la madre tierra, del caosmosis, de las ecologas diversas, pues forma parte de cdigos informativos complejos. La descolonizacin por eso se propone la reconstitucin de los saberes nativos, su re-dinamizacin, su potenciamiento y difusin. La descolonizacin no puede reproducir el etnocentrismo, no puede ser etno-cntrica, requiere de radicales descentramientos para precisamente potenciar la lengua, la cultura, la civilizacin propia, con la comunicacin con otras lenguas, otras culturas, otras civilizaciones, en igualdad de condiciones. Crtica a la dominacin colonial y a la condicin poscolonial En su libro sobre La colonialidad del Sistema Educativo Plurinacional[111] Victor Hugo Quintanilla hace una crtica a las reformas educativas que implementa el gobierno popular, con apoyo de la Asamblea Legislativa. Sobre todo se concentra en la elaboracin de la curricula educativa, lo que llama el proceso curricular boliviano. La crtica se desarrolla en forma de ensayos, que son los captulos correspondientes. En este sentido podemos reunir la crtica de acuerdo al ndice del libro. Una primera crtica se refiere a que la educacin no contempla la participacin de la familia comunitaria; una segunda crtica tiene que ver con la impertinencia cultural de la educacin en familia comunitaria vocacional; la tercera crtica se ocupa de la educacin comunitaria productiva con fundamento neoliberal; la cuarta critica est dedicada a la educacin alternativa como estrategia de otrificacin; la quinta identifica el colonialismo de la formacin tcnica-tecnolgica; la sexta observa la in-formacin de maestras y maestros en el Sistema Educativo Plurinacional; en tanto que el ltimo ensayo expone la concepcin de la intra-interculturalizacin de la educacin desde una perspectiva descolonial pedagoga de la reciprocidad. La composicin de la intra-interculturizacin est conformada por una estructura circular; la relacin cara-a-cara; la exteriorizacin de la subjetividad; la relacin del lenguaje y su intersubjetividad, que significa ensear-aprender en y desde la experiencia; y la comprensin sin explicacin, que significa ensear y aprender en la pedagoga de la reciprocidad educacin en y por la vida. Como se puede ver el libro toca un tema altamente sensible y fundamental de lo que llamaremos el proceso de descolonizacin, la formacin, la educacin, en trminos tericos, la constitucin de sujetos. Uno de los instrumentos primordiales de la trasformacin educativa es el proceso curricular, el diseo y la dinmica de los contenidos, la orientacin de la formacin y la prctica de la enseanza-aprendizaje, la participacin de los condicionantes y referentes del mundo del estudiante, la comunidad, la familia, su entorno territorial. Para abordar esta temtica vamos primero a introducir una reflexin conceptual sobre la colonialidad y poscolonialidad; despus retomaremos las tesis de Quintanilla en la perspectiva del debate sobre descolonizacin. Los trminos del debate sobre descolonizacin La pretensin de las luchas sociales, pretensin expresada a plenitud en la Constitucin, es lograr traspasar los umbrales y los lmites de la colonialidad, la herencia colonial en las sociedades que se conforman despus de las independencias, sociedades que ya arrancan en su configuracin en los periodos coloniales. Sociedades que Bolvar Echeverra caracteriza pertenecientes a una modernidad barroca, que ingresan a una modernidad iluminista, para instalarse en una modernidad de los Estado-nacin. La condicin poscolonial de estas sociedades se refiere, en primera instancia, al reconocimiento que fueron sociedades conformadas en la colonia; en segunda instancia, tiene que ver con las trasformaciones sufridas durante las modernidades iluministas y del Estado-nacin, afectadas por la desestructuracin-estructuracin del capitalismo en su nuevo ciclo hegemnico ingls, despus en el ciclo de hegemona estadounidense. Sin embargo, estas sociedades, a pesar de estas transformaciones, de estas http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn111modernizaciones, incluso podramos decir de las democratizaciones correspondientes y consecuentes con las luchas sociales, han reproducido sus condicionantes y estructuras estructurantes iniciales, basadas en las dominaciones coloniales. Por lo tanto, en tercera instancia, tenemos la irradiacin de la colonialidad hasta los tiempos contemporneos, componiendo el sentido de las cosas y de las relaciones. En cuarta instancia, recientemente lo poscolonial tambin es usado en el sentido de una salida de los horizontes de la colonialidad; quizs es este el sentido atribuido a la significacin dada en el proceso constituyente a la descolonizacin. La conjetura de todo el proceso constituyente es que emerge un nuevo diagrama de poder que va ms all y ms ac de la modernidad, alternativamente una apertura civilizatoria y tambin una emergencia de la comunidad, de la matriz misma de la sociedad; por lo tanto emerge un pluriverso cultural que escapa a las homogeneizaciones de la modernidad. Tambin se plantea las emergencias de formas polticas participativas, de formacin de consensos, colectivas y comunitarias. Estas emergencias se apoyan en dinmicas territoriales complejas que cuestionan las cartografas institucionalizadas y las formas de propiedad y de control de la tierra y el territorio. Esto quiere decir que esta conjetura, expresada en un conjunto de hiptesis terica, ha permitido leer e interpretar los acontecimientos acaecidos en los periodos del proceso. Un primer periodo que tiene que ver con las luchas sociales, un segundo periodo que tiene que ver con