gabriel josÉ de la concordia garcÍa...

Click here to load reader

Post on 27-Sep-2018

222 views

Category:

Documents

0 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • GABRIEL GARCIA MARQUEZ BIOGRAFIA

    GABRIEL JOS DE LA CONCORDIA GARCA MRQUEZ

    http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_Jos%C3%A9_de_la_Concordia_Garc%C3%ADa_M%C3%A1rquez
  • CRONOLOGIA DEL NOBEL GABRIEL GARCIA MARQUEZ: POR M. NGELES VZQUEZ Y ANA ANABITARTE

    La cronologa se ha dividido en tres etapas que abarcan momentos clave en la vida, la obra

    y el entorno poltico y social de Gabriel Garca Mrquez:

    El periodo comprendido entre 1927 y 1967 se inicia con la matanza de las bananeras

    y abarca los aos de formacin y la consolidacin de su carrera periodstica. Se cierra con

    la publicacin de Cien aos de soledad.

    Los aos entre 1968 y 1982 son aquellos en los que asistimos al xito vertiginoso a raz de

    la publicacin de una de las novelas ms ledas en lengua espaola, hasta la obtencin del

    mximo galardn de las letras, el Premio Nobel.

    Desde 1983 hasta hoy son aos en los que el autor empieza a trabajar intensamente en el

    cine, escribiendo guiones, y despertando controversias con sus novelas, como la ocurrida a

    raz de la publicacin de El general en su laberinto. Asimismo inicia en esta etapa la

    javascript:abrir5('1967',471,450,'yes')javascript:abrir5('1989',471,450,'yes')
  • publicacin de sus memorias y lleva a cabo numerosos proyectos relacionados con el

    periodismo y el cine

    19271927

    Gabriel Garca Mrquez nace el 6 de marzo en Aracataca, pequeo pueblo bananero del departamento de Magdalena (Colombia). El padre es Gabriel Eligio Garca, radiotelegrafista y boticario del pueblo; la madre, Luisa Santiaga Mrquez Iguarn, es hija del coronel Nicols Mrquez, de talante liberal y veterano de la Guerra de los Mil Das, y de Tranquilina Iguarn. El pequeo Gabriel, el primero de once hermanos aunque el padre aporta a la familia dos hijos anteriores a su matrimonio y dos ms durante ste pasa los primeros aos con sus abuelos

    19281928

    El da 8 de septiembre nace su segundo hermano, Luis Enrique. Durante el gobierno del general Rafael Reyes

    se produce una huelga en las bananeras en Colombia, en la que median Jos Rosario Durn y el coronel

    Nicols Mrquez, abuelo de Garca Mrquez. Como consecuencia se produce una masacre en la estacin

    ferroviaria de Cinaga el da 6 de diciembre, con el fusilamiento de los huelguistas por el ejrcito. Nunca se

    supieron las cifras exactas de muertos. El gobierno admite nueve, pero se calculan cientos. Este hecho, que

    aparece en Cien aos de soledad, marca considerablemente la ideologa y obsesiones literarias de Garca

    Mrquez, as como su conciencia histrica del pas.

    19291929

    Los padres y el hermano se trasladan a Barranquilla con la idea de prosperar en el negocio farmacutico y

    dejan a Gabriel con sus abuelos en Aracataca. El da 9 de noviembre nace su hermana Margot, y Garca

    Mrquez viaja a Barranquilla a conocerla. Por otro lado, el prroco de Aracataca realiza un informe con las

    atrocidades y la represin producidas durante la huelga bananera, que entrega personalmente al parlamentario

    liberal Jorge Elicer Gaitn, para que sea debatido en el Congreso.

    javascript:abrir5('1967',471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_01',545,367,'no')
  • 19301930

    El 17 de noviembre nace su hermana Aida Rosa y la nueva visita a

    Barranquilla le produce una gran fascinacin a Garca Mrquez. Su abuela

    decide llevarse a Aracataca a su hermana Margot para criarla junto a Gabriel,

    debido a la costumbre que la nia tiene de comer tierra. Ser uno de los

    personajes literarios que ms tarde retrata el escritor en su obra. El 27 de

    julio es el da en que Gabriel toma conciencia de quin es su madre; la

    recordar solo a partir de ese momento. Asimismo, la confiscacin de los

    anillos matrimoniales de sus abuelos por parte del ejrcito dejar una huella

    imborrable en el nio.

    19321932

    Nace Mercedes Raquel Barcha, futura esposa de Garca Mrquez.

    Gabriel descubre a Rubn Daro, influjo que se manifiesta en su literatura, especialmente en la novela El

    otoo del patriarca. Adems, su habilidad para el dibujo lo inducen a rellenar cuadernos enteros en una tarde,

    copiando vietas de peridicos y revistas.

    19331933

    Rosa Elena Fergusson funda en Aracataca la escuela Mara Montessori, de la que Gabriel Garca Mrquez

    ser alumno.

    19341934

    A finales de ao, sus padres abandonan Barranquilla para trasladarse a Aracataca. En este momento Garca

    Mrquez toma conciencia de la figura paterna, hecho que asocia a la prdida de la inocencia y al nacimiento

    de un ser adulto. En este mismo ao nace su hermana Ligia y su padre abre una farmacia. Por entonces ya es

    un prestigioso homepata conocido por su inventiva y eficacia.

    19361936

    Los padres se trasladan a Sinc (pueblo natal del padre), en el Departamento de Sucre y se

    llevan a Gabriel y a su hermano. Estos no volvern a ver al abuelo, puesto que fallece a la

    edad de 73 aos en marzo de 1937. Sus restos se extraviarn en los aos 80. La familia no

    regresa a Aracataca. Gabriel cursa preescolar y 1. en la Escuela Montessori para ingresar

    posteriormente a la escuela pblica de Sucre. Comienza su lectura de Las mil y una

    javascript:abrir5('1975',471,450,'yes')javascript:abrir5('1975',471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_02',470,550,'yes')
  • noches, obra que fascina al escritor con solo 9 aos.

    401940

    En enero regresa a Barranquilla para iniciar sus estudios de

    Bachillerato en el colegio jesuita de San Jos. Acaba la

    primaria con las mejores calificaciones y condecoraciones. Por aquella poca se entrega a la lectura de poetas

    colombianos, clsicos del Siglo de Oro espaol, de los

    relatos de los hermanos Grimm, Julio Verne, Salgari o Alejandro Dumas. Asimismo comienza a escribir poemas,

    que se publican en la revista del colegio Juventud, de la que

    fue un intenso colaborador.

    19421942

    Contina sus estudios en Barranquilla, mientras colabora con la revistaJuventud.

    19431943

    Viaja por primera vez a Bogot, la ciudad cachaca, un lugar

    inhspito y fro para los costeos como l. Obtiene una beca de

    estudios e ingresa como interno en el Liceo Nacional de

    Zipaquir. Sus primeros escritos en el peridico del liceo los

    firma con el seudnimo de Javier Garcs.

    Un ao ms tarde publica Cancin, en el suplemento

    literario El Tiempo de Bogot. En uno de sus viajes a Sucre

    conoce a Mercedes Barcha, su futura esposa, tambien hija de un

    boticario.

    19471947

    Viaja a Cartagena y luego a Aracataca por breve plazo. Fallece su abuela ciega y loca. Se matricula en la

    Facultad de Derecho y Ciencias Polticas de la Universidad Nacional de Bogot. Entre sus profesores figura

    Alfonso Lpez Michelsen y, entre sus compaeros, Camilo Torres, el cura guerrillero, con quien traba una

    intensa amistad. Sus influencias literarias en este momento son Dante, Petrarca, Garcilaso, Quevedo, Rubn

    javascript:abrir('1927_67_03',385,550,'no')javascript:abrir('1927_67_04',545,376,'no')
  • Daro y Pablo Neruda. Descubre asimismo a Franz Kafka. Eduardo Zalamea Borda, editor literario del

    diario ElEspectador, publica su primer cuento, La tercera resignacin, en el suplemento cultural, recogido

    actualmente en el libro El negro que hizo esperar a los ngeles. Al mes y medio le publican otro relato, Eva

    est dentro de su gato. Algunos de los cuentos publicados en este diario integran el libro Ojos de perro azul.

    19481948

    Muere asesinado el lder liberal Jorge Elicer Gaitn cerca de la pensin en la que Garca Mrquez se aloja, el

    da 9 de abril. Un joven delegado estudiantil cubano, Fidel Castro, participa en los hechos insurreccionales

    que pronto se llamarn el Bogotazo. La pensin de Garca Mrquez es destruida y la universidad se cierra. l

    y su hermano Luis se trasladan al domicilio familiar en Cartagena, aunque contina sus estudios de Derecho.

    El escritor Manuel Zapata Olivella le consigue una columna diaria en el recin fundado peridico El

    Universal de Cartagena. Tanto Manuel Zapata Olivella como Clemente Manuel Zabala despiertan su fervor

    por la msica vallenata.

    19501950

    Se traslada a Barranquilla, donde colabora en El Heraldo con la columna

    diaria La Jirafa, que firma con el seudnimo de Sptimus, en homenaje al personaje de La seora Dalloway de Virginia Woolf, y se integra en el Grupo de Barranquilla (liderado por el librero cataln Ramn Vinyes, gran amigo de Garca Mrquez), cuyo idelogo, Jos Flix Fuenmayor, tiene una importante influencia en la literatura temprana de nuestro autor. El grupo lo forman lvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Germn Vargas y los pintores

    Alejandro Obregn y Cecilia Porras.

    Conoce a Rafael Escalona en plena efervescencia del

    grupo. Ayuda a fundar la revista Crnica, rgano del

    Grupo Barranquilla, de la que es redactor jefe, y dirige

    el peridico Comprimido, que apenas dura seis das.

    Comienza a escribir su primera novela, La hojarasca, y se inicia con la lectura de Faulkner, Joyce, Woolf, Hemingway y John Dos

    Passos.

    19521952

    Hasta finales de ao se mantiene su columna en El Heraldo. Viaja con su madre a Aracataca para vender la

    casa de los abuelos, donde haba nacido. Es uno de los hechos ms decisivos de su vida literaria. Realiza

    algunos viajes por las provincias de Magdalena, el Csar y la Guajira en compaa de su amigo Rafael

    Escalona.

    Se publica en El Heraldo un captulo de La hojarasca, llamado El invierno. A partir de esta poca, se le

    pierde la pista durante un ao, aunque crticos como Jacques Gilard sostienen que durante este lapso Garca

    Mrquez vendi enciclopedias en la Guajira junto a lvaro Cepeda.

    javascript:abrir5('1974',471,450,'yes')javascript:abrir5('1955,471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_05',545,362,'no')
  • 19541954

    Regresa a Bogot en febrero gracias a su amigo lvaro Mutis como reportero y editorialista de El

    Espectador, donde comienza a escribir comentarios semanales cinematogrficos que lo convierten en el

    primer columnista de cine del periodismo colombiano. Su serie en 14 entregas Relato de un nafrago...,

    memorable reportaje a Luis Alejandro Seplveda, marinero colombiano que sobrevivi a un naufragio en alta

    mar, duplica las ventas del peridico. Su cuento Un da despus del sbado gana el premio de la Asociacin

    de Escritores y Artistas y se estrena La langosta azul, produccin colombiana dirigida por Garca Mrquez,

    lvaro Cepeda Samudio, Enrique Grau y Luis Vicens. Presencia la matanza de estudiantes en el centro de

    Bogot, lo que provoca un decantamiento definitivo de Garca Mrquez hacia la izquierda.

