el mercado

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cuento el mercado

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  • Edward Bellamy

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    EL MERCADO

    (The Parable of the Water Tank)

    rase una tierra muy seca y el pueblo que viva en ella estaba en una gran necesidad de agua. No haca ms que buscar agua desde la maana a la noche y muchos perecan porqu no podan encontrarla.

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    Entre aquellos hombres haba algunos ms hbiles y perversos que el resto, que haban incluso almacenado agua mientras los dems no haban encontrado ninguna. Estos hombres se llamaron capitalistas. Y sucedi que el pueblo fue a ellos y les pidi que les diesen, por favor, algn agua de la que tenan almacenada para poder beber, porqu su necesidad era extremada. Pero ellos respondieron al pueblo: "Id por ah pueblo estpido!. Como os vamos a dar nuestra agua para que caigamos en la misma situacin en que estis y perezcamos con vosotros?. Pero he aqu nuestra respuesta: sed nuestros servidores y tendris agua". Y el pueblo respondi: "Slo pedimos que nos deis de beber y seremos vuestros siervos, nosotros y nuestros hijos". Y as fue. Pero los capitalistas eran hombres sabios en su generacin. Organizaron al pueblo, que era ya siervo suyo. A algunos los pusieron a trabajar en los manantiales, a otros los emplearon en transportar el agua y a otros los mandaron a buscar nuevas fuentes. Y toda el agua fue reunida en un mismo sitio y all construyeron un gran depsito para guardarla. Este depsito se llam "el mercado". Entonces los capitalistas dijeron al pueblo: "Por cada cubo de agua que nos traigis para ser guardado en el depsito, que es el mercado, entendedlo bien, os daremos un penique; pero por cada cubo que necesitis para beber, y que nosotros os daremos sacndolo del depsito, nos tenis que dar dos peniques. La diferencia de precio ser nuestro beneficio, teniendo en cuenta que si no fuera por este beneficio no haramos nada por vosotros y todos

    pereceris." Esta propuesta pareci buena a los ojos del pueblo porqu eran duros de entendimiento, y diligentemente se pusieron a la tarea de traer agua al depsito de los capitalistas durante muchos das. Por cada cubo que ellos traan reciban un penique, pero por cada cubo que ellos necesitaban tenan que pagar dos peniques. Y despus de muchos das el depsito se llen y rebos, porqu por cada cubo que el pueblo traa reciba tan slo el dinero suficiente para comprar medio cubo, y debido al exceso que quedaba en el depsito, ste rebos. Porqu el pueblo eran muchos, pero los capitalistas eran pocos y no podan beber ms que los dems. Por eso rebos el depsito. Y cuando los capitalistas vieron que el agua se derramaba, dijeron al pueblo: "No veis el depsito que se est derramando?. No traigis ms agua hasta que el depsito est vaciado. Sentaos y esperad, y tened paciencia". LA CRISIS Pero cuando el pueblo no recibi los peniques que los capitalistas le daban por el agua que antes traan, no pudo comprar ms agua porqu no tena con que comprarla, y cuando los capitalistas vieron que no tenan ms beneficios porqu nadie les compraba agua, se preocuparon. Y entonces mandaron hombres a las carreteras, los caminos y los campos que fueran gritando: "Si hay algn sediento, que venga a nuestro depsito y compre agua porqu se nos est derramando".

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    Esto lo hicieron porqu se dijeron entre s: "Los tiempos estn malos; debemos anunciar nuestro producto". Ms el pueblo respondi diciendo: "Cmo podremos comprar si no contratis nuestro trabajo?. Dadnos trabajo como antes y no tendris necesidad de anunciar el producto". Los capitalistas, sin embargo, dijeron al pueblo: "Cmo os vamos a contratar para traer agua cuando el depsito ya est rebosando?. Comprad agua primero y cuando el depsito se vace por vuestras compras, os contrataremos otra vez". Y as sucedi, que porque los capitalistas no los contrataron ms, el pueblo no pudo comprar el agua que l mismo haba trado antes al depsito; y porqu el pueblo no pudo comprar ms agua, los capitalistas no lo volvieron a contratar para traer agua. Entonces los capitalistas dijeron: "Estamos en una crisis econmica". La sed del pueblo era grande, porqu ahora no suceda como en tiempos de sus antepasados, cuando la tierra estaba abierta a todo el que quisiera buscar agua, sino que los capitalistas se haban apoderado de todas las fuentes, de todos los manantiales, de los pozos y de todas las vasijas que contenan agua, de modo que nadie poda conseguir agua fuera del depsito, que era el mercado. Y el pueblo murmur contra los capitalistas y dijo: "Mirad, el depsito est rebosando y nosotros nos morimos de sed. Dadnos agua para que no perezcamos!".