la gestin de gobierno. En este segundo periodo nos encontramos con el proceso constituyente, sobre todo con la realizacin de la Asamblea Constituyente, dado en la primera gestin de gobierno. En la segunda gestin de gobierno estallan de manera desmesurada las contradicciones del proceso, contradicciones que develan el movimiento de placas tectnicas, el choque de fuerzas, el antagonismo de proyectos; contexto problemtico en el que el gobierno termina enfrentndose al pueblo y a las naciones y pueblos indgenas originarios. Qu es lo que ha pasado? Estamos en una etapa de descolonizacin? En otras palabras, se verifica la conjetura? Se verifican las hiptesis? Primero debemos definir desde cul de los sentidos de pos-colonialidad hablamos, desde qu perspectiva vamos a evaluar las hiptesis. Si se trata de las tres primeras significaciones enunciadas ms arriba, entonces estamos hablando de una condicin poscolonial que es como una continuidad desplazada de la colonialidad, aunque reconfigurada por transformaciones modernas e incluso democrticas. Si hablamos de la condicin colonial en el sentido de la cuarta significacin, entonces tenemos dificultades, pues el balance hecho al proceso de cambio muestra las contradicciones profundas inherentes al proceso. Esta pos-colonialidad, su significado descolonizador, sigue siendo un horizonte, ahora definido por la Constitucin. Esta pos-colonialidad es la intencin inscrita en la Constitucin y en la voluntad de los movimientos sociales, empero es un horizonte que permite evaluar los avances mismos del proceso de cambio. La contrastacin de la condicin politica tambin es problemtica. En tanto que el Estado-nacin se ha mantenido y restaurado, la institucionalidad liberal no ha desaparecido, ms bien se ha reforzado. De lo que se puede hablar es de la diferencia con el proyecto neoliberal; esta diferencia aparece en la re-estatalizacin de los espacios estratgicos de la economa, que tienen que ver, en una economa extractivista, con las empresas estatales de la minera y de los hidrocarburos, con la creacin de la empresa estatal de fomento a la produccin (EMAPA), aunque hasta ahora se haya atenido a la intermediacin comercial, luchando contra la inflacin y el monopolio privado de los bienes de consumo domstico, principalmente de alimentos. Ciertamente, el gobierno, la gestin de gobierno, se distancia del proyecto neoliberal, del proyecto basado en la privatizacin, en el libre mercado, en la libre empres y en la competitividad. Empero la normativa administrativa y la prctica de la administracin de estas normas sigue siendo liberal. Aunque, otra vez, la hiptesis nos permite una lectura y una interpretacin crtica de la marcha del proceso de cambio. La otra hiptesis, que espera una condicin posmoderna en la experiencia del proceso de cambio, es ms problemtica que las otras. No solamente para responder a la pregunta sobre los lmites de la modernidad, a partir de la crisis misma de la modernidad, sino, porque, desde la perspectiva indgena, se expresa una posicin anti-moderna. La modernidad es vista como la continuidad de la colonialidad, es ms, como parte sustantiva de la colonialidad misma. Entonces para salir del capitalismo, es indispensable romper con la modernidad, producir una transicin civilizatoria que vaya ms all y ms ac de la modernidad. Estas son las resoluciones de la Conferencia de los pueblos y movimientos sociales contra el cambio climtico y en defensa de la madre tierra, realizada en Tiquipaya, Cochabamba. Ciertamente esta perspectiva es un postulado, que no pretende que la salida de la modernidad se d inmediatamente; se requiere una transicin, no solamente en Bolivia, en Sud Amrica, en el continente, sino tambin en el mundo. La pregunta que habra que hacerse en relacin a esta hiptesis es cunto se ha avanzado en la creacin de condiciones de posibilidad para realizar esta transicin. Por otra parte, no debemos olvidarnos, de toda la discusin sobre la posmodernidad. Las tesis sobre la posmodernidad asumen que la modernidad habra acabado y que la sociedad actual, empujada por la propia vertiginosidad de la modernidad, habra atravesado ciertos umbrales, transformando esta experiencia en la experiencia de la hper-realidad, de la diseminacin, de la disolucin, llevando a los individuos a optar por estrategias de las redes, por las opciones del juego de la simultaneidad, del recorrido compuesto y combinado de las diferencias y la multiculturalidad. Si, fuese este el sentido, nuestras sociedades, asentadas en las periferias del sistema mundo capitalista, tambin estaran afectadas por estos acontecimientos extremos de la vivencia de mundos simultneos, de la desagregacin molecular del instante, de la seduccin de los artificios y las superficies, del derrumbamiento de las grandes narrativas. En este sentido, la hiptesis misma ya estara lograda con antelacin. Empero, este no es el sentido primordial usado en el estudio. Se trata de pensar ms bien una posmodernidad descolonizadora, que rompe con los universales y las homogeneidades, recuperando la diversidad y la diferencia, la biodiversidad ecolgica y la diferencia indgena. En este sentido, la conclusin que podemos sacar es otra vez una evolucin crtica del proceso. El gobierno opta por el modelo extractivista, se apega al Estado moderno, reproduce la ilusin desarrollista, convirtiendo al rgimen poltico en una maquinaria ms de los dispositivos de la modernidad. Qu se entiende por descolonizacin? Hay por cierto sedimentos en esta palabra, hay una historia conceptual, que debemos recorrer para evaluar los cambios