    19551955

    Sus publicaciones suscitan la animadversin de los censores del

    rgimen de Gustavo Rojas Pinilla, por lo que la direccin de El

    Espectador le enva a Ginebra como corresponsal para cubrir la

    conferencia de los Cuatro Grandes. Se traslada a Roma, donde su

    creciente inters por el cine le lleva a matricularse en el Centro

    Experimental de Cinematografa. Ms tarde viaja por Polonia y

    Hungra. A finales de ao se traslada a Pars, mientras El

    Espectador es clausurado por el gobierno del dictador Rojas

    Pinilla.

    Publica el cuento Isabel viendo llover sobre Macondo en la revista Mito, y su primera novela en Bogot, La

    hojarasca.El manuscrito haba sido rechazado por la editorial Losada de Buenos Aires, asesorada por

    Guillermo de Torre.

    La buena acogida crtica de La hojarasca y el Relato de un nufrago que estuvo diez das a la deriva...,

    comienzan a consolidar literariamente a Garca Mrquez en su pas.

    19561956

    An sin medios econmicos suficientes, Gabriel Garca Mrquez decide quedarse en Europa donde comienza a escribir la novela corta El coronel no tiene quien le escriba, que concluye en enero de 1957. Desde Pars, y en una buhardilla de la Rue de Cujas en el Barrio Latino, sin pagar el alquiler de varios meses, trabaja con su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, jefe de redaccin de la revista lite de Caracas, que le consigue varias colaboraciones en la publicacin caraquea.

    19571957

    Escribe 90 das en la Cortina de Hierro, una coleccin de artculos recopilados a raz de un viaje por los pases de la Europa del Este (Repblica Democrtica Alemana, Checoslovaquia y la Unin Sovitica) que hace con Plinio Apuleyo Mendoza y Manuel Zapata Olivella.

    Viaja a Londres con la intencin de aprender ingls, pero en diciembre se traslada a Caracas, invitado por Plinio

    javascript:abrir5('1955,471,450,'yes')javascript:abrir5('1955,471,450,'yes')javascript:abrir5('1955,471,450,'yes')javascript:abrir5('1961,471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_06',545,349,'no')
  • Apuleyo Mendoza para colaborar con la revista Momentos; comienza a publicar artculos de orientacin poltica, llega a Venezuela en los ltimos das de la dictadura del general Marcos Prez Jimnez, sobre los que Garca Mrquez edita varios artculos despus de la fuga del dictador el 21 de enero de 1958.

    19581958

    En marzo viaja a Barranquilla para contraer matrimonio con Mercedes Barcha. Aparece en mayo El coronel no tiene quien le escriba en la revista Mito de Bogot y trabaja en las revistas lite y Venezuela Grfica. Abandona su colaboracin en Momentos, a raz de la lnea editorial de la revista sobre la visita de Richard Nixon a Venezuela. Empieza a escribir Los funerales de la Mam Grande.

    19591959

    Inmediatamente despus del triunfo de la revolucin cubana, Garca Mrquez viaja a la Habana invitado por Fidel Castro a la campaa denominada Operacin Verdad, y asiste al juicio pblico contra Sosa Blanco, colaborador de Fulgencio Batista. Es el comienzo de una importante y significativa relacin con Cuba y con Fidel Castro. Regresa a Bogot como corresponsal de la agencia de noticias Prensa Latina, creada por la revolucin cubana y dirigida por el argentino Jorge Masetti. Entre julio y octubre aparecen en la revistaCromos de Bogot sus 90 das en la Cortina de Hierro. Nace el da 24 de agosto su primer hijo, Rodrigo, que es bautizado por su amigo Camilo Torres.

    19601960

    Permanece durante seis meses en La Habana, donde contina trabajando para Prensa Latina.

    19611961

    Viaja a Nueva York a comienzos de ao como corresponsal de Prensa Latina,aunque renuncia en mayo por presiones polticas de Estados Unidos y Cuba y en solidaridad con Masetti. Durante estos meses es amenazado por cubanos emigrados que incluso llegan a apuntarle con un arma cuando se dirige en automvil a su domicilio en Queens. Decide hacer un recorrido por el Sur de los Estados Unidos, el que William Faulkner inmortalizara en sus novelas.

    javascript:abrir5('1961,471,450,'yes')javascript:abrir5('1961,471,450,'yes')javascript:abrir6('1962,471,450,'yes')
  • En junio se traslada a Mxico, donde espera vivir de la redaccin de guiones cinematogrficos, pero trabaja en revistas de poco alcance (Sucesos, La Familia), y en agencias de publicidad (Walter Thompson, Stanton). Se publica El coronel no tiene quien le escriba en Medelln. El manuscrito de La mala hora gana el premio de novela ESSO en Bogot por el que le pagan 3 000 dlares. Prepara la primera versin de El otoo del patriarca, pero no le satisface. Se relaciona con personajes importantes en la vida cultural mexicana, como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Fernando Bentez, Manuel Barbachano o Carlos Monsivis.

    19621962

    Garca Mrquez colabora en diversas revistas mexicanas. Se publica en Madrid La mala hora, edicin pirata que ms tarde desautorizara el autor. Publica tambin el libro de cuentos Los funerales de la Mam Grande en Mxico.

    Nace el da 16 de abril su segundo hijo, Gonzalo.

    19631963

    En septiembre renuncia a su trabajo como periodista para incorporarse de nuevo a la filial mexicana de la agencia de publicidad J. Walter Thompson y meses ms tarde a la agencia publicitaria Stanton. Intima con el escritor mexicano Carlos Fuentes y conjuntamente elaboran una docena de guiones para filmes a lo largo de dos aos. Garca Mrquez, por otra parte, escribe su primer guin de cine, El gallo de oro, basado en un cuento de Juan Rulfo.

    19641964

    Garca Mrquez sigue llevando a cabo una intensa labor como guionista cinematogrfico. Algunos de estos guiones, como Tiempo de morir, realizado por Arturo Ripstein (volver a llevarlo a la pantalla el colombiano Jorge Al Triana en 1985), o H.O., se estrenan junto a El gallo de oro, escrito el ao anterior.

    19651965

    En enero decide retomar la literatura y traba una profunda amistad con el escritor Juan Rulfo. Garca Mrquez aparece en la adaptacin cinematogrfica de su cuento En este pueblo no hay ladrones junto a Luis Buuel, Juan Rulfo y Carlos Monsivis. Camino a Acapulco, decide continuar su antiguo proyecto de La casa y le dedica casi dos aos a lo que ser su novela Cien aos de soledad.

    javascript:abrir5('1961,471,450,'yes')javascript:abrir5('1961,471,450,'yes')javascript:abrir5('1962,471,450,'yes')javascript:abrir5('1962,471,450,'yes')javascript:abrir5('1975,471,450,'yes')javascript:abrir6('1962,471,450,'yes')javascript:abrir5('1967,471,450,'yes')javascript:abrir5('1967,471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_07',450,550,'yes')javascript:abrir('1927_67_08',545,250,'no')
  • 19661966

    Aparecen fragmentos de Cien aos de soledad en las revistas Eco (Bogot), Amaru (Lima) y Nuevo Mundo (Pars), y se edita La mala hora en Mxico, con autorizacin del autor, por la editorial Era, cuyo propietario es su amigo Vicente Rojo.

    9671967

    En junio se publica en la Editorial Sudamericana de Buenos Aires Cien aos de soledad y al mes siguiente Garca Mrquez asiste en Caracas al XII Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana y a la concesin del Premio Rmulo Gallegos a Mario Vargas Llosa.

    En agosto viaja a Buenos Aires, donde su recin publicada novela ha obtenido un xito asombroso, y comienza a tener un reconocimiento internacional como escritor de lite: le llueven premios de todos los rincones del mundo. En octubre se traslada a vivir a Barcelona con su familia, donde reside hasta 1975

    19691969

    En Barcelona, Garca Mrquez se establece ya definitivamente en la calle Caponat, del barrio de Sarri, cerca de donde vive Vargas Llosa.

    9701970

    Se edita en Barcelona, con la colaboracin de Luis Alejandro Velasco, el protagonista real de la historia, Relato de un nufrago que estuvo diez das a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado hroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre,recopilacin de un reportaje publicado en varios nmeros de El Espectadoren 1955.

    El Ministro de Relaciones Exteriores colombiano, Alfonso Lpez Michelsen, le ofrece el consulado de su pas en Barcelona, pero Garca Mrquez lo rechaza pblicamente.

    19711971

    La Universidad de Columbia en New York le nombra doctor honoris causa. Garca Mrquez viaja a EE.UU., y sta es una

    javascript:abrir5('1967,471,450,'yes')javascript:abrir5('1962,471,450,'yes')javascript:abrir5('1967,471,450,'yes')javascript:abrir5('1967,471,450,'yes')javascript:abrir('1927_67_09',545,365,'no')
  • de las pocas veces que no le niegan la visa de entrada al pas. Frente a la divisin que representa el caso Padilla, opta por la revolucin, causa que contina apoyando actualmente. Realiza un viaje a Colombia para bucear de cerca por el ambiente caribeo necesario para escribir su novela sobre la dictadura.

    19721972

    Obtiene el premio Rmulo Gallegos, cuyo importe cede al MAS (Movimiento al Socialismo), grupo revolucionario venezolano, y al Comit de Solidaridad con los presos polticos. Esta dcada ser de un gran compromiso social: Chile, Vietnam, Angola, Nicaragua y especialmente, Cuba. Publica el libro de cuentos La increble y triste historia de la cndida Erndira y de su abuela desalmada en edicin simultnea en Buenos Aires, Barcelona, Mxico D.F. y Caracas.

    19731973

    Se publica Cuando era feliz e indocumentado, coleccin de crnicas y reportajes editados en la prensa venezolana en 1958. Como reaccin ante la muerte de Salvador Allende, prepara la obra Chile, el golpe y los gringos

    19741974

    Se publica en Barcelona y Buenos AiresOjos de perro azul, coleccin de cuentos escritos entre 1947 y 1955. Garca Mrquez funda la revista polticaAlternativa en Bogot. El Tribunal Bertrand Russell, organizacin instituida para defender los derechos humanos, lo nombra vicepresidente. En los aos que siguieron aboga, al lado de Omar Torrijos, por el reintegro del canal de Panam a los panameos y por la causa de los revolucionarios sandinistas en Nicaragua, junto a su amigo, el novelista argentino Julio Cortzar.

    19751975

    Abandona Barcelona para instalarse en Mxico, y se establece en las Lomas del Pedregal, en el Distrito Federal. Viaja a Cuba con frecuencia por su amistad con Fidel Castro. Declara que no escribir ms novelas mientras no caiga la dictadura de Pinochet, por lo que se dedica de lleno al periodismo poltico y al activismo. Publica Todos los cuentos y El otoo del patriarca en Barcelona, Bogot y Buenos Aires, simultneamente.

    19761976

    Prepara un libro sobre la vida cotidiana en Cuba y escribe artculos sobre Angola, pas en el que intervino militarmente el gobierno cubano. Se edita en Bogot Crnicas y reportajes, una recopilacin de su primera obra periodstica.

