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  • 7/26/2019 Bibliografa costarricense.

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    I L lOGR FI COST RRICENSE

    CORDERO, ]OSE ABDULIO,

    El ser de la nacionalidad costarricense

    Madrid, Ed.

    Tridente, 1964,

    179.

    La Editorial Tridente de Madrid, que el

    ao pasado public las Lecciones de Filoso-

    fa del Derecho de Carlos Jos Gutirrez,

    publica ahora otra obra de autor costarricense.

    El autor es Jos Abdulio Cordero, y el libro

    se titula EL SER DE LA NACIONALIDAD

    COSTARRICENSE.

    El ttulo, con ser ambicioso, no da, sin

    embargo, plena razn de la obra, que va ms

    all del tema enunciado. Porque si bien Cor-

    dero inicia el libro con una bsqueda de lo

    que l llama vigencias , que dan sentido y

    personalidad a nuestro ser nacional, y las es-

    tablece al travs de una inteligente indaga-

    cin del. hombre de la colonia, el resto de la

    obra deja de ser anlisis sociofilosfico, para

    dedicarse a aplicar las premisas alcanzadas,

    a determinados { ;chos de la historia; y ser

    entonces un estudio histrico de considera-

    bles dimensiones sobre los das de la inde-

    pendencia, la guerra contra los filibusteros y,

    principalmente, el liberalismo y los liberales

    de la dcada de 1880.

    Las vigencias bsicas que Cordero en-

    cuentra en el hombre de la colonia, y pre-

    senta como prolongadas a 10 largo de la his-

    toria, son tres: el sentido conservador, el sen-

    timiento de propiedad y el amor a la libertad.

    Estas tres se conjugan en un espritu profun-

    damente democrtico, con caractersticas ances-

    trales hispnicas y catlicas, que repudian

    toda influencia externa.

    Aplicada esa premisa al perodo liberal

    1882-1890, Cordero produce un ensayo his-

    trico fuertemente polmico escrito con con-

    viccin y soltura, que es posiblemente de todo

    lo que contiene este libro, lo que ms inters

    va a despertar.

    y es que en las otras pocas estudiadas,

    el libro se conforma ms con lo que hasta la

    fecha ha sido verdad sabida de nuestra his-

    toria. Sobre el tema de Independencia, Cor-

    dero se acoge casi totalmente a las conclusio-

    nes alcanzadas (fijadas diramos) por Her-

    nn Peralta, las cuales calzan perfectamente

    con las conclusiones a que el libro ha llegado

    sobre las caractersticas de la nacionalidad.

    (Tambin coinciden con ellas otros estudios

    inditos hechos desde el punto de vista mar-

    xista) .

    En cuanto a los hechos del 56, Cordero

    se acoge a la tesis de Enrique Macaya de que

    el patriotismo costarricense fue causa y no

    efecto de esa epopeya, contra la tesis de Eu-

    genio Rodrguez Vega que sostiene lo con-

    trario. El punto de vista de Cordero agrega,

    sin embargo, una concepcin de hispanidad a

    la interpretacin (lo hispano contra lo anglo-

    sajn); y algo tambin de sentimiento reli-

    gioso a la decisin costarricense (Cordero da

    una importancia al elemento religioso en

    los hechos histricos, que posiblemente le sea

    discutida por la mayora de los historiadores

    costarricenses, que no ven en el pueblo costa-

    rricense demasiada religiosidad).

    Esta vivencia religiosa est presente en el

    largo captulo que en El Ser de la Nacio-

    nalidad Costarricense se dedica a lo que nos

    hemos acostumbrado a llamar la revolucin

    liberal de los ochentas; Cordero subraya la

    posicin anti-religiosa de los pioneros libera-

    les (Montfar) y del estadista liberal que es

    el blanco de sus mayores ataques (Mauro Fer-

    nndez) .

    Para Cordero, las medidas liberales de esa

    poca fueron superpuestas, si no impuestas, a

    un pueblo religioso, sin que correspondieran

    n un sentimiento popular. Por lo tanto, fue-

    ron antidemocrticas; adems, fueron demos-

    tracin de intolerancia. Y al tomar las los

    liberales negaron su ideologa aunque no se

    negaron a s mismos.

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    I LIOGR FI COST RRICENSE

    Luego hace un detallado anlisis de la

    conducta de los liberales ante la rebelin po-

    ltica de noviembre de 1889, para concluir

    que en esa conducta hubo tambin elementos

    de insinceridad y de traicin a los principios

    liberales proclamados. Este anlisis se pro-

    longa (aunque con menos prolijidad) a lo

    largo de todo el predominio liberal, hasta

    1936 dijramos, y tambin deduce que la con-

    ducta poltica de los prceres del liberalismo

    estuvo saturada de traiciones a sus principios.

    Los ataques ms certeros, los reserva Cor-

    dero para ion Mauro Fernndez. Tras encon-

    trar mucho de positivo en l, en lo referente

    a su Ley de Educacin Comn y Reforma de

    la Segunda Enseanza, entra a analizar los

    aspectos negativos de la clausura de la Uni-

    versidad de Santo Toms.

    No encuentra el autor explicacin al he-

    cho clausura, no reforma . y concluye que

    la medida fue anti-Iiberal, por cuanto tuvo

    como consecuencia el cerrar los estudios su-

    periores a los estudiantes de clase humilde, y

    dejarlos al alcance slo de los favorecidos de

    la fortuna o de la poltica (sistema de becas).

    Resultado de esto es la formacin de una

    oligarqua econmico-poltica que domina al

    pas por espacio de cincuenta o sesenta aos.

    Esta interesantsima tesis, as como las

    dems que la longitud de una columna perio-

    dstica no permite resear, estn bien susten-

    tadas y documentadas. El autor se enfrenta

    a una batera formidable de historiadores, cu-

    yas conclusiones se propone refutar; entre

    ellos, Rafael Obregn Lata, Rodriga Facio,

    Abelardo Bonilla e Isaac Felipe Azofeifa.