de significado, los desplazamientos, incluso las rupturas y las invenciones, los aportes. Un primer estrato de significacin se conforma durante las luchas anticoloniales, que comprenden a su vez tres periodos, las del siglo XVIII, las del siglo XIX y las del siglo XX. En tanto rechazo a la colonizacin y al colonialismo, sufrido por las poblaciones nativas, tambin migrantes forzados por el comercio de esclavos, as como los nacidos en territorios conquistados, sean estos mestizos o criollos, se dan lugar resistencias y levantamientos, rebeliones y tambin guerras. Los discursos que acompaan a estas luchas son variados, dependiendo de cuando y dnde, por quienes y contra quienes se dirigen. Los pueblos nativos tienden a elaborar discursos de reconstitucin, de retorno al tiempo de los ancestros, la reconstitucin civilizatoria y el gobierno propio. Las rebeliones de los esclavos, que no pueden retornar al frica, se inclinan por una repblica plena, por el reconocimiento absoluto de la igualdad, y en los momentos de mayor radicalizacin de la revolucin, se inclinan por la independencia y el Estado negro. Los mestizos y criollos van a imitar el iluminismo y orientar la guerra de la independencia a constituir repblicas, empero repblicas restringidas, que excluyen a los indgenas y descartan a los esclavos. Si bien se puede encontrar un sentido comn a esta acepcin de la descolonizacin, entendida como independencia, la profundidad de su significacin va a depender de quienes planteen la independencia y como la conciban; en la medida que las clases ms explotadas, en la medida que los pueblos conquistados, lleven adelante la lucha, la independencia adquiere un carcter radical. En cambio, en la medida que las clases acomodadas, aunque con contradiccin con los europeos, dirigen la guerra anticolonial, la independencia adquiere la significacin de separacin de la metrpoli, pero manteniendo la estructura jerrquica de la sociedad colonial, incluso sustituyendo a los conquistadores por parte de los mestizos y criollos. El significado de la descolonizacin se complica durante el siglo XX, sobre todo cuando estallan las guerras de liberacin nacional contra los ocupantes, que son identificados como imperialistas. Este enfrentamiento ya no solo es anticolonial sino tambin anticapitalista. En la mayora de los casos la lucha es empujada por las clases explotadas, en articulacin con organizaciones polticas de elaborados discursos nacionalistas o, en su caso, socialistas. En esta etapa se nota una clara influencia y pujanza de los partidos marxistas involucrados en la lucha. Sin embargo, en esta etapa las naciones liberadas, los estados conformados despus de la guerra de liberacin nacional, tienen como objetivo lograr las metas, acortar las distancias, entre las flamantes naciones y los pases que fueron las metrpolis de las colonias. El desarrollo nacional va a ser una de las metas de estos estados independientes, conjuntamente con la revolucin industrial. En el siglo XX la descolonizacin significa liberacin del dominio imperialista, tambin, en los procesos ms radicalizados, significa emancipacin del dominio capitalista, incluso revolucin socialista. Empero, tambin se llega asociar la descolonizacin con desarrollo nacional, en tanto proyecto estratgico para salir de la dependencia y el subdesarrollo. Con el fracaso de estos proyectos, sobre todo con los proyectos del socialismo real, adems con la evidencia de la crisis estructural del capitalismo, su dominio financiero y su proyecto neoliberal, surgen nuevos movimientos descolonizadores. Se cuestiona no solamente el capitalismo sino el desarrollo, que lleva a la depredacin y destruccin de los ecosistemas, y por este camino se interpela a la propia modernidad, como modelo civilizatorio causante del capitalismo, la explotacin, la dominacin sobre los pueblos y la destruccin del planeta. Resurgen los movimientos indgenas que retoman la memoria de sus luchas, empero actualizndolas y efectundolas en otros contextos histricos. Asumen la pervivencia de las comunidades, de las relaciones comunitarias, de las instituciones comunitarias, de las cosmovisiones ancestrales, como plataforma de una transformacin civilizatoria pos-capitalista y trans-moderna. En este caso la descolonizacin adquiere la significacin de transicin civilizatoria. En el transcurso, en la arqueologa de la descolonizacin, tambin se ha dado lugar a un sentido epistemolgico de descolonizacin, que puede resumirse en el enunciado de pensar de otra manera, tambin en el enunciado del pensamiento propio. Se trata de un desplazamiento de las formas de pensar, de imaginar, de concebir, de significar. Grandes debates, corrientes tericas, escuelas de pensamiento, investigaciones, se han desatado en la perspectiva de una emancipacin epistemolgica. La descolonizacin adquiere en este caso el sentido de una liberacin subjetiva, tambin de la recuperacin de los saberes comunitarios, ancestrales, colectivos, de los conocimientos tradicionales, de las experiencias autnticas. Se trata de pensar desde la perspectiva de las periferias, desde la perspectiva del Sur, desprendindose de la perspectiva hegemnica y dominante de la modernidad, donde se habra plasmado el modelo esttico, cultural, racional, econmico, social y subjetivo del perfil de a dominacin. La recuperacin de las lenguas, de las culturas, de las prcticas tradicionales, de las instituciones propias, de los territorios, de los saberes y conocimientos, de las tecnologas tradicionales, van en ese sentido, de la emancipacin subjetiva, de las subjetividades, encaminando