    Ruptura entre Garca Mrquez y Vargas Llosa por motivos personales y polticos.

    javascript:abrir5('1974',471,450,'yes')javascript:abrir5('1975',471,450,'yes')javascript:abrir5('1975',471,450,'yes')
  • 19781978

    Se publica en Bogot una antologa de su Periodismo militante en edicin pirata y De viaje por los pases socialistas: 90 das en la cortina de hierro,publicados anteriormente en la revista Cromos de Bogot.

    19791979

    Viaja a Espaa, donde le recibe el rey Juan Carlos I. Poco despus se entrevista con el papa Juan Pablo II. En Mxico, el director de cine chileno Miguel Littn filma La viuda de Montiel, basado en un cuento de Garca Mrquez. La actriz Mara Rojo protagoniza Mara de mi corazn, con guin suyo, dirigida por Jaime Humberto Hermosilla. Forma parte de la Comisin Internacional sobre los Medios de Informacin y de Comunicacin organizada por la Unesco, que condena los gobiernos de Reagan y Thatcher y que conduce a la salida de sus pases de dicha organizacin.

    19801980

    La revista Alternativa, de corte socialista, que publica junto a Enrique Santos Caldern, se clausura en este ao. Regresa a Colombia y retoma su columna semanal en El Espectador. Trabaja en Crnica de una muerte anunciada, novela del crimen de Cayetano Gentile, consumado en Sucre veintinueve aos atrs.

    19811981

    Alterna su residencia entre Mxico y Bogot. Se le otorga la medalla de la Legin de Honor del gobierno francs y asiste a la investidura del nuevo presidente Franois Mitterrand. En marzo se le acusa en Colombia de estar vinculado al grupo guerrillero M-19, y tras la velada persecucin de las fuerzas militares del gobierno pide asilo poltico en la embajada mexicana en Bogot y fija su residencia en Mxico. Publica Crnica de una muerte anunciada en Bogot, Barcelona, Buenos Aires y Mxico, y la recopilacin completa de su Obra periodstica en cuatro volmenes.

    19821982

    En mayo forma parte del jurado del Festival de Cine de Cannes. En octubre se le concede el Premio Nobel de Literatura, que recoge en Estocolmo el mes de diciembre vestido de liquiliqui, a la usanza del Caribe oriental. Desde Albert Camus es el laureado ms joven, con 55 aos. El presidente colombiano Belisario Betancourt le ofrece total garanta para que regrese al pas y le respalda con una vistosa delegacin folklrica. Proyecta la creacin del diario El Otro en Bogot. La editorial Oveja Negra publica una retrospectiva de su obra escrita. Colabora con Graham Greene en distintas mediaciones polticas en Amrica Latina. Se le concede el guila Azteca, mxima condecoracin que el gobierno mexicano otorga a un extranjero. Publica varias obras; entre otras, en Bogot El verano feliz de la Seora Forbes, en Managua Viva Sandino y en Bogot y BarcelonaConversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza. El olor de la guayaba.

    javascript:abrir5('1981',471,450,'yes')
  • El habitus de Garca Mrquez

    Orlando Arajo Fontalvo Magster en Literatura Hispanoamericana Instituto Caro y Cuervo [email protected]

    Las principales dificultades de Cien aos de soledad fueron de tono y de lenguaje. Los hechos, tanto los ms triviales como los ms arbitrarios, estaban a mi disposicin desde los primeros aos de mi vida, pues eran material cotidiano en la regin donde nac y en la casa donde me criaron mis abuelos. G. G. M.

    Para Pierre Bourdieu, las acciones humanas no son respuestas instantneas a un estmulo, sino por el contrario, el fruto de toda la gnesis histrica de sus aspiraciones y preferencias. El habitus es precisamente eso: un saber socialmente adquirido, un conjunto de relaciones histricas depositadas en los cuerpos individuales bajo la forma de esquemas mentales y corporales de percepcin, apreciacin y accin1. El habitus puede verse, entonces, como un vasto sistema de disposiciones, virtualidades, potencialidades, enfrentado y afectado de manera constante por un cmulo de variadas experiencias. Ahora bien, el sistema de disposiciones que llev a Garca Mrquez a su toma de posicin en Cien aos de Soledad, tiene su origen, sin duda, en las especficas relaciones histricas que supuso la infancia del escritor. Es en este perodo en donde, inicialmente, deben buscarse las races del libro. El propio autor ha dicho que realmente lo que buscaba al escribir la obra era darle una salida literaria, integral, a todas las experiencias que de algn modo me hubieran afectado durante la infancia2.

    Nacer en el caribe y ser criado por los abuelos, son dos de los hechos que ms determinan la configuracin del habitus del novelista. Sin embargo, otros factores como el encuentro en Zipaquir con la diversidad cultural de Colombia, el reconocimiento en Europa de su condicin de latinoamericano y la actividad cinematogrfica constituyen importantes elementos que analizar en detalle.

    1. El influjo de los abuelos.

    Es incontestable la relevancia que tiene el entorno social para la configuracin de la concepcin del mundo de un escritor. El hecho de haber nacido en Aracataca, un pueblito de la Costa Caribe colombiana en el corazn mismo de la zona bananera del Magdalena, no constituye en modo alguno uno ms de los detalles biogrficos del autor. Por el contrario, es el punto de partida obligado de todo anlisis de la obra garciamarquiana, toda vez que all se encuentran los grmenes primigenios de su escritura. La idiosincrasia de la gente Caribe, su carcter, su temperamento, su particular visin del mundo, han llevado al escritor a reconocer que a partir de ningn otro espacio ideolgico hubiera podido escribir lo que ha escrito. La gente del Caribe es alegre, descomplicada, dicharachera y ha desarrollado, adems, lo que quiz son sus dos virtudes principales: el sentido del humor (la

    mailto:[email protected]
  • mamadera de gallo) y el discurso anecdtico. Juntas, estas cualidades funcionan como un eficaz instrumento para interpretar y comunicar la realidad.

    As pues, Garca Mrquez nace el domingo 6 de marzo de 1927, un ao antes de la matanza de los huelguistas en la estacin de Cinaga, cuando ya la United Fruit Company haba abandonado el pueblo y El Dorado bananero era cosa del pasado. A falta de algo mejor, Aracataca viva de mitos, de fantasmas, de soledad y de nostalgia3. Como es bien sabido, el pequeo Gabriel fue criado por sus abuelos maternos, Nicols Mrquez Iguarn y Tranquilina Iguarn Cotes, primos hermanos entre s. El abuelo fue testigo de excepcin del auge del banano. Era un viejo veterano de por lo menos dos guerras civiles, entre stas, la de los mil das (1899-1903), salvaje guerra civil que caus millares de vctimas y deshizo adems las finanzas colombianas.

    El perodo de socializacin con los abuelos es de extrema importancia para comprender la gnesis y la naturaleza del habitus de Gabriel Garca Mrquez. El coronel Nicols Mrquez le aporta a su nieto la formacin ideolgica del patriciado. Todas las contradicciones y ambigedades de este grupo social son las que resurgen en la toma de posicin de Cien aos de soledad. Contradicciones que deben ser entendidas como naturales dada la naturaleza polismica y pluriacentuada de los objetos culturales.

    Algunos bigrafos del novelista, han afirmado que la relacin de comunicacin y entendimiento entre el abuelo y el nieto se fundaba en la complicidad, pues los dos eran los nicos hombres en una casa llena de mujeres. Lo importante fue que don Nicols Mrquez, llevndolo siempre de la mano, mostrndole y contndole cosas, le ense a leer e interpretar la realidad y provoc su despertar ideolgico. El coronel Nicols Ricardo Mrquez fue la persona que ms han ponderado los sentimientos de Garca Mrquez. De l ha dicho que fue la nica persona con la cual tuvo comunicacin en la niez, que es la persona con quien mejor se ha entendido jams, que es la figura ms importante de su vida, que desde que muri no le ha sucedido nada interesante y que hasta las alegras de su vida de adulto son alegras incompletas por el simple hecho de que su abuelo no lo sepa4.

    La guerra de los mil das se inici con una rebelin liberal en contra del corrupto rgimen conservador de Manuel Sanclemente, y constituy una histrica matanza que dej al pas literalmente arrasado. A travs de los recuerdos del abuelo, que pele siempre en el bando liberal, a las rdenes del caudillo Rafael Uribe Uribe, Garca Mrquez revivi los episodios ms explosivos, los herosmos y padecimientos de esta guerra5. En Cien aos de soledad, el escritor busca el origen de la modernidad precisamente en las guerras civiles colombianas de finales del siglo XIX. All, uno de sus personajes, el doctor Alirio Noguera, resume el clima de intolerancia entre los dos partidos que se disputaban (y lo siguen haciendo) el poder poltico: lo nico eficaz es la violencia(pg. 196). Es muy significativo, en todo caso, que este falso mdico sea extranjero, as como los conservadores e incluso el ejercito, mientras que los hijos de los fundadores de Macondo son todos liberales. Es como si el texto sugiriera que Amrica Latina ha heredado una violencia, un estado de anarqua, que, como casi todas sus cosas, le lleg desde afuera. Es claro que el liberalismo tambin lleg de afuera, por eso, como se mostrar ms adelante, aunque los macondinos abrazan el ideario liberal, en realidad no lo comprenden.

    El entramado interdiscursivo de Cien aos de soledad (esto resulta de suma importancia) reproduce la formacin ideolgica del viejo patriciado. Jos Luis Romero sostiene que esta elite dirigente ocup el lugar de las burguesas criollas despus de la Independencia y se prolong aproximadamente hasta 1880. Luego, en los aos treinta, cuando Garca Mrquez era conducido por su abuelo, la presin econmica desencadenada por la revolucin industrial desde haca mucho tiempo haba transformado la estructura social de Amrica latina. La vigencia del patriciado en tanto clase social dominante era cosa del pasado. Resulta previsible que el viejo coronel no tuviera ms remedio que hablarle a su nieto con la nostalgia de los tiempos idos. Desde luego, se hace imprescindible profundizar en la orientacin ideolgica de la clase social que evocaba el coronel en sus relatos.

  • Las burguesas criollas, que se haban conformado en los ltimos decenios del siglo XVIII, y que estaban atadas a viejos esquemas iluministas, luego de consolidada la Independencia, cedieron su lugar de privilegio al patriciado. Es curioso, pues las burguesas criollas fueron precisamente las promotoras de la Independencia. Sin embargo, su proyecto qued invalidado por un tiempo ante una nueva sociedad que se transformaba con rapidez. En ese panorama catico, en ese afn de encontrar una opcin, surgi el patriciado. Fue un grupo heterogneo que se form en las luchas por la organizacin de las nuevas nacionalidades, y que constituy la clase dirigente de las ciudades6.

    En realidad, el origen del patriciado fue la fusin de las burguesas criollas con los emergentes grupos de poder que aparecieron en la nueva sociedad. La tarea que le correspondi en suerte consisti en dirigir el encausamiento de los nuevos estados luego de que la Independencia desatara los lazos que sujetaban a la sociedad criolla. Como se ve, el patriciado no era un grupo preexistente, ni fue desde el principio homogneo7. Su nota predominante fueron los intereses encontrados y las ideologas en pugna. Algunos de los subgrupos que lo conformaron mostraron alguna lucidez, pero casi todos obraron espontneamente, movidos por sus intereses inmediatos, econmicos o polticos, sin preocuparse por la coherencia de sus actos, ni por la legitimidad, ni por sus implicaciones ideolgicas8. A estos grupos les preocup ms la accin que las ideas.