    Pero los capitalistas dijeron: "No. El agua es nuestra. No beberis de ella a no ser que la compris con peniques". Y lo confirmaron con juramento, diciendo despus de este ademn: "El negocio es el negocio". No obstante, los capitalistas estaban preocupados porqu el pueblo no compr ms agua y ellos no consiguieron ms beneficios. Entonces hablaron entre s diciendo: "Parece que nuestros beneficios han impedido nuevos beneficios, y a causa de los beneficios que hemos hecho no podemos hacer ms beneficios. Cmo es que nuestros beneficios se han convertido en perjuicio para nosotros y nuestras ganancias nos han hecho pobres?. Mandemos a buscar a los adivinos para que nos interpreten esto". Y mandaron a buscarlos. LOS ADIVINOS Los adivinos eran hombres versados en el arte de hablar con oscuridad y se unieron a los capitalistas por causa del agua, de modo que pudieran beber ellos y sus hijos. Y hablaron al pueblo en favor de los capitalistas y fueron sus embajadores viendo que aqullos no eran fciles de ser entendidos ni hbiles para hablar. Y los capitalistas exigieron de los adivinos que les interpretasen esto: Porqu el pueblo no compraba ms agua, siendo as que el depsito estaba lleno?. Varios de los adivinos respondieron y dijeron: "Es exceso de stock acumulado". Otros dijeron: "Es a causa de la superproduccin". Y otros afirmaron: "Quita de ah, esto ha sucedido a causa de las

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    manchas del sol". Y todava otros respondieron: "La razn no es la superproduccin, ni las manchas del sol, sino la falta de confianza". LA TRANQUILIDAD Y mientras los adivinos discutan entre s, segn su costumbre, los capitalistas se fueron quedando dormidos, y se durmieron, y cuando se despertaron dijeron a los adivinos: "Ya est bien. Nos habis hablado de un modo confortable. As pues id y hablad tambin confortablemente al pueblo de modo que pueda descansar y nos deje a nosotros en paz". Pero los adivinos, aunque eran hombres de la ciencia lgubre -as eran llamados por algunos- no queran acercarse al pueblo, temiendo ser apedreados, porqu el pueblo no los amaba. Y dijeron a los capitalistas: " Es un misterio de nuestro arte que si los hombres estn satisfechos y no sedientos, si estn descansados; entonces encuentran confortables nuestras palabras, como vosotros. Pero si estn sedientos y con el estmago vaco, no encuentran placer en nuestros discursos, sino que se mofan de nosotros. Porqu parece que a no ser que el hombre est satisfecho, toda nuestra sabidura es para l una tontera". Pero los capitalistas dijeron: "Tenis que ir adelante. Por ventura no sois nuestros hombres para servirnos de embajadores?". LA SED, EFECTO DE LA ABUNDANCIA DE AGUA Y los adivinos fueron al pueblo y le descubrieron el misterio de la superproduccin y como era necesario que muriesen de sed porqu haba demasiada agua, y como no haba agua suficiente para todos

    precisamente porqu haba demasiada. Y del mismo modo les hablaron acerca de las manchas del sol, y de como todo esto haba sucedido por razn de la falta de confianza. Y acaeci como los adivinos haban dicho: Que toda aquella sabidura le pareci al pueblo una tontera. Y el pueblo los injuri diciendo: "Iros de ah cabezas huecas!. La escasez va a venir de la abundancia?". Y tom piedras para apedrearlos. Y cuando los capitalistas vieron que el pueblo continuaba murmurando y no haca caso de los adivinos, temiendo al mismo tiempo que viniese al depsito y tomase el agua por la fuerza, enviaron a ciertos hombres que se llamaban santos, para decir que se mantuvieran pacficos y no perturbasen a los capitalistas a causa de su sed. Y estos hombres santos aseguraron al pueblo que aquella afliccin haba sido enviada por Dios para salvacin de sus almas, y que si la llevaban con paciencia, y no se dejaban arrastrar por la codicia del agua, y no molestaban a los capitalistas, sucedera que, cuando exhalasen el ltimo suspiro, iran a un pas donde no habra capitalistas y s abundancia de agua. LA CARIDAD Ahora bien, cuando los capitalistas vieron que el pueblo an murmuraba y no se apaciguaba por las palabras de los adivinos ni por las de los sacerdotes, recapacitaron y metieron las puntas de sus dedos en el agua que se derramaba del depsito y los humedecieron, despus dejaron caer las gotas de agua del extremo de sus dedos sobre el pueblo que se agolpaba alrededor del depsito, y el nombre