el proceso a la desconstitucin-constitucin de sujetos. Como se puede ver, la arqueologa de la descolonizacin ha adquirido complejidad, supone una composicin sedimentada y estratificada, una historia conceptual; lo que exige un uso crtico y actualizado del trmino. En adelante vamos a abordar la problemtica del libro mencionado, teniendo en cuenta estos antecedentes. Hacia una pedagoga descolonizadora Se requiere de una pedagoga descolonizadora o, si se quiere, dicho de una mejor manera, se requiere de pedagogas de la descolonizacin. En trminos formativos, se trata de desplegar prcticas de enseanza-aprendizaje-autodeterminantes-constitutivas de sujetos emancipados. Esto comprende las condiciones de intraculturalidad, de interculturalidad, de transculturalidad, en dinmicas propias pluri-lingsticas y plurinacionales, basadas en las matrices comunitarias; es decir, en las redes y tejidos sociales colectivos de institucionalidad comunitaria, construyendo el sentido de los comn y complementario. La equivalencia cultural, de las naciones, es una condicin indispensable de posibilidad para efectuar el despliegue creativo e interpretativo de la interculturalidad emancipadora. La transformacin civilizatoria, la emergencia de las civilizaciones inhibidas y desarticuladas por la conquista y la colonizacin, la apertura a un mundo plural e integrado, desde la perspectiva del vivir bien, es otra condicin de posibilidad histrica de esta realizacin. Estos postulados se convierten en ejes de efectuacin de las pedagogas descolonizadora. Esto equivale a romper con la escuela como institucin disciplinaria, por ende colonizadora por excelencia, diseada en la constitucin de los individuos modernos y de los sujetos productivos, en el sentido de cuerpos maleables y modulables en funcin del trabajo, tambin del consumo, que en la etapa tarda de la modernidad se ha convertido en un desborde del consumismo hedonista. Entonces no es la escuela la institucin nuclear de la descolonizacin. Los que siguen sosteniendo esta institucin y hablan de descolonizacin no son coherentes, emiten un discurso contradictorio, insostenible, pues se basa en una antinomia. No puede producirse la emancipacin a travs de uno de los diagramas de poder esenciales de la modernidad, la escuela. Entonces, qu a diferencia de la escuela? Hay que suponer un espacio liso de formaciones que libere la potencia de los cuerpos, sus capacidades creativas, estticas y congnitas. Se trata de lograr seguir el decurso de la formacin de los saberes, adquisicin de informacin, memoria y anticipacin en la prctica y en la comprensin de las problemticas. La recuperacin de saberes, que pasan por su reconstitucin, su libre circulacin y apropiacin, rearmando los cdigos de las lenguas nativas, sus cosmovisiones y sistemas simblicos, por lo tanto sus alternativos imaginarios colectivos, se hace posible en estos territorios mviles y dctiles de los espacios lisos. Se trata de crear las condiciones de procesos auto-formativos, en mbitos de relaciones participativas comunitarias, familiares, docentes y estudiantiles. Un recurso indispensable es articular al estudiante a las redes, en el buen sentido de la palabra. No slo entregar al profesor una computadora, dejando al estudiante a la espera de las salas de computacin. Sino de articular a estudiantes y docentes, en redes informticas, en bibliotecas alternativas, en talleres de experiencia investigativa. Estos instrumentos ciberntico para nada estn peleados con la recurrencia a la vivencia de las transmisiones orales y gramatologas comunitarias, la participacin de los amautas, los chamacanis, los yatiris, tampoco con la participacin de las familias, de los entornos y vecinos. Ambos recursos se complementan. En relacin a esta experiencia pedaggica complementaria, es primordial la apertura a la experiencia de la interpretacin de los arquetipos inscritos y seales manifiestas de los ciclos vitales de la madre tierra, en otras palabras, se trata del aprendizaje de las experiencias ecolgicas en inmediato contacto con los seres y ciclos de la vida. Por lo tanto hablamos de la recuperacin de las interpretaciones de la archi-escritura inherente a las formas y seres de la naturaleza. El logro de la armona del ser humano, de las comunidades y de las sociedades humanas con los seres y ciclos de la madre tierra depende se la constitucin de sujetos conectados con estos mbitos complejos de relaciones en los que estamos insertos, aunque los desconozcamos. Un tercer eje de formacin complementaria y participativa, emancipadora y descolonizadora tiene que ver con la despatriarcalizacin; es decir, con la deconstruccin y el desmontaje de las relaciones y estructuras de dominacin ms antiguas, afincadas en la figura del patriarca, en la figura masculina dominante, consolidada en una gama proliferante de instituciones patriarcales, que se han dado en las historias de las sociedades y los estados. Esto equivale a a la abolicin de la dominacin masculina, incluso en las figuras simtricas del feminismo, que vienen hacer otros machismos, aunque simtricos y de pollera y falda, para decirlo literalmente. Se trata de despertar otros mbitos alterativos y alterativos de relaciones, ms all de la poltica, de la identificacin del enemigo. Se trata de emancipar las capacidades subjetivas diversas e intersubjetivas mltiples, en el horizonte de la solidaridad y la hospitalidad. Ahora bien, en todo esto hay un tercer eje indispensable en esta formacin intra-inter-pluricultural y multilinge, este tercer eje tiene que ver con liberar la capacidad crtica, el