    El patriciado surge, entonces, en un perodo de gran inestabilidad social e ideolgica. Como fruto de los grupos que lo integraban, termin por ser entre urbano y rural, entre iluminista y romntico, entre progresista y conservador9. Su inequvoca naturaleza criolla le imprimi adems una imprecisa filosofa de la vida, pues la vaga ideologa del criollismo tena ms fuerza emocional que doctrinaria. As las cosas, esta nueva clase social dirigente sali de un enrevesado entrecruzamiento de ideologas. Al calor del cambio, el patriciado esbozo la imagen de la nueva sociedad, pero al hacerlo, entrecruz tambin distintas concepciones. A la interpretacin de la sociedad que el liberalismo haba heredado de la Ilustracin, le opuso la interpretacin romntica. Sin embargo, resabios de la concepcin hidalga latan en la concepcin liberal, que suplant el distingo entre las clases fundado en el origen, por otro basado en la propiedad y la ilustracin10.

    De este modo, en la mentalidad del nuevo patriciado, operaron simultneamente tres ideologas. El sujeto cultural patricio fue, entonces, medio urbano y medio rural, un poco seorial y un poco burgus. Esta clase social, de caracteres inditos, reflej, una a una, todas las contradicciones de la sociedad naciente.

    Precisamente, estas contradicciones son las que resurgen en Cien aos de soledad. Una toma de posicin moderna que, no obstante, incorpora en su proyecto elementos provenientes de la premodernidad. La idea de solidaridad, tomada como se ver de la tica del vallenato, resulta claramente incompatible con el individualismo de la sociedad moderna. Pero acaso haba coherencia ideolgica en la conciencia colectiva del patriciado? acaso en Amrica Latina el proceso de acceso a la modernidad no ha estado plagado de contrasentidos y postergaciones? Adems, como afirma Edmond Cros, la literatura no da ningn mensaje monosmico, es inconveniente, cuando no perjudicial, tratar de resumir un texto de ficcin a un mensaje ideolgico. El estructuralismo gentico de Lucien Goldmann sostuvo por mucho tiempo que la principal cualidad del concepto de visin del mundo era la coherencia, la univocidad. El valor esttico de una obra era, por consiguiente, proporcional a su grado de coherencia. La sociocrtica moderna considera que es ms sensato, en cambio, tratar de delinear, de definir, de localizar los espacios discursivos de contradicciones en el texto. O sea, si nos interesa en cierto nivel la coherencia del texto, nos interesa todava ms los espacios de contradicciones11. Lo anterior permite dar cuenta de la compleja polisemia de un texto literario. As pues, en lo sucesivo tratar de definir cmo estas contradicciones textuales relativas a la modernidad, no hacen sino reproducir las contradicciones de la formacin social e ideolgica del patriciado, as como la peculiaridad idiosincrsica de la modernidad colombiana.

    Por otra parte, la otra figura determinante de esta poca es doa Tranquilina Iguarn, la abuela de rostro

  • inmutable, de cuyos labios, el futuro escritor escuch las leyendas, las fbulas y las prestigiosas mentiras con que la fantasa popular evocaba el antiguo esplendor de la regin [...] A cada pregunta del nieto, la seora responda con largas historias en las que siempre asomaban los espritus12. Para Garca Mrquez, el mundo de los abuelos era sustancialmente diferente. El del coronel le transmita seguridad, mientras que el de la abuela, desorientacin e incluso terror. Sin embargo, nunca pudo dejar de sentir una fascinacin especial y una atraccin poderosa por aquel mundo sobrenatural, entretejido de mitos y supersticiones que sera fundamental para la definicin del proyecto esttico de Cien aos de soledad: Incorporar la maravilla al plano cotidiano13.

    Tuve que vivir veinte aos, y escribir cuatro libros de aprendizaje para descubrir que la solucin estaba en los orgenes mismos del problema: haba que contar el cuento, simplemente, como lo contaban los abuelos. Es decir, en un tono impertrrito, con una seriedad a toda prueba que no se alteraba aunque se les estuviera cayendo el mundo encima, y sin poner en duda en ningn momento lo que estaban contando, as fuera lo ms frvolo o lo ms truculento, como si hubieran sabido aquellos viejos que en literatura no hay nada ms convincente que la propia conviccin14.

    No sobra anotar que, segn Irlemar Chiampi, lo que mejor expresa la esttica del realismo maravilloso es el efecto discursivo del encantamiento en el lector. En este particular tipo de discurso, el sujeto responsable de lo que se dice no pretende el extraamiento del lector. Por el contrario, su propsito no es otro que persuadirlo de que la maravilla est en la realidad misma. De este modo, en Cien aos de soledad, la impavidez del narrador actualiza el tono convincente que la abuela Tranquilina le imprima a sus relatos. De este elemento del habitus garcamarquiano proviene, sin duda, la serenidad con que el narrador presenta los hechos ms inslitos. Bastar con slo citar el incidente de la estera voladora: Una tarde se entusiasmaron los muchachos con la estera voladora que pas veloz al nivel de la ventana del laboratorio llevando al gitano conductor y a varios nios de la aldea que hacan alegres saludos con la mano (pg. 117). Ntese la naturalidad del narrador. Pero an ms impavidez demuestra la respuesta de Jos Arcadio Buenda, que ni siquiera la mir: Djenlos que sueen. Nosotros volaremos mejor que ellos con recursos ms cientficos que ese miserable sobrecamas(pg. 117). Se subraya en este punto, entonces, la aceptacin de lo maravilloso sin ms explicaciones, as como la pertinente utilizacin de un elemento tan cotidiano, tan perfectamente natural como un sobrecamas, que coloca la situacin en el mbito inequvoco de la naturalidad.

    La cara de palo de la abuela Tranquilina, su particular modo de percibir la realidad y de comunicarla, es imprescindible para iniciar el acercamiento terico al proyecto esttico de la novela de Garca Mrquez. Por supuesto, esta primera frmula generadora,incorporar la maravilla al plano cotidiano, ser objeto de un anlisis riguroso que permita sacar a la luz conclusiones ms claras respecto del concepto cultural de lo maravilloso y de la complejidad de los elementos que intervienen en el proyecto esttico deCien aos de soledad.

    2. El sujeto cultural vallenato en Cien aos de soledad.

    y tres razas nos fundimos para ser expresin de la provincia, y anduve a lomo de burro recorriendo pueblos, llevando noticias. Yo soy el acorden que me hice trovador narrando en un paseo los aconteceres de la regin, cantando en un merengue cualquier ancdota que all ocurra,

  • y expresando en una puya una picarda o diciendo en un son una nostalgia o algn sentir del corazn. Legendario Taguancha

    El novelista cubano Alejo Carpentier, en una de sus conferencias15, sostuvo que pese a la extraordinaria diversidad del Caribe, fruto de la simbiosis de tres razas: la blanca de Europa, la india de Amrica y la negra de Africa, el denominador comn est constituido por el elemento creativo, creador y profundamente vital de su msica. La msica del Caribe, la cumbia, el merengue, la guaracha, no es folclor de archivo, sino por el contrario, folclor vivo que cambia, se enriquece y se diversifica cada da. En el Caribe, la msica es mucho ms evidente que el calor o que el mestizaje.

    En el caso especfico de Garca Mrquez, la msica que ejerci una influencia determinante en la configuracin de su habitus esttico fue el vallenato. Es claro que me refiero al vallenato primigenio, cantado a la manera del mester de juglara, surgido de las entraas de la vaquera y cuya cuna va desde Riohacha hasta la zona bananera. En modo alguno tengo presente la msica comercial, prefabricada y monotemtica que ha infestado las emisoras colombianas en los aos recientes.

    Sin lugar a dudas, creo que mis influencias, sobre todo, en Colombia, son extraliterarias. Creo que ms que cualquier otro libro, lo que me abri los ojos fue la msica, los cantos vallenatos [...] Me llamaba la atencin, sobre todo, la forma como ellos contaban, como relataban un hecho, una historia [...] Con mucha naturalidad[...] Esos vallenatos narraban como mi abuela16.

    El acorden europeo, la caja africana y la guacharaca indgena, los principales instrumentos con que se interpreta el vallenato, son una fehaciente muestra de integracin tnica y cultural. En sus orgenes esta msica era compuesta, cantada y ejecutada por un mismo individuo. Adems de lo anterior, existe otro elemento que explica la poderosa atraccin que en Garca Mrquez ejerci el vallenato:

    No hay una sola letra en los vallenatos que no corresponda a un episodio cierto de la vida real, a una experiencia del autor. Un juglar del ro Cesar no canta porque s, ni cuando le viene en gana, sino cuando siente el apremio de hacerlo despus de haber sido estimulado por un hecho real. Exactamente como el verdadero poeta. Exactamente como los mejores juglares de la estirpe medieval17.

    La pasin por esta msica se vio fortalecida, gracias a su amistad con el compositor vallenato Rafael Escalona, con quien recorri los pueblos del Magdalena, el Cesar y la Guajira, y de quien lleg a decir que es distinto, porque es quiz el nico que no conoce la ejecucin de instrumento alguno. El nico que no se convierte en intrprete de su propia msica, Simplemente, canta como le va dictando el recuerdo y permite que a sus espaldas venga la ancha garganta del pueblo, recogiendo y eternizando sus palabras18.

    Pues bien, cuando afirmo que la msica vallenata es uno de los elementos ms importantes en la configuracin del habitus esttico de Garca Mrquez, tengo en mente la particular axiologa que se evidencia en el proyecto esttico del vallenato costumbrista. El producto musical elaborado a partir de la cotidianidad de las gentes humildes del Valle de Upar, del Magdalena y la Guajira es, de manera principal, un eficiente sistema de interpretacin del mundo. A travs de estos cantos se actualizan, en un amplio trasfondo cultural, los diferentes sistemas ticos de toda una regin. El vallenato, en ltimas, ms que un simple relato cantado, es una evaluacin del mundo de carcter simblico, cuyo objetivo primordial es la produccin de una tica particular.

    Edmond Cros ha sostenido que la cultura es el mbito donde la ideologa se expresa con mayor eficacia. El vasto conjunto de manifestaciones concretas de la cultura, tales como las prcticas sociales y discursivas, se encarga de

  • enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad19. Al tiempo, dichas prcticas configuran una conciencia que garantiza la continuidad de lo que el profesor Cros ha llamado un sujeto cultural. Esto es, una instancia ideolgica que integra a todos los miembros de una colectividad y los remite a sus correspondientes posiciones de clase. Los cantos vallenatos son precisamente eso: prcticas discursivas, manifestaciones concretas de la ideologa de las que emerge un sujeto cultural. Su funcin objetiva es mantener y reproducir una organizada red de sentimientos, valores y expectativas que comparten los miembros del grupo social pueblerino y campesino del valle situado entre la Sierra Nevada, la cordillera de los Andes, el ro Magdalena y el sur de la pennsula de La Guajira. Para comprender mejor el proceso de identificacin que implica lo anterior, he revisado algunos de los rasgos ms importantes de este ambiente cultural20.