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    de las gotas era "caridad", y eran extremadamente amargas. LA FUERZA Pero viendo los capitalistas otra vez que el pueblo an no se haba calmado, sino que se enfureca ms y se congregaba cerca del depsito como si quisiera tomar el agua por la fuerza, se reunieron en consejo y llamaron a los ms fuertes entre el pueblo, a los que haban sido diestros en la guerra. Los tomaron aparte y hablando hbilmente les dijeron: "Venid, Porqu no comparts vuestra suerte con la nuestra?. Si queris ser nuestros hombres y servirnos contra el pueblo para que no tome el depsito por la fuerza, tendris abundancia de agua para vosotros y vuestros hijos". Y los hombres fuertes, y los que haban sido diestros en la guerra escucharon estas palabras y sufrieron al verse persuadidos, pero su sed les empujaba y se fueron con los capitalistas y se convirtieron en sus ayudantes, y tomaron en sus manos palos y espadas, y defendan a los capitalistas, hiriendo al pueblo cuando se agolpaba junto al depsito. LUJO Y DISPENDIO Y despus de muchos das el agua baj de nivel en el depsito porqu los capitalistas hicieron surtidores y piscinas, para baarse ellos, sus mujeres y sus hijos, y as desperdiciaron el agua para procurarse placer. Y cuando los capitalistas vieron que el depsito estaba casi vaco, dijeron: "La crisis ha terminado". Y mandaron llamar al pueblo y lo contrataron para que trajese agua y llenase otra vez el depsito.

    Por cada cubo de agua que el pueblo traa al depsito recibi un penique, pero por cada uno que los capitalistas sacaban para darlo al pueblo reciban dos peniques; porqu deban tener un beneficio. Y sucedi que, despus de un cierto tiempo el depsito volvi a rebosar como antes. LOS AGITADORES Ahora bien, despus que el pueblo haba llenado muchas veces el depsito hasta rebosar y haba padecido sed mientras el agua era malgastada por los capitalistas, sucedi que se levantaron en aquella tierra unos hombres que fueron llamados "agitadores" porqu incitaron al pueblo. Les hablaron diciendo que deberan asociarse y entonces no tendran necesidad de ser esclavos de los capitalistas y no volveran a tener sed. A los ojos de los capitalistas, estos sujetos estaban en lo cierto y con gusto los hubieran matado, pero temieron al pueblo y no lo hicieron. Y las palabras que los agitadores hablaron al pueblo eran stas: " Hasta cundo vais a ser engaados por una mentira, y vais a creer como verdadero lo que no es, para vuestro perjuicio?. Porqu todas las cosas que os han dicho los capitalistas y los adivinos son fbulas inventadas astutamente. Y lo mismo estos hombres santos que os han dicho que la voluntad de Dios es que seis siempre pobres, miserables y sedientos. Por qu no podis conseguir el agua del depsito?. No es porqu

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    no tenis dinero?. Y por qu no tenis dinero?. No es por qu no recibs sino un penique por los cubos que llevis al depsito, y tenis en cambio, que pagar dos por los que retiris, de modo que los capitalistas se quedan con el beneficio?. No veis que de este modo el depsito rebosa necesariamente?. No veis que cuanto ms duramente os afanis y ms diligentemente busquis y traigis el agua peor es para vosotros?". Los agitadores hablaron al pueblo de este modo durante muchos das, pero nadie les hizo caso. Finalmente, lleg un momento en que el pueblo les escuch y les respondi diciendo: "Decs la verdad. A causa de los capitalistas y sus beneficios no conseguimos el fruto de nuestro trabajo. As nuestro esfuerzo es vano y cuanto ms nos esforzamos en llenar el depsito, antes rebosa. De este modo no percibimos nada, precisamente porqu hay demasiado, segn nos dijeron los adivinos. Pero cuidado, porqu los capitalistas son hombres duros y sus misericordias crueles. Decidnos si conocis algn camino seguro para podernos librar de la servidumbre. Si no conocis ese camino, idos en paz y dejadnos tranquilos para qu, por lo menos, podamos olvidar nuestra miseria". Y los agitadores respondieron: "Conocemos el camino". El pueblo les contest: "No nos engais. Estas cosas han sucedido siempre y nadie hasta ahora ha encontrado un camino de salvacin, aunque muchos lo han buscado cuidadosamente. Pero si es verdad que conocis el camino, hablad pronto".