uso crtico de la razn y de los saberes, como tambin el uso creativo del placer esttico, en pleno sentido de la palabra; sobre todo pensando en el significado de la vida plena y la plenitud de la vida (vivir bien). Fuera de la interculturalidad hermenutica entre ciencias y saberes, fuera de la complementariedad entre tecnologas y el aprendizaje de las mismas, es primordial el despertar de las sensibilidades e inteligencias alternativas a la razn, es fundamental la formacin aperturante de la msica, de la danza y del arte. Hablando de la malla curricular o ms bien de los procesos curriculares participativos, parece ser un punto de partida en la formacin bsica, de las nias y de los nios, la inicial experiencia constitutiva de sujetos en la plenitud de sus potencias y capacidades, la inaugural experiencia formativa a travs del desarrollo de la inteligencia musical, de la inteligencia esttica, as tambin el inicio en la formacin matemtica. Esta experiencia formativa tiene como matriz la inclinacin al juego; el despertar ldico de los nios es primordial en la liberacin y despliegue de sus capacidades creativas. Simultneamente a esta formacin musical, esttica y matemticas se encuentra la experiencia en el aprendizaje de la lengua madre, compartida con la madre, la familia y la comunidad, tambin la experiencia de la lengua comunicante, que en este caso es el castellano, aunque tambin puede ser el ingls, como lengua tcnica de comunicacin con el mundo y la tecnologa de punta. El bloque lingstico es transversal a toda la formacin bsica, intra-inter-pluri cultural y multi-lingstico, as como el la formacin en las ciencias y en los saberes, como en la especializacin y en los posgrados. La formacin intra-inter-pluri cultural y multilinge requiere una apertura mayor. Ahora bien, aqu tenemos vario problemas. Resulta que se ha heredado de la formacin moderna, de divisin de ciencias y de facultades, adems de especializada, un conjunto cimentado de contenidos acadmicos que tienen que ver con las ciencias fsico-matemticas, las ciencias naturales, las ciencias econmicas, adems de las ciencias humanas. Qu se hace con estos contenidos? No se los puede desechar, a pesar de que estn diseados para una educacin por disciplinas. Cambiar todo esto en la perspectiva de las teoras de la complejidad y las conexiones abiertas multidisciplinarias requiere una transicin ms larga. Empero lo que se puede hacer es un uso crtico de las teoras, de las ciencias, de las disciplinas, dndole de inicio un sentido integral y multidisciplinario. Nos encaminamos a una formacin pluriversa, ya no universitaria y pretendidamente universal, sino una formacin heterognea, abierta a las diferencias culturales y civilizatorias. En todo caso, los mbitos de formacin de la pluriversidad deben gestarse sobre la base de talleres transversales y horizontales, donde la investigacin sea no solamente la apertura al conocimiento sino la metodologa de enseanza-aprendizaje-auto-formativa. Estos escenarios quizs exijan la conformacin de ciudades universitarias como grandes espacios de foracin y convivencia, pero tambin de convivencia con las comunidades, organizaciones, instituciones y sociedades, como no acontece en las ciudades universitarias acadmicas, donde ms bien se asla se efecta la educacin por distanciamiento de la realidad. Los talleres de la pluriversidad deben estar integrados a los requerimientos de las sociedades y comunidades e instituciones, en la perspectiva de aportar en la transicin civilizatoria, en la construccin de la economa social y comunitaria, en el modelo ecolgico, en la transformacin estructural encaminada al vivir bien. Esta integralidad no descarta, de ninguna manera, al contrario, la investigacin terica y epistemolgica. Se trata de investigaciones fundamentales en la comprensin del mundo y en el apoyo a la elaboracin de los talleres. Los postgrados tienen que abrirse a las investigaciones avanzadas, tanto de tecnologa de punta, de microbiologa, de biologas complejas y ecolgicas; tambin se debe abrir espacio al estudio de las experiencias de a transicin y estudios del presente. En esta tnica tambin son indispensables las investigaciones en la crisis estructural del capitalismo, de la crisis de la modernidad y de la crisis ecolgica. Tambin debe sostener las investigaciones tericas y epistemolgicas, sobre todo sobre las problemticas existenciales abiertas por las transiciones. Ahora bien, hay que tener en cuenta que ahora, despus de la Constitucin, en el proceso de la revolucin cultural y de la descolonizacin se trata de su sistema formativo autopoietico abierto, donde todos y todas estn integrados e incorporados al sistema, desde dnde estn, desde lo que son, reconocindose sus saberes y sus experiencias, sin mayores exigencias, ni discriminaciones, tampoco exclusiones y ttulos nobiliarios acadmicos que reproducen las diferencias de clase. Cualquiera se incorpora al sistema formativo intra-inter y pluricultural y multilinge, puede formarse desde tcnico y avanzar si quiere hasta la formacin pos-gradual. El sistema formativo abierto autopoietico es un constante apoyo al todos, a las comunidades, a las sociedades, a las organizaciones, a los procesos productivos ecolgicos, a las territorialidades y ecosistemas. [1]Ver de Immanuel Wallerstein Anlisis de sistemas-mundo. Una Introduccin. Mxico 2006, Siglo XXI. Del mismo autor Capitalismo histrico y movimientos anti-sistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Madrid 2004, Akal. [2]Immanuel Wallerstein: Anlisis de sistemas-mundo. Ob. cit. Pg. 79. [3] Marie-Danielle