    En estos pueblos existe un slido sentimiento de solidaridad, pues todos se conocen y las relaciones sociales se dan cara a cara. La religiosidad de la gente con frecuencia se ve salpicada de animismo y supersticin. Los apellidos funcionan como fuentes de prestigio. Los comportamientos y papeles sociales se heredan de una generacin a otra (las famosas dinastas). Hay una decidida tendencia al pique, esto es, al enfrentamiento entre sujetos de reconocida habilidad: comilones, hacheros, acordeonistas, etc. Finalmente, y esto resulta importante, hay un afn por la recuperacin memorial del pasado, y a su exposicin como modelo del presente. La gente mayor emplea siempre las frmulas cuando yo, este pueblo antes, me acuerdo, esto no siempre fue as, las cosas han cambiado mucho.

    La msica que se produce en ese mbito expresa, en primera instancia, un marcado carcter sexista. En el caso de los hombres, por ejemplo, el consejo cultural es vitalista, por no decir dionisaco: la vida es para gozarla en la parranda y con mujeres. Claros ejemplos de lo anterior, los hallamos en el paseo de Rafael Valencia La Caja Negra: El hombre que trabaja y bebe / djenlo gozar la vida / porque eso es lo que se lleva / si tarde o temprano muere / despus de la caja negra, compadre / creo que ms nada se lleve [...] Todo el que tenga sus bienes/ que se los goce bastante/ creo que lo ms importante/ es que goce con mujeres/ que tarde o temprano muere/ y sus bienes/ no sabe qu se los hacen. Sucede lo propio en el amor amor: Este es el amor amor / el amor que me divierte / cuando estoy en la parranda / no me acuerdo de la muerte.

    El paseo No me guardes luto, del juglar Armando Zabaleta, constituye una de las mejores muestras de la clara orientacin vitalista del vallenato: Negra, si me muero no me guardes luto / que el muerto no oye, ni ve ni entiende / ahora que estoy vivo es que debes quererme / as es que recibo tus caricias con gusto / si yo me muero no te voy a ver llorando / ni te voy a ver con traje negro / ni te voy a or cuando me ests rezando / ni te veo llevarme flores al cementerio. El negro Alejo Durn dice lo mismo en La mujer y la primavera: Debemos gozar la juventud / porque el tiempo que se va no vuelve / mientras se tenga vida y salud / es lo que le advierto a las mujeres.

    La puya Mi testamento, de Julio de la Ossa, puede servir para resumir el prestigio social del mujeriego: Ya yo hice mi testamento/ por si acaso me muriere/ dej trescientas mujeres/ llenas de agradecimiento/ hijos, tengo medio ciento/ legtimos y naturales. Pero si entre los hombres, los cantos vallenatos prestigian y reproducen los valores del parrandero y del mujeriego, demandan de las mujeres, en cambio, fidelidad y abnegacin. El merengue de Rafael Escalona, La Maye, permite ilustrar como se reproduce el contra-valor femenino de los celos: Lo que no quiero es verte celosa / lo que no quiero es verte llorar / porque esa pena te va a matar / y entonces tengo que buscar otra. Del mismo modo que en el paseo Carmen Daz, de Emiliano Zuleta, en donde la conciencia colectiva le recuerda a la mujer que debe tolerar la infidelidad del marido: Me le dice a Carmen Daz / que sufra y tenga paciencia / o es que ella no saba / que Emiliano es sinvergenza. O en el merengue Con la misma fuerza, del propio Zuleta Vaquero: La seora Carmen Daz/ me vive mortificando/ no sabiendo que Emiliano/ se rebusca todava/ y Emiliano entre ms das / vive ms entusiasmado/ siempre estoy enamorado/ consigo mujeres buenas/ no estoy solo en Villanueva/ siempre vivo acompaado.

  • As mismo, la mujer debe entregarse slo por amor, pues el amor interesado tiene una sancin negativa. El Amor comprado, de Armando Zabaleta, me permite ejemplificar esta situacin: Porque es muy triste que una mujer / se entregue a un hombre por inters / porque ese hombre no la puede querer / pero ni ella puede quererlo a l [...] El amor comprado nunca es sincero / ese que se consigue sin moneda / ese s es puro y verdadero.

    Un elemento axiolgico de la msica vallenata que no se debe pasar por alto lo constituye el hecho de que el campo es mejor que la ciudad. Adolfo Pacheco recoge este sentir y lo expresa con acierto en El viejo Miguel: Yo me desespero y me da dolor porque la ciudad / tiene otro destino y tiene su mal para el provinciano [...] A mi pueblo no lo llego a cambiar por ningn imperio / yo sigo mejor llevando siempre vida sencilla.

    El paradigma axiolgico que orienta el comportamiento de estos pueblos y que se hace evidente en su msica se sintetiza de la siguiente manera: 1. Para los hombres, la vida debe ser parranda, goce y mujeres. 2. Para las mujeres, el hogar, la familia y la fidelidad conyugal. 3. Es mejor el campo que la ciudad. 4. La memoria del pasado rige la interpretacin del presente. 5. La solidaridad domina las relaciones sociales. Ahora bien, la tica del vallenato, que supone esencialmente una concepcin conservadora, pragmtica, patriarcal y machista del mundo, constituye un elemento claramente premoderno que se integra en el proyecto esttico de Cien aos de soledad con elementos provenientes de la modernidad. Este espacio de contradiccin ser entendido como el resultado de la reproduccin textual de las contradicciones ideolgicas de la formacin social del patriciado. En una palabra, la contradiccin ser asumida como una caracterstica inherente y enriquecedora de los objetos culturales y no como una deficiencia esttica.

    Lo verdaderamente importante en la relacin del vallenato y la obra de Garca Mrquez, no es que mencione a Escalona o a Francisco, El Hombre, elementos temticos que de momento no considero relevantes. En cambio, quiero subrayar, eso s, la deuda que el proyecto esttico de Cien aos tiene con el sujeto cultural que se pone en escena en la enunciacin de los cantos vallenatos. Es bueno recordar que ese sujeto cultural al que me he estado refiriendo, es un sujeto transindividual que se vierte en las conciencias individuales por medio de prcticas discursivas especficas, esto es, microsemiticas especficas. Lo interesante es que cada microsemitica transcribe en signos el conjunto de las aspiraciones, de las frustraciones y de los problemas vitales de los grupos implicados21. Mi conclusin de todo esto, obviamente apoyado en los trabajos del profesor Cros, es que cuando Garca Mrquez se sienta en Mxico a escribir Cien aos de soledad no selecciona los signos que va a utilizar de un espaol abstracto e ideal, sino que selecciona sus signos en el conjunto de las expresiones semiticas reproducidas por el sujeto cultural vallenato al que l perteneci en el pasado. De este modo, en la novela del ao 67 se redistribuyen las formaciones sociales, ideolgicas y discursivas en las que estuvo inmerso el escritor. La msica de los juglares supuso para Garca Mrquez un producto esttico elaborado a partir de un sistema de valores compartidos. En el campo de la msica, el novelista hall las respuestas que no haba encontrado en los libros. Cuando cay en la cuenta de que en los cantos vallenatos la memoria del pasado dominaba la interpretacin del presente, pudo percibir sin problemas la nostalgia de su abuelo, el coronel Nicols Mrquez, aorando los tiempos en que no haba llegado a Aracataca la hojarasca de los emergentes. Cuando escuch los versos vitalistas de unos campesinos parranderos que reclamaban de sus mujeres conformidad y paciencia, mientras ellos "se tiraban a la perdicin", pudo ver a su abuelo empecinado en empujar la historia, y a su abuela Tranquilina sosteniendo la casa para que no se les viniera encima. La religiosidad animista de la msica vallenata tambin le hizo entender el mundo alucinante de su abuela, y el desparpajo de su oralidad a flor de piel. Aquella msica provinciana haba hecho visibles los matices que la inmediatez no dejaba ver. Los juglares campesinos, sin saberlo, haban hecho coherentes las contradicciones de su misma conciencia colectiva.

    Todo lo anterior, se materializa en la puesta en forma de Cien aos de soledad: la antinomia de los personajes masculinos y femeninos, en donde la axiologa imprime en los primeros el arrebato de las parrandas, la guerra y los inventos. rsula lo dice mejor: As son todos...locos de nacimiento (p.293). Los esquemas femeninos de

  • pensamiento estn dominados, en cambio, por la mesura. Para Garca Mrquez, las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia"22. La msica vallenata aporta tambin la imagen cultural que las mujeres deben observar. La dimensin sexual de stas se ve reprimida a causa de su condicin de seoras de la casa. Mujeres como rsula o Fernanda se convierten, a pesar de los hijos, en seres asexuados. Las excepciones que confirman esta premisa son, por supuesto, las putas y las concubinas, es decir, Pilar Ternera y Petra Cotes.

    El apellido Buenda identifica a su portador como miembro efectivo de la dinasta ms influyente y representativa de Macondo. Funciona, a todas luces, como una fuente de prestigio social, tal y como en el vallenato. En la tienda de Catarino, alguien le grita a Arcadio: No mereces el apellido que llevas (pg. 212), rsula tambin le increpa: Eres la vergenza de nuestro apellido (pg. 216). En cambio, el apellido de Aureliano Jos hace que los soldados, acostumbrados a obedecer, desoigan la orden de disparar: Es un Buenda, explic uno de ellos (pg. 260).

    Del mismo modo, la certidumbre de que el campo es mejor que la ciudad, es evidente en la evolucin socio-histrica de Macondo. Un microcosmos que de ser un pueblo idlico, donde sus 300 habitantes se conocan entre s, nadie era mayor de treinta aos y donde nadie haba muerto (pg. 90), deviene en un remolino de vicios y males cuando se transforma en ciudad. As como en el vallenato, esta parte de la novela refleja un ambiente rural en donde la solidaridad domina las relaciones sociales. El patriarca decida el trazado de las calles y la posicin de las nuevas casas , de manera que nadie disfrutara de privilegios que no tuvieran todas (pg. 126). Lo que ayuda a comprender el origen de la idea garcamarquiana segn la cual la soledad es lo contrario de la solidaridad.

    Nadie ha tocado el punto que a m ms me interesaba al escribir el libro, que es la idea de que la soledad es lo contrario de la solidaridad y que yo creo que es la esencia del libro. Eso explica la frustracin de los Buenda, uno por uno; la frustracin de su medio, frustracin de Macondo. Y yo creo que aqu hay un concepto poltico: la soledad considerada como la negacin de la solidaridad es un concepto poltico. Y es un concepto poltico importante. Y nadie lo ha visto o, por lo menos, nadie lo ha dicho.

    La frustracin de los Buenda proviene de su soledad, o sea, de su falta de solidaridad, la frustracin de Macondo viene de ah y la frustracin de todo, de todo, de todo23.