    Es interesantsimo este libro, como estudio

    histrico fuertemente polmico, que arremete

    contra interpretaciones que haban pasado en-

    tre nosotros como axiomas histricos.

    Adems est escrito en una prosa enrgica,

    colorida, que muchas veces contiene original

    y viva adjetivacin, y todo el tiempo pasin

    y conviccin. Aun e lector que se sienta en

    la obligacin de disentir tendr que reconocer

    esta virtud. Y habrn de disentir todos quie-

    nes no compartan la posicin fuertemente

    catlica que adopta Jos Abdulio Cordero.

    En todo caso, se trata de un libro impor-

    tante. De un libro que hay que leer. Y que

    ojal levante un gran polvorn, como lo me-

    rece.

    Alberto F. Caas

    PACHECO LEON El Hilo de Ariadna ed. Costa Rica 1965 San Jos. 193 pp.

    Si Emilio Boutroux recomendaba leer a

    Bias Pascal de rodiJIas, este bello libro de

    seor Pacheco, en cambio, es preciso leerlo

    en plena posesin del espritu: he pensado

    en una condicin, no en una sugerencia. Es

    un libro de grandes signos de interrogacin,

    como los libros de memorias: espejos de s

    mismos en los cuales se reflejan los colores

    luminosamente, esos increbles colores de to-

    da una vida. Pero el Hilo de riadna sin

    ser y siendo no obstante a la vez un libro

    de memorias -se trata aqu de una especie

    extraa- es la biografa intelectual de un

    hombre. Unos autores, ledos y reledos, se

    hacen nuevos en cada nueva lectura. Y esa

    lectura recreadora es una toma de conciencia.

    Al fin unas cuartillas, y un ensayo terrible-

    mente profundo en los trazos sugerentes de la

    letra De nuevo, entonces, hacia adelante, en

    busca de otros actos. Es como un largo pere-

    grinaje en el que otros hombres se arrancan

    cantimploras, silenciosas miradas de confi-

    dencia, y fortifican el transitar sin remordi-

    mientos del viajero.

    Los seis captulos de esta obra (Andr

    Gide, Jean Cocteau, Paul Verlaine, Vctor

    Hugo, Miguel de Montaigne, Bias Pascal),

    escritos unos en Pars, otros en Costa Rica,

    a lo largo de muchos aos (de 1926, 1927,

    1944, 1955, 1961, 1962), permiten la contem-

    placin de una historia particular transpa-

    rentada en otras historias particulares, del

    semblante del explorador en la caja eufnica

    de su hallazgo.

    Len Pacheco ha escrito libros. Ha escrito

    siempre. Ha vivido entre los libros y la plu-

    ma. Ha gastado muchas plumas. Desde muy

    joven, como secretario, en Pars, de Gmez

    Carrillo, o durante otros momentos en que ha

    participado de la amistad de 'Cocteau, de Ca-

    mus, de Saint-Exupery, de Malraux, o de Al-

    fonso Reyes en Amrica, ha escrito. Escribe

    hoy. Cuartillas ms cuartillas. Colaborador

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    BIBLIOGRAFIA COSTARRICENSE

    incansable en importantes revistas. Es Len

    Pacheco -la afirmacin se desliza por s

    sola- el autntico escritor.

    Pero este libro penetrante, escrito

    sobre

    otros

    escrito sin pretensin de unidad, reco-

    ge sorpresivamente una visin total, casi in-

    tuitiva y providencial, de s mismo. El

    Hilo

    de Ariadna

    no es un ttulo a manera de velo,

    de ornamento. Len Pacheco no es de esos

    escritores aglutinantes

    y

    abigarrados que tam-

    bin andan sueltos por el mundo. El hilo,

    robado a la mitologa, ni siquiera denota

    influencia heideggeriana. Al contrario: es el

    camino invencible

    y

    misterioso de sus secre-

    tos, el sueo de su vida, ese sueo lcido y

    profundo de sus propias inquietudes que a

    travs de la inalienable temporalidad va hen-

    diendo en mrmol los instantes del martillo

    y del cincel. El hilo que orienta la obra,

    adems de manifestarse bajo la forma de ca-

    lendario, dirige el gusto insuperable y afa-

    noso de la recreacin. Andr Gide es el de-

    monio de la inquietud: para Andr Gide no

    existe ninguna obra definitiva ni ninguna in-

    teligencia suficientemente alerta, ni ningu-

    na experiencia humana que justifique, con

    plenitud y claridad, la existencia del bien y

    el mal, suprema obsesin del espritu (pg.

    23). Y, si Gide es el demonio de la inquie-

    tud, Paul Verlaine es el poeta maldito, Mon-

    taigne el filsofo de la soledad, el ltimo

    de los pensadores antiguos y el primer fil-

    sofo de los tiempos modernos (pg. 120),

    o BIas Pascal un mstico rebelde, sorpresivo,

    que no es ni razn pura ni emocin pura, sino

    Ia angustia misma en carne viva, que gime

    en un estilo nico por su claridad nerviosa

    (pg. 173), o Cocteau, un ngel cubista que

    refleja en excitaciones picassianas el ritmo del

    137

    verso francs, o Vctor Hugo, sombra seo-

    rial,el mayor lrico de Francia, que repre-

    senta la leyenda de su patria... Cada uno

    de esos hombres, tomado en su implacable

    humanidad, cobra vida en la pluma elegante,

    tranquilamente dibujada, de Len Pacheco.

    No estamos, pues, ante una simple revisin

    de cronista. Al seor Pacheco no le gustan

    las crnicas. Toma los secretos en su pureza

    natural, los esboza sigilosamente, y, ya ela-

    borada, nos da una historia en una edicin

    perfecta, sin erratas, en perpetua palpitacin.

    Lo que seduce de Len Pacheco, en esta

    obra, es su poder de mostramos al Hombre.