Demlas: Nacimiento de la guerra de guerrillas. El diario de Jos Santos Vargas (1914-1825). La Paz 2007, Plural. Pgs. 139-140. [4]Ver de Roberto Arce lvarez Desarrollo Econmico e histrico de la minera en Bolivia. La Paz 2003, Plural. [5]Giovanni Arrig escribe: Pueden identificarse cuatro ciclos sistemticos de acumulacin, cada uno de ellos definidos por una unidad fundamental de la agencia primaria y de la estructura de los procesos de acumulacin de capital a escala mundial: un ciclo genovs, que se extendi desde el siglo XV hasta principios del siglo XVII; un ciclo holands, que dur desde finales del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII; un ciclo britnico, que abarc la segunda mitad del siglo XVIII, todo el siglo XIX y los primeros aos del siglo XX, y un ciclo americano, que comenz a finales del siglo XIX y que ha continuado hasta la fase actual de expansin financiera. Madrid 1999, Akal. Pg. 19. [6]Ver de Ral Prada Alcoreza Fragmentos Territoriales. La Paz 1990, Mitos. [7] Colectivo vinculado a los movimientos sociales de Bolivia, durante las gestas desatadas del 2000 al 2005. Comuna ha publicado varios anlisis grupales e individuales de los movimientos sociales y ensayos tericos polticos. [8] Anbal Quijano: Colonialidad del poder y clasificacin social. Journal of world-systems research. Festschrift for Immanuel Wallerstein. Volume XI, number 2, summer/fall 2000. Pg. 342. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref1http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref2http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref3http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref4http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref5http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref6http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref7http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref8[9] Revisar de Immanuel Wallerstein y Etienne Balivar Raza, nacin y clase. Madrid 1991, Ie pala. [10] Anbal Quijano, Ob. Cit., pgs. 342-343. [11] Ver de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusin del nacionalismo. Mxico 1993, Fondo de Cultura Econmica. Tambin de Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Buenos Aires 2008, Siglo XXI, Clacso. [12] Revisar de Michel Foucault Seguridad, territorio y poblacin. Buenos Aires 2004, Fondo de Cultura Econmica. [13] Frase de Karl Marx, empero atribuida a Shakespeare. [14] Revisar de Michel FocaultSeguridad territorio y poblacin. Mxico 2006. Fondo de Cultura Econmica. [15]Immanuel Wallerstein: Anlisis de sistemas-mundo. Ob. cit. Pg. 79. [16]Artculo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrtico, intercultural,descentralizado y con autonomas. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismopoltico, econmico, jurdico, cultural y lingstico, dentro del proceso integrador del pas [17]Artculo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrtico, intercultural,descentralizado y con autonomas. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismopoltico, econmico, jurdico, cultural y lingstico, dentro del proceso integrador del pas. [18]Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nacin y clase. Madrid 1991, Iepala. Pgs. 123-124. [19]Eugenio Tras: Los lmites del mundo. Barcelona 1985. Ariel. Pg. 19. [20] En Subversiones indgenas de Ral Prada se hace un anlisis de la raz y el devenir de la comunidad. La Paz 2008, Muela del diablo. [21] Revisar de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusin del nacionalismo. Mxico 1993. Fondo de Cultura Econmica. [22] Revisar de Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Buenos Aires 2008, Siglo XXI, CLACSO. [23] Revisar de Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Ob. Cit. Particularmente el captulo La poltica de los gobernados. [24] Revisar de Antonio Negri El Poder Constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad. Madrid 1994, Prodhufi. En el libro se analiza la diferencia entre la revolucin poltica, de la independencia norteamericana, y la revolucin social, relativa a la revolucin francesa. [25] Ver de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires 2002, Paids. [26] Revisar de Michel Foucault Defender la sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Econmica. Pg. 42. [27] Ibdem. Pg. 43. [28] Ibdem. Pgs. 43-44. [29] Ibdem. Pg. 44. [30] Ibdem. Pg. 49. [31] Ibdem. Pg. 50. [32]Revisar de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires 2002, Paids. Pg. 97. [33] De Michael Hardt y Antonio Negri Imperio.Buenos Aires 2002, Paids. [34] Ibdem. Pg. 98. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref9http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref10http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref11http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref12http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref13http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref14http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref15http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref16http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref17http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref18http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref19http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref20http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref21http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref22http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref23http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref24http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref25http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref26http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref27http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref28http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref29http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref30http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref31http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref32http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref33http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref34[35] Ibdem. Pg. 