    EL REMEDIO Entonces los agitadores hablaron al pueblo y dijeron: "Qu necesidad tenis vosotros de esos capitalistas para que les deis el fruto de vuestro trabajo?. Qu grandes cosas hacen ellos para que tengis que pagarles este tributo?. Slo porqu os organizan y os mandan ir y venir y os sealan la tarea, y luego os dan un poco del agua que vosotros y no ellos, habis trado. Aqu tenis el camino para salir de esta servidumbre!. Haced vosotros mismos lo que hacen ahora los capitalistas: la organizacin de vuestro trabajo y la divisin de vuestras tareas. As no tendris necesidad de ellos y no les daris ms beneficios, sino que todo el fruto de vuestro trabajo lo repartiris como hermanos, recibiendo cada uno lo mismo. As el depsito no rebosar hasta que estn todos satisfechos y nadie pida ms. Y despus de esto, con el sobrante, podris construir surtidores y piscinas con peces para deleite vuestro, como antes hicieron los capitalistas, pero ahora ser para todos". Y el pueblo contest: "Cmo podremos hacer eso, pues nos parece demasiado bueno?". Y los agitadores respondieron: "Escoged personas discretas para que organicen pero sin ser vuestros dueos, sino vuestros

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    mandatarios para hacer vuestra voluntad. Y ellos no se quedarn con los beneficios sino que recibirn su parte como los dems. Y de tiempo en tiempo escogis a otros para reemplazarlos. As entre todos haris todo". El pueblo escuch y crey que era cosa buena. Por otra parte, no pareca demasiado difcil, y nicamente gritaron: "Bien, lo haremos." EL FIN DE TODAS LAS COSAS Y los capitalistas oyeron el ruido de los gritos y lo que el pueblo deca. Tambin lo oyeron los adivinos, e igualmente los sacerdotes y los hombres hbiles en la guerra que estaban defendiendo a los capitalistas. Y cuando lo oyeron temblaron en sobremanera de modo que sus rodillas daban una contra otra y se dijeron mutuamente: "Este es nuestro fin".

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    Y el pueblo fue y puso en prctica todas las cosas y todo sucedi como los agitadores haban anunciado, todo conforme con sus palabras. Y nadie tuvo ms sed en aquella tierra, ni tuvo hambre, ni estuvo desnudo, ni con fro, ni con ninguna otra necesidad. Y cada hombre deca a su compaero: Mi hermano!, y cada mujer deca a su compaera: Mi hermana! Y la bendicin de Dios descendi sobre aquella tierra para siempre. EDWARD BELLAMY, (Chicopee Falls, Massachusetts 1850-1898). Periodista y novelista norteamericano. Socialista y colaborador de Daniel de Len, que posteriormente fue jefe del Partido Obrero Socialista de EE.UU. Fund y dirigi el peridico "Daily News" en 1880 donde public la mayora de sus narraciones. Seguramente su obra ms importante fue "Looking Backward: 2000-1887 (1887), (traducida a varios idiomas con el ttulo de "Mirando hacia Atrs" o tambin con el ttulo de "El Ao 2000") en la cual propugnaba un tipo de socialismo de estado adaptado a la realidad norteamericana. Defensor de la nacionalizacin y planificacin de la economa como base de una sociedad igualitaria, cre numerosos clubs que se denominaban Nacionalistas. A su muerte, el movimiento que haba creado se desintegr. Escribi tambin "Market-Place (originalmente apareci como folleto con el nombre de The Parable of the Water Tank) , "Dr. Heidenhoffs Process", y "Equality" (1897). Dirigi adems los peridicos The Nationalist (1889 - 1891) y The New Nation (1891 - 1894).