    El Hombre es lo que uno busca, y Len Pa-

    checo desvela la vivencia humana en sus pa-

    labras. Es claro: se ha estudiado a s mismo

    a travs de esos otros hombres.

    Len Pacheco

    nacio

    en 1900. Escuela

    Primaria y Secundaria en Costa Rica. Viaj

    a Europa en 1919, y se radic en Pars.

    Estudi en la Facultad de Letras de la Sor-

    bona. En 1932 regres a Costa Rica. Profe-

    sor de Esttica en la Facultad de Bellas Artes

    de la Universidad. Profesor tambin en la

    Facultad de Filosofa y Letras, en las ctedras

    de Literaturas Hispanoamericanas y France-

    sa. En 1955, Embajador de Costa Rica en

    Francia. Hoyes miembro de la Academia

    Costarricense de la Lengua, correspondiente

    de la Real Academia Espaola de la Lengua.

    Ya jubilado, es Profesor Honorario de la

    Facultad de Ciencias y Letras.

    Rafael Angel Herra

    AGUILAR MACHADO, ALEJANDRO,

    Voz En M

    San Jos, 1963.

    El Profesor Alejandro Aguilar Machado

    ha reunido en un tomo, titulado SU VOZ

    EN MI (LA INMORTALIDAD Y OTROS

    ENSAYOS), una nueva coleccin de los es-

    critos de tono cientfico y filosfico que ha

    venido publicando en los ltimos aos en

    la prensa. Es sta la tercera de esas recopila-

    ciones, y la de mayor volumen.

    vivencia personal -que tanto ha preocupado

    al auto? e n pocas recientes- se reitera.

    Los tres primeros ensayos tienen un ca-

    rcter netamente divulgativo. La Inmortali-

    dad es un prolijo estudio de lo. que pensa-

    dores y filsofos, desde la antigedad hasta

    nuestros das, han escrito sobre el tema; to-

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    BIBLIOGRAFIA COSTARRICENSE

    la tesis del ensayo podra ser: tantos grandes

    genios no pueden haber estado equivocados.

    El segundo, La Nueva Sicologa tiene

    el mismo sentido divulgativo del anterior,

    y

    explica la progresiva espiritualizacin de la

    sicologa a la luz de recientes hallazgos

    y

    teoras.

    La Realidad del Alma narra ciertos

    x

    perimentos --realizados a nivel universitario

    en Estados Unidos, Francia y Argentina- so-

    bre percepcin extrasensorial y otras activida-

    des relacionadas con ella. Estos tres ensayos,

    como dijimos arriba, son esencialmente infor-

    mativos.

    Los dos ensayos restantes tienen otro ca-

    rcter: son expresiones personales del autor,

    y por ello su inters rebasa lo puramente in-

    formativo. Ya el Profesor Aguilar Machado

    no explica a los lectores lo que ocurre en

    nuestros das en determinados campos de la

    investigacin y de la cultura, sino que habla

    l mismo.

    Pero estos dos ensayos de filosofa perso-

    nal son consecuencia de

    los

    tres anteriores. Es

    como si estos tres iniciales constituyeron la

    base de los que siguen.

    Se titulan la Leccin del Dolor y Con-

    ceptos de la Felicidad . Ambos -principal-

    mente el primero- son ricos en experiencia

    y en sabidura. El primero pareciera resumir

    con superior serenidad, toda la experiencia vi-

    tal del autor, que la entrega a los lectores

    como consuelo

    y

    -tal vez sin proponrse-

    1

    como norma tambin. Ambos son de ele-

    vado y contemplativo pensamiento. En el pri-

    mero, sobre el dolor, el autor rechaza la

    clsica tesis estoica, e igualmente el enfoque

    existencialista. El dolor -parece concIuir-

    es una experiencia formativa y un impulso

    hacia la creacin, que es la forma superior

    de la auto-realizacin.

    Este breve ensayo -bien complementado

    por el que le sigue sobre la felicidad- bien

    vale el libro.

    Alberto F. Caas

    LASCARIS

    c .

    CONSTANTINO, Desarrollo de las Ideas Filosficas en Costa llica

    San Jos, Editorial Costa Rica, 1965,

    pp.

    623.

    De lectura obligada para todo el que en

    adelante quiera emprender un estudio sobre

    cualquier aspecto de la vida intelectual, social,

    o poltica de C. R., este libro est destinado

    a convertirse en obra clsica sobre el tema.

    En todo caso, por el asunto tratado, por la

    extensin y la profundidad, resulta ser nica.

    Llama la atencin la extensa bibliografa

    que se aade en cada captulo y en cada aparte

    del libro. Desde este punto de vista consti-

    tuye una ayuda inapreciable para el investi-

    gador.

    Como el ttulo lo indica, presenta la his-

    toria del desarrollo de las ideas filosficas

    en C. R. Resulta explicable que no sea es-

    trictamente una obra de historia de la filo-

    sofa sino ms bien una historia de la vida

    intelectual que, poco a poco, se concreta en

    vida filosfica, en e sentido tcnico de tr-

    mino Filosofa.

    La importancia del tema, con relacin a la

    evolucin cultural del pas, -se comprende a

    la vida social. Una historia del quehacer inte-

    lectual

    de Costa Rica refleja por lo tanto,

    mucho ms de lo que podra esperarse.

    Comienza el desarrollo con un panorama

    de la provincia de Costa Rica hasta e ao

    1800. Si no de Filosofa -dice Lscaris-

    tampoco de nivel cultural podemos hablar en

    esta poca (p. 18).

    Sin embargo presenta una excepcin a es-

    te panorama: la figura de Jos Antonio Lien-

    do y Goicoechea, franciscano costarricense que

    fue profesor de Teologa, Filosofa, Fsica y

    Matemticas en la Universidad de San Carlos

    de Guatemala.