    La frustracin de sus criaturas provendra, entonces, de la deliberada negacin de uno de los principales valores del paradigma axiolgico de la msica de los juglares. El razonamiento es el siguiente: si los vallenatos dicen que la adhesin a la causa de todos es fuente de prestigio, de amigos y de felicidad, pues entonces la ausencia de este valor slo puede significar lo contrario: soledad y frustracin. El individuo racional de la edad moderna es el centro del mundo, el origen de la ciencia, la moral, la nueva historia y el progreso, pero es un ser que errneamente piensa que slo depende de s mismo, por eso su individualismo y su soledad. De este modo, la idea de que nadie disfrute de privilegios que no posean todos, no solamente es una postura comunista, sino que supone tambin un enorme componente de utopa. Bourdieu ha demostrado que en todos los campos hay competencia y lucha por acumular capital. Resulta difcil concebir un campo en ese estado de equilibrio. Slo en el Macondo primitivo ninguna casa reciba ms sol que otras a la hora del calor (pg. 89). Sin embargo, esto supone tambin un severo cuestionamiento a uno de los pilares sobre los que se levanta la modernidad: la supuesta democratizacin de la riqueza social. Una de las banderas que enarbol la burguesa en su poca de ascenso. Obviamente, es bien sabido que cuando sobrevino su triunfo, la burguesa perdi el componente de crtica y se volvi afirmativa de sus intereses. De hecho, como se ver ms adelante, ni la felicidad ni la libertad (mucho menos la solidaridad) son compatibles con la idea de progreso que caracteriza a la modernidad. Luego, la esencia de Cien aos de soledad es, precisamente, la contradiccin entre progreso moderno y solidaridad premoderna.

  • En suma, las mil y una peripecias de los Buenda no tienen la escueta misin de comunicar acontecimientos particulares, sino que, como en los cantos vallenatos, funcionan como un mecanismo de reproduccin cultural. En trminos de Mukarovsky, tanto en el vallenato como en la obra de Garca Mrquez predomina la funcin autnoma, de carcter simblico, sobre la funcin comunicativa.

    3. Diversidad cultural e identidad.

    Con casi diecisis aos, y luego de sucesivas estancias en Barranquilla y Sucre, Garca Mrquez consigue una beca para realizar su bachillerato en Zipaquir. La misma pequea y fra ciudad de decrpitos balcones de maderas destripadas por los hongos (pg. 322) en donde Aureliano Segundo se extravi por desfiladeros de niebla, por tiempos reservados al olvido, por laberintos de desilusin (pg. 322). En ese pramo amarillo donde el eco repeta los pensamientos y la ansiedad provocaba espejismos premonitorios(pg. 322), el novelista conoci de cerca el desamparo, pero al mismo tiempo, tuvo acceso a la diversidad cultural del pas. La inconfundible diccin del pramo (pg. 322) no signific simplemente una manera distinta de apropiacin de la lengua, sino que, sobre todo, fue la revelacin inequvoca de un modo distinto de percibir la realidad, de conformar el pensamiento, de estructurar la sociedad y de construir una identidad cultural.

    Creo que en Zipaquir lo importante fue la confrontacin de culturas con el resto del pas, no slo con el interior. Creo que, al final, la gran suerte que tuve fue que me enviaran al Liceo Nacional de Zipaquir porque era el internado de todos los pobres becados del pas. Yo recuerdo haberme peleado por el San Bartolom de Bogot, pero ah no haba nada que hacer: era el colegio de las grandes recomendaciones, de las grandes familias del pas, de los polticos. Entonces me enviaron para Zipaquir ,que era el siguiente y que era mucho mejor. Todo lo que aprend se lo debo al bachillerato24.

    De otra parte, el rgimen conventual fue muy propicio para el desarrollo de su formacin literaria. All, estimulado por el maestro Caldern Hermida, ley en la biblioteca del colegio mucha literatura colombiana y universal. Conoci entonces la poesa piedracielista25, que se convirti pronto en su pasin dominante. De igual modo, se acerc a La montaa mgica, El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, Madame Bovary, y un libro a todas luces fundamental: Las Profecas, de Nostradamus. De esta poca fructfera en lecturas, mediados de la dcada del 40, son tambin sus primeros poemas y cuentos propiamente dichos, y sus pinitos periodsticos en la Gaceta Literaria del Liceo.

    Una vez finalizado el bachillerato, Garca Mrquez inicia, en la Universidad Nacional de Colombia, la carrera de Derecho. No obstante, a raz de los hechos del 9 de abril de 194826, se ve obligado a regresar a la costa. Este hecho es fundamental para el habitus del novelista, toda vez que supone una transformacin sustancial en su concepcin literaria. Se dio cuenta, por primera vez, de que poda haber correspondencia entre lo que estaba leyendo y lo que estaba viviendo y lo que haba vivido siempre27. La temporada de Cartagena le dio la oportunidad de conocer a personas definitivas en su aprendizaje literario, entre stos, el poeta y pintor -luego novelista- Hctor Rojas Herazo, Gustavo Ibarra Merlano, profundo conocedor de los Clsicos, y Clemente Manuel Zabala, lector de literatura francesa y jefe de redaccin de El Universal, diario para el que Garca Mrquez prestaba sus servicios. El encuentro de Garca Mrquez y Rojas Herazo resultaba de vital importancia, ya que ambos andaban en lo mismo: Tratando de elaborar un sistema potico que les permitiera interpretar lo que los rodeaba.

    En Barranquilla, la cosa result an mejor. Al lado del tambin escritor lvaro Cepeda Samudio, los pintores Alejandro Obregn y Orlando Rivera, Germn Vargas, Alfonso Fuenmayor, el cataln Ramn Vinyes y Jos Felix Fuenmayor, conform lo que se ha dado en llamar el Grupo de Barranquilla o, como prefiere Garca Mrquez, los mamadores de gallo de La Cueva.

  • Aparte del reencuentro con el Caribe, de por s ya muy importante, estas dos pocas, en Cartagena y en Barranquilla, se caracterizaron por la lectura de mucha literatura, tanto clsica como norteamericana y europea. De igual modo, el ejercicio periodstico en El Universal y El Heraldo le sirvi para poner en prctica todo los recursos tcnicos que iba adquiriendo a travs de la lectura. No es coincidencial, entonces, que La hojarasca, su primera novela, sea precisamente de esa poca.

    Si bien es indudable la importancia que tuvo el periodismo en la consolidacin literaria de Garca Mrquez , no es menos cierto que la visin del nuevo periodismo, heredada de Hemingway, es mucho ms determinante en novelas como El coronel no tiene quien le escriba, y menos en una obra como Cien aos de soledad. Sin embargo, estoy convencido de que los siguientes factores s resultan relevantes en la estructuracin del habitus que habra de desembocar en la toma de posicin que se lee en Cien aos de soledad: Europa y el cine.

    4. Imagen conceptual de Amrica Latina.

    Esta experiencia es fundamental, en el sentido de que al entrar en contacto con la cultura europea toma conciencia de su autntica condicin de latinoamericano. Me refiero a que el problema de su propia identidad, necesariamente, tuvo que derivar en la pregunta por el ser de todo el continente.

    Estoy convencido de que si no hubiera estado en Europa en el momento en que estuve, mi concepcin de Amrica Latina y, particularmente del Caribe, sera distinta. Europa me ense, primero, que era latinoamericano, porque cuando fui slo conoca Colombia[...] No haba tenido posibilidad de viajar por el resto de Amrica Latina y, por consiguiente, no tena una concepcin geogrfica, ni emocional, ni cultural de la Amrica Latina. Pero en los cafs de Pars conoc a los mexicanos, a los guatemaltecos, a los bolivianos, a los brasileos, y me di cuenta de que yo perteneca a ese mundo, que no era solamente colombiano sino latinoamericano. Y en relacin con Colombia, me di cuenta de lo diferente que era yo de los europeos, siendo colombiano. Y no que unos fueran mejores o peores que otros, sino que ramos completamente distintos28.

    Este elemento del habitus de Garca Mrquez, el hecho de tomar conciencia sobre la diferencia de visiones de mundo entre Amrica Latina y Europa, es esencial para entender la eleccin que, aos ms tarde, el autor efectuara para discernir el tipo de escritura que utilizara en Cien aos de soledad. Garca Mrquez debi pensar que si era distinto por el hecho de ser latinoamericano, el instrumento para comprender su realidad necesariamente deba brotar de Amrica Latina. En este sentido, el autor colombiano se acerca a la tesis de su colega cubano Alejo Carpentier, segn la cual todo en este continente es desmesurado, maravilloso, pues el autntico espritu de Amrica, su naturaleza propia, no es otra que el barroco. Las caractersticas del barroco estn presentes desde la misma apertura de la novela y constituyen la puerta de entrada para el anlisis de la postura ideolgica de Garca Mrquez.

    Europa, insisto, le permiti a Garca Mrquez ver lo que no haba visto, y desde ese instante, su bsqueda a travs de la literatura de una definicin de la identidad cultural de Latinoamrica, contara, a no dudarlo, con ms y mejores elementos de juicio. Las experiencias de Zipaquir y Europa pusieron, entonces, a Garca Mrquez de cara contra una realidad multicultural y plurilingstica. El contacto con otras maneras de percibir y construir la realidad favoreci su visin del Caribe y de Latinoamrica. Del mismo modo, puso sobre el tapete la cuestin de la identidad que ser fundamental para comprender la toma de posicin del novelista. De otra parte, el reencuentro con el Caribe constituy un puente entre la realidad y la literatura que result de suma importancia en la formacin literaria de Garca Mrquez. Muchas de las personalidades que frecuent en Cartagena y Barranquilla le hicieron grandes aportes tcnicos e ideolgicos a su formacin de escritor.

  • 5. La palabra y la imagen en el cine y la literatura.

    En Mxico, luego de publicar varios libros sin mayor reconocimiento, Garca Mrquez deja la escritura en una suerte de remojo y se dedica por completo al cine. Quiz no se daba cuenta, pero lo que buscaba en el fondo era lo mismo: un instrumento vlido de interpretacin de la realidad. Hubo un momento en que el cine me interesaba mucho ms que la novela. Consideraba que era un medio de expresin con el cual se poda ir mucho ms lejos que con la literatura. Suspend el trabajo literario por un tiempo y me fui a trabajar a Mxico en el cine. Te puedo asegurar que prcticamente todas las historias que estn en Cien aos de soledad estuvieron en la mesa de los productores de cine y las rechazaban porque decan que eran inverosmiles y no llegaban a la gente. Entonces me sent muy desilusionado. Me sent tan desahuciado en el cine que empec a escribir Cien aos de soledad, que siempre dije que est escrita contra el cine en el sentido de demostrar que la literatura tiene mucho ms alcance, mayores posibilidades de llegar a todo el mundo, que el cine29.

    La actividad continua y sistemtica en un campo de produccin cultural distinto al campo literario, y su consecuente fracaso, le abri los ojos a Garca Mrquez. Le hizo ver que lo suyo esencialmente era la palabra, la escritura. Creo que el gran hallazgo de esta poca fue comprobar que, efectivamente, el cine y la literatura eran sistemas modelizadores sin equivalencias integrales. El paso del campo literario al cinematogrfico, a causa de la dismil extensin de sus productos textuales, implica una transfiguracin drstica del material de partida. Se ven transformados los contenidos semnticos, las categoras temporales, las instancias enunciativas y los procesos estilsticos. La literatura, sostiene Pere Gimferrer, puede decir con extensin, y en cierto modo con intensidad, cosas que el cine slo puede expresar visualmente y con las limitaciones derivadas del lenguaje visual y de la duracin30.