104. [36] Ibdem. Pg. 104. [37] Ibdem. Pg. 105. [38] Ibdem. Pg. 105. [39] Ibdem. Pg. 105. [40] Ibdem. Pg. 107. [41] Ibdem. Pg. 107. [42] Ibdem. Pg. 107. [43] Ver de RanciereEl desacuerdo. [44] Ibdem. Pg. 115. [45] Ibdem. Pg. 116. [46] Ibdem. Pg. 118. [47] Ibdem. Pg. 120. [48] Ibdem. Pg. 122. [49] Ibdem. Pg. 127. [50] Ibdem. Pg. 127. [51] Ibdem. Pg. 128. [52] Ibdem. Pg. 129. [53] Ibdem. Pg. 129. [54] Ibdem. Pg. 131. [55] Ibdem. Pg. 131. [56] Ibdem. Pg. 131. [57] Ver de David Harvey: Breve historia del neoliberalismo. Akal 2006. Tambin del mismo autor El nuevo imperialismo. Akal 2007. Madrid. [58] Ren Zavaleta Mercado: Lo nacional-popular en Bolivia. Siglo XXI. Mxico. [59] Luis H. Antezana: Sistemas y procesos ideolgicos en Bolivia (1935-1979). En Bolivia hoy. Siglo XXI 1983. Mxico. [60] Luis Tapia Mealla: Produccin del conocimiento local. Muela del diablo 2002, La Paz. [61]Revisar de Cornelius Castoriadis La institucin imaginaria de la sociedad. Volumen 1: Marxismo y teora revolucionaria. Volumen 2: El imaginario social y la institucin. Buenos Aires 2003. Tusquets. [62]Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueologa de las ciencias humanas. Mxico 2005. Siglo XXI. [63]Ver de Jacques Rancire El desacuerdo. Poltica y filosofa. Buenos Aires 1996. Nueva Visin. [64] Ver de Eugenio Tras Los lmites del mundo. Barcelona 1985. Ariel. [65] El ensayo aparece en el libro de Comuna intitulado Transformaciones pluralistas del Estado. La Paz 2007. Muela del diablo. [66]Boaventura de Sousa Santos escribe en El milenio hurfano. Ensayos para una nueva cultura poltica, lo siguiente: La supuesta inevitabilidad de los imperativos neoliberales ha afectado de modo irreversible al mbito y la forma de poder. Este cambio no supone, sin embargo, una vuelta al pasado, ya que slo un Estado postliberal puede acometer la desestabilizacin de la regulacin social postliberal. Esta desestabilizacin crea al anti-Estado dentro del propio Estado. A mi entender, estas transformaciones son tan profundas que, bajo la misma denominacin de Estado, est surgiendo una nueva forma de organizacin poltica ms vasta que el Estado, una organizacin integrada por un conjunto hbrido de flujos, redes y reorganizaciones donde se combinan e interpenetran elementos estatales y no estatales, tanto nacionales como locales y globales, del que el Estado es el articulador. Esta nueva organizacin http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref35http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref36http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref37http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref38http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref39http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref40http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref41http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref42http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref43http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref44http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref45http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref46http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref47http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref48http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref49http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref50http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref51http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref52http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref53http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref54http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref55http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref56http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref57http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref58http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref59http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref60http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref61http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref62http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref63http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref64http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref65http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref66poltica no tiene centro, la coordinacin del Estado funciona como imaginacin del centro. Trotta/ilsa 2005. Madrid. Pg.331. [67] Ver Horizontes y lmites del poder y del Estado. Texto colectivo de Comuna. La Paz 2005. Muela del diablo. [68]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina. Perspectivas desde la epistemologa del sur. Plural 2010, Plural. Pg. 41. [69] Ibdem: Pg. 41. [70] Ibdem: Pgs. 41-42. [71] Ibdem: Pg. 42. [72] Ibdem: Pg. 42. [73] Ibdem: Pg. 42. [74] Ibdem: Pg. 44. [75] Ibdem: Pg. 44. [76] Ibdem: Pg. 45. [77]Boaventura de Sousa Santos: Ob. Cit.; pg. 56. [78] Ral