    Lleva adelante la caracterizacin general

    hasta la primera mitad del siglo XIX en la

    que destaca a Florencio del Castillo para

    entrar al anlisis de la vida intelectual de la

    Costa Rica independiente, en el aparte titu-

    lado De la Independencia a la Soberana':

    (1821-1848). Se refiere de Il?-anera especial

    a la Casa de Enseanza Pblica fundada por

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    e decreto de fundacin de la Universidad es

    e acontecimiento cultural decisivo que marca

    una nueva etapa en la vida de pas, ms im-

    portante que la declaracin de soberana mis-

    ma, que en 1-848 no hizo ms que ratificar

    una situacin de hecho y que era eco de la

    declaracin de soberana de Guatemala.

    Presenta toda esta poca como el afianza-

    miento de principios ilustrados y liberales.

    Hace resaltar, especialmente, la figura de

    primer profesor de Filosofa, e Bachiller

    Rafael Francisco Osejo, republicano, que fren-

    te a la clase alta sostuvo que e Gobierno

    deba prevenir de eleccin del pueblo (p.

    56). Gracias a l, segn el autor, un peri-

    dico guatemalteco habl en la poca del es-

    pritu verdaderamente filosfico que dirige

    las reformas e instituciones de Costa Rica.

    Frente a Osejo destaca a Jos Santos Lom-

    bardo y como el principal liberal del perodo,

    a Vctor de la Guardia. Concluye con un es-

    tudio sobre Jos Toribio Argello que ocup

    la Ctedra de Filosofa de la Casa de Ense-

    anza y propuso un plan para reformada.

    Los temas sealados ocupan las dos prime-

    ras partes del libro. La tercera: Costa Rica

    en la Segunda mitad de Siglo XIX comien-

    za tambin con una caracterizacin general

    que lleva, en este caso, hasta el ao 1902.

    Es el momento d la estructuracin del Es-

    tado . Comq consecuencia de aislamiento

    surge la necesidad de fortalecer la cosa p-

    blica, que deviene en un proceso hbrido de

    centralismo y liberalismo. El primero de ori-

    gen constitucional por imitacin de la Cons-

    titucin Norteamericana y el segundo por

    reaccin al regalismo y confesionalismo de

    Estado de la Colonia. Las dos orientaciones

    convergentes y contradictorias desembocan, se-

    gn e autor, en la real imitacin del estatis-

    mo liberal francs, realizado en gran parte

    a finales de siglo. A travs de las relaciones

    jurdicas de la Iglesia y e Estado, fruto de

    las tensiones ideolgicas, y de la actitud del

    Estado respecto a la enseanza, se va mos-

    trando el proceso aludido. Parte importante

    de esta tarea la cumple e autor analizando la

    evolucin constitucional del pas, sin descui-

    dar otros aspectos de su evolucin jurdica.

    Debido a que los estudios de Filosofa,

    sin tener todava un nivel propiamente uni-

    versitario, se intensifican en la segunda mitad

    del siglo, les dedica un aparte de indudable

    importancia, que resulta en definitiva un an-

    139

    estudio de la Universidad de Santo Toms.

    Hace ver que los hechos nos muestran el

    cruce, violento, de dos procesos distintos: el

    intento de desarrollo de la Universidad, y la

    poderosa aparicin desde mediados de siglo

    de una clase media que requiere una ensean-

    za media no satisfecha por la Universidad

    (p. 90). Esta situacin culmina con la su-

    presin de la Universidad.

    La relacin histrica de la Universidad

    va desde la Casa de Enseanza Pblica hasta

    las dificultades, de consecuencias fatales pa-

    ra la cultura del pas (p. 102), que tuvo

    sta con e Gobierno poco antes de su clau-

    sura. Se completa el estudio con referencias

    sobre los grados que otorgaba, las Ctedras

    Departamentales que, a imitacin del rgimen

    francs, se impusieron, para concluir con una

    exposicin de la enseanza de la Filosofa en

    los Institutos Secundarios y en el Seminario.

    Si se hubiera mantenido una Facultad de Fi-

    losofa con la misin de preparar profesores

    para la enseanza secundaria, es posible se-

    gn el autor que se habran superado 'muchos

    de los problemas de la educacin costarricen-

    se: en todo caso, como lo seala en los lti-

    mos captulos del libro, la ausencia de Uni-

    versidad que fue vivida como dolorosa para

    todos intelectuales de prestigio de pas (p.

    579), result funesta para los estudios de Fi-

    losofa y permiti que el pas desaprovechara

    la mayor parte de la energa mental de mu-

    chos de sus intelectuales.

    El resto de la tercera parte lo dedica a

    exponer el pensamiento de las principales fi-

    guras de la primera mitad del siglo, con

    arreglo a una clasificacin en cuatro corrien-

    tes: Liberales Ilustrados (Nazario Toledo,

    Nicols Gallegos, Bruno Carranza y Lorenzo

    M ontfar ] ; Doctrinarios Catlicos (Domingo

    Rivas, Bernardo Augusto Thiel y Juan de

    Dios Trejos}; Positivistas (Mximo Jerez,

    Mauro Fernndez,Antonio Zambrana y Jos

    Torres Bonet); Krausistas (Valeriano

    Fernn

    dez Ferraz, Juan Fernndez Ferraz, Jos 11a.

    Cspedes y Salvador Jimnez). Desde la pers-

    pectiva histrica generalizada en Costa Rica

    resultan novedosas por la importancia que les

    confiere el autor, las figuras de Mximo Je-

    rez y Bruno Carranza y de Vctor de la Guar-

    dia en la primera mitad del siglo.