    En los escritos de Garca Mrquez, por dems, la relacin entre la palabra y el objeto tiene un carcter indefinido. En otros trminos, existe un acucioso trabajo con el lenguaje que busca crear nuevas imgenes a partir de diversas magnitudes semnticas. Lo cual hace que la estructura lingstica resultante no pueda ser fotografiada con xito. Viktor Sklovski resume de la siguiente manera la naturaleza de esta discusin: Si es imposible expresar una novela con palabras diversas a aquellas con las que ha sido escrita, si no se pueden modificar los sonidos de un poema sin modificar su esencia, an menos se puede sustituir una palabra por una sombra gris-negra centelleando sobre la pantalla31.

    La orientacin verbal de las imgenes creadas por Garca Mrquez hace que, salvo el mero argumento, casi nada de sus obras pueda ser transferido a la pantalla. Lo que explica, hasta cierto punto, el xito de sus proyectos literarios y el relativo fracaso de sus empresas cinematogrficas. As las cosas, desde el punto de vista tcnico, Cien aos de soledad constituye, una toma de posicin efectuada en el campo de la novela, pero que es, del mismo modo, una respuesta al cine. Respuesta que, adems de lo anterior, es un alegato a la falta de autonoma del escritor sobre su trabajo, pues el guionista es simplemente una ms de las piezas que componen el complejo engranaje de intereses contradictorios que supone la actividad cinematogrfica. Por esa razn, afirma el autor, escrib una novela con soluciones totalmente literarias, una novela que es, si se quiere, las antpodas del cine: Cien aos de soledad32.

    En realidad, no creo que Garca Mrquez fuera plenamente consciente de la compleja problemtica que supone el traslado de la palabra a la imagen. Su decepcin se funda, esencialmente, en la falta de autonoma que lleva consigo la industria del cine. De este campo, eso es lo importante, sali derecho a escribir Cien aos de soledad. En este mismo sentido, Arnold Hauser ha definido la relacin de los escritores con el cine en trminos de crisis y enfermedad crnica, pues el cine no encuentra sus escritores o, dicho con mayor precisin,... los escritores no han encontrado su camino hacia el cine. Acostumbrados a hacer su voluntad, dentro de sus cuatro paredes, ahora se les exige que tengan en cuenta a los productores, directores, guionistas, operadores,

  • arquitectos y tcnicos de todas las clases33. El problema se funda en el escepticismo de los escritores respecto de la legitimidad de la cooperacin artstica. Se rebelan, consciente o inconscientemente, a la posibilidad de que las obras de arte puedan ser producidas por una entidad colectiva. El campo cinematogrfico es, precisamente, una empresa artstica basada en la cooperacin. Sin embargo, en el Mxico de los aos 60, Garca Mrquez estaba todava muy lejos del ver el cine como un grupo artstico cooperativo. Pienso que esa pudo ser la principal causa de su inhabilidad para establecer una relacin exitosa y duradera con el cine.

    Para cerrar esta polmica situacin, quiz sea pertinente transcribir unas palabras de Hauser: No es un problema de directores competentes contra escritores incompetentes, sino de dos fenmenos que pertenecen a diferentes perodos de tiempo: el escritor solitario y aislado que depende de sus propios recursos, y los problemas del cine, que slo pueden ser resueltos colectivamente34. Ya se sabe cul fue la eleccin de Garca Mrquez, sin embargo, resulta sumamente curioso que sea precisamente un escritor de tan refinado individualismo quien llegue a la conclusin de que los males de Amrica Latina se deben a la falta de solidaridad.

    En todo caso, Cien aos de soledad es un texto que conjuga la experimentacin verbal con la estructural, as que los aspectos eminentemente formales adquieren tal importancia que, incluso, llegan a significar mucho ms que la historia que se nos cuenta. Con lo que se demuestra, que es al nivel de la forma, y no de los contenidos, en donde reposa la significacin social de una obra literaria, as como su autntica dimensin esttica.

    Notas

    [1] BOURDIEU, P. Y WACQUANT, L.J.D. Respuestas, por una antropologa reflexiva, Mxico, Grijalbo, 1995, pg. 23.

    [2] MENDOZA, PLINIO A. Y GARCA MRQUEZ, GABRIEL. El olor de la guayaba, Bogot, Oveja Negra, 1982, pg. 75. En adelante citar como El olor de la guayaba.

    [3] VARGAS LLOSA, MARIO. Garca Mrquez: Historia de un deicidio, Caracas: Monte Avila, 1971, pg. 20. A partir de aqu, lo citar como Deicidio.

    [4] SALDVAR, DASSO. Garca Mrquez: El viaje a la semilla, la biografa. Madrid: Alfaguara, 1997, pg. 102. A partir de aqu ,lo citar como VIAJE A LA SEMILLA.

    [5] DEICIDIO, Op cit., pg. 27.

    [6] MERO, JOS LUIS. Latinoamrica. Las ciudades y las ideas, Medelln, Universidad de Antioquia, 1999, pg. 201.

    [7] Op. Cit., pg. 202.

    [8] Op. Cit., pg. 202.

    [9] Op. Cit., pg. 202.

    [10] Op. Cit., pg. 243.

    [11] CROS, EDMOND. Introduccin a la sociocrtica, tomado de Kaina. Revista de Artes y Letras de la

  • Universidad de Costa Rica. X 10/1 (1986): 69-83. Recogido en los materiales del Seminario Internacional de Sociocrtica, Medelln, 1999, pg. 17.

    [12] DEICIDIO. Op. cit., pg. 24.

    [13] Por supuesto, esta es apenas la frmula generadora del proyecto esttico. Pierre Bourdieu hall en una carta de Flaubert la sentencia escribir bien lo mediocre y crey encontrar la frmula que defina el proyecto esttico de La educacin sentimental. En el acpite relacionado con la discursividad del realismo maravilloso, me ocupar de la manera en que se integran en el proyecto esttico de Cien aos de soledad los elementos de la tica del vallenato, el barroco, el carnaval y la modernidad.

    *14+ DOMINGO, JOS. ENTREVISTAS: GABRIEL GARCA MRQUEZ. En COBO BORDA, J. G. (t.1), Op. Cit., pgs. 96.97.

    *15+ VASE: La cultura de los pueblos que habitan en las tierras del mar Caribe, En CARPENTIER, ALEJO, La novela latinoamericana en vsperas de un nuevo siglo, Mxico: Siglo Veintiuno Editores, 2 ed., 1981.

    [16] COBO BORDA, J.G. Op., cit., pg. 114.

    [17] GILARD. JACQUES. GABRIEL GARCA, MRQUEZ.: Obra periodstica 1, Textos Costeos, pg. 149.

    [18] GILARD, JACQUES. Op. cit., pg. 159.

    [19] CROS, EDMOND. El sujeto cultural. Sociocrtica y psicoanlisis. Buenos Aires, Ed. Corregidor, 1997, pg. 9.

    [20] Es claro que estos rasgos no corresponden al momento actual, sino a la fase en que estuvo implicada la conciencia del joven Garca Mrquez.

    [21] CROS, EDMOND. Introduccin a la sociocrtica. Op. Cit., pg. 15.

    [22] Op. Cit., pg. 79.

    [23] Gonzlez Bermejo, Ernesto. Ahora doscientos aos de soledad, en Garca Mrquez habla de Garca Mrquez, Bogot: Rentera Editores, 1979, pg. 55.

    [24] Op. cit., pgs. 12- 13

    *25+ SALDVAR, DASSO. GABRIEL GARCA MRQUEZ: YENDO A CONOCER EL FRO. En. COBO BORDA, J.G. REPERTORIO CRTICO SOBRE G.G.M. (t.l). Op. cit., pg, 21: Piedra y Cielo, que haba tomado este nombre del poemario homnimo de Juan Ramn Jimnez, agrupaba, desde finales de los aos treinta, a los poetas Eduardo Carranza, Jorge Rojas, Camacho Ramrez, Carlos Martn, Daro Samper, Vargas Osorio y Gerardo Valencia. El movimiento se alimentaba de la influencia tarda de Ruben Daro, la reciente de Juan Ramn Jimnez y Pablo Neruda y de la del Siglo de Oro a travs de algunos poetas de la generacin del 27. Los piedracielistas revolucionaron entonces las formas poemticas, esclerotizadas por la retrica apabullante de los romnticos, parnasianos y neoclsicos colombianos. Las metforas audaces y fulgurantes de Carranza, Rojas y sus compaeros fueron un baln de oxgeno para los jvenes que, como Gabriel, escriban entonces sus primeros poemas.

  • [26] El 9 de abril de 1948 cae asesinado el caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitn. Este hecho, que pasara a la historia como El Bogotazo, constituye uno de los momentos ms graves de toda la historia nacional de Colombia, pues atiz an ms el clima de violencia del pas.

    [27] COBO BORDA, J.G. Op. cit., pg. 119.

    [28] LEMUS, SILVIA. Amrica Latina y Europa son culturas irreconciliables, En COBO BORDA, J.G., (t,2) , Op. cit., pg. 271.

    *29+ HARGUINDEY, NGEL S.: ENTREVISTA Franco tuvo una muerte que hubiera sido irreal en literatura, El Pas, 2 de abril de 1978, Madrid, En: SORELA, PEDRO. El otro Garca Mrquez: los aos difciles, Bogot: Oveja Negra, 1989, pgs. 128-9.

    [30] GIMFERRER, PERE. Itinerario de un escritor, Barcelona, Anagrama, 1996, pg. 75.

    [31] SKLOVSKI, VIKTOR. Cine y lenguaje, Barcelona, Anagrama, 1971, pg. 45.

    [32] SORELA, PEDRO. Op. cit., pg. 131.

    [33] HAUSER, ARNOLD. Historia social de la literatura y del arte, Barcelona, 19 edicin, 1985, t.3, pg. 289.

    [34] Op. Cit., pg. 291.

    Orlando Arajo Fontalvo 2003 Espculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

    El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/habitus.html

    LA MAGIA Y EL EMBRUJO DE UN ESCRITOR: GABRIEL GARCIA MARQUEZ

    CorinTorrado,11.01.2003

    MADRID.- Yo desde que nac saba que iba a ser escritor. Quera ser escritor. Tena la voluntad, la disposicin, el

    nimo y la actitud para ser escritor. Siempre escrib, nunca pens que pudiera ser otra cosa. Nunca pens que de eso

    pudiera vivir. Estaba dispuesto a morirme de hambre, pero ser escritor. Con esta declaracin de Gabriel Garca

    Mrquez, arranca el documental La escritura embrujada, que junto con las pelculas El coronel no tiene quien le

    escriba y Un domingo feliz emite La noche temtica, que dedica su espacio a este escritor, uno de los ms prestigiosos

    en lengua castellana cuando est a punto de publicar su libro de memorias Vivir para contarlo.

    La escritura embrujada, escrito y dirigido por Ives Billon y MauricioMartnez-Cavard, y producido por France 2, TVE,

    RAI y Canal 22 de Colombia, tiene como columna vertebral una entrevista con el autor de Cien aos de soledad en su

  • casa de Cartagena de Indias (Colombia), que ms bien parece una charla con un viejo amigo despus de muchos aos

    de distancia porque emana intimidad y complicidad. Pero adems, Billon y Martnez-Cavard ensamblan los testimonios

    del escritor con la lectura de fragmentos de alguna de sus obras (Crnica de una muerte anunciada, Cien aos de

    soledad, El amor en los tiempos del clera...) y con textos breves y precisos que sitan al escritor en el contexto

    cultural y sociopoltico de la poca.

    Cultura popular

    Y este contenido literario est arropado por un caudal de imgenes de la vida cotidiana en Colombia (nios jugando,

    vendedores de helados y de peridicos; ambiente de calles, mercados y bares; msicos callejeros y chicas bailando;

    guaguas circulando por polvorientas carreteras y canoas que se deslizan por caudalosos ros...) y de material de

    archivo (la revuelta de Bogot en 1948 por el asesinato del lder de izquierdas Gaytn, su estancia en Pars, su relacin

    con Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Fidel Castro...). Toda mi formacin es a base de la cultura popular. Lo que me

    conmueve y me motiva es la cultura popular. Y eso no se estudia, se vive, subraya el premio Nobel. Y a esa variada y

    colorista geografa visual la acompaa una banda sonora de variados ritmos caribeos.

    Con sonrisa permanente y mirada luminosa y con el embrujo de su voz y su magnetismo para contar cosas, Garca

    Mrquez hace de cronista de su propia vida y recuerda su infancia que vivi en una familia dominada por mujeres.

    Era un mundo sobrenatural, donde las cosas ms maravillosas eran simplemente las ms cotidianas. Desvela cmo

    encontr en Kafka la clave de su escritura.

    Trataba de escribir cuentos, pero yo senta que conoca el argumento de los cuentos aunque no los saba escribir.

    Todas las tentativas que haca yo notaba que eran fallidas, que fallaba algo. Encontr en l el mtodo, que era lo que

    yo no tena.

    El documental recoge tambin su militancia a favor de los derechos humanos y de su compromiso poltico. Y este

    aflora en toda su determinacin con la cada de Batista. Prescindo de todos los compromisos con la literatura y me

    centro en el compromiso poltico. Y no me arrepiento, porque en ese momento tocaba hacer eso.

    Aproximacin al cine

    Una etapa poco conocida de la vida del autor de Crnica de una muerte anunciada es su relacin con el cine. Quise

    hacer cine porque lo mismo que la literatura o el periodismo es otra manera de contar la vida, pero lo vi imposible

    porque me superaban los compromisos industriales y econmicos. As no poda contar una historia intimista.

    Garca Mrquez dice que la escritura de ficcin es un acto hipntico: Uno trata de hipnotizar al lector para que slo

    piense en el cuento que le estn contando. Y eso requiere una enorme cantidad de clavos, tornillos y bisagras. Eso es

    lo que yo llamo carpintera.

  • De la gestacin de Cien aos de soledad, su obra ms celebrada, dice: Yo haca tiempo que tena la idea de que deba

    escribir una novela en la cual sucediera todo. Y saba que en ese suceder todo tena que estar toda la memoria de

    Aracataca. El premio Nobel evoca con sinceridad las consecuencias del inesperado xito (La soledad de la gloria slo

    se puede comparar a la soledad del poder de la novela, la presin de los lectores para que continuara por esa misma

    lnea y los esfuerzos que hizo para cambiar de direccin.

    Gabo dice que est aprendiendo a escribir, a desembrujarse de s mismo. Y sentencia: Cien aos de soledad es un

    libro mtico, pero mi libro es El amor en los tiempos del clera. Este es el que va a quedar.

  • LOS 85 AOS DEL MAGO DE ARACATACA Y MACONDO

    http://www.larepublica.pe/06-03-2012/gabriel-garcia-marquez-los-85-anos-del-mago-de-aracataca-y-macondo#foto1

    Escritores peruanos se unen al saludo general por un ao ms de vida del entraable mago de la palabra.

    El Nobel de Literatura colombiano cumple hoy 85 aos, da en que su memorable obra maestra Cien aos de soledad

    se publicar como libro electrnico en una edicin revisada por su amiga y agente literaria Carmen Balcells.

    Pedro Escribano.

    Hace 85 aos, en Aracataca, Colombia, naci Gabriel Garca Mrquez. Su imaginacin, poderosa, ha dado fruto a una

    serie de novelas que abordaron nuestra realidad latinoamericana con la fascinacin de un realismo en el que se mezcla

    historia, cotidianidad y pensamiento mtico. Pero Garca Mrquez, tambin conocido como Gabo, no solo es un

    escritor, sino tambin un hombre con espritu justiciero que desde siempre se adhiri, solidario, desde sus predios la

    literatura y tambin la opinin pblica a las nobles causas sociales.

    La Academia sueca no fue indiferente a este mago de la palabra y alquimista de la imaginacin, y le concedi el Premio

    Nobel en 1982. Con este galardn se premi tambin el auge y el inmenso aporte de la literatura latinoamericana a la

    literatura mundial.

    Entonces, esta fiesta que parte del regocijo de un hombre excepcional es una fiesta que se extiende a toda

    Latinoamrica, en sus gentes y se extiende tambin a travs del idioma: el habla del Quijote, primero, y luego, por

    ventura de estos tiempos, la obra de Gabo traducida y que galopa fosforescente en muchas lenguas del mundo.

    GABO EN LA NUBE

    Winston Manrique Sabogal y Juan Cruz. Diario El Pas (Espaa)

    Aquel hombre que hubiera querido ser pianista de bar para ayudar a que los enamorados se quisieran ms termin

    convertido en un enamorador de lectores y en cmplice de muchos de ellos que han regalado sus libros en su

    estrategia de conquista. Por eso, hoy, martes 6 de marzo, la literatura celebra los 85 aos de Gabriel Garca Mrquez y

    su collar de conmemoraciones: 65 del primer cuento, La tercera resignacin, 45 de Cien aos de soledad, 30 del

    Premio Nobel y 10 de haber empezado a publicar sus memorias, Vivir para contarla.

    Uno de los ms significativos obsequios se lo dar Carmen Balcells, su gran amiga y agente literaria, desde Barcelona:

    las habituales rosas amarillas que tanto le gustan al escritor irn acompaadas de la primera edicin de Cien aos de

    http://www.larepublica.pe/06-03-2012/gabriel-garcia-marquez-los-85-anos-del-mago-de-aracataca-y-macondo#foto1
  • soledad que sube al ciberespacio en formato de libro electrnico. Y ser como un juego de espejos reflectantes porque

    el regalo-libro llegar a Garca Mrquez y a las libreras virtuales con la portada de la primera vez: un galen en la selva

    colombiana.

    Un cumpleaos que incluye un mensaje-tarjeta oral de Balcells: Mi relacin con l ha sido una experiencia tan

    enriquecedora que ya no recuerdo ni cundo empez o si todava seguimos anclados en esa nube del sueo; ms

    ahora, cuando todos hablan del mundo ciberntico y de esa nube infinita donde se pueden alojar todas las historias y

    los libros.

    Y desde hoy, esta edicin de la obra ms popular del Nobel colombiano ser solo en espaol. La agente literaria no va

    a autorizar, en principio, ninguna ms en otro idioma. Ser la cuarta obra de Garca Mrquez en edicin electrnica: ya

    estn Relatos de un nufrago, Todos los cuentos y Vivir para contarla, dentro de la coleccin Palabras Mayores. Lo

    publicar la misma editorial a la que Balcells ha fiado los anteriores ttulos en este formato: Leer-e, dirigida por Ignacio

    Latasa. Solo que esta vez ser en coedicin con Mondadori (su editorial en papel en Espaa) y los derechos son

    mundiales. Todo ha sido muy rpido. En el proceso de edicin de la novela ha estado implicada Balcells, quien, por

    ejemplo, pidi que la letra de presentacin del libro electrnico fuera un poco ms grande de la habitual. Adems,

    cuenta Latasa, se han extremado las atenciones en el trasvase del texto a digital, los mrgenes estn equilibrados y el

    interlineado es ms cuidado.

    El precio ser de 5,99 euros y saldr en dos formatos: para Kindle y el estndar de Epub (para diferentes dispositivos,

    incluido Apple). La poltica de la editorial, afirma Latasa, es que los precios digitales no pueden ser altos.

    Los agentes, asegura Balcells, no podemos perdernos en el tumulto de los cambios en el mundo del libro. Tenemos

    que cuidar las ediciones electrnicas, no solo publicar sino contribuir a una mejor lectura en aras del placer de la

    misma. Es lo que se busca con la metamorfosis de Cien aos de soledad, cuando Macondo y los Buenda se enrumben

    en el universo digital y empiece a leerse desde all ese rosario de historias de la humanidad contadas desde la frontera

    del sueo y la vigilia. Vivencias del autor y lo que le contaba el abuelo materno, el coronel Nicols Ricardo, pero

    escritas con la misma cara de palo con que su abuela Tranquilina intentaba amordazarlo de miedo para que

    estuviera quieto. El resultado fue un vallenato de ms de 300 pginas escrito durante ao y medio en compaa de

    dos discos que se gastaron de tanto ser odos: los Preludios de Debussy y Qu noche la de aquel da de los Beatles.

    Pero as como Cien aos de soledad no existira sin aquellos primeros aos con sus abuelos, donde est el manantial

    de su literatura, tampoco toda la obra del periodista, escritor y guionista colombiano sera lo que es sin La tercera

    resignacin, el primer cuento que public. Fue hace 60 aos en el diario colombiano El Espectador, el 13 de

    septiembre de 1947. Tena 20 aos, se haba graduado de bachiller. Cuando lo vio publicado, su primera reaccin fue

    la certidumbre arrasadora de que no tena los cinco centavos para comprar el peridico.

    RETRATO DEL TMIDO

  • Cuando escriba en la calle Caponata de Barcelona, Garca Mrquez tena 43 aos y ya era tan famoso como Cien aos

    de soledad. Era, como dijo en 1966 Luis Harss, el argentino que estableci el primer canon del boom, un hombre

    escrupuloso, intenso, voluble, que har cualquier cosa para llegar a la gente, para que lo quieran, como dice, hasta

    escribir libros. Y no haba vencido, desde Aracataca, una timidez que combata encerrndose. Cuando abra la casa,

    en Barcelona, haba inventado un artilugio para simular que aquella timidez no le impeda aparecer como unas

    castauelas. Era una mquina de rer que se accionaba en cuanto Mercedes, su mujer, o l mismo le abran la puerta al

    visitante.

    En febrero de 1982 declar: He dicho por todos los medios que no participo en actos pblicos, ni pontifico en la

    ctedra, ni me exhibo en televisin, ni asisto a promociones de mis libros, ni me presto para ninguna iniciativa que

    pueda convertirme en un espectculo. No lo hace por modestia, sino por algo peor, aadi: Por timidez. Y por

    timidez haca que riera aquella mquina infernal cuando pasabas el umbral de su casa.

    EL ENCUENTRO CON GABRIEL GARCA MRQUEZ

    Gabo es un demonio de la palabra Oswaldo Reynoso

    La primera novela que le fue El coronel no tiene quien le escriba, que me pareci una obra maestra. Luego esta

    opinin la confirm con Cien aos de soledad, y los otros libros son importantes, pero no tienen el peso literario de El

    coronel y Cien aos de soledad, que es lo que ms me agrada.

    Cuando lo descubr, en esa poca ya se anunciaba lo que ahora es una epidemia en la literatura, que dan ms

    importancia a la estructura, a la historia y no a la palabra, y Gabriel Garca Mrquez une admirablemente todo, sobre

    todo la palabra. l ha hecho una prosa eminentemente potica, como la de Rulfo y Eleodoro Vargas Vicua. Y eso se

    est perdiendo porque la juventud de ahora est ms interesada en el tema, en las estructuras, en aplicar recet