Prada Alcoreza: Emancipaciones Poscoloniales. CLACSO 2010. [79] Ibdem: Pgs. 61-62. [80]Guillermo ODonnell: (1986a; 1986b; 1988; 2008). [81]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina. Plural 2010. La Paz. Pg. 54. [82] Ibdem: Pg. 54. [83] Ibdem: Pg. 54. [84] Ibdem: Pg. 54. [85] Ibdem: Pg. 54. [86] Ibdem: Pg. 54. [87]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina. Perspectivas desde una epistemologa del sur. La Paz; Plural 2010. Pg. 73. [88] Ibdem: Pg. 74. [89] Ibdem: Pgs. 74-75. [90] Ibdem: Pg. 75. [91] Ibdem: Pg. 75. [92] Ibdem: Pg. 75. [93] Ibdem: Pg. 75. [94] Ibdem: Pgs. 75-76. [95] Comuna: Horizontes y lmites del poder y del Estado. El escrito sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomas es de Ral Prada Alcoreza. La Paz, Muela del diablo. [96] Samuel Rosales: Documento para contribuir a la comprensin de la movilizacin del pueblo de Potos por el problema de lmites departamentales y otras demandas. Tambin hay otro documento ms reducido, publicado en la poca el 29 de agosto al 4 de septiembre del 2010: Las jornadas de recuperacin de la dignidad potosina. [97] Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nacin y clase. Madrid 1991; IEPALA. [98] En Crisis y cambio. Umbrales y horizontes de la descolonizacin. de Ral Prada Alcoreza. La Paz 2010; Comuna, Muela del Diablo. [99] Ob. Cit.: Pg. 33. [100] Ibdem: Pg. 35. [101] Ibdem: Pg. 37. [102] Ibdem: Pg.40. [103] Ibdem: Pg. 63. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref67http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref68http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref69http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref70http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref71http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref72http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref73http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref74http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref75http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref76http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref77http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref78http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref79http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref80http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref81http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref82http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref83http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref84http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref85http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref86http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref87http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref88http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref89http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref90http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref91http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref92http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref93http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref94http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref95http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref96http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref97http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref98http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref99http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref100http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref101http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref102http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref103[104] Ibdem: Pg. 64. [105] Ibdem: Pg. 64. [106] Ibdem: Pgs. 65-66. [107] Ibdem: Pg. 67. [108] Ibdem: Pg. 67. [109] Ibdem: Pg. 67. [110] Ibdem: Pg. 68. [111] Victor Hugo Quintanilla Coro: La colonialidad del Sistema Educativo Plurinacional. Una perspectiva intra-intercultural del proceso curricular boliviano. Ediciones AIDES 2010; La Paz. Leer ms: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/reflexiones-sobre-la-descolonizacion/#.Ueve4r6O9JA.sonico Crea tu propia web gratis: http://www.webnode.es http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref104http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref105http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref106http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref107http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref108http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref109http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref110http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref111http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/reflexiones-sobre-la-descolonizacion/#.Ueve4r6O9JA.sonico?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=http%3A%2F%2Fdinamicas-moleculares.webnode.es%2Fnews%2Freflexiones-sobre-la-descolonizacion%2F%23.Ueve4r6O9JA.sonicohttp://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/reflexiones-sobre-la-descolonizacion/#.Ueve4r6O9JA.sonico?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=http%3A%2F%2Fdinamicas-moleculares.webnode.es%2Fnews%2Freflexiones-sobre-la-descolonizacion%2F%23.Ueve4r6O9JA.sonicohttp://www.webnode.es/?utm_source=copy&utm_medium=paste&utm_campaign=copypaste&utm_content=http%3A%2F%2Fdinamicas-moleculares.webnode.es%2Fnews%2Freflexiones-sobre-la-descolonizacion%2F%23.Ueve4r6O9JA.sonico

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