    Con relacin al liberalismo afirma Ls

    caris: Desde el momento de la Independen-

    cia, el liberalismo se hace atmsfera general

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    I LIOGR FI COST RRICENSE

    trinarios' Rivas, Thiel y Juan de Dios Tre-

    jos, todos los intelectuales adoptan en el XIX

    una tesis liberal, y los polticos, todos incluso

    el General Guardia, mantienen una actitud

    liberal . Por otra parte, es de sealar una

    duplicidad en la interpretacin periodstica

    del liberalismo. En cuanto ambiente general,

    pasa por liberalismo el espontneo individua-

    lismo costarricense, en frecuente friccin con

    el intento de los liberales intelectuales de for-

    talecer un Estado casi inexistente. Por ello,

    en general, es la actitud del liberalismo fran-

    cs, estatista, la que domina a lo largo del

    XIX como aspiracin (p. 125). En la ex-

    posicin de los autores debemos subrayar la

    importancia de los estudios dedicados a Jos

    Mara Castro Madriz, que tiene para Costa

    Rica la importancia de haber influido en la

    estructura del Estado configurndolo en sen-

    tido moderno (p. 134), y a Lorenzo Mon-

    tfar, figura arquetpica que encarn en Cen-

    tro Amrica al liberal aconfesional. Dice, del

    primero, que dos decisiones singulares lo pre-

    sentan como iniciador de una nueva poca:

    la fundacin de la Universidad (1843)

    la

    declaracin de la soberana del Estado ....

    (1848) .

    Bajo el trmino doctrinaros catlicos

    clasifica a los pensadores que escribieron mo-

    vidos por causas confesionales sin que, en

    rigor, pueda calificarse de escolstico ni en

    Teologa, ni en Filosofa a ningn pensador

    costarricense del siglo XIX. De muy baja

    formacin a principios de siglo, en sus pos-

    trimeras el Clero consigue que el privilegio

    con algunas figuras destacadas que se abocan

    al problema de la competencia de jurisdiccin

    con el Estado. Surge as un conflicto, que se

    recoge en el libro a travs de la exposicin

    de los autores de todas las corrientes doctri-

    nales, y de las observaciones generales que se

    hacen. Logra ofrecer una interesante infor-

    macin, sobre las tensiones entre la Iglesia y

    el Estado, que culminan en el ao 84, con

    las reformas liberales y la expulsin del Obis-

    po Thiel, vistas sobre su trasfondo doctrinal.

    No se omite tampoco la referencia cuidadosa

    al Partido Unin Catlica y la notable orien-

    tacin de carcter socialista que apunta en

    algunos escritos de Monseor Thiel.

    Refirindose al positivismo seala que

    quiz sea Costa Rica el nico pas del con-

    tinente en el que la entrada de positivismo

    no implic cambios, siendo sin embargo ms

    tut de Tracy haba preparado el ambiente, y

    el empirismo prctico del costarricense vena

    siendo ya, en cierta manera, pre-positivista

    (p. 173). Destaca la influencia de Mximo

    Jerez, su predicador en Costa Rica, del que

    da una visin diferente de la que comn-

    mente se tiene. Hace resaltar, tambin, las

    enseanzas de profesores de materias cien-

    tficas, que lograron la divulgacin del posi-

    tivismo como maduracin de un espritu de

    investigacin cientfica o enlazado con el ma-

    terialismo. A pesar de que por esto no en-

    contramos casi doctrinarios positivistas, casi

    todos los intelectuales del pas, desde el 1870,

    lo fueron bsicamente (pp. 173-174). Esto

    constituye el hecho ms importante de fin de

    siglo.

    De Mauro Fernndez dice: En conjunto,

    su obra fue constructiva. Y en lo que fall

    sta, puede apreciarse que la responsabilidad

    fue general, como en el caso de la Univer-

    sidad, o de la mayor parte de los continua-

    dores, que no tuvieron empuje ni altura

    p 189).

    Son de especial mrito Ias+pginas dedi-

    cadas a Antonio Zarnbrana, figura de notable

    influencia en tierra costarricense.

    Ya desde el anlisis de la educacin que

    hace el autor al hablar de los estudios de

    Filosofa en la segunda mitad del siglo, haba

    comenzado a referirse al krausismo y a la

    influencia de sus principales exponentes en

    la vida costarricense: los hermanos Fernndez

    Ferraz. Esa influencia se muestra de manera

    especial en los planes de estudio, Al no

    haber una tradicin escolstica, ni siquiera

    unos 'hbitos' pedaggicos generalizados, el

    krausismo por obra de los Fernndez Ferraz,

    en su aspecto pedaggico, ser e basamento

    de la naciente enseanza media costarricense

    (p. 205). Por otra parte, gracias a ellos la

    Metafsica krausista se transfundir en Costa

    Rica en forma de racionalismo con sentido

    religioso, pero aconfesional (p. 205).

    De don Valeriano, el prototipo del sabio

    para los costarricenses, afirma: escribi mu-

    cho, en todas circunstancias, No se preocup

    de recogerlo, ni busc resonancia fuera del

    pas, Por ello, casi no es conocido fuera de

    Costa Rica; sin embargo, juzgando por la en-

    jundia de sus escritos, su talla doctrinal la

    considero superior, por buscar un trmino de

    comparacin, a Giner de los Ros,

    que

    jug

    en Espaa un papel equivalente (p. 208).

  • 7/26/2019 Bibliografa costarricense.

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    BIBLIOGRAFIA COSTARRICENSE

    cualquier otro autor de los que estudia del

    siglo XIX. Junto con su hermano, segn se

    colige del libro, encarna un grado ms en la

    madurez intelectual costarricense.

    La cuarta' parte del libro, Costa Rica en

    e Siglo XX vara la forma del enfoque. El

    encuentro con la filosofa hace al autor aban-

    donar el desarrollo histrico para enfrentamos

    de manera directa con las distintas corrientes

    que florecen en el pas. En rigor, en las

    primeras partes del libro no se sigue un es-

    tricto sistema de exposicin histrica, pero

    se guarda siempre el orden en las influencias

    que se suceden y, muchas veces, se sigue un

    desarrollo con fundamento en la evolucin

    histrica, sobre todo en lo que respecta a las

    relaciones de la Iglesia y el Estado.

    La clasificacin general la hace con fun-

    damento en el especial inters de los autores

    por un campo determinado de la Filosofa.

    Cuando son del caso, hace otras especificacio-

    nes con arreglo a la postura filosfica del

    autor estudiado. As encontramos un impor-

    tante captulo destinado a las ideas polticas,

    donde se incluyen apartes para el Anarquis-

    mo, e Liberalismo, SociaJcristianismo, Social-

    estatismo, Solidarismo y Marxismo.

    La introduccin con que inicia el captulo,

    notable por la agudeza de las observaciones y

    la capacidad de sntesis, que muestra el au-

    tor, esboza ~9n acertados rasgos la Costa Rica

    del trnsito de siglo y de los tiempos ms

    recientes: Un Estado con estructura bien de-

    finida, de corte liberal, con una colectividad

    COnconciencia cvica madura y una propiedad

    rstica muy repartida. Con relacin a la de-

    cadencia intelectual de Costa Rica en la pri-

    mera mitad del Siglo XX dice el autor:

    sin embargo, hay que tener en cuenta un

    hecho, que no suele ser valorado suficiente-

    mente. Durante el perodo que va de 1888

    a

    1941

    los hombres que llevan e peso del

    pas son, de manera aplastante, o antiguos

    alumnos de la Universidad de Santo Toms,

    o de la Escuela de Derecho que subsiste to-

    dos estos aos. Y es precisamente la lenta

    disminucin de los antiguos universitarios la

    que hace que el tono intelectual, en muchos

    aspectos, disminuya. El vaco provocado con

    el cierre de la Universidad- se hace patente

    de manera grave desde 1920 pues se desa-

    rrolla de manera vertiginosa e empirisrno

    en casi todas las profesiones (p.

    239 .

    El panorama se completa con un breve

    141

    cense en e Siglo XX, vista a travs de sus

    constituciones y otros documentos jurdicos.

    Viene siendo la continuacin del estudio que

    sobre el mismo tema en el siglo XIX, pre-

    senta al comienzo del captulo III.

    Los aos

    1940 1941

    se suelen sealar

    como paso a una nueva poca. Yo considero

    fundamental el 1941 en que se abre la Uni-

    versidad Nacional como hito. Podr parecer

    exagerado dar una tal importancia a un he-

    cho cultural, pero en la historia de Costa

    Rica los hechos culturales son los nicos sig-

    nificantes (pp.

    237-238 .

    Dentro del captulo sobre e anarquismo,

    con el que se inicia el tema de la Filosofa

    Poltica, destaca la influencia de Masferrer

    desde el siglo XIX quien, junto con Zam-

    brana, dio a conocer el movimiento en el

    pas. Por el pacifismo de los costarricenses et

    anarquismo se desarrolla dentro de la lnea

    de Tolstoy, e cual, aparte de Unamuno, es

    el escritor que ms ha influido en Costa

    Rica (p. 251 . Encaj esta corriente en el

    individualismo costarricense y represent, se-

    gn Lscaris, la reaccin anticentralista fren-

    te a los liberales, que buscaban el fortaleci-

    miento de Estado. Adems de Masferrer, que

    fund en

    1885

    el Diario de Costa Rica,

    dedica varias pginas a Elas Jimnez, a Gar-

    da Monge, el costarricense de mayor presti-

    gio continental durante toda la primera mitad

    del siglo XX, y a Omar Dengo, verdadero

    creador de la 'mstica del magisterio' costa.

    rricense que suele atribuirse a Mauro Fer-

    nndez

    p

    226).

    Dentro del liberalismo, en el siglo XX, se

    ocupa de Ricardo Jimnez, figura seera de

    la Costa Rica liberal patriarcalista que, aun-

    que no fue propiamente un pensador original,

    s fue un expositor original del liberalismo

    poltico (p. 269); de Cleto Gonzlez Vi-

    quez, liberal de base positivista, prototipo de

    la ltima generacin de abogados de la Uni-

    versidad de Santo. Toms, que, junto con Ri-

    cardo Jimnez, incardina medio siglo de la

    poltica costarricense. A la par de ellos ana-

    liza las figuras de Juan Trejos, Hernn G.

    Peralta y Norberto Castro.

    El socialcristianismo es encabezado por

    Jorge Volio, la biografa ms apasionante

    de Centro Amrica (p. 293 discpulo de

    Mercier, que inici el reformismo social.

    Dentro de la misma lnea social-cristiana pre-

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    BIBLIOGRAFIA COSTARRICENSE

    dente Caldern Guardia, en cuya administra-

    cin se promulgaron las leyes sociales.

    Bajo el ttulo de social estatismo, aunque

    de hecho, segn advertencia del autor, en Cos-

    ta Rica no suele utilizarse esta palabra para

    denominar esa corriente de pensamiento pol-

    tico-econmico, agrupa a aquellos intelectua-

    les que tienen, como caracterstica ms impor-

    tante, la de considerar necesaria la planifica-

    cin de la economa desde el Estado. Afir-

    man tambin la funcin social de la propie-

    dad privada, en lo que no se distinguen de

    los reformistas, los social-cristianos y los mar-

    xistas. Interesantes resultan, por la vigencia

    que an tienen en la vida nacional, los estu-

    dios dedicados a Figueres y a Alfonso Carro y

    digno de mencin el dedicado a Rodriga Fa-

    cio, Rector por varios aos que entreg su

    vida a la maduracin de la Universidad Na-

    cional, la cual le debe su Ciudad Universita-

    ria y la realizacin de la Reforma de 1957

    (p. 323).

    Sigue, a continuacin del social estatismo

    la exposicin del solidarismo, doctrina pol-

    tico-econmica que propugna la capitalizacin

    universal, y de Alberto Martn, su fundador

    y principal difusor. Concluye la exposicin

    de la Filosofa Poltica con Un anlisis del

    marxismo y de su representante ms desta-

    cado, Manuel Mora, quien, para Lscaris, da

    ms la impresin de un intelectual que de un

    poltico (p. 341).

    Rene bajo el ttulo Filosofa General

    a aquellos pensadores que en sus escritos han

    tratado en conjunto, o por etapas, los distin-

    tos campos de la Filosofa. No los clasifica

    por escuelas o tendencias, con la sola excep-

    cin de los neoescolsticos entre los que in-

    cluye a Claudio 'Mara Volio, al mismo Jorge

    Volio y a Ligia Berrera.

    El primer pensador de que nos habla, en

    esta parte del libro dedicada a la Filosofa

    General, es Roberto Brenes Mesn, El cere-

    bro ms poderoso y el escritor de mayor ea-

    Iidad

    como prosista y como poeta, que ha

    producido Costa Rica, y, sin duda, una de las

    figuras seeras del Continente (p. 350). Se-

    gn el autor, Brenes Mesn significa la plena

    vigencia del siglo XX, no ya como aspira-

    cin o eco, sino como creacin. Su estudio

    lo inicia con una de las afirmaciones que ms

    han lamado la atencin: Rafael Osejo, Jos

    Mara Castro y Roberto Brenes Mesn han si-

    Nos presenta un autor que, despus de

    superar el positivismo de tipo materialista,

    pasa a ser, por sus vivencias ante la natura-

    leza y por su actitud filosfica, un pagano.

    Este paganismo es platnico. Platnico more

    'Banquete', con bastante de aplneo y mucho

    de dionisaco. Pleno de exaltacin intelectual,

    y

    latiendo siempre un filantropismo exigente.

    Todo ello, inmerso en un espiritualismo pco-

    fundo (p. 355).

    Moiss Vincenzi es hasta hoy, segn el

    autor, juzgando el conjunto de su obra impre-

    sa, e filsofo ms maduro, completo y ori-

    ginal que ha producido Centro Amrica (p_

    362). El examen que nos presenta de su pen-

    samiento es completo y logra reflejar de ma-

    nera plena la personalidad y el pensamiento

    de este distinguido escritor y pensador costa-

    rricense. Lo mismo podemos decir de las

    pginas dedicadas a Abelardo Bonilla quien

    encarna la presencia en la poltica nacional

    de la figura intelectual (p. 379).

    La personalidad de Alexander F. Skutch,

    un norteamericano que vive retirado, hace ms

    de treinta aos, en e Valle

    d

    El General,

    al extremo sur del pas, resulta sorprendente.

    Conocido por su obra cientfica, en e campo

    de la Ornitologa, se nos revela en el libro

    de Lscaris como poseedor de una profunda

    sensibilidad filosfica. Incluye, el libro, un

    artculo de este autor, titulado La Filosofa

    de la lealtad csmica, que resume su pensa-

    miento.

    En el aparte destinado a analizar la vigo-

    rosa figura intelectual de Teodoro Olarte, re-

    sulta notable el resumen de su pensamiento

    que nos presenta en once puntos y que confir-

    man la afirmacin hecha por. el autor de que

    posee una mente rigurosamente metafsica

    (p. 400). Concluye el captulo destinado a

    la Filosofa General, analizando a Claudio

    Gutirrez, el pensador costarricense que ofre-

    ce la paradoja de ser un marce iano logicista .

    p

    408).

    Varias veces, desde la introduccin del

    libro, el autor hace nfasis en la caracterstica

    del pueblo costarricense de tener un sentido

    colectivo social y no histrico, consecuencia,

    segn Lscaris, de la paz que ha vivido siem-

    pre el pas. Costa Rica es un pas sin histo-

    ria, -dice el autor- lo que ha hecho que

    no se manifieste una problemtica filosfica

    de la historia. En su lugar, se aprecia un

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    BIBLIOGRAFIA COSTARRICENSE

    rios de los ms distinguidos intelectuales cos-

    tarricenses: Rmulo Tovar, Mario Sancho,

    Enrique Macaya, Alejandro Aguilar Machado

    l' Luis Barahona, Despus de estudiados,

    concluye el captulo con una resea de las

    publicaciones que, sobre sociologa costarri-

    cense, se han hecho, donde se refiere no a la

    sociologa cientfica, pues por cientfica no

    es filosofa , sino a los ensayos de caractero-

    loga nacional.

    La Etica es para Lscaris la disciplina

    filosfica menos representada en la filosofa

    costarricense. En el siglo XIX, salvo las Lec-

    ciones de tica de Gallegos, no ha encon-

    trado nada ms propiamente doctrinal; en el

    XX aparecen publicaciones sobre temas de

    moral profesional y seala como de impor-

    tancia los nombres de Claudio Gonzlez Ru-

    cavado, Moiss Vincenzi, A. Skutch, Pablo

    Luros y Vctor Brenes, catedrtico de Etica

    en la Universidad al que destaca de manera

    principal.

    A pesar de que, dentro de la esttica ni-

    camente estudia a Rogelio Sotela, Max ji-

    mnez, Rafael Estrada, Francisco Amighetti,

    Alfredo Cardona y Ricardo Ulloa, debemos

    sealar, como el autor mismo lo advierte, que

    en captulos anteriores ha analizado la obra

    de escritores de Esttica y Filosofa del Arte.

    Tal es el caso de Zambrana, Brenes Mesn,

    Abelardo Bqnilla, Vincenzi y Enrique Macaya.

    Junto al captulo de la Esttica aparece

    otro titulado La Filosofa Potica . Por Fi-

    losofa potica el autor entiende, la expre-

    sin de una concepcin de mundo, de ndole

    intuitiva aunque abstracta. En lugar de desa-

    rrollarse mediante e pensamiento discursivo,

    plasma intuiciones esenciales mediante un

    lenguaje bello . La mayor parte del captulo

    es dedicada a Fernando Centeno Gell, que

    corresponde a una actitud esencialista des-

    criptiva, pero ceida a la existencia humana

    (p. 481). Al terminar, aparece un pequeo

    estudio sobre Manuel Picado.

    Los captulos que siguen, Teora de la

    Ciencia Filosofa de Derecho Psicolo-

    ga , Filosofa de la Educacin, no difieren

    en lo que al sistema de exposicin y la cali-

    dad se refiere. Es indudable sin embargo que

    no se encuentran aqu tantas figuras brillan-

    tes como en los anteriores. La parte destina-

    da a Teora de la Ciencia comienza con una

    exposicin de la situacin general, que se en-

    143

    las figuras de Clodomiro Picado, Luis Gon-

    zlez y Antonio Balli para concluir refirin-

    dose al prestigioso pensador espaol Roberto

    Saumells, que ha tenido una fecunda labor de

    docencia y de especulacin en Costa Rica. En

    lo que a la Filosofa del Derecho respecta el

    panorama general llega a constituir una histo-

    ria de la ctedra .de esa disciplina desde la

    Universidad de Santo Toms en adelante y

    .ahonda incluso en algunos aspectos del en-

    foque y el concepto de derecho que se ha

    tenido en la Facultad correspondiente. Al ter-

    minar se muestran aspectos doctrinales intere-

    santes de la legislacin costarricense en lo

    relativo a la pena de muerte y su supresin

    y al rgimen penal. El autor ms extensa-

    mente tratado es Carlos Jos Gutirrez, pri-

    mer profesor de la Ctedra de Filosofa del

    Derecho que se ha dedicado de manera con-

    tinuada a esta disciplina.

    La Psicologa en Costa Rica ofrece, para

    el autor, la paradoja de ir perdiendo calidad

    docente precisamente a medida que gana en

    nivel de investigacin (p. 541).

    La introduccin al captulo se polariza

    fundamentalmente en una historia de su ense-

    anza vista desde los principales nombres de

    los profesores de la materia. Agrega tambin,

    una lista de los textos de Psicologa que se

    han publicado. El resto de estudio gira en

    torno a los nombres de Francisco Cordero

    Quirs, Juan Trejos, Mariano Coronado y Li-

    lia Ramos, para concluir con una referencia

    a la Psicologa en la Universidad.

    El ltimo grupo de pensadores costarri-

    censes que se presenta como tal es el de los

    que se han preocupado por la Filosofa de la

    Educacin. La situacin general en gran par-

    te reitera hechos antes afirmados y cita ideas

    y nombres conocidos ya para el lector. Se

    destaca de una manera especial a Luis Felipe

    Gonzlez, autor de los mejores estudios de

    historia educativa y se completa e panora-

    ma con las figuras de. Emma Gamboa e Isaac

    Felipe Azofeifa.

    La ltima parte del libro es consagrada

    a los estudios de Filosofa. Sucesivamente se

    nos habla de la enseanza de la Filosofa en

    la primera parte del siglo XX hasta 1941,

    de la Universidad de Costa Rica en su tra-

    yectoria hasta la actualidad. Concede atencin

    especial a la Facultad de Filosofa y Letras

    que funcion desde 1941 a 1956 y al Depar-

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    BIBUOGRAFIA COSTARRICENSE

    Letras. La ltima parte del captulo la dedica

    a la Ctedra de Filosofa del Departamento

    de Estudios Generales, a los estudios de Filo-

    sofa en el Seminario Central y en la Ense-

    anza Media y Normal. Termina el libro con

    una referencia a la vida filosfica de Costa

    Rica en la actualidad.

    De todo este ltimo captulo es quiz la

    parte de ms inters la que encabeza el estu-

    dio sobre la Universidad y que titula La au-

    sencia de Universidad (1888-1941). El

    asunto tratado aparece muchas veces en el

    transcurso de esta obra al tratar distintos pen-

    sadores y en las referencias generales. Preci-

    samente por ser una de las tesis fundamen-

    tales del libro la de la importancia funda-

    mental de los acontecimientos culturales y la

    vida intelectual en el pas, el autor concede

    en todo momento una importancia preponde-

    rante a la Universidad. Su presencia y su

    ausencia constituyen, por lo tanto, factores de-

    cisivos en la historia de este pequeo pas,

    que comenz siendo un conjunto de clanes

    insolidarios, formados por montaeses de pas

    lluvioso.

    La obra resulta de una envergadura insos-

    pechable y el emprenderla, antes de demos-

    trado con los hechos, pareca imposible. Su

    aparicin ha sido calificada por Alberto Ca-

    as como el acontecimiento editorial ms im-

    portante de este ao en Costa Rica. Noso-

    tros nos atrevemos a calificada del aconteci-

    miento cultural ms importante de los ltimos

    tiempos, pues representa un avance inapre-

    ciable en la toma de conciencia del costa-

    rricense sobre su propia cultura y sobre su

    propia reflexin, hecha, paradjicamente, por

    alguien que ha llegado de fuera. Si el pen-

    samiento costarricense que descubre el autor

    no resulta absolutamente original y si parece

    -usando la frase de Alfredo Cardoa Pea-

    que los costarricenses hemos barajado todas

    las ideas ajenas, sin atrevemos a plantear las

    propias, esto se debe fundamentalmente a

    que las ideas, la filosofa, no tienen naciona-

    lidad.

    Indiscutible resulta, porque el libro lo

    demuestra, que s hay rasgos propios en la

    manera de barajar esas ideas de otros, y que

    la preocupacin intelectual en el pas en con-

    junto es de un ascenso continuado que nos

    hace esperar mucho en el futuro.

    Para el extranjero, esta obra representa

    una fuente de informacin excelente. Al lector

    nacional, aparte de ayudarle en el conoci-

    miento de lo que los costarricenses hemos

    sido y somos, le plantea la necesidad de ana-

    lizar la historia intelectual de Gasta Rica con

    base en investigaciones serias como se ha he-

    cho en. este libro. No bastar en adelante el

    simple opinar por opinar, pues Lscaris, con-

    tinuando la labor de costarricenses estudio-

    sos, ha marcado en este sentido una ruta que

    en adelante no se puede torcer.

    Francisco